20 de octubre de 2014

Reflexión espiritual sobre el Rosario - Beato Pablo VI

Christi Matri (latín: Madre de Cristo) fue la cuarta encíclica del Papa Pablo VI. Fue promulgada el 15 de septiembre de 1966 y ordena súplicas a la Santísima Virgen para el mes de octubre.


Precisamente ayer, el Papa Francisco procedió a la beatificación de Pablo VI (1897-1978) durante una misa en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, dedicándole, entre otras, las siguientes palabras: "Supo conducir con sabiduría y con visión de futuro -y quizás en solitario- el timón de la barca de Pedro".


Te invito a que dediques unos minutos a acercarte a la reflexión espiritual que, sobre el Rosario, Pablo VI realizó en esta encíclica dedicada a María y en la que se ordenan súplicas a la Santísima Virgen para este mes de octubre:

A la Madre de Cristo suelen los fieles entretejer con las oraciones del rosario místicas guirnaldas durante el mes de octubre. Aprobándolo en gran manera, a ejemplo de nuestros predecesores, invitamos este año a todos los hijos de la Iglesia a ofrecer a la misma Beatísima Virgen peculiares homenajes de piedad. [...]


Perturban el ánimo los acontecimientos que se sabe han sucedido en otras regiones, como la creciente competencia de las armas nucleares, el insensato deseo de dilatar la propia nación, la inmoderada estima de la raza, el ansia de derribar las cosas, la desunión impuesta a los ciudadanos, las malvadas asechanzas, las muertes de inocentes; todo lo cual puede ser origen de un sumo mal. [...]


Estando acostumbrada la Iglesia a acudir a su Madre María, eficacísima intercesora, hacia ella dirigimos con razón nuestra mente y la vuestra, venerables hermanos, y la de todos los fieles; pues ella, como dice San Ireneo, «ha sido constituida causa de la salvación para todo el género humano»(Adv. Haer. 3, 22; PG 7, 959).


Nada nos parece más oportuno y excelente que el que se eleven las voces suplicantes de toda la familia cristiana a la Madre de Dios, que es invocada como "Reina de la paz", a fin de que en tantas y tan grandes adversidades y angustias nos comunique con abundancia los dones de su maternal bondad. [...] La Madre del Salvador, como enseña San Agustín es "claramente madre de sus miembros" (De sanct. virg. 6; PL 40, 399) [...].


Redóblense por tanto durante el mes de octubre, dedicado a Nuestra Señora del Rosario, las preces; auméntense las súplicas, a fin de que por su intercesión brille para los hombres la aurora de la verdadera paz, aun en lo que se refiere a la religión, que, oh dolor, no pueden profesar hoy libremente todos.
 
“Si se reza correctamente, el rosario producirá un manantial de gracia en nuestras vidas” (P. Basil Cole O.P.) 


18 de octubre de 2014

Renace la Alegría. Yo soy Domund (2014)




Con este lema, situado entre rostros sonrientes de jóvenes, el cartel del DOMUND del año 2014 nos llama a vivir personalmente la Jornada Mundial de la Evangelización como una dimensión de nuestra existencia cristiana. Y nos invita con el tono gozoso que el Papa Francisco ha dado a la misión en su Exhortación sobre la Alegría del Evangelio.

La evangelización obedece al mandato misionero de Jesús:”Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Nt 28,18-21).


La misión se realiza con el poder de Jesús, que nos acompaña hasta el final de los tiempos, y consiste en anunciar lo que Él nos ha enseñado y bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Así nacen los discípulos de Jesús. Así hemos nacido nosotros a la fe.

Cuando este nacimiento se realiza de forma consciente, va acompañado de la alegría del Evangelio, que llena el corazón y la vida de los se encuentran con Jesús. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. Y esta alegría es misionera. Nace del encuentro personal con el amor de Jesús que nos salva.


Cada discípulo de Jesús es discípulo misionero en la Iglesia evangelizadora: esa es su gozosa vocación. Por ello, todo discípulo debe confesar con alegría: Yo soy misión  en medio del mundo. La misión no es una parte accesoria de mi vida; no es un momento más de mi vida, del que puedo prescindir. No puedo arrancarla de mi ser sin destruirme. En consecuencia, no puedo hoy mirar el Domund desde fuera, como una Jornada de la Iglesia en la que tomo  parte como mero invitado, según mis posibilidades. Si creo que soy misión, me siento hoy necesitado de decir con alegría: Yo soy Domund.

Yo soy Domund en la comunión misionera de la Iglesia, llamado hoy a actualizar personalmente y a transmitir a los hermanos la conciencia de nuestro común envío a la misión de anunciar el Evangelio de Jesucristo en todos los ámbitos en los que se realiza: en la pastoral ordinaria en cada Iglesia particular; en relación con las personas bautizadas que no viven de acuerdo con su bautismo; y en los lugares donde el Evangelio no ha sido todavía anunciado, en los cuales no se conoce a Jesucristo o siempre a sido rechazado.


Yo soy Domund en la Iglesia orante que pide al Señor el envío de nuevos obreros a su mies y acompaña con su oración la tarea evangelizadora de los hermanos ya enviados a la misión. Yo soy Domund, y soy misionero con mi oración y mi amor a la misión de la Iglesia y a quienes la llevan a cabo en países más o menos lejanos. Soy Domund y misionero en el mismo sentido que santa Teresa de Lisieux, por su intenso amor hecho oración en la clausura de su monasterio, ha sido declarada patrona de las misiones.


