31 de agosto de 2013

FORMACIÓN COFRADE - LITURGIA (XII): LA LITÚRGIA DE LA SEMANA SANTA Y LA VIGILIA PASCUAL

LA LITURGIA DE LA SEMANA SANTA

Si se puede hablar a lo largo del Año litúrgico de un tiempo de gran riqueza litúrgica ese tiempo es sin duda la Semana Santa. Domingo de Ramos, Oficios del Jueves y Viernes Santos y la Vigilia Pascual son momentos cumbres del año litúrgico.

La actual Liturgia de la Semana Santa se inicia a partir de los años 1951 y 1955 siendo papa Pío XII que reforma primero la Vigila Pascual y posteriormente toda la Semana Santa. El Concilio Vaticano II, en la Sacrosantum Concilium la culmina con la posterior publicación del Misal romano de 1969. Ya quedaron atrás el uso del Tenebrario para iluminar tenuemente el templo e ir apagando todas sus velas excepto una en el suprimido Oficio de Tiniebas y en el cual los fieles tocaban sus carracas, o el enorme desarrollo de los llamados “monumentos”, arquitecturas efímeras para albergar la reserva del Santísimo que hoy sigue su costumbre pero de forma más discreta.

Hasta las reformas citadas se consideraba al Sábado Santo como día de Gloria (sábado de Gloria) ya que la Vigilia pascual se celebraba por la mañana.

Comienza la Semana Santa con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (que ese es su actual nombre aunque errónea e indebidamente se le siga llamado Domingo de Pasión al anterior al de Ramos). El Domingo de Ramos, en todas las Misas, es obligatorio hacer conmemoración de la Entrada del Señor en Jerusalén, que puede realizarse con una procesión, con entrada solemne o con entrada simple, según las circunstancias de cada momento y lugar.


Las palmas y los ramos, que son signos populares de victoria, manifiestan que la muerte en la Cruz es signo de victoria. Los fieles han de tener los ramos en las manos antes de la celebración ya que la distribución de los ramos ha sido suprimida. Ese día los celebrantes usan el color rojo que apunta a la muerte del Mártir y a su posterior Victoria uniendo así la Entrada de Jesús con su muerte y resurrección.

Acabada la procesión se dice inmediatamente la oración colecta, suprimiéndose pues los ritos iniciales. Asimismo se debe leer la Pasión, por lo menos en su forma abreviada. Se leerá el relato de la Pasión según el evangelista del año que toque (Mateo, Marcos o Lucas ya que el relato de Juan se reserva siempre para el Viernes Santo) y ya desde antiguo se adoptó la costumbre de actuar tres lectores distintos: el que hace de Jesús (reservado al celebrante), otro narrador y un tercero que personifica al resto de los demás interlocutores, costumbre que debe mantenerse cuando sea posible.

En la mañana del Jueves Santo se celebra por el obispo la llamada “Misa Crismal” en la cual se bendicen los Santos Óleos que se usarán durante el año. Es una Misa a la cual están especialmente llamados los sacerdotes, que en la misma renovaran sus promesas sacerdotales.


El Triduo Pascual, que comienza con la Misa “in coena Domine” y termina en la Vigilia Pascual, es el ápice de la Liturgia que estallará en la celebración del domingo pascual.

El Triduo Pascual comienza con la misa vespertina del Jueves Santo en la Cena del Señor (dando por finalizado el período cuaresmal precedente) tiene como característico el rito del Lavatorio de los pies tras la Liturgia de la Palabra y la reserva del Santísimo para la comunión del día siguiente ya que el Viernes Santo no se celebra la Misa ni se consagra. Al final de la Misa se omite el rito de despedida y la bendición y se hace el traslado del Santísimo Sacramento. Se despoja el Altar sin ninguna ceremonia y si es posible se retiran las cruces de la iglesia o en su defecto se velan.

El Viernes Santo, primer día del Triduo Pascual, Pascua de Cristo crucificado es un día alitúrgico puesto que es un día en que la Iglesia no celebra la Eucaristía (al igual que el Sábado Santo) aunque si se reparte el Cuerpo de Cristo (novedad introducida con la reforma), se lee la Pasión de Jesús según el evangelio de Juan, a ser posible dialogada, y se hace la adoración de la Cruz. La oración de los fieles tiene ese día una especial importancia. El color litúrgico que corresponde es el rojo.

El Sábado Santo, segundo día del Triduo, Cristo en el sepulcro, es también un día alitúrgico en el cual no hay ninguna celebración sacramental prevista.


