30 de octubre de 2016

Una jornada junto al imaginero Francisco Romero Zafra

Un día cualquiera, de una jornada de trabajo cualquiera, pusimos rumbo a la ciudad de la Mezquita, emulando a D. Antonio Machado “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. En poco menos de cuarenta y cinco minutos el AVE nos traslada desde Sevilla en un viaje que apenas nos da para mantener una ordenada conversación que, indudablemente, tiene que ver con el motivo de nuestra visita a Córdoba.

Tras recorrer las principales arterias de la ciudad, nos adentramos en pleno barrio cordobés de Las Costanillas, precioso entorno de calles empedradas que a primera hora de la mañana nos ofrecen el trajín de unas gentes dedicadas a sus quehaceres diarios.

Siempre me ha llamado la atención el nombre de la calle Anqueda, fin de nuestro trayecto. Desconozco el sentido etimológico de esta calle que desde hace más de ocho años es motivo de mi peregrinar al encuentro de quien hoy es motivo de este post. Descubro, investigando en la red, que en dicha calle tuvo su taller uno de los más prestigiosos artistas cordobeses del siglo XX, D. Francisco Jiménez de Córdoba, pintor, escultor, restaurador y, especialmente, imaginero.


Siempre digo que las casualidades no existen y en esta ocasión lo afirmo con contundencia. En el número 3, junto una placa carmelita, un peculiar “llamador” invita llamar y ser recibidos. Tres golpes – como si de una contraseña se tratara – son suficientes para saber que un cofrade-capillita es el que tiene la osadía de interrumpir la labor de quien, para mí, es el mejor representante de la imaginería naturalista actual: D. Francisco Romero Zafra.


Hay abrazos que te curan y no los receta el médico. Y si además están acompañados de una sonrisa, ten por seguro, que quien los da es alguien que desprende amor, afecto, amistad… Así nos recibe y así es Paco Romero Zafra, al que quiero como persona y admiro y respeto como imaginero. Desde que tuve el honor y de conversar telefónicamente con él, allá por el año 2007, puedo asegurarte que es una de las personas que más y mejor han sabido pellizcarme este corazón macareno que el Señor me ha dado.

Entrar en el taller de Romero Zafra me provoca unos instantes de estado de shock emocional. Son muchos y grandes los recuerdos que van y vienen desde mi mente hasta el corazón cuando traspaso la puerta de su taller. Mi mirada va de un lado a otro embriagada por el aroma a cedro real, buscando lo antiguo y lo nuevo. Del barro de sus bocetos a la madera de sus actuales trabajos. Y en el centro de la escena, él, el maestro que junto al aprendiz, se afanan por dar vida a la madera que un día se convertirá en el principal icono a través del cual nuestra fe cobrará una dimensión especial.









No seré yo, neófito en la materia, quien entre en disquisiciones sobre los distintos sentidos del barroco andaluz y más concretamente entre la escuela sevillana y cordobesa. La obra de Francisco Romero Zafra, naturalista y no hiperrealista, está hecha a imagen y semejanza del artista. Quienes tenemos la fortuna de contemplar cada día sus trabajos, nos encontramos ante un imaginero que sabe conjugar la expresión del dolor con la belleza casi humana que desprenden sus “cristos y dolorosas”. De ahí que en tantas ocasiones nuestro cuerpo se estremece y se conmueve al contemplar cada uno de los rasgos con los que trata de expresar las distintas advocaciones del Señor y de Su Madre Santísima. Ojos enrojecidos y llorosos, manos que se ofrecen y te acogen, labios que parecen exhalar el aliento desgarrador del Hijo abatido y de una Madre que sufre… Su dramatismo es símbolo inequívoco de emoción, sin que con él se pretenda ir más allá de lo que en realidad supuso cada instante, cada momento, en lo que para los católicos, los cofrades, es el centro de nuestra fe enmarcada en la piedad popular.

Las manos, las benditas manos de Romero Zafra, hablan según van dando forma a las distintas partes de la anatomía de sus imágenes. Horas de modelado, lijado, estucado, policromía, son testigo del amor que este hombre pone al utilizar sus gubias, lijas o pinceles para conseguir plasmar ya no sólo lo que la imagen en si representa, sino también los fines, esencia y naturaleza de la hermandad que la encarga.