Yo soy Domund con la puesta de mis bienes a disposición de la misión de la Iglesia, para ser con los misioneros constructor de templos, locales de catequesis, escuelas, hogares para niños huérfanos, hospitales, residencias para ancianos, fuentes de agua potable, granjas agrícolas y tantas otras obras que mejoran la dignidad de la vida de las personas pobres. No hay cauce más seguro y eficaz para colaborar en el desarrollo de los pueblos más pobres. No hay administradores más fieles y eficaces de los bienes materiales que aquellos que han renunciado a todo interés de este mundo y entregan su vida con alegría al servicio del Evangelio de Jesucristo, que sitúa a los más pobres en el lugar de preferencia.


España es Domund, se puede decir también en algún sentido con verdad. España es el país que más misioneros aporta a  la Iglesia universal: alrededor de trece mil misioneros españoles están presentes en 130 países. Después de Estados Unidos, España es el país que más dinero pone a disposición del Papa para atender las necesidades de las Obras Misionales Pontificias: en el año pasado más de diez millones doscientos mil euros, con los que se colaborado en 438 misiones en 77 países.

Esta obra de generosidad en tiempos de mayor escasez de medios económicos, y a pesar de las dificultades crecientes de la vida cristiana en España, bien podemos considerarla como un oculto milagro de Dios, que sigue alentando con su Espíritu de Amor los frutos de fe y caridad de los discípulos y la generosidad de quienes reconocen la gran obra humanitaria que realizan los misioneros. A unos y a otros os agradezco vuestra buena obra de amor que os engrandece y os hace sin duda más felices. Con una u otra motivación, el amor generoso a los hermanos más pobres es fuente segura de alegría.


Por último, a los que compartimos la alegría de la fe en Jesucristo, os digo con el Papa Francisco, en su Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2014: “¡No dejemos que nos roben la alegría de la evangelización! Os invito a sumergirnos en la alegría del Evangelio y a nutrir un amor en grado de iluminar vuestra vocación y vuestra misión.”

Os saludo con afecto fraternal en el Señor.


+ Carlos, Obispo de Salamanca.


Fuente:DELEGACIÓN DIOCESANA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL
Diócesis de Salamanca
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4 de octubre de 2014

Octubre, mes del Rosario - Sevilla


Los orígenes del Rosario en Sevilla hay que vincularlos en principio a los conventos de la Orden de Predicadores (Dominicos) donde desde 1479 se instituyen formalmente las denominadas Cofradías del Rosario, corporaciones dependientes de la Orden dedicadas al ejercicio de esta oración y culto a la Virgen, establecidas en las iglesias de los cenobios dominicanos o bien, en la parroquia mayor de cada ciudad o pueblo e incluso templos pertenecientes a otras congregaciones religiosas, siempre con licencia expresa de la jerarquía de la Orden de Predicadores.

En este año, el Papa Sixto IV confirmó las constituciones de la primera Cofradía de la que se tiene noticia, que es la de Colonia, aunque normalmente se remonta su origen a 1470 en que el carismático dominico Alain de la Roche fundó una por iniciativa propia en Douai.

Todo parece indicar que en el real convento de San Pablo se funda una de estas cofradías en fecha muy temprana, 1481, siendo Prior Fray Alonso de Ojeda, aunque la documentación propia más antigua que se conserva es de finales del siglo XVI.

Con Pío V, el Rosario adquiere una difusión universal, que la historiografía ha relacionado con la Batalla Naval de Lepanto (1571) en que la gran victoria de la Armada cristiana sobre el Turco fue, al parecer, atribuida a la milagrosa intervención de la Virgen del Rosario y a la coincidencia de que el mismo día la Cofradía establecida en Roma había salido en procesión por las calles alabando a la Virgen.

El hecho fue que en 1573 el Papa Gregorio XIII expidió un Breve estableciendo el primer domingo de octubre como festividad de la Virgen del Rosario a celebrar en aquellos lugares donde hubiera altar o capilla dedicada a esta advocación.

Según Ortiz de Zúñiga, en los años finales del XVI o primeros años del XVII había ya una cierta tradición de rezar el rosario en común todas las noches en los templos junto con ejercicios de oración y penitencia, que comenzó en el Salvador y hospital del Amor de Dios y se generalizó en otros varios, incluso con la creación de hermandades.


La devoción al Rosario es fomentada durante este tiempo por los arzobispos Agustín de Spínola en 1646 y, sobre todo, el dominico Fray Pedro de Tapia en 1653 quien mediante un edicto de 10 de mayo "logró excitar grandemente y que se introdujese más frecuentemente el uso de rezar el Rosario en público en los templos, que ya antes más tibiamente se usaba ".

La auténtica carta de naturaleza del Rosario como devoción popular tiene efecto en la segunda mitad de esta centuria y a raíz del triste acontecimiento de la Pestilencia de 1649, verdadera catástrofe para los sevillanos, pues más de la mitad de la población pereció en medio de una gran conmoción. En un régimen de cristiandad como el que vivía Sevilla en el Barroco, el pueblo experimentaba un angustioso sentimiento de culpa, de pecado colectivo por el que Dios castigaba a la ciudad. Toda Sevilla se congregaba para asistir a los distintos ejercicios misionales, creándose un clima de exacerbado dramatismo en torno a la religión.

A fin de preservar que el clima penitencial creado en las misiones no se entibiara y los fieles pudieran perseverar en las prácticas propuestas en las predicaciones, el padre Tirso fomentó la creación de varias hermandades de culto interno dedicadas a ejercicios de penitencia y el rezo del Santo Rosario, concretamente las denominadas Congregaciones de Cristo Crucificado y Nuestra Señora del Rosario que se erigieron por varios devotos en las parroquias del Divino Salvador, San Vicente, San Pedro, San Bartolomé, San Esteban y quizá otras como la de Santa Ana y San Andrés, así como la iglesia de San Hermenegildo. También es fundación suya la Hermandad de la Virgen de la Salud de San Isidoro.


