14 de mayo de 2016

El cese del "Legionario del Porvernir" - Capataz Antonio Santiago Muñoz


El pasado jueves la Hermandad de la Paz de Sevilla nos sorprendía - al menos a mi - con el inesperado cese de Antonio Santiago Muñoz de su condición de capataz general de la misma, hecho que se hacía público a través de la web de la corporación del "porvenir" y que te transcribo para tu conocimiento:

La Junta de Gobierno de la Hermandad de la Paz ha decidido en el día de ayer nombrar a nuestro hermano Ernesto Sanguino Gómez nuevo capataz general de la cofradía.

Esta difícil decisión se produce por la pérdida paulatina de confianza en nuestro hermano Antonio Santiago Muñoz. Asimismo la Junta de Oficiales valora y agradece la labor desempeñada por Antonio Santiago y su equipo a lo largo de todos años al frente de la cuadrilla de costaleros de la hermandad.

La Junta de Oficiales ha valorado la experiencia y capacidad demostrada por nuestro hermano Ernesto a lo largo de más de 30 años desempeñando esta labor como segundo capataz en nuestra Hermandad.

Ernesto Sanguino asumirá sus funciones a partir de la próxima salida de la Virgen del Prado el día 21 de mayo.


Como no podía ser de otra manera, aunque algunos se empeñen en calificarlo de lo contrario, "mi capataz" Antonio Santiago se ha despido de sus costaleros como lo hacen los caballeros, como lo hace la buena gente, desde el corazón y con la educación que le inculcó su padre y maestro Manolo Santiago.  Una despedida en forma de carta que hoy aparece publicada en determinadas webs cofrades y que igualmente quiero compartir contigo:

Hace apenas, 24 horas, se me informaba que era cesado como capataz de la Hermandad de La Paz. Me imagino que esta noticia es ya de conocimiento general.

Tenéis que tener en cuenta que las personas, capataces, contra guías, costaleros, aguadores, acólitos, nazarenos, oficiales de Junta y Hermanos Mayores, pasamos, pero la Hermandad, que es mucho más que todo esto, queda.

Vosotros tenéis que seguir entregando al Moreno del Porvenir y a su Madre de La Paz, a todo aquel, que cada Domingo de Ramos, se cruza con su mirada. No olvidaros que sois los pies del Señor y de la Virgen.

Seguid manteniendo ese espíritu de entrega y sacrificio, ese del que presumen Los Legionarios del Porvenir, que nos inculcó mi padre, Manolo Santiago, aunque no haya al frente de la cuadrilla un Santiago.

Afortunadamente, donde tenemos que rendir cuentas es ante el Señor, llenad vuestro espíritu de El y de su Madre. Todo por el Señor de la Victoria, todo por la Virgen de La Paz, que en definitiva es todo por nuestra Hermandad.

Acordaros de mi y de los míos , mi sentimiento esta con ustedes, mi cariño con ustedes, mi alma con ustedes y muero por ustedes.

Un fuerte abrazo de este Legionario del Porvenir que ha tenido la suerte de estar junto a vosotros 38 años.

Antonio Santiago.


El mismo jueves, en mi perfil de Facebook, no quise esconder lo que esta noticia me había producido, así como mi opinión y solidaridad con la familia Santiago y su equipo de auxiliares, Creo que la lealtad hay que demostrarla todos los días, pero especialmente cuando se dan situaciones como esta. Como te decía, esta era mi opinión que hoy hago pública también a través de mi blog:

Hoy no quiero terminar el día sin dedicar unas palabras a quien considero amigo y, por supuesto, mi CAPATAZ.

A lo largo de más de 10 años trabajando a su lado he podido conocer a Antonio Santiago capataz y Antonio persona. Tal vez muchos no hayan tenido ese privilegio. Tanto en un sentido como en otro, he ido descubriendo a una persona que ama y da su vida por lo que quiere y siente: desde sus hijos, su trabajo, sus pasiones, sus devociones...

Mucho de lo que soy en este mundo del costal se lo debo a él. A su lado he aprendido, compartido, sentido y, desgraciadamente, descubierto que la envidia es un problema que en las hermandades hace un daño enorme. Y que él tampoco está exento de ser centro de los dardos de muchos envidiosos.

Que Antonio Santiago no es perfecto como capataz ni como persona; que comete errores, que tiene defectos, que no siempre es tan accesible como quisiéramos o que puede parecer que su corazón es de piedra, son elementos que no voy a descubrir ahora. Pero lo que no admito es que se le calumnie, se le juzgue cada día, se le haga daño por el hecho de ser uno de los mejores capataces o por sacar más pasos que nadie.

La noticia de su reciente cese como capataz general de una de las hermandades "por la pérdida paulatina de confianza " considero que es un golpe bajo tanto en la forma como en el fondo. Respetable, por supuesto, pero a mi juicio tremendamente desafortunada y hecho con muy mala leche.

Mi apoyo incondicional para él, para su hijo y capataz Antonio Santiago Cabello y todo el equipo de auxiliares. No sé que pensara Manolo Santiago desde el cielo. Un abrazo de Esperanza y "el que no sepa que aprenda"

(Podéis llamarme pelotas o come pollas, no voy a cambiar mi forma de sentir al respecto)


9 de mayo de 2016

¡Por Ti tengo el alma enamorada! Momentos de un Viernes Santo con Esperanza

Una fría “madrugada” aguardaba a los miles de devotos que, como cada año, llenaban las calles y aceras de una Sevilla que se ensancha para recibir al Hijo de Dios y a su Madre Bendita. Una noche en la que el Espíritu de cada cual traspasa lo mundano y se eleva a los cielos por medio de vítores, plegarias, silencios, aplausos o lágrimas.

