27 de abril de 2010

Ana Rey, el arte en sus manos...

Con tu permiso, quiero hacer un alto en nuestro caminar por la Semana Santa de Écija, para presentarte a una joven artista que por casualidades de la vida que dirían algunos o porque el Señor lo ha querido así, que diría yo, he tenido el gusto de conocer y de adentrarme en su obra.


Ana Rey es una gaditana de 28 años que desde muy joven ha estado vinculada al mundo de la Semana Santa. Cofrade y actualmente hermana de la Cofradía de la Humildad y Paciencia de Cádiz, hizo su primera aportación a las cofradías cuando apenas era una adolescente, diseñando la Capilla de la Santísima Trinidad que en la actualidad procesiona en el frontal del palio de María Santísima de las Lágrimas de la cofradía de la Piedad.

Atraída desde siempre por el mundo del arte, comienza sus estudios en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, donde actualmente está realizando la especialidad de Conservación y restauración.

Siente un gran interés por el mundo de la imaginería y no descarta la posibilidad de poder dedicarse a ello profesionalmente en un futuro no muy lejano. De hecho, su primera obra, un Cristo que bien podría ser un Ecce Homo, ha tenido una gran aceptación entre los muchos cofrades que han podido disfrutar de tan bella imagen.




Autodidacta en el terreno de la imaginería y con un estilo propio, un tanto alejado de la imaginería clásica andaluza y más basada en el retrato realista, consigue transmitir multitud de sensaciones, que con sólo una mirada cautiva y sobrecoge a aquel que lo contempla.

Se confiesa admiradora del cordobés Francisco Romero Zafra y siente una predilección especial por la imagen cristífera que éste realizó para la cofradía del Despojado de Cádiz y que procesiona el Domingo de Ramos.

Actualmente, combina sus estudios de restauración con la realización de una Dolorosa, cuyo busto se encuentra policromando en estos días y que habiendo visto el original en barro, promete ser otra preciosa obra que muy pronto todos podremos contemplar.

También se encuentra tallando en madera un nuevo Cristo que será de cuerpo entero y que está realizando en la facultad.


Al margen de la imaginería, esta artista puede presumir de ser una excelente dibujante y retratista, y entre sus proyectos más inmediatos está la realización de un cartel para un nuevo e improvisado carnaval que este verano prevee ocupar las calles de Cádiz el último fin de semana de Julio.












Estoy convencido de que Ana Rey tiene un gran futuro por delante, pues me consta que es una mujer valiente y dispuesta a hacerse un hueco en este mundo preferiblemente de hombres. Sus trabajos, como habrás podido comprobar, son una muestra de ello.



Para contactar con Ana Rey, puedes hacerlo a las siguientes direcciones:

http://www.facebook.com/miss.diablilla

Semana Santa Ecija (Viernes Santo III)

Muy Antigua y Fervorosa Hdad. de Ntra. Sra. de la Piedad y Stmo. Cristo de la Exaltación en la Cruz

Sede: Iglesia Conventual de la Merced
Año de fundación: 1509
Hermano Mayor: D. Ceferino Madero Madero

Los orígenes de la hermandad de Nuestra Señora de la Piedad van estrechamente vinculados a los de su sede canónica: el convento de mercedarios calzados de Nuestra Señora de la Merced. Fundado en 1509, en la confluencia de los caminos de Córdoba (Arrecife) y Guadalcázar, pronto se convertiría en el escenario del nacimiento de una hermandad puramente cultural bajo título y advocación de Nuestra Señora de la Piedad. En 1543 una inundación destruyó el convento y dos años más tarde fue trasladado al Altozano, su actual emplazamiento.

Por estas fechas los cofrades de Nuestra Señora de la Piedad se dividieron en dos grupos: uno que se unió a la cofradía de la Veracruz y otro que permaneció en el citado convento con el antiguo título. Poco después de la escisión los hermanos de Nuestra Señora de la Piedad incorporaron la penitencia pública en la noche del Jueves Santo, a imitación de lo que ya era práctica habitual en la cofradía ecijana de la Veracruz.