El Rosario público
Se atribuye tradicionalmente al dominico Fray Pedro de Santa María de Ulloa el influjo definitivo de la "explosión rosariana" con la salida de los primeros Rosarios públicos, espontánea iniciativa que tuvo efecto por vez primera la noche del 17 de junio de 1690. Los cofrades de la Hermandad de Nuestra Señora de la Alegría de San Bartolomé salieron comunitariamente en procesión por las calles rezando el Santo Rosario y cantando coplas marianas. Era el comienzo de este gran movimiento popular.

Los primeros Rosarios
En un primer momento salían estas comitivas o "cuadrillas" sin estandarte o Simpecado propio, ni con insignias o imágenes, salvo los faroles para alumbrar el camino y a los devotos, cantando alabanzas y coplas a la Virgen divididos en coros para alternar los padrenuestros y avemarías y dirigidos por uno o dos eclesiásticos que controlaran el orden de la comitiva, marcaran el itinerario y paradas e hicieran los ofrecimientos de los Misterios. Estos primeros rosarios eran muy espontáneos y podemos definirlos como auténticos trasuntos de aquellos rezos comunitarios que dirigía Ulloa en el convento de San Pablo cada día a la aurora, mediodía y prima noche.

El Rosario se planteaba como un ejercicio de devoción y piedad, pero a la vez ostentaba un claro carácter penitencial derivado del clima de las Misiones. Es un signo inequívoco de la cristiandad barroca, que se asume como algo connatural a la propia idiosincrasia del pueblo.

Ciertamente el Rosario público, aunque surge de manera específica en 1690, tiene unos claros precedentes durante el siglo XVI en las cofradías del Rosario dominicas que celebraban los primeros domingos de mes procesiones claustrales con la imagen titular con asistencia de los cofrades con rosarios en las manos y otra solemne por la calle en la festividad del primer domingo de octubre.

Igualmente en las Misiones populares se organizaba una multitudinaria procesión (al comienzo, en el acto de contrición previo) en la que, en pos de un Crucifijo portado por los misioneros, iban las gentes rezando con rosarios y cruces en las manos y además se fomentaba entre los niños el ir por las calles cantando a coros coplas religiosas.


Orden y composición definitiva de los cortejos
Pronto se configuró la estética externa de estos Rosarios con la inclusión de la que será su insignia más distintiva, el Simpecado, que singularizaba cada comitiva si era propio de ella. Sólo desde entonces pueden considerarse ya institucionalizados. Es sintomático que, aunque la Hermandad de la Luz de San Esteban sacara su primer Rosario en 1690, muy poco después del de la Alegría, sus cofrades no consideran erigida esta procesión hasta 1711 en que se adquiere un Simpecado propio y se nombra una diputación especial para su gobierno. El color más característico de estos Simpecados es el rojo carmesí, aunque se constatan también el blanco, verde, celeste, morado o negro, según el carácter de la propia institución que lo organiza o si se trata de un Rosario de ánimas o penitencial. Junto al Simpecado, pronto aparece la cruz como insignia que precede la comitiva. Igualmente tiende a cuidarse más el acompañamiento musical tanto en los coros como en el añadido de auténticas orquestas. Todo esto hace que la comitiva fuera complicándose con un gran aparato externo, se perdiera la primitiva espontaneidad y se necesitara un continuo desembolso económico para su mantenimiento diario.

Hay que destacar al ya citado Fray Isidoro de Sevilla, predicador carismático por excelencia, que en 1703 adapta a Sevilla el modelo de Rosario público de Fray Pablo de Cádiz, aunque con la particularidad de introducir una nueva iconografía mariana, la Divina Pastora de las Almas, que colocó en el estandarte que presidía la comitiva. En la primera década del siglo XVIII está ya perfectamente establecido el orden y composición de estos rosarios.


Tipos de procesiones.
Prácticamente desde el principio se organizaron a diario dos procesiones de estos rosarios, una a prima noche, tras el toque de Oraciones y otra de madrugada, después del toque de alba, horario influido, cómo queda dicho, por Ulloa y sus predicaciones.

Esta segunda procesión se denominaba también de la aurora por salir dos horas aproximadamente antes de salir el sol, a cuyo término los cofrades asistían a la "misa de alba". Estas procesiones de madrugada serán las más comunes a partir del siglo XIX, adoptando definitivamente la denominación de Rosarios de Aurora.

A mediados del siglo XVIII estaban contabilizados 81 rosarios de hombres y 47 de mujeres, aunque no sabemos si en este número figuran separados los de prima y madrugada que organizaba una misma corporación

Como se observa, el Rosario marcaba toda la vida religiosa de los barrios de la ciudad en una cotidianidad dinámica. Pero la procesión no era siempre la misma ni en sus aspectos formales ni en las estaciones que realizaba. Junto al Rosario de a diario, había varias ocasiones a lo largo del año en que la procesión adquiría un carácter extraordinario: así en las vísperas de la festividad de la Virgen titular se sacaba el Rosario de Gala, denominado así porque contaba con unas insignias propias: cruces doradas con espejos, Simpecado con bordados y lienzo de gran calidad, faroles artísticos, orquestas profesionales y estaciones significativas. En varias hermandades se organizaba con este Rosario las "Novenas de calle" como ocurría por ejemplo el de la parroquia de Santa Catalina y que consistía en la salida procesional por las calles de la feligresía durante nueve días, los mismos que se celebraba la Novena de iglesia.

También Rosario extraordinario era el de Ánimas, que cada congregación organizaba durante nueve días (Novena de Ánimas) haciendo estación a retablos de ánimas, cruces o cementerios. Se ha podido constatar la utilización de un Simpecado morado con un lienzo de dolor, como el que todavía conserva el Rosario de los Humeros.


