17 de enero de 2009

Una "madrugada" con luz propia


Cada madrugada de Viernes Santo es especial y diferente para cuantos acompañamos al Señor de la Sentencia y a su Bendita Madre de la Esperanza Macarena. Realizar la Estación de Penitencia con Nuestros Sagrados Titulares es algo que muchos esperamos a lo largo de todo el año. Pero, desde unos cuantos años para acá, existe en mi vida otra “madrugá” tan especial o incluso más, que la vivida en la Semana Santa.
Visitar Sevilla en las fechas próximas a la Navidad tiene para mí un significado concreto. Amén de residir unos días junto a mis hermanas y hermanos macarenos, de pasear por las plazas y calles hispalenses, de contemplar los belenes que hermandades y asociaciones montan con admirable esmero,… hay algo que está marcado en rojo en mi almanaque particular: pasar una noche en Vigilia con la Santísima Virgen de la Esperanza Macarena.

Cuando apenas se han cerrado las puertas de la Basílica el 17 de diciembre, víspera de su festividad; cuando el silencio se adueña del barrio macareno; cuando la oscuridad se impone a lo largo y ancho de sus calles,… un rayo de luz, cual estrella de Belén, brilla con luz propia desde el interior del templo. ELLA ESTA ALLÍ.

Su rostro revela el cansancio de toda una jornada. Cientos de devotos se han postrado a sus pies, han besado sus manos, le han implorado y suplicado, han llorado ante su presencia. Y Ella ha escuchado todas y cada una de las plegarias y peticiones que le hemos hecho, ofreciéndonos su aliento de Esperanza.
Pero unos pocos privilegiados, cuyas sombras de nuestras almas son iluminadas con su presencia, nos dirigimos a media noche para estar junto a Ella, para acompañarla con nuestras oraciones; para hacerle más corta la espera del gran día de su fiesta; para agradecerle una y mil veces que por Ella somos macarenos y que sin su ayuda, sin su mediación, nuestra fe no sería la misma.tra mirada en sus ojos, porque cuando la Esperanza nos habla, es imposible retirar la vista de su rostro moreno. Y nuestro corazón se ablanda como si las yemas de sus manos lo estuviesen acariciando; nos sentimos abrigados bajo el cobijo de su manto y así, recogidos en su regazo, rezamos el Santo Rosario con una solemnidad inédita.

Sentados en torno a Ella, clavamos nuestra mirada en sus ojos, porque cuando la Esperanza nos habla, es imposible retirar la vista de su rostro moreno. Y nuestro corazón se ablanda como si las yemas de sus manos lo estuviesen acariciando; nos sentimos abrigados bajo el cobijo de su manto y así, recogidos en su regazo, rezamos el Santo Rosario con una solemnidad inédita.

Y todo ello en presencia de El quien, atento desde la penumbra de su capilla, contempla Sentenciado como por Ella nos acercamos a Su palabra. Y es que es tan grande su bondad y su misericordia, que no le importa cederle el protagonismo por unos instantes.


Poco a poco van pasando las horas. Y antes de que celebremos la eucaristía a las luces del alba, hemos pedido por todos, por los que están y por los que ya no están; por ser mejores personas cada día; porque nos dé fuerzas e interceda en nuestros proyectos; porque seamos humildes y generosos con los demás; porque sepamos pedir perdón cuando ofendemos a otros; porque no dudemos en reconocer nuestros errores y nuestras faltas. Pero, sobre todo, la hemos colmado de gratitud, porque nos consuela cada día, enjuga nuestras lágrimas, eleva nuestro ánimo dando alegría a nuestras vidas. Porque nos da Esperanza para que nuestro proyecto personal no se aparte del camino que Su Hijo nos legó para nuestra salvación y su luz no se apague nunca.

Si a Sevilla he de volver
desde esta Castilla austera
que sea para agradecer
lo que por mi haces, Macarena


(Artículo publicado en el Boletín de la Hermandad de la Macarena de Febrero 2008)