En la Vigilia Pascual, que comienza con la Liturgia del Lucernario, bendición del fuego y posterior Pregón pascual prosigue con la Liturgia de la Palabra con nueve lecturas incluyendo los salmos, en las cuales al acabar las pertenecientes al Antiguo Testamento se canta el Gloria, se encienden las luces del templo que hasta ese momento ha permanecido a oscuras y se adorna el Altar con luces y flores para seguir con la Liturgia bautismal en la que se pueden bautizar a los catecúmenos y renovar las promesas bautismales. En la procesión hacia el baptisterio se entonan las letanías de los santos. Terminada la Liturgia bautismal se continúa con la Liturgia Eucarística en la forma acostumbrada. Las vestiduras son blancas.

Históricamente se comenzó celebrando solamente la Vigilia Pascual y de ahí se pasa en el S. IV a celebrar el Triduo Pascual, y como consecuencia, la Semana Santa completa.

Como normas litúrgicas hay que tener en cuenta que durante el Triduo pascual no se tocan campanas (suena la popular matraca), el Altar permanece despojado sin Cruz ni mantel desde la terminación de la Misa en la Cena del Señor del Jueves Santo y sin flores o muy escasas y el Sagrario permanece abierto y vacío. No suena la música y el coro, si interviene, lo hace "a capella".

El Viernes Santo y el Sábado según la oportunidad se guarda el sagrado ayuno de la Pascua que no tiene ya carácter penitencial. En la Vigila Pascual, por el contrario, todo debe rezumar alegría: se deben poner flores, alfombras, y a partir del Gloria suenan las campanas y los instrumentos musicales. Debe contrastar claramente la austeridad cuaresmal con la alegría de la Resurrección.

Desde el final de la Misa vespertina del Jueves Santo hasta la medianoche se considera reserva solemne. El Viernes Santo se da el culto habitual a la reserva eucarística y tras los Oficios se debe retirar la reserva de la veneración de los fieles y colocarla en un lugar privado. También se hace genuflexión a la Cruz desde los Oficios del Viernes Santo hasta la Vigilia pascual.


Desde estas líneas invitamos a todos los católicos a participar en los actos litúrgicos de la Semana Santa, cada uno en su parroquia respectiva, Iglesia Penitencial o en la catedral. Ningún cristiano debe perder la ocasión de participar en los actos litúrgicos de esos días pues no hay mejor manera de celebrar el Misterio de nuestra salvación. Y al salir de los Oficios ¡A ver Cofradías y cofrades¡

LA VIGILIA PASCUAL

Es la celebración central de todo el año litúrgico, ocurre al caer el sol del Sábado Santo.

Es la "noche santa" en la que la Iglesia celebra, en la forma más expresiva, la obra de la redención como memoria, presencia y espera.

Los cristianos recordamos la noche en la cual Cristo sale de la tumba, victorioso de la muerte y esta memoria se hace realidad, porque sabemos que el mismo Cristo resucitado está presente en la comunidad que celebra el gran acontecimiento.

Lo llamamos "vigilia", por la actitud de espera que debe tener el cristiano, según la invitación del evangelio: "Tengan la ropa puesta y mantengan encendidas sus lámparas. Estén como hombres que esperan que su patrón regrese de un casamiento para abrirle la puerta. Dichosos los siervos que el Señor a venir, encuentre despiertos…" (Lc 12, 35-37)

Para todo cristiano este velar adquiere el valor simbólico de la espera de la venida del Señor. Así la Vigilia Pascual se convierte en programa de vida: estar siempre alertas y preparados para nuestro encuentro final con el Señor.


Símbolos y ritos de la celebración:

BENDICIÓN DEL FUEGO: Es el inicio de la Vigilia. Habla del paso de las tinieblas a la luz, de la noche al día. Las tinieblas simbolizan el pecado y la muerte; y la luz simboliza a Cristo Resucitado.

CIRIO PASCUAL: Se enciende el Cirio Pascual, que simboliza a Cristo resucitado y se reparte su fuego para encender las velas que todos los fieles llevan a la celebración, significando que Cristo, "Luz del Mundo", ilumina la vida de los hombres con su Resurrección. Se coloca al frente, en el presbiterio, desde donde domina toda la asamblea.

PROCESIÓN: Consiste en entrar al templo o lugar de la celebración, precedidos por el Sacerdote que lleva el Cirio Pascual en Alto, significa que somos el Nuevo Pueblo de Dios, nacido de la Pascua; peregrinos seguimos a Cristo Resucitado