Los rosarios de mujeres
Las mujeres habían quedado relegadas de este uso devocional debido a las prevenciones propias de la época, sobre todo si , como ocurría con los Rosarios, se desarrollaban de noche y habían de conformarse con hacerlo en sus domicilios o bien, se juntaban algunas en coches rezándolo a coros y realizando diversas estaciones. No obstante la inquietud era latente y de hecho se organizaron algunos Rosarios adscritos a congregaciones masculinas. Tuvo que ser nuevamente un fraile dominico, el pacense Fray Pedro Vázquez Tinoco, quien, tras erigir los primeros cortejos en Extremadura en 1730, en 1735 promovió el primer Rosario de mujeres en Sevilla en la iglesia de Santa Cruz, al que siguieron en un primer momento veinticuatro más. Esta iniciativa suscitó una gran diversidad de opiniones en la ciudad y fueron muchos quienes la criticaron abiertamente o a través de letrillas burlescas amparadas en el anonimato. No faltaron tampoco decididos defensores. El uso perseveró y adquirió una notable expansión bien de manera autónoma, bien continuando en la dependencia de rosarios de hombres o de la entidad que los patrocinaba. Por ejemplo, en Santa Catalina, formaba una congregación con una gran autonomía de la hermandad del Rosario, lo mismo ocurría en el Sagrario o en la Hermandad de los Negritos. En el compás de la Laguna se erigió una congregación totalmente autónoma...


Crisis y decadencia del fenómeno rosariano.

A pesar del gran número de Rosarios y de la complejidad a la que habían llegado en sus cortejos, estas procesiones comenzaron a atravesar una primera crisis al finalizar el primer tercio de siglo. La cotidianidad y espontaneidad se estaban prácticamente perdiendo y se mantenía la procesión diaria como una rutina carente de sentido y a la que acudían pocas personas. No obstante el uso continuaba en auge durante las fiestas de octubre o en noviembre con las Novenas de calle o de Ánimas respectivamente.

La crisis comezó a convertirse en clara decadencia al finalizar el segundo tercio muy costeadas, con abundante aparato musical y prácticamente vacías. Los Rosarios parecían haberse convertido en formas huecas de una religiosidad de siglo. Las limosnas de los vecinos no bastaban para sufragar los gastos. Algo fallaba cuando algunos de estos Rosarios tenían que solicitar la ayuda de "enganchadores" que antes de la salida iban por las calles presionando a los vecinos para que participaran en la procesión, recurriendo muchas veces a niños que tomaban este asunto como un juego. Había comitivas que no existía con la fuerza y sinceridad de épocas pasadas. Se resquebrajaba la cristiandad barroca.

Tan gran número de rosarios necesariamente hubo de generar diversas problemáticas cuando, ya en la segunda mitad de siglo, la devoción había perdido en mucho las características primitivas. El propio prelado de la archidiócesis, Cardenal Solís, en 15 de noviembre de 1756 publicó un Decreto sobre los excesos de estos Rosarios, prohibiendo se canten coplas y salves en las estaciones e iglesias. Igualmente prohibe, bajo pena de excomunión mayor, que las mujeres, especialmente de noche, caminen tras los Rosarios de hombres.

Poco a poco disminuyen las procesiones diarias, sobre todo las de Prima Noche, mientras que las de Madrugada tienden a salir los festivos y con su denominación ya de la Aurora, que, poco a poco, va cobrando una nueva fuerza durante toda la centuria decimonónica, especialmente en su segunda mitad, perdurando con altibajos hasta la actualidad.

Van desapareciendo los retablos callejeros desde la mitad del siglo XIX por mor de las reformas urbanísticas. Es otro signo más de la decadencia de esa religiosidad barroca cotidiana, dinámica y espontánea. Las devociones tienden a volver a los templos y de ello son bien conscientes las propias congregaciones y hermandades rosarianas con retablos, por ejemplo, la de la Virgen de Europa, cuyo retablo se traslada a la vecina parroquia de San Martín, ciertamente por la inminencia de la demolición del sitio en que se hallaba, pero con la convicción de sus cofrades de que ya no tenía sentido permanecer allí.

El instituto del Rosario va siendo sustituido por la Procesión Anual de la imagen titular de la Hermandad o congregación, que conserva los elementos del Rosario público y, de hecho, en los primeros momentos mantiene su condición de tal con sus insignias de Gala junto al paso de la Virgen. Al limitarse la cotidianidad, se da mayor importancia al culto interno y sólo queda la Procesión como testimonio de lo que fue en muchos casos el origen de la Hermandad.


El Rosario en la época contemporánea. El Rosario de la Aurora

El Rosario de madrugada o de la aurora constituye una de las dos modalidades ordinarias de las procesiones del Rosario público, fenómeno clave de la religiosidad barroca sevillana, en el que se articula de una manera efectiva y práctica la participación del pueblo. Aunque los primeros rosarios salían de sus respectivas sedes tras el toque de oraciones (prima noche), muy pronto se organizaron por las mismas instituciones: parroquias, conventos, hermandades, congregaciones de vecinos.., otra procesión de madrugada, tras el toque de alba.

Poco a poco, el Rosario de madrugada fue consolidando su práctica. Tenía una gran particularidad respecto al de Prima y es que, tras la recogida de la procesión en su sede, los cofrades asistían a la misa denominada "de alba". Esto indica ya, sin duda, un signo de estabilidad en la congregación organizadora en cuanto a concurso de devotos y cofrades y, por ende, a ingresos económicos que permitiera sufragar los gastos procesionales y estipendios del capellán. También supone un medio de comunión con la religiosidad oficial al favorecer la participación de los cofrades en la máxima expresión de la liturgia que es la eucaristía. Pero aún hay más. Estas misas de alba, que ahora fomentan con frecuencia estos rosarios, suponía facilitar el cumplimiento eucarístico a los trabajadores del campo que comenzaban muy pronto su jornada laboral y también a los pobres y marginados de la sociedad, que a veces no se atrevían por su indumentaria a participar en los cultos de iglesia.