Sin embargo el nuevo carácter penitencial de la hermandad no sería sancionado por el Arzobispado de Sevilla hasta el día 16 de marzo de 1577, fecha de aprobación de una Regla que venía a reformar y sustituir a las primitivas constituciones de la hermandad cultural, enmarcadas cronológicamente en la segunda década del siglo XVI. La tardía aprobación de la nueva Regla, cuando la institución de otras hermandades de disciplina o sangre era un hecho manifiesto, le acarrearía a lo largo de los siglos no pocos pleitos de precedencias que generalmente fueron fallados a su favor.

Sin embargo el nuevo carácter penitencial de la hermandad no sería sancionado por el Arzobispado de Sevilla hasta el día 16 de marzo de 1577, fecha de aprobación de una Regla que venía a reformar y sustituir a las primitivas constituciones de la hermandad cultural, enmarcadas cronológicamente en la segunda década del siglo XVI. La tardía aprobación de la nueva Regla, cuando la institución de otras hermandades de disciplina o sangre era un hecho manifiesto, le acarrearía a lo largo de los siglos no pocos pleitos de precedencias que generalmente fueron fallados a su favor.

Al constituir la estación de penitencia uno de los fines primordiales de la cofradía, la Regla de 1577 le presta una especial atención. En la noche del Jueves Santo los cofrades de luz y de sangre, después de confesar, comulgar y asistir al acto de reconciliación entre hermanos, iniciaban un desfile que incluía la visita a los sagrarios de siete iglesias "a honor y reverencia de las siete angustias de Nuestra Señora".

En el cortejo procesional debían figurar distintas insignias e imágenes, concretamente un estandarte negro con una cruz roja en aspa, (elemento adoptado de la hermandad de la Veracruz), seguido de una cruz con un sudario, un Crucificado con velo negro y la imagen de Nuestra Señora de la Piedad bajo palio negro.

El siglo XVIII introdujo en la hermandad de Nuestra Señora de la Piedad varias novedades de consideración. De un lado, la organización de un Santísimo Rosario que diariamente recorría distintas calles de Écija, de otro, la constitución en 1706 de una congregación, dentro de la propia hermandad, destinada a prestar asistencia a los difuntos y, finalmente, el traslado de la salida procesional al Viernes Santo.

Desde mediados del siglo XVIII está documentada además la salida en el cortejo procesional de otros dos pasos que acompañaban al Cristo de la Exaltación y a Nuestra Señora de la Piedad. Nos referimos al de San Juan Evangelista y al de un Niño Perdido, que se mantuvieron al menos hasta 1917. Seis años más tarde la cofradía estrenaba un nuevo paso, que representaba el misterio de la Oración en el Huerto, para quedar poco después reducidos a los dos que actualmente procesionan.

Con sede canónica en la iglesia de Nuestra Señora de la Merced, la hermandad tiene capilla propia en el lado de la Epístola, dotada de bóveda de enterramiento. Entre 1785 y 1795, la hermandad efectuó obras en el camarín y labró el retablo que hoy contemplamos, cuyo coste fue sufragado con limosnas de los devotos.

Reseña artística:

La Sagrada Imagen de Cristo es obra del ecijano Miguel de Vilches, de 1597, de estilo manierista; restaurado en 1992. Se completa el misterio con dos romanos. La canastilla es obra ecijana del siglo XVIII, de estilo barroco totalmente dorada, con candelabros dorados de guardabrisas; cuatro imágenes pasionistas en las esquinas. Es llevado el paso a la antigua usanza, a manera de andas por hermanos costaleros.










La antigua y devota Imagen de la Virgen de la Piedad es de autor anónimo, posiblemente del siglo XVI, fue restaurada por Ricardo Comas en 1992. La Virgen es acompañada en su paso por San Juan Evangelista restaurado por Rafael Amadeo Rojas. La orfebrería es de Villareal y la candelería de Hermanos Fernández. Los bordados de tisú de oro y plata, tanto del manto como del techo y bambalinas del palio, son obra de J. Ojeda.





(Textos e Imágenes cedidas por Yolanda García García)

Semana Santa Ecija (Viernes Santo II)

Pontificia, Ilustre y Muy Antigua Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y Ntra. Sra. de las Misericordias.

Sede: Iglesia de San Juan
Año de fundación: 1582
Hermano Mayor: D. Antonio Luque Luque

El día 6 de marzo de 1582 fue aprobada canónicamente la Regla de la hermandad de la Santa Cruz en Jerusalén de Écija, constando que fue su fundador Juan de Santa María. Desde su fundación, la hermandad se dedicó exclusivamente a rendir culto a la Santa Cruz de Jerusalén; en 1592, ante la deficiente situación hospitalaria de la ciudad, se agregaron doce capítulos a la Regla primitiva, relacionados con la curación y el cuidado de los pobres enfermos naturales y vecinos de Écija. Sólo a partir de 1592, podemos afirmar que ofició sus cultos en la parroquia de San Juan Bautista.

