2 de noviembre de 2015

María Santísma de la Esperanza Macarena de luto - Sevilla 2015

El luto es una forma de manifestar nuestro dolor, nuestra pena, nuestra tristeza ante la muerte de ese ser querido que un día, sin qué entendamos por qué razón humana, se marcha de esta vida. Y como todo en la vida, ese negro que nos rompe las entrañas en los momentos de abatimiento y desesperanza, ha ido perdiendo también presencia en nuestra sociedad, cambiando nuestras costumbres y tradiciones.

Por contra, en este mes de difuntos, muchas hermandades y cofradías visten a sus Titulares Marianas de luto riguroso. Últimamente no tan riguroso, pues parece que ha entrado la moda de Halloween también a la hora de ataviar a Nuestra Madre, como si Ella necesitase de experimentos para ensalzar su hermosura y mostrarla aún más "dolorosa" que nunca. 

Para suerte de muchos, no es el caso de la Madre de Dios, Nuestra Esperanza Macarena, quien desde esta mañana luce radiante como es habitual y costumbre en este Noviembre, en el que este año cumplo 15 de mi jura de Reglas. Tal vez por eso me guste tanto verla de negro, pues ese hecho marcó  para mi el resto de los días de mi vida.

Hay muchos y muchas que a lo largo de este tiempo no han comprendido mi amor por Ella. Solamente quienes sienten como yo y viven la fe a través de su Esperanza, son capaces de comprenderme. Incluso de entender que queriéndola a Ella, se puede querer más y mejor a los demás. Lástima que este macareno medio salmantino, medio sevillano, no siempre sea capaz de estar a la altura de los privilegios que me ha otorgado, de tanto que hace por mi en la turbulenta vida que me empeño en vivir, de la inmensa Esperanza con la que colma mis desvelos y tristezas.

Por ello, cuando la veo de negro, me siento más cercano a Ella y, a pesar de su impresionante belleza, intento comprender el dolor que pudo suponer la injusta muerte de su Hijo Sentenciado, dolor que en estas fechas se acrecienta al ver cómo recordamos a los nuestros cuando los visitamos al cementerio. 

Ella, que es fuente inagotable de Esperanza, nos acoge en su manto enlutado y tiñe de verde nuestras almas convirtiendo nuestros amargos recuerdos en homenajes de amor y cariño para quienes nos han dejado. Ella es el "pilar" al que nos llama para acudir al encuentro de la Misericordia de quien sufrió, murió y resucitó por cada uno de nosotros.