En la primera mitad del siglo XIX, tras el periodo crítico que se ha analizado, se observa un cierto renacimiento de los rosarios, pero con notoria precariedad y reservando su procesión para el mes de octubre, con ocasión de los cultos a la imagen titular, que, desplaza al Rosario en su importancia institucional. Poco a poco el Rosario quedará obsoleto con la procesión annual de la imagen, sobre todo el de Prima, adquiriendo novedad el de la Aurora en señalados momentos a lo largo del año, preferentemente en el mes de octubre.

En 1840 se producen graves desórdenes en el Rosario del convento de San Jacinto y el propio Ayuntamiento solicita a la Mitra la prohibición inmediata de todos los Rosarios que salen en Triana por los incidentes que preocupaban, entre ellos, el uso amenazante de navajas, peleas contínuas, expresiones deshonestas expresadas en alta voz, etc… con la particularidad complementaria de la presencia frecuente de jóvenes de corta edad, a los que se convencía llevasen las insignias. La Hermandad asume los hechos, pero hace firme prometimiento de no reincidir, afirmando que ha renovado totalmente su junta de gobierno, depurando antiguas responsabilidades y asegurando el orden de los rosarios que a partir de ahora salgan. El Arzobispado, tras nueva insistencia del municipio, ordena la supresión del Rosario.

Aspecto importante que ya se observa en la segunda mitad del siglo XIX es el acompañamiento de la imagen titular en la procesión del Rosario. En el caso de los de Prima suponen el último peldaño de la evolución de la comitiva hacia la Procesión autónoma de la Titular. En el de la Aurora constituye un realce del mismo, junto a la aparición de coros de campanilleros.

En la actualidad, los Rosarios públicos se circunscriben a las mañanas de las vísperas de las fiestas principales de hermandades, haciendo estación a alguna iglesia de la feligresía, siendo corriente ser acompañados por la Imagen Titular.


Fuente: Carlos José Romero Mensaque
http://www.rosarioensevilla.org/historia/historia.htm

27 de septiembre de 2014

PRIMER CONGRESO NACIONAL DE HERMANDADES DE JESÚS DESPOJADO


La Hermandad de la Amargura de Jaén es la encargada de organizar la celebración del Primer Encuentro Nacional de Hermandades de Jesús Despojado.

El mismo se desarrollará (D.m.) los días 8 y 9 de noviembre de este año 2014. Los fines de este Encuentro son:

- Potenciar y dar a conocer la advocación de Jesús Despojado.

- Profundizar en el misterio e iconografía adaptado al hombre de hoy y reconociendo la importancia de "despojarse".

- Estrechar lazos de unión entre los Cristianos Cofrades que compartimos una misma Titularidad.

- Programar un Plan Pastoral que pueda beneficiar a todas las Hermandades asistentes de forma voluntaria.

- En definitiva, acercarnos un poco más a Dios a través de la oración y unidos en Jesús Despojado.

PROGRAMA

SÁBADO, 8 de noviembre de 2014

10:00: BIENVENIDA Y RECEPCIÓN POR PARTE DEL SEÑOR OBISPO DE LA DIÓCESIS DE JAÉN, DON RAMÓN DEL HOYO, DEL PÁRROCO DE EL SALVADOR Y NUESTRO DIRECTOR ESPIRITUAL, DON FRANCISCO ROSALES Y DE LA JUNTA DE GOBIERNO. Parroquia de El Salvador.

10:30: ENTREGA DE LAS CREDENCIALES Y PALABRAS DEL HERMANO MAYOR DE LA HERMANDAD, DON DAVID TORRES LATORRE. Salón de Actos de la Asociación Española Contra el Cáncer (Anexo al Templo)

11:00: CHARLA “JESÚS DESPOJADO, EL REO, EL HOMBRE”- PONENTE: DON RAÚL CALDERÓN PERAGÓN (Magistrado en diferentes Juzgados de las provincias de Córdoba y Jaén. Doctor en Derecho por la Universidad de Granada. Escritor de diversas obras de derecho).Salón de Actos de la Asociación Española Contra el Cáncer (Anexo al Templo)

12:00: DESCANSO Y DESAYUNO

13:00: CHARLA “JESÚS DESPOJADO Y EL HOMBRE DEL SIGLO XXI” - PONENTE: DON FRANCISCO ROSALES FERNÁNDEZ (Director Espiritual de la Hermandad, Párroco de El Salvador, Vicario de la Nueva Evangelización, Capellán de la Agrupación de Cofradías y Hermandades de la Ciudad de Jaén) - Salón de Actos de la Asociación Española Contra el Cáncer (Anexo al Templo)

14:30: ALMUERZO DE HERMANDAD

17:00: MESA REDONDA - MODERADA POR DON PABLO RUIZ ALCÁNTARA (Director de Onda Jaén Radiotelevisión) - TEMAS:

1.- CÓMO HACER PRESENTE NUESTRA HERMANDAD EN LA SOCIEDAD ACTUAL.

2.- LA JUVENTUD COMO FUENTE DE RIQUEZA NECESARIA EN LA IGLESIA Y EN LA HERMANDAD.

3.- CÓMO LLEVAR A LOS MÁS ALEJADOS EL AMOR DE JESÚS DESPOJADO.

4.- PRÓXIMO LUGAR DE CELEBRACIÓN DEL II CONGRESO DE JESÚS DESPOJADO.

LUGAR:Salón de Actos de la Asociación Española Contra el Cáncer (Anexo al Templo)

19:30: CELEBRACIÓN DE LA SANTA EUCARISTÍA Y MISA DE HERMANDAD. POSTERIOR BESAPIÉ A LA SAGRADA IMAGEN DE NUESTRO SEÑOR DE LA PASIÓN DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS. Templo de El Salvador.

