25 de agosto de 2015

El reencuentro con la Esperanza Macarena - Agosto 2015

Las tardes de finales de Agosto nos evocan aquellos sonidos de las olas rompiendo en la orilla de la playa; el graznido de las gaviotas; los chiquillos protestando ante su deseso de no abandonar el agua de la piscina. El sabor aún en nuestros labios impregnados por la sal del pescaíto frito recién pescado en la Bahía de Cádiz; o de la Cruz Campo resfrescando nuestro cuerpo tras un largo paseo por la orilla; sabor al arroz frito del Rofe que parece no terminarse nunca. Helados de nata con tocinito de cielo. Las tardes de finales de agosto parecen ser a la vez el final y principio de algo...






La tarde va cayendo sobre el Barrio de la Macarena. El termómetro situado junto al Parlamento Andaluz va perdiendo grados conforme el sol va siendo engullido por el Guadalquivir. Las murallas van perdiendo el color dorado de sus piedras para dejar paso a la luz incandescente de las farolas. El blanco de las casas de intramuros se oscurece y solo el amarillento albero sobresale en fachadas, cornisas, en el Arco...




Dirigimos nuestros pasos hacia Ella, hacia la Basílica de la Esperanza. Somos conocedores de que nos aclama. El deseo de sentirla aún más dentro de nuestro corazón obedece a su llamada. Apenas han pasado unos minutos de la finalización de la Eucaristía de las 21.00 y la Basílica queda desierta de gente. ¿Vacía? Imposible. La Basílica de la Esperanza Macarena nunca está vacía. Ella llena cada rincón, cada espacio, cada recodo del templo.









La Madre de Dios aguarda ese reencuentro. Un reencuentro de apenas dos meses que parecen haberse convertido en una eternidad. Majestuosa, bella, radiante, hermosa, delicada, sublime, inmensamente preciosa, observa como nos acercamos y postramos a sus pies conocedora de todas y cada una de nuestras súplicas, plegarias, desazones, interrogantes...y gratitudes.








Sus palabras calan y dejan huella en nuestras almas. Es difícil reprimir las emociones, las lágrimas recorren nuestras mejillas mientras nuestro corazón late acelerado ante Su presencia. Su Hijo la mira y dicta su Sentencia de Esperanza: "Consummātum est", o mejor aún, todo está dicho.








La noche ha caído. Las puertas de la Gloria Macarena se cierran. El atrio queda mudo. Juan Muanuel Rodriguez Ojeda - cual vigilante nocturno - permanerá una noche más junto a Ellos como tantas y tantas madrugadas. Encendemos varias velillas por los nuestros, por los que están y por los que han partido. Pocas palabras salen de nuestras garganta. Todas han sido para Ella. Nuestros silencios dan testimonio de lo vivido puertas adentro.







Gracias Rocío Martos por... ser testigo junto a mí de este ansiando reencuentro y gracias Enrique Fernández por demostrar una vez más que ser macareno no es sólo el adjetivo de pertenecer a una hermandad.










 No trates de encontrar la felicidad sin escuchar Su voz. 
No guardes en tu interior aquello que estás deseando compartir. 
Nada es igual sin la presencia de La Esperanza en tu corazón.





4 de agosto de 2015

"La teja traía Cuento" - Exposición de tejas decoradas y acompañadas por breves relatos

La maestra explicaba en clase la lección de ciencias naturales. Los niños y niñas escuchaban atentos aquellas palabras que ella les dirigía, poniendo especial énfasis en cómo los hombres habían evolucionado hasta llegar a las inmensas construcciones que forman parten del escenario de cualquier metrópolis de nuestra civilización. De repente se detuvo, giró su cuerpo hacia en el encerado y comenzó a dibujar una pieza de barro, alargada, con forma cóncava y color rojizo. Y preguntó a los alumnos - ¿Alguien puede decirme de qué se trata? La pequeña Silvia, con los ojos casi desorbitados, levantó la mano y dijo: - ¡Es una teja, señorita! El tejado de la casa de mi abuelita tiene muchas y a mí me gusta ver cómo brillan cuando les da el sol por las mañanas y como el agua corre entre ellas hasta caer al suelo.