Durante el siglo XVII, la hermandad comienza a ganar prestigio y consigue su agregación a dos importantes cofradías de la ciudad de Roma, en 1613 y 1664. El culto a Jesús Nazareno, documentado desde 1635, se afianzó paulatinamente en la hermandad y provocó que ésta cambiara su nombre por el de "Santa Cofradía de Jesús Nazareno y Santa Cruz en Jerusalén", a partir de 1663. Desde el siglo XVII, la procesión anual de Semana Santa estaba integrada por cuatro pasos o andas, sobre las que se portaba a Jesús Nazareno con su cruz a cuestas, Nuestra Señora de los Dolores, San Juan Evangelista y la Verónica.

Abría el cortejo un hermano llevando el estandarte de la congregación, seguían treinta cofrades portando cruces, en recuerdo de la que llevó Cristo durante su martirio. Luego, desfilaba una compañía de armados y, a continuación, venía un ciego, rezando delante de la Imagen Titular. Seguían veinte personas que iban alumbrando las insignias; y doce más portando hachas de cera de tres pabilos, iluminando a la imagen del Nazareno, en recuerdo de los Doce Apóstoles. Luego venía la capilla de ministriles, precedida de un clarinero y seguida por dos coros de cantores.

Las imágenes de la Virgen y el Discípulo Amado, en sus respectivas andas, eran alumbradas con diez hachas de cera y, la Verónica, con ocho. Cerraba el cortejo el parroquial de la iglesia de San Juan Bautista, formado por los clérigos, capellanes y beneficiados. Durante el siglo XVIII se produce un crecimiento notable en la fama y prestigio de la hermandad de Jesús Nazareno y Santa Cruz en Jerusalén, que provoca un aumento paralelo del número de cofrades para sus Titulares.

La presencia de importantes miembros de la oligarquía nobiliaria local en sus cargos de gobierno, permitió a la hermandad agrandar su capilla en la parroquia de San Juan Bautista, mejorar sus enseres e imágenes o adquirir preciosas alhajas para sus titulares. A partir de la invasión napoleónica y durante las primeras decenas del siglo XIX, se aprecia un declinar en la cofradía de Jesús Nazareno que acabó por disolverse. A fines del siglo XIX se intentaba llevar a cabo su reorganización.

Entre 1891 y 1924, la hermandad logró recuperarse tímidamente, aunque nunca llegó a consolidarse como en épocas pasadas; durante este periodo, efectuó su estación de penitencia de forma intermitente el Domingo de Ramos o el Viernes Santo con las imágenes del Nazareno (s.XVIII) y de Nuestra Señora de los Dolores (s. XVII).

A partir de 1943, la hermandad se recupera definitivamente y consolida su situación; desde entonces, comienza un proceso de ampliación y enriquecimiento de los pasos sobre los que son portadas sus imágenes, las cuales van a ser restauradas o nuevamente adquiridas.

Reseña artística:

La Sagrada Imagen de Jesús Nazareno camino del Calvario, es de la escuela sevillana del siglo XVII, autor desconocido; restaurada en los años 60 del pasado siglo por Francisco Buiza y Joaquín Ojeda. Procesiona en paso con canastilla barroca reformada por Antonio Martín. Faroles de metal sobredorado de Villareal. Los cuatro evangelistas son de Ricardo Comas y los faldones de damasco morado de diseño y bordado de Joaquín Ojeda.












La Santísima Virgen de las Misericordias acompañada por San Juan son obras de Ricardo Comas, de estilo sevillano. Imagen de San Juan del mismo autor y estilo. La orfebrería completa del magnífico paso de palio, es obra de Villareal. El manto de terciopelo azul con bordados en oro es del sevillano Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Las bambalinas bordada en oro sobre terciopelo granate son diseño de Joaquín Ojeda y el techo de palio con bordados del siglo XVIII sobre terciopelo granate, llevan un medallón de plata con la coronación de la Santísima Virgen bordado en oro y seda.
















(Textos e imágenes cedidos por Yolanda García García)