1 de septiembre de 2014

Un sueño hecho realidad - "Mi pequeña Esperanza Macarena"

La Esperanza es el sueño del hombre despierto (Aristóteles)


Corría el verano del 2000 – y no por casualidad – mis pasos me llevaron hasta Ella. Entrar en la Basílica y contemplarla, radiante, sublime, bella… desde su camarín de la gloria macarena, no fue tan impactante como lo fueron sus palabras: “Llevo tiempo esperándote. Gracias por acudir a mi llamada.” Y desde aquél inolvidable instante, mi vida cobró sentido. Cuando tu corazón se llena de Esperanza, cuando la presencia de la Madre de Dios forma parte de tu proyecto personal de vida, ya nada es igual. Ser macareno, sentirse macareno, no es una marca, es un privilegio, una gracia, a la vez que un compromiso para con Ella y para con Su Hijo Sentenciado.

Toda mi vida – incoherente como ninguna – está impregnada de Esperanza. Cuando aquella tarde salí de la Basílica por la puerta de la secretaría de la hermandad, supe que ya no iba a ser el de antes. Y así fue…así es. Puedo asegurarte que a lo largo de estos catorce años, mis mejores momentos han tenido siempre un denominador común: la “figura” de María Santísima de la Esperanza Macarena, quien aún no sé por qué razón, ha querido que sea un privilegiado más, un elegido más, para ser parte de sus pies bajo ese palio que irradia Fe, Esperanza y Caridad por cada uno de los rincones de Sevilla, de mi Sevilla, a la que adoro y anhelo por igual, y que me acoge como “hijo adoptivo” ofreciéndome su luz, su aroma, su hospitalidad…

Si hay algo difícil de asumir por quienes vivimos lejos de la capital hispalense, es no poder estar cada día frente Ella, junto Ella. Mirarla, rezarla, llorarla, agradecerle una y mil cosas, es un regalo que el Señor nos ofrece gracias a nuestra Fe. Y la distancia – jodida distancia – se empeña en robarnos esos instantes. Tu rostro, mi rostro, cuando abandono la Basílica para regresar a Salamanca, “se asemeja” en cierto modo al suyo: lloro y sonrío a la vez…pero siempre con el corazón henchido de su infinita Esperanza.

Soñar es estar vivo, sentirse vivo. Al soñar, ponemos en marcha todos nuestros recursos para que nuestros anhelos se hagan realidad. Muchos de ellos se quedan sólo en eso, sueños. Excepto cuando la ilusión, los sentimientos, las circunstancias, las personas y Ella, se unen para materializar y evidenciar que la lucha, la constancia, la Fe, siempre tienen su recompensa. Porque si es lícito soñar, también lo es alcanzar la añorada meta.

Soy consciente de que desde el pasado día 23 de Agosto de 2014, he añadido un motivo más para aquellos y aquellas que gustan de somatizar sus amarguras y rencores hacia mi persona. Nada que pueda emborronar mis sentimientos y decisiones, más bien al contrario, son todo un aliciente para entender que no soy infalible, que peco y yerro como el que más, y “que el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” (Jn 8, 1-7).

Soy “mariano” a carta cabal. Cualquiera de las advocaciones de la Santísima Virgen me ayudan a conocerla mejor, a sentirme más cercano a Ella, a intentar seguir sus pasos, a tenerla como modelo de bondad, de entrega, de dulzura, de humildad, de perfección. Ojalá estas y otras muchas de sus virtudes se dieran más a menudo en mí. Pero solo Ella es “la llena de gracia”, la que dijo “SI” a la llamada de Dios, la que con obediencia absoluta y a pesar de las adversidades de la época, aceptó sin condiciones ser el “primer Sagrario de Cristo”.

Una llamada a la imaginera gaditana Ana Rey fue el inicio de este sueño convertido en realidad. Ana Rey tampoco titubeó ante mi propuesta para realizar una réplica de la Sagrada Imagen de María Santísima de la Esperanza Macarena de Sevilla. Mi fe ciega en el trabajo de Ana Rey me empujaron a proponerle este reto. No se trataba de hacer una réplica de tantas. Tenía que ser lo más parecida a Ella, no igual, porque por muchas y buenas copias que se hagan, ninguna será Ella. ¡Como tú Ninguna! (Antonio Rodríguez Buzón).