20:30: OFRENDA MUSICAL DE LA AGRUPACIÓN MUSICAL “JESÚS DESPOJADO” DE JAÉN CON MOTIVO DE ESTE CONGRESO

21:30: ÁGAPE DE HERMANDAD Y CONVIVENCIA


DOMINGO, 9 de noviembre de 2014

10:30: RECEPCIÓN POR PARTE DEL SEÑOR ALCALDE DE LA CIUDAD DE JAÉN, DON JOSÉ ENRIQUE FERNÁNDEZ DE MOYA. Plaza de Santa María.

12:30: RECEPCIÓN POR PARTE DE LA PERMANENTE DE LA AGRUPACIÓN DE COFRADÍAS Y HERMANDADES DE JAÉN. Sede de la Agrupación.

En estas RECEPCIONES, las Hermandades serán obsequiadas con recuerdos de la Ciudad del Santo Reino de Jaén y su Semana Mayor.


ESTANCIA

La elección y reserva de la estancia corre a cargo de cada asistente.

La Hermandad ha convenido un precio especial para todos los congresistas que deseen reservar su estancia en Hotel Condestable Iranzo***, ubicado en Paseo de la Estación número 32. Este Hotel se encuentra a 250 metros del lugar donde se va a desarrollar la Jornada del sábado. El precio de una habitación doble es de 60,00 € la noche (Dietas no incluidas). Solamente debe reservar diciendo que participará en el Congreso que organiza la Hermandad de la Amargura.

Si desean contactar con este Hotel: Teléfono: 953 222 800 -Fax: 953 263 807
Email: reservas@hotelcondestableiranzo.com

La elección y reserva de hotel, hospedería o estancia es de libre elección por parte de cada congresista.


DIETAS, ACREDITACIÓN Y MATERIAL

El precio convenido por la Hermandad para participar en el Congreso – y que se ha ajustado al máximo para que resulte lo más económico posible a los congresistas - es de 35,00 € por persona. Incluye:

- Carpeta y Programa de congresista

- Asistencia a todas las Ponencias que se celebrarán; siendo exclusivas únicamente para los hermanos de Jesús Despojado

- Desayuno, Almuerzo y Cena del sábado día 8

- Asistencia a las Visitas del domingo día 9

Para la Inscripción, cada Hermandad debe anunciar el número de asistentes e ingresar el importe en el número de cuenta y en el plazo reflejado para poder llevar a cabo la preparación de todas las actividades del Congreso.

Nº CUENTA: 3067 – 0100 – 22 – 2202573818

FECHA LÍMITE: 22/10/2014

Para simplificar, la organización solicita que los pagos se realicen conjuntamente por Hermandad, incluyendo en un solo pago las Dietas y Materiales de los asistentes de su Corporación al Congreso (Ej: 5 asistentes x 35,00 € de Dietas y materiales = 175,00 €).

En el Concepto del ingreso ha de detallarse el Nombre de la Hermandad y la Localidad de pertenencia.

En un email, pueden hacer llegar el detalle del mismo: Nombre y apellidos de cada uno de los miembros asistentes al Congreso de su Hermandad. Esto es importante para poder otorgar las acreditaciones personalizadas del Congreso y tener acceso tanto a las ponencias como a las debidas comidas.

Para cualquier duda o ampliar información al respecto:





24 de septiembre de 2014

Formación Cofrade - LITURGIA (XVIII): LOS SIGNOS DE REVERENCIA: LAS POSTURAS Y LOS GESTOS LITÚRGICOS


LOS SIGNOS DE REVERENCIA: LAS POSTURAS

La Ordenación General del Misal Romano da unas normas claras de las posturas corporales que hay que adoptar durante la Eucaristía. Para el Misal Romano "la postura uniforme, seguida por todos los que toman parte en la celebración, es un signo de comunidad y unidad de la Asamblea" (OGMR nº 42)

Las posturas corporales que el Misal Romano indica (OGMR 43) son las que resumimos a continuación:

Estar de Pie: Es una forma de demostrar nuestra confianza filial, y nuestra disponibilidad para la acción, para el camino. El estar de pie significa la dignidad de ser hijos de Dios, no esclavos agachados ante el amo. Es la confianza llana del hijo que está ante el padre a quien respeta muchísimo y a quien al mismo tiempo tiene cariño. Al mismo tiempo, al estar en pie manifestamos la fe en Jesús resucitado que venció a la muerte, y la fe en que nosotros resucitaremos también; el estar agachado y postrado no es la última postura del cristiano; sino el estar en pie resucitado. Estaremos en pie:

- desde el canto de entrada hasta el final de la oración Colecta.
- durante la lectura del Evangelio y el canto del Aleluya que le precede.
- durante la profesión de Fe (Credo) y la oración de los Fieles.
- desde que empieza la oración de las ofrendas hasta la consagración.
- después de la consagración hasta después de la comunión.
- desde la oración de después de la comunión hasta que el sacerdote abandona el altar.
- Todas las oraciones deben oírse de pie como actitud de respeto y buena disposición. Esta generalizada la costumbre (errónea) de oír sentados la oración sobre las ofrendas.


Sentados: Significa la confianza de estar con los amigos, con paz y tranquilidad. Estamos en casa, cuando estamos en el templo. Sentados podemos hablar con intimidad y largamente con el Señor que está ahí presente. También uno se sienta para escuchar y aprender cuando un maestro habla. Estaremos sentados:

- durante las lecturas que preceden al Evangelio, incluido el Salmo responsorial.
- durante la homilía.
- mientras se hace la preparación de los dones en el ofertorio.
- a lo largo del silencio posterior a la comunión.


