13 de diciembre de 2019

FELICITACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA DE LA CARIDAD Y DEL CONSUELO 2019


















¿Cómo no felicitarte, Madre? ¿Cómo no proclamar y alabar tus virtudes? ¿Cómo pasar de largo y no pararse a contemplar tu belleza? ¿Cómo no enjugar las lágrimas de tu callado dolor? ¿Cómo no llevarte en mi corazón y regalarte mi vida, mi alma, mi amor?
Tu…
Que te uniste a San José sin poner objeción alguna.
Que recibiste el mensaje del Ángel Gabriel, enviado por Dios, anunciándote la Encarnación del Verbo. 
Que aceptaste sin titubeos la voluntad salvífica del Señor: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mi según tu palabra”.

Tú…
Que eres la llena de gracia.
Que concebiste milagrosa y virginalmente al Mesías Salvador.
Que eres la verdadera Madre de Dios, pues de tus entrañas nació el Hijo de Dios.
Que cuidaste y atendiste a tu Hijo Jesús en su nacimiento, cuando todos os cerraban sus puertas.

Tú…

Que en la boda de Caná de Galilea tuviste una presencia significativa y mediadora en el inicio de los milagros de tu Hijo.
Que asististe al sacrificio de tu Hijo en la Cruz, dando testimonio de que todo amor es dolor y toda madre es dar y entregar.
Que recibiste las palabras de Jesús: “Madre, he ahí a tu hijo.”
Que perseveraste en oración junto a los discípulos de tu Hijos mientras esperaban la venida del Espíritu Santo.
Que fuiste llevada al Cielo en cuerpo y alma.

Tú… Que eres Caridad de la humanidad entera y Consuelo de nuestras penas.









Entre tantos ojos ...
me quedo con tu mirada.
Entre tantas voces...
sólo escucho tu llamada.
Entre tantas promesas...
prefiero tú Consuelo.
Entre tanto desamparo…
preciso tu Caridad.
Entre tanta discordia…
busco tu paz.
Entre tantas manos…
anhelo ser tu pañuelo.
Entre tanto dolor…
necesito tu intersección.
Entre tanta miseria…
imploro tu misericordia.
Entre tanta desesperanza
confío en tu mediación.
Entre un mar de lágrimas
Madre ¿qué haría sin tu Amor?















Palio de doce varales, que son los doce apóstoles que acompañaron a Tu Hijo en su misión salvadora.

Doce varales como doce ofrendas de amor que el pueblo de Salamanca te ofrece a su paso.

Doce varales cual estrellas que brillan sobre tus sienes coronadas.

Doce varales de plata que sostienen el techo azul que te cobija en tu solemne caminar y que se cimbrean al contacto del viento que no quiere estar ausente a tu paso.

Doce varales, Madre, que van llorando por los males de este mundo cada vez más carente de valores.

Doce varales, Reina de las Vírgenes, que claman Caridad y Consuelo contra la violencia que sufren las mujeres cada día; contra la exclusión social que se enquista en una sociedad cada vez más deshumanizada; contra los miles de refugiados que dejan sus hogares ante la barbarie humana; contra el más de millar de migrantes que han muerto este año al querer llegar a nuestras costas; contra el dolor y el sufrimiento de tantos niños y niñas por la sinrazón de sus padres…




























































Eres la firma de Dios en la tierra.
Eres la fuerza para volver a empezar.
Eres la lumbre que abriga nuestros hogares.
Eres el abrazo que todos necesitamos.
Eres la partitura jamás interpretada.
Eres la Reina que cuida y protege mi morada.
Eres la enfermera del corazón y de mi alma.
Eres mi primer y último pensamiento de cada jornada.
Eres el perfume del más hermoso edén.
Eres la saya mejor bordada.
Eres Estrella que ilumina el reposo de nuestros mayores.
Eres Consolación para saciar mi Sed de soledad.
Eres Fe y Luz para el acompañamiento de nuestros discapacitados.
Eres Amargura que anhelamos endulzar con el fruto de nuestro amor.
Eres Pura Concepción toda consagrada a Dios.
Eres Luz que ilumina nuestra Iglesia.
Eres Sabiduría que garantiza el futuro de nuestros jóvenes.
Eres Lágrimas de tantas mujeres desahuciadas.
Eres Dolores de nuestros pecados.
Eres Esperanza cuando la vida parece que se nos acaba.
Eres Angustias detrás de cada cuneta.
Eres Piedad para los mendigos y menesterosos.
Eres María, Nuestra Madre, Amor y Paz de cada día.
Eres Soledad en la noche de la Salamanca más amarga.
Eres Silencio que custodia el Misterio de Dios.
Eres Alegría de nuestro arremetimiento.
Eres Auxiliadora cuando necesitamos “un te quiero”.
Eres Flor del Carmelo de un mar sin dudas.
Eres Encarnación de la belleza.
Eres Vega bañada por el amor de tus hijos.
Eres Merced, redentora de mi corazón cautivo.
Eres Rosario, instrumento inmenso de nuestra salvación.
Eres Pilar, Templo Mariano de la Cristiandad.
Eres palio por Compañía.
Eres fuente de amor en San Sebastián.
Eres Caridad, limosna teologal que nos congrega al Dios Amor.
Eres Consuelo de despojados, alivio de nuestras almas.
Eres la Madre de Dios.

Mi más sincero y cariñoso agradecimiento al Reverendísimo Director Espiritual, Padre Enrique Mora; al Hermano Mayor y Junta de Gobierno y hermanos de la corporación de la Hermandad Sacramental, Mercedaria y de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo; a Francisco Gómez por su presentación, a María del Pilar Pérez Gómez por ser mi Pilar de Esperanza y a todos mis amigos que me acompañaron en este inolvidable honor y privilegio de felicitar a la Madre de Dios, María Santísima de la Caridad y del Consuelo.