Han sido meses de espera, como no podía ser de otra manera. Meses que he dedicado a preparar su llegada a mi hogar, a disponerle un espacio que estuviera a la altura de lo que Ella se merece. Meses en los que la ansiedad por verla y tenerla, se ha visto compensada con tu ayuda e incondicional apoyo, con la colaboración de quienes también han acudido a mi llamada de “auxilio”. Por eso, mi sueño, es un sueño tan deseado como compartido, de ahí que adquiera mayor relevancia, mayor valor y un motivo inmenso de gratitud. Como decía anteriormente, si puedes soñarlo, también puedes hacerlo, siendo consciente de que las cosas no caen del cielo y que muchos de nuestros sueños se alcanzan gracias a la desinteresada labor de quienes tampoco dudan en decir su “SI”, sin condiciones.

En este primer post sobre “mi pequeña Esperanza Macarena” solamente he querido expresar y trasladarte el porqué de su existencia. En los próximos compartiré contigo más detalles sobre la obra, los actos de la Bendición Solemne, su altar para el culto privado…

Concluyo, por tanto, con algunas de mis palabras que formaron parte de mi Acción de Gracias en la Eucaristía de su Bendición, así como algunas fotografías cedidas por Angel Pantoja, Heliodoro Ordás, Gabriel Alonso…

Madre Mía y Madre Nuestra de la Esperanza Macarena:

¡Ay Madre, qué difícil es mantener mis ojos fijos en tu mirada! Tú, que en palabras del Papa Francisco, nos miras como Madre, con ternura, con misericordia, con el mismo amor con el que mirabas a tu Hijo Jesús en todos los momentos de su vida, ya fuesen gozosos, luminosos, gloriosos o dolorosos, desgarrados, injustos,…

Gracias por tu grandiosa ayuda cuando estamos cansados, desanimados y agobiados por nuestros problemas. Gracias por volverte hacia nosotros, sintiendo como tu mirada dice a nuestro corazón: “Animo, hijo, que yo te sostengo entre mis manos, en mi regazo; deja que mi manto verde te acoja y siente el calor de la fe, de la ilusión, del aliento, del consuelo, de la tranquilidad…

Virgen de la Esperanza: Tú me conoces muy bien, sabes cuáles son mis alegrías y mis dificultades, mis esperanzas y mis desilusiones. Gracias por tu llamada que dice a mi corazón: “Levántate, acude en pos de mi Hijo Jesús. En él encontrarás acogida, misericordia y nueva fuerza para continuar el camino. Él te enseñará a seguirlo para dar testimonio de tu fe en las grandes y pequeñas obras de tu vida, en las relaciones de familia, en tu trabajo, en todos y cada uno de los momentos del día; Te enseñará a salir de ti mismo para mirar a los demás con Amor, como Él, que te ha amado y te ama, no de palabra, sino con obras”.

Señor:

Gracias por la paz, la alegría y por la unión que mis hermanos y hermanas, muchos de ellos aquí presentes, me han brindado. Por sus palabras y sonrisas que me alentaron; por esos oídos que me escucharon, por ese corazón de amistad, cariño y amor que me dieron.

Y sobre todo, gracias Señor por la fe que me has dado; esa fe que un día se tambaleó, pero que Tú nunca dejaste de fortalecer, ayudado por la mediación de la Santísima Virgen de la Esperanza.

Gracias por perdonar mis omisiones, mis descuidos y olvidos, mi orgullo y vanidad, mis necesidades y caprichos, mi silencio y mi excesiva locuacidad, mis contradicciones y mis defectos; mis errores y debilidades.

Gracias, Señor, por todo lo bueno de ti que hay en mí. No abandones nunca las obras de tus manos y llena mi vida de Esperanza, de amor y generosidad.


































6 de agosto de 2014

Estepa, balcón de Andalucía, balcón de Esperanza...