El tiempo en el taller de Paco Romero Zafra no se detiene. Mientras da vida a unas pequeñas manos de la Virgen, nos ponemos al día de las nuestras. Nuevos proyectos y trabajos, salud, vacaciones, recuerdos o sentimientos son objeto de nuestra conversación. Dialogar con él no solo supone encontrar respuestas a la curiosidad del que no sabe. Romero Zafra es un bálsamo para olvidarte de los problemas cotidianos si te dejas llevar por el encanto y la profundidad con que afronta cada uno de los temas que uno u otro traemos a colación.








Y ante mí, bocetos que han sido el embrión, el hijo pequeño, de ese Cautivo, Ecce Homo, Despojado o Coronado de Espinas, Crucificado y Resucitado. Bocetos del Niño Jesús, de Santa Teresa o Santa Ángela, de Sayones o Romanos, de Ángeles y Reyes. De Caridad y Consuelo, de Victoria, Mercedes, Penas, Amargura o Siete Dolores. Un sinfín de esbozos que gracias a sus manos, a su arte, a ese don que el Señor le ha dado hoy forman parte de nuestras hermandades y cofradías a lo largo de toda la geografía española.

























La visita termina. Abandono el taller lleno de paz, de recuerdos, pero con el sentimiento agridulce por no haber podido permanecer más tiempo. El 11 de Octubre de 2016 será un día imborrable en mi memoria y en mi corazón. Al final pude cumplir la promesa y vaya si mereció la pena. Mi cariño y gratitud por tu amistad, por tu cariño, por tu apoyo y lealtad incondicional. Por regalarme tanto bien a cambio de nada. ¡Es imposible no quererte amigo Paco! Gracias de corazón por formar parte de vida.



22 de octubre de 2016

Unidad y Amor en torno a la Virgen de El Pilar - Sevilla

La madrugada del pasado 12 de Octubre de 2016, Sevilla acogía la tan necesitada lluvia para el campo, para los animales, para nuestra salud, cumpliéndose así los pronósticos ofrecidos por los meteorólogos. Sin embargo, no fue un obstáculo para que “juntos como hermanos” participásemos unidos a Nuestra Señora del Pilar de una emotiva Función Principal de Instituto en la que hicimos nuestra solemne y pública protestación de fe tras escuchar las siempre acertadas palabras a cargo del Vicario General de la Diócesis de Sevilla y Párroco de San Pedro, Rvdo. D. Jesús Maya Sánchez.









En torno al altar y a la mesa del Señor, tuvimos la oportunidad de presentar nuestras oraciones y plegarias a quien es “nuestro pilar” cada día. Ella, bajo su manto, nos acoge y llena de Esperanza. Nos invita a la unidad, a vivir en amor, a seguir el camino de su Hijo, su verdadero y necesario "pilar”.


Ya por la tarde, la lluvia se hizo de nuevo presente, impidiéndonos que paseáramos a Nuestra Señora de El Pilar por las calles de Sevilla. A priori esta circunstancia es siempre una mala noticia pues truca la ilusión contenida de todo un año, el esfuerzo, el trabajo, la dedicación de hombres y mujeres que viven por y para una hermandad. Una hermandad pequeña y humilde que quiere a su Titular y a sus hermanos de la misma forma que lo hacen las hermandades con más medios, con más recursos. Por eso que la decisión de suspender la procesión tenga más valor si cabe que en otras circunstancias.






Pero el agua también nos dejó momentos emotivos, llenos de fe, de amor, de fraternidad. Lo que pudimos vivir esa tarde en la iglesia de San Pedro junto a la Virgen del Pilar fue todo un testimonio de respeto, de comprensión ante una decisión difícil de tomar pero que, con cariño, voluntad y rigor todos supimos valor con mayor acierto.





















Y el agua, tan necesaria como digo, también nos regaló el corazón de quien lo está pasando regular, su sonrisa y su humildad para afrontar esas preguntas que no tienen respuesta. "Las personas humildes no están arriba o abajo..." - ¡Qué sabias palabras las de mi admirado y querido capataz Javier Prieto! - Los amigos están para lo bueno y para lo malo. Y esa tarde tocaba estar al lado del capataz de capataces, Antonio Santiago Muñoz. ¡Hay aplausos que lo dicen todo!











No puedo terminar este post sin dar las gracias a MPPG quien una vez más me concede el honor de publicar sus maravillosas fotografías en mi blog. Gracias que hago extensivas a ti, por estar a mi lado aunque no te conozca o a ti por regalarme ese abrazo o tu mirada, tu beso...Gracias por acogerme una vez más en ésta, la que considero cada día más mi casa, mi tierra, el lugar donde es posible encontrar y vivir el amor, a pesar de ese otro "agua" que nos empeñamos en lanzarnos los unos a los otros.














¡Viva la Virgen de El Pilar!