De rodillas: Sólo ante Dios debemos doblar nuestra rodilla. Al ponernos de rodillas significa que nos reconocemos pecadores ante Él. La genuflexión ante el Santísimo es un saludo reverencial de fe, en homenaje de reconocimiento al Señor Jesús. Debemos hacerlo en forma pausada y recogida. Estaremos solamente durante la Consagración, aunque por razones de edad, incomodidad del lugar o aglomeración que lo impida se podrá estar respetuosamente de pie.


Postrados: Se usa en ciertos momentos escasos, en que el alma cristiana se siente más indigna de dirigirse a Dios, cargada de responsabilidades, o en un luto universal como el del Viernes Santo por la muerte de Jesús, o cuando la pena y desconsuelo son tan inmensos que no se ve solución. Por ejemplo: el futuro sacerdote, cuando se postra el día de su ordenación sacerdotal; o algunas monjas, el día en que entran al convento o hacen su profesión religiosa, se postran en el suelo, indicando no tanto el abatimiento, sino la necesidad de protección de Dios y la impotencia personal. Es signo de humildad y penitencia.


La Procesión: Más que un gesto litúrgico, es un rito. En las celebraciones habituales, por ejemplo, en la santa misa, los ministros realizan movimientos que tienen carácter procesional: al principio, antes del evangelio, etc. También los fieles adoptan esta actitud al presentar las ofrendas y cuando comulgan. Además, hay procesiones excepcionales unidas al año litúrgico, como la del Domingo de Ramos y la del Corpus Christi, o en circunstancias particulares de la vida de la Iglesia, por ejemplo, la de una comunidad parroquial el día de las fiestas patronales. La procesión simboliza, principalmente, el carácter peregrinante de la Iglesia. También, a veces, es un signo muy expresivo de fe y devoción. Deben hacerse con dignidad y respeto.

Fuera de las posturas propias de la Misa hay otras posturas que pasamos a relacionar. Se pueden adoptar dos clases de posturas corporales: la inclinación y la genuflexión:

La inclinación: Indica reverencia y honor a las personas o a lo que representan y puede ser de dos tipos: inclinación de cabeza e inclinación de cuerpo o profunda, que se hace desde la cintura.

- La inclinación de cabeza se le hace al nombre de Jesucristo, de la Virgen y del santo en cuyo honor se celebra la Misa. Se debe hacer reverencia profunda en el Credo arrodillándonos si es la Solemnidad de Navidad o la fiesta de la Anunciación del Señor. Asimismo la bendición presidencial que concluye la Misa se debe recibir con inclinación de cabeza.


- La inclinación de cuerpo o reverencia profunda se le hace al altar cuando no está allí el Santísimo; también se debe hacer inclinación profunda cada vez que se sirva al obispo o se pase por delante de él; se hace antes y después de las incensaciones y en algunas otras ocasiones en que está dispuesto. Deben hacer inclinación profunda al altar que simboliza a Cristo y no al sacerdote como equivocadamente se hace a veces, todas aquellas personas que suban al presbiterio para realizar alguna función como por ejemplo los lectores o los que van a hacer las peticiones de la Oración Universal de los Fieles, que vulgarmente llamamos preces, tanto al llegar como al marcharse.

La genuflexión: Se hace siempre con la rodilla derecha llevándola hasta el suelo y significa adoración. Por ser signo de adoración está reservada al Santísimo Sacramento y a la Santa Cruz en la liturgia del Viernes Santo. En resumen, se debe hacer genuflexión cada vez que pasemos por delante del Santísimo Sacramento e inclinación profunda al altar todos los que se acercan al presbiterio o se alejan de él (por ejemplo los que se han acercado para hacer alguna lectura o petición).


LOS GESTOS LITÚRGICOS

No podemos vivir sin gestos y actitudes corporales. Ellos expresan, provocan o dan realce a lo que pensamos y sentimos: el abrazo, el beso, el apretón de manos, las lágrimas, el silencio,...y todos estos gestos surgen "naturalmente", al compás de nuestros pensamientos y emociones.

El hombre, participa y "crea" la liturgia. Por eso, la liturgia contiene muchos gestos y actitudes con los que intentamos expresar exterior y corporalmente nuestros sentimientos hacia Dios. Los gestos litúrgicos más importantes son: la señal de la cruz; las unciones; la imposición de la ceniza; los ojos elevados al cielo; ciertos gestos relacionados con las manos: manos juntas y plegadas sobre el pecho; manos que se golpean el pecho; manos elevadas y extendidas; manos que dan y reciben la paz; manos dispuestas para recibir el Cuerpo del Señor.

La Iglesia insiste en la necesidad de renovar, actualizar, "entroncar" los gestos con cada cultura, para que las palabras y gestos sean más "significativos" para la mentalidad del hombre moderno e incluso para cada región y comunidad. La liturgia consta de una parte inmutable por ser de institución divina (la fórmula de la consagración por ejemplo), y de otras partes sujetas a cambio, que pueden y aún, deben ir cambiando, como lo ilustra la historia de la Iglesia.

"Por esta razón, los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprender fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria" (SC 21).

Este deseo de la Iglesia es por demás coherente: la repetición constante de los ritos, realizados generalmente sin conocer su significado, produce un inevitable desgaste y llegan a "no decir nada". La liturgia no es un teatro. La tarea de renovación litúrgica exige reflexión, creatividad y participación. Mientras tanto es necesario conocer el significado de los gestos y ejecutarlos con espontaneidad y convicción, haciendo de ellos auténtica expresión de nuestros sentimientos religiosos. Los gestos más utilizados son:

Manos juntas: Es señal de respeto y de oración. Es un gesto de humildad y vasallaje, y de actitud orante y confiada. Es el gesto más acomodado a la celebración litúrgica cuando las manos no han de emplearse en otros ritos o no se prescribe que se tengan levantadas. Es la mejor postura a la hora de ir a comulgar.