La profesora no pudo por menos que esbozar una sonrisa al ver la pasión que la niña ponía en su relato, aprovechando para ampliar, si cabe, su explicación sobre como las cubiertas de las casas y edificios se recubren con estas piezas singulares para protegerse de las inclemencias del tiempo.

Años después, en el Colegio de España, María impartía clases de español para extranjeros. Abajo, en el porche, una exposición singular ambientaba el diáfano espacio que da acceso a las aulas. De sus paredes colgaban varias decenas de tejas que gracias a las manos de Silvia Gil Martín – la pequeña Silvia convertida en una gran mujer – ilustraban fachadas y lugares de nuestra geografía. Con materiales diversos, reciclados y una amplia gama de colores, Silvia había conseguido dar vida a aquella teja que su maestra dibujó hacía años en la pizarra de su cole.


No por casualidad, María Lavín – profesora de Filología Hispánica – se enamoró de aquellas obras. Tomó papel y lápiz y como si estuviera frente al ordenador del Diario vallisoletano Siglo21, comenzó a poner palabras a todo aquello que las tejas proyectaban en su corazón.


Y tampoco por casualidad, alguien quiso que un macareno metido a sindicalista o viceversa, apareciese en la vida de quien sueña con plasmar la “Casa Batlló” en una de sus tejas. Circunstancias que no vienen al caso, cimentaron una bonita relación de amistad entre él y su familia (Juan Carlos y el “gran Hugo”). De este modo, el caprichoso macareno le planteó un reto a la artista: - Deseo que una de tus tejas sea el Arco de la Macarena, ese arco por el que la Madre de Dios pasa cada Madrugá de Viernes Santo mientras Sevilla entera aguarda su Bendita Esperanza.


Hoy lunes 3 de Agosto de 2015, la teja del Arco de la Macarena forma parte junto a otras 23 piezas de una exposición nunca vista en Salamanca. El ático de la Papelería Yuste (c/ Wences Moreno, 6) se ha convertido en un espacio cultural que te invito a que visites si resides en Salamanca o vienes estos días por la ciudad. La muestra estará expuesta hasta el 31 de Agosto.






Pero como no podía ser de otra manera, las palabras de María Lavín no pueden faltar al lado de cada obra. Un breve relato – nacido desde el corazón – pone más vida y sentimiento a lo que Silvia Gil quiere expresar con sus trabajos. Una simbiosis con la que dos mujeres valientes son capaces de romper la ecuación de que a veces uno más uno no es igual a dos, sino infinito. Su amor por lo que hacen, por lo que quieren expresar y transmitir, son el más claro testimonio de que en Salamanca la cultura es un valor en auge, a pesar de las dificultades y falta de recursos.


Gracias a María Lavín por permitir que te haya robado parte de esos momentos de felicidad que derrochabas esta tarde. Ojalá pronto tenga en mis manos esa novela que ansías y que estoy seguro de que muchas mujeres gozarán con su lectura. Cantabria y Salamanca están más unidas gracias a ti y a esa bonita forma con la que has querido homenajear a esta tierra charra que te acogió en tu época de estudiante y hoy te hace sentir como una salmantina más.


Y, cómo no, gracias a Silvia Gil Martín, por tu amistad, tú cariño, el de los tuyos y, especialmente, por haber aceptado ese difícil reto que al principio supuso algún quebradero de cabeza y que hoy es una realidad de la que te puedes sentir enormemente orgullosa. Estoy seguro de que “Mi Esperanza Macarena” se encontrará gratamente acompañada y tan feliz como me siento yo de tener el Arco que lleva su nombre plasmado en una de tus obras.


Como ves, “La teja traía cuento” y yo he querido contártelo. Feliz verano de Esperanza.