21 de noviembre de 2015

Momentos macarenos de una mañana de Viernes Santo

Han pasado más de 10 horas desde que la Cruz de Guía irrumpía por la cancela del atrio entre los aplausos de cientos de devotos que aguardaban, necesitados de Esperanza, desde las primeras horas de la tarde. La madrugada ha sido intensa, como tantas otras. Única e irrepetible, grabada en el corazón de los macarenos que nunca la recordaremos como otra más, si no como aquélla madrugada.

Las calles de Sevilla continúan atestadas de gentes procedentes de cualquier lugar de nuestra geografía. ¡No estamos solos, no estáis solos! La nómina de hermanas y hermanos ha sobrepasado una vez más los tres millares. Nazarenos, armaos, costaleros, acólitos, auxiliares, capataces, músicos... Todos conformando un cuerpo único en torno a Nuestros Sagrados Titulares.

Y entre tantos, de forma anónima, desde la humildad que le caracteriza, con el corazón entregado por y para Ellos, una fotógrafa de Esperanza se encarga de captar aquellos momentos que para muchos pasan desapercibidos. Esos momentos “macarenos” que no son motivo de portada de periódicos, ni de titulares de televisiones o portales cofrades. Sólo ella, MPPG, es capaz de captar como nadie los instantes más puros, la verdad de una Estación de Penitencia. No necesita buscar la fotografía adecuada, ni la trae preconcebida de casa. “Sencillamente” su corazón manda, siente, decide. Todo es pasión en cada una de sus instantáneas. Cada una de ellas es motivo suficiente para escribir un pregón cofrade. Hoy, compartiendo contigo este post, me siento un privilegiado al poder ofrecerte este reportaje que, al menos a este “bloguero”, le pellizca el corazón cada vez que lo contemplo. Gracias MPPG por permitirme ver, a través de tus imágenes, esos otros momentos macarenos que son auténtico testimonio de la fe y de la devoción que profesamos a Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y a Su Madre Bendita de la Esperanza Macarena.

De nuevo estamos en el barrio. El cortejo de nazarenos, verdes y morados, se adentra en la calle Feria. A través de los capirotes se muestran los ojos de cansancio de toda una noche. Ojos que muestran a la vez el gozo por acompañar y traer de nuevo a “Su vecina” a las calles de la collación macarena. Los más pequeños, incansables, se mezclan entre el cortejo repartiendo estampitas o caramelos, buscando esa mano que se ofrece para llevar a su casa un recuerdo que guardará para siempre. Cansancio, sí, pero nada comparado con la emoción vivida a lo largo de tantas horas. Emoción que se me mezcla entre oraciones y saetas, entre balcones engalanados y expresiones de amor al Señor Sentenciado y a Nuestra Esperanza Macarena.

















El Señor se hace presente acompañado de la “Roma Imperial” sevillana. De costero a costero, con elegancia, como debe ser, al ritmo del tambor de Hidalgo, va haciéndose presente por Feria, Relator, Resolana… Sus discípulos más leales, sus incondicionales, tras haber estado la tarde del Jueves Santo visitando a los niños del Hospital Virgen Macarena, muestran en sus rostros la satisfacción por haber cumplido con su mandato: repartir Esperanza a través del amor de Su Hijo. Plumas y corazas que dejan ver los corazones morados henchidos, exaltados y repletos de sensaciones que son un bálsamo para vivir todo un año con el recuerdo más hermoso que un macareno puede contar a sus más cercanos, a los suyos.














La espera por la Esperanza no es una espera cualquiera. Esperar con Esperanza a la Madre de Dios es decir sí a su llamada. Con su carita cansada, recibiendo los primeros rayos del sol en su rostro, luce radiante como nunca. La Estrella de la Mañana del Viernes Santo se acerca a cada uno de los que, con infinita devoción, llevan toda la noche acompañándola entre las aceras o delante de su magistral paso de palio. Otros han madrugado para verla, para sentirla cerca, para agradecerle tantas muestras de generosidad con las que Ella ha paliado el dolor o la desesperanza ante los sinsabores de la vida.

Nadie como quienes los que tienen el honor y la responsabilidad de cuidar de su manto, de sus faldones, de sus flores, saben lo que los sevillanos sienten al tenerla a su lado. Ellos son testigos de la expresión de un barrio que su entrega a la que siempre está. Lágrimas, aplausos y algún ¡viva! que se escapa desde una maltrecha garganta, van llenando las almas de estos servidores de la Virgen con sentimientos puros y auténticos, difíciles de explicar y entender, salvo que estés allí.













Y de nuevo, la fotógrafa anónima, la elegida por Ella, capta las miradas de esos capataces que pararon sus relojes el Domingo de Ramos para vivir en cuerpo y alma una Semana de Pasión que les llevará sin solución de continuidad hasta las puertas del Convento de Santa Ángela junto a Jesús Resucitado. La entrega, la responsabilidad, el sentimiento que ponen en cada llamada, en cada levantá, en cada revirá, se reflejan en esas miradas que expresan lo que nadie sabe, lo que no se cuenta, lo que no se puede explicar con palabras. Sus sentimientos.






Uno a uno, los elegidos, los privilegiados, los presumidos costaleros macarenos, van saliendo bajo las trabajaderas con el gesto marcado por el esfuerzo, la entrega, el sufrimiento, pero nunca comparable al que el Señor padeció por nosotros y al del dolor de una Madre rota por la pérdida de Su Hijo Amado. Costaleros que vuelven su mirada hacia Ella, con ojos vidriosos, clavados en los suyos. Miradas que hablan y expresan verdades que sólo alguien como MPPG logra contar a través de sus fotografías. Son imágenes con vida, con historia, llenas de amor y pasión de cada uno de los que hemos tenido el privilegio de ser llamados para ser “sus pies”. Miradas de ternura, de paz, de perdón, de gratitud hacia la Madre que han acompañado a lo largo de más de doce horas, dejando el protagonismo para Ella, para El, para los únicos que pueden llenar de Amor y Esperanza a tantos necesitados de Consuelo. Miradas que se suman a las de los costaleros del Señor que acuden también al encuentro de Su Esperanza, la Madre del Hijo al que han llevado toda la noche sobre su cerviz.


















De este modo y manera, dejando al lado lo material, lo superficial, lo anecdótico, va concluyendo la noche más maravillosa para muchos cristianos dando paso a un Viernes Santo que no entiende de túnicas o mantos bordados, de flores o velas rizadas, de imagineros o compositores musicales. Un Viernes Santo que tras el Arco de la Macarena, nos introducirá en ese momento en el que el encontraremos el auténtico significado de la palabra Esperanza: la Resurrección de quien fue Sentenciado a una muerte injusta, entregando todo Su Amor para salvarnos del Pecado.


























Gracias de nuevo MPPG por saber ver a través de tu cámara el amor con el que muchos macarenos ponen de manifiesto su fe y su devoción. Un beso macareno.