Extender las manos y elevar a la vez los brazos: Son súplicas solemnes; colecta, plegaria de la misa, paternóster, prefacio. Levantar y extender las manos al rezar expresa los sentimientos del alma que busca y espera el auxilio de lo alto. Hoy es un gesto reservado al ministro que celebra la santa misa.


Extender y volver a juntar las manos: Es el deseo del sacerdote de estrechar a la asamblea en un común abrazo de fraternidad, de recoger las intenciones y deseos de todos para ofrecérselos a Dios, y derramar sobre ellos las misericordias de Dios.

Manos que dan y reciben la paz: Las manos extendidas, abiertas y acogedoras simbolizan la actitud de un corazón pacífico y fraternal, que quiere comunicar algo personal y está dispuesto a acoger lo que se le ofrece. Cuando unas manos abiertas salen al encuentro de otras en idéntica actitud, se percibe el sentimiento profundo de un hermano que sale al encuentro de otro hermano, para ratificar, comunicar o restablecer la paz.


Manos que reciben el Cuerpo del Señor: Las manos dispuestas para recibir la Santa Comunión han de ser signo de humildad, de pobreza, de espera, de disponibilidad y de confianza. También son signo de veneración, de respeto y de acogida, pues el Pan eucarístico no se coge sino que se acoge, se recibe.


Señal de la cruz: Es el gesto más noble y el más frecuente y elocuente. No es un garabato, que termina besándose uno el dedo pulgar. Se produce de dos modos: sobre uno mismo, con los dedos extendidos de la mano derecha; o, cuando un sacerdote debe bendecir en nombre de Cristo, sobre las personas u objetos con la misma mano levemente encorvada. Una sola vez, al inicio del oficio divino, se hace sobre los labios con el dedo pulgar para pedirle al Señor que Él mismo “los abra para poder proclamar con la boca sus alabanzas”. Debe hacerse desde la frente hasta el pecho, y desde el hombro izquierdo al derecho. ¿Qué significa hacerse la señal de la cruz? Primero venerar la cruz redentora de Cristo. Segundo, sellar con ella nuestra persona cristiana y así fortalecerla para hacer el bien y evitar el mal. Esa señal comienza en la frente, para que Dios, con su Santa Cruz, nos quite los malos pensamientos y nos proteja los buenos. Después de la frente va al pecho para que nos quite los malos deseos del corazón y nos proteja los buenos. Y finalmente, nos envuelve de izquierda a derecha, para proteger del mal todo nuestro ser.


La reverencia: Consiste en ligeras inclinaciones de cabeza, ante el altar, ante imágenes, al recibir la Sagrada Comunión, cuando el acólito inciensa al sacerdote y al pueblo; o al incensar el mismo sacerdote hace reverencia al crucifijo o a la imagen de los santos, a modo de saludo reverente. Aquí no sólo es señal de cortesía humana, sino que las reverencias están revestidas de culto sagrado. Tienen que ser hechas despacio, y sólo con la cabeza, no con todo el cuerpo, a no ser que sea en la misa después de ofrecer el pan y el vino y antes del lavado de las manos, donde se inclina ligeramente también el cuerpo. Aquí ya no es sólo reverencia, sino total inclinación.


Las miradas: Unas veces invitan a la admiración y adoración callada, de fe sentida y de recogimiento; por eso, clavamos la mirada en la Hostia consagrada y en el cáliz al levantarlos el sacerdote en la consagración, en la custodia de la exposición y bendición del Santísimo. También la mirada del sacerdote a la gente es señal de comunicación fraterna, de saludo cordial. Cuando los ojos están cerrados simbolizan, no tanto que estamos durmiendo, sino que estamos en profundo silencio y recogimiento para saborear la comunión, o las lecturas leídas. Es falta de respeto, cuando se da la homilía, no mirar al predicador. Simbolizaría desinterés total, despecho; también sería falta de cordialidad e interés si el predicador no mirase a los fieles a la hora de predicar. Cuando uno eleva los ojos hacia arriba está indicando petición a Dios o desagravio por los pecados propios y de la humanidad.


Los besos: El sacerdote da un beso al altar al comenzar y al terminar la santa misa; es Cristo quien recibe ese ósculo. Los fieles se dan el beso en el momento de la paz. Son señales de afecto, de gratitud, de adhesión, de veneración y de reconciliación. Besamos las reliquias, el crucifijo, la mano del sacerdote que bendice y perdona. Cada uno de estos ósculos imprime un sello religioso especial en las personas o cosas que los reciben. En muchas partes no es oportuno el beso de la paz, por motivos culturales; entonces se prefiere el apretón de manos.


Golpes de pecho con la mano: Es una de las señales más expresivas de dolor y contrición de corazón, en un pecador. Se hace en la confesión, al momento de decir el acto de contrición. Lo hacemos en el momento del “Yo confieso” de la santa misa. Así, con ese gesto humilde, aplacamos y agradamos mejor a Dios y expresamos más sentidamente nuestra compunción ante los demás hermanos. Los golpes deben ser hechos con suavidad.


La imposición de las manos: Significa varias cosas, transmisión de poderes superiores a personas o grupos de elección, o de algún carisma o misión, o absolución de culpas. También es signo de bendición de Dios y de consuelos en la unción de enfermos. En el momento de la consagración manifiesta el poder maravilloso de los sacerdotes de convertir el pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo.


Caminar hacia el altar: No es un simple gesto, es un rito. Es también símbolo de nuestro peregrinar al cielo. Caminamos con otros, no solos. Así, en las procesiones, peregrinaciones, vamos con alegría, sin temores, pues sabemos que Cristo es el Camino vivo y verdadero.


Cantar: El que canta ora dos veces, decía San Agustín. El canto es el afecto del corazón hecho música.


Gracias a Valladolid Cofrade por la cesión del contenido de este post.
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