Tras más de nueve horas desde que la Cruz de Guía atravesara la cancela del Templo Macareno, impregnado por el Ave María de Ainhoa Arteta, los primeros rayos de sol también quisieron ser testigos del regreso de la injusta Sentencia, convertida en Esperanza, al barrio que le da nombre: Macarena.

María del Pilar Pérez Gomez dirigió un año más sus pasos hacia la calle Feria, en busca también de ese “abrazo” de Esperanza y, cámara en mano, quiso dejar testimonio de esos momentos únicos, reservados a unas cuantas miradas atentas y que, gracias a su generosidad, hoy puedo compartir contigo.

Capirotes morados precediendo al Señor de la Sentencia, a juego con la túnica regionalista de Juan Manuel Rodríguez Ojeda (1910), fueron el primer anuncio de que “Sus Vecinos” regresaban al barrio, a su casa. Tras el antifaz, miradas de emoción, ojos de cansancio y fijos en el corazón del que en unas horas iba a entregarnos su vida, su Amor. Cirios apagados, estampas, cruces o palermos forman parte de un paisaje por muchos comentado y, ciertamente, sólo sentido y compartido por quienes desde el anonimato, enfundados en su capirote, se echan a la calle para manifestar públicamente su fe.

Capataces para los que el agotamiento no existe. Costaleros entregados a El y atentos a “lo que se manda”. Auxiliares que no pierden de vista las órdenes del que, desde Aracena, con el corazón al lado del llamador, recuerda al abuelo, al padre, a Manolo Santiago. Mientras, el “aguaó” se mueve de un lado a otro, cacillo en mano, repartiendo ese agua bendita que es el mejor bálsamo para resucitar a los privilegiados pies del Señor.





























Los sones de la Banda de la Centuria Romana Macarena acompasan no sólo el andar del paso, sino de quienes horas antes rendían pleitesía ante el Señor del Gran Poder pidiéndole su infinita Misericordia para esos niños y niñas necesitados de Esperanza ante su maltrecha salud: los Armaos de la Macarena. Sus miradas, sus sonrisas, sus ojos vidriosos, destacan sobre la coraza, las plumas, los redobles de Hidalgo. Pilatos baja sus ojos, avergonzado ante su injusta Sentencia, mientras el pueblo contempla a Claudia Prócula suplicante y resignada. “Consummatum est”.
















































Y el verde manto de tisú tiñe la mañana del Viernes Santo de infinita Esperanza. La Estrella de la mañana, el primer Sagrario de Cristo, la Mediadora e Intercesora de nuestros pecados, la que ríe y llora a la vez, la Madre de Dios, Nuestra Esperanza, avanza a los sones de la Sociedad Filarmónica de Nuestra Señora de El Carmen de Salteras.

Capirote verdes de todas las edades la acompañan; es imposible dejarla sola. Varas, cirios, estampas, rosarios, medallas… Todos son símbolos que van más allá de lo externo. Detrás de cada gesto hay un motivo, una promesa, una historia... Señales que proceden de un corazón macareno. Nada es para la galería. Hasta los más pequeños saben que ser macareno no es una marca. Es un sentimiento que emana y derrocha Esperanza.






























Entre un mar de capirotes verdes, de "una bulla consentida", de gentes llegados de todos los rincones de Andalucía y de España, la Esperanza avanza cadenciosa, elegante, flotando entre lágrimas y congojos difíciles de contener. Cruces de miradas entre sus capataces y auxiliares son el más profundo testimonio de amor a la Madre. Silencios rotos por suspiros, quejidos y un sin fin de emociones que solamente las fotografías de Pilar Gómez nos pueden dar una aproximación de lo que se siente, se vive, se comparte. Su belleza se clava en alma de cualquier mortal que tenga la dicha de fijarse en la Reina de Sevilla.































Feria, Relator, Parras... El cortejo va avanzando a la vez que consumando los sueños y anhelos secuestrados en nuestros corazones a lo largo de todo un año. El cansancio de más de doce horas queda en un segundo plano. Hay que morir por y para Ellos, por la hermandad, por Sevilla. Todos, sin excepción, fundimos nuestras fuerzas con las emociones que nos suscita ver que todo se acaba. Vamos restando chicotás, levantás, revirás y marchas. Se consume el agua, a penas quedan estampas, la cera prácticamente derretida, la última saeta, la penúltima foto... Solo Ella, pendiente de Su Hijo, de cada uno de nosotros, permanece firme, segura, entregada a cumplir con la llamada de Dios: ¡Hágase en mi según tu Palabra! Y la Palabra se convirtió en Esperanza en otra mañana de Viernes Santo única, incomparable e irrepetible. Tras el Arco, la Gloria Macarena aguarda atestada de sus hijos que esperan con ESPERANZA.
















































Si mi corazón puede hablar con los ojos,
también puede amar con la mirada.
Si mis palabras se convierten en silencio
mientras me acoges en tu morada.
Madre  mía de la Esperanza, 
a ti entrego mi alma por tu amor enamorada.