Que hoy te hable de Estepa (Sevilla) tampoco es una casualidad, ni tan siquiera del destino. He visitado esta preciosa localidad porque a ella me unen vínculos muy estrechos, plagados de enormes y maravillosos sentimientos – pese a quien le pese – Sentimientos que tras mi vuelta son aún más grandes, pues mi corazón viene acompañado del cariño de gentes que me han acogido con los brazos abiertos, permitiendo alojarme en el hogar más grande que el ser humano puede tener: su corazón. Vaya por tanto este post dedicado de un modo especial a Conchi y Lucía, a Clara, a las “Remes”, a Rafa, a Ana y Ana María, a Mariola y Maite, a María del Mar, a Inmaculada y Rafa “Churrasca” (Camaleón Tatto), a las cajeras del “Mercadona”, a mi paisano de la mejor tienda de ropa “Delfín Sport Wear”, a la “Mantecaera” de la rotonda y, por supuesto, a Ro…









Decirte que Estepa es mucho más que el “conflicto de los Chorizos” es una obviedad tan grande como el aroma a canela y ajonjolí que se respira por doquier. En esta época, sus cerca de 30 empresas dedicadas a la elaboración de mantecados y polvorones empiezan su actividad, que tendrá como colofón las fiestas navideñas. Puedo asegurarte que si mi estancia en Estepa fuera mayor, iría de cabeza al infierno por mi excesiva gula. Uno no es capaz de resistir los deseos del paladar y Estepa es ese lugar donde los golosos perdemos la cabeza por darle gusto al estómago.




Desde Sevilla apenas dista una hora en coche. Según te vas aproximando a la localidad, descubres que, a diferencia de otros municipios de los alrededores, Estepa puede contemplarse en todo su esplendor gracias a su altitud, lo que permite observar sin esfuerzo a las vecinas Herrera, Puente Genil, Osuna o Écija, entre otras. Esta extraordinaria ubicación geográfica ha contribuido a que Estepa sea conocida como “El Balcón de Andalucía” y a fe te digo que es rotundamente cierto, no en vano, y desde su espectacular Cerro de San Cristóbal, pueden divisarse tanto Córdoba, como Málaga o la propia Sevilla.








Con sumo agrado compruebo como la mujer está incorporada al mercado del trabajo gracias a la citada industria de los dulces, así como a otro hecho que desconocía hasta que me topé con una valla publicitaria en plena autovía, en la que ponía todo su énfasis en la producción de aceite de oliva, con denominación propia y de exquisito valor, sabor y efectos beneficiosos para la salud. Es por ello que Estepa recibe a diario habitantes de los alrededores que han encontrado en estas industrias su manera de subsistir en estos tiempos difíciles.




Tal vez me equivoque si mi visión de Estepa me hace creer que urbanísticamente está divida en dos. Por un lado, lo que podría considerarse como la “Estepa cosmopolita”, con la Avenida de Andalucía como eje transversal o divisor y la “Estepa de montaña a dentro”, la de sus largas y estrechas cuestas que se convierten en las más hermosas arterias para que el corazón lata muy deprisa, ya no solo por el esfuerzo físico, sino por las sensaciones que provocan en el viandante.












Esto que te cuento, expresado con toda la pasión que uno puede poner tras cerrar los ojos y recordar esos paseos por la calle Mesones, Écija, San Antonio, Libertad, Molinos, Concepción o Santa Ana, tuvo su fundamento y reconocimiento cuando en 1965 fue considerado y declarado Conjunto Histórico – Artístico.
















Desde cualesquiera de estas u otras empedradas calles ubicadas en el Cerro (de San Cristóbal) tuve la fortuna de “darme de bruces” con un sinfín de arcos enmarcados entre una y otra calle; arcos que no pasan desapercibidos y que se convierten en la mejor postal que el fotógrafo pueda realizar. Desde ellos, entre adoquines y casas de dos plantas, con variados y múltiples enrejados en sus ventanas y balcones, van surgiendo monumentos de la talla de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, la de San Sebastián, la de Nuestra Señora de la Asunción (la Patrona) o la de los Remedios; Conventos como el de Santa Ángela de la Cruz o el de San Francisco; plazas como la del Llanete, la de Poley o la del Carmen (Ayuntamiento). Y así hasta que este bloguero no puede evitar ponerse a los pies de la majestuosa Torre de la Victoria (perteneciente a la antigua iglesia del mismo nombre).








Torre de la Victoria en la que es imposible no detenerse. Si bonita es de día, más bella resulta aún en la noche estepeña iluminada por sus cuatro “costeros” en los que la mirada se pierde entre el barroquismo de sus piedras talladas y labradas, presentando un conjunto arquitectónico que con gusto hubiera traído en mi maleta para posarla en mi querida Salamanca.














Podría seguir escribiendo horas y no por ello conseguir transmitirte con perfección y como se merece, todos los encantos que hacen de esta tierra un lugar para visitar una y mil veces.









Encantos que, como no podía ser de otra manera, se encuentran también en la imaginería cofrade (lástima que muchas de sus sedes canónicas estuvieran la mayor parte del tiempo cerradas). Estepa es Sevilla y por tanto no es ajena a esta costumbre y tradición de la que tanto disfrutamos los semanasanteros. Por no cansarte con la lectura y sin desmerecer con ello a otras Sagradas Imágenes, mencionarte e invitarte a que disfrutes cuando puedas de la belleza de las tallas de la Virgen de la Esperanza Coronada, de Nuestro Padre Jesús Nazareno o del Misterio conocido como “El Cristo”, un “barco” que nada tiene que envidiar a otros de ciudades de mayor renombre.























No pude por menos que acordarme de Cateja Teatro, grupo albercano que representa la Pasión de Cristo de un modo magistral y único. Te preguntarás qué pasó por mi mente para unir dos pueblos tan distantes como son La Alberca, ubicada en las faldas de la Sierra de Francia salmantina, y Estepa, de la que como ves tan gratos recuerdos guardo. La respuesta no es otra que el singular Vía Crucis, que lo largo de las calles que te llevan al Cerro, y a través de preciosos azulejos, representan todas y cada de las distintas estaciones. Y es aquí donde mis ojos vuelven a cerrarse, imaginando esa representación de la Pasión y Muerte de Cristo, por las empinadas, angostas y empedradas calles de Estepa, rodeadas de iglesias, plazas y rincones, y culminando en lo alto del propio Cerro, como si del Monte Calvario se tratase.








Al principio del post te comentaba que Estepa también es conocida como “El Balcón de Andalucía”. Pues te cuento: una vez que llegas a la cima, resulta complicado mantener fija la vista en una única dirección. Por un lado, y en dirección a Granada, se divisa no sólo la ciudad de la Alhambra, sino su importante cantera de mármol. O el Convento de Santa Clara próximo a los restos de antiguo Alcázar o a la Torre del Homenaje.
























Y por si todo esto no fuera suficiente para enriquecer el contenido de este post, Estepa tiene a gala, junto con otras localidades sevillanas, celebrar la festividad de Santa Ana, lo que me permitió disfrutar de la “Velá” organizada en su honor y en la que no faltan las atracciones de feria, puestos de venta de chucherías, bisutería, ropa, zapatos… y, por supuesto, degustar las ricas tapas que los distintos bares y restaurantes te ofrecen a lo largo de la citada avenida de Andalucía y en los aledaños a la ermita de la madre de la Santísima Virgen, Santa Ana.



Concluyo como empecé, haciendo mención a sus gentes. Gentes que se muestran ante ti como si de un paisano más se tratara, tanto da si te hablo de estepeños sentados “al fresco” en esas calurosas noches de Julio, o de chiquillos jugando al balón en cualquiera de sus plazas. No te asombres si te digo – y no es broma – que al final de mi estancia allí no podía evitar que mis frases también concluyesen con su peculiar entonación alargando “el compás” de las palabras.





Muchas más historias o anécdotas podría narrarte, como lo sorprendente que resulta que no exista semáforo alguno a lo largo y ancho de todo el pueblo, lo cual no es sinónimo de caos circulatorio, sino todo lo contrario. Por otra parte, y aprovecho esta ventana virtual para sumarme a quienes así lo reivindican, cuesta admitir que no exista tampoco contenedor alguno de basura (si en cambio de reciclado) lo que obliga a los ciudadanos a depositar sus bolsas a unas horas concretas de la tarde noche junto a árboles, papeleras o farolas. Seguro que el alcalde y su equipo de corporación municipal ya están sobre ello y pronto encontrarán una solución que ponga fin a este pequeño lunar que no resta esplendor a este espectacular y fascinante pueblo al que espero regresar pronto.










Y de este modo, mientras el sol se escondía por la campiña,
puse rumbo de nuevo a tierras charras
recordando emocionado las palabras que aquel anciano me decía:
¡Ah, de Salamanca! ¡De allí era el gran cantaor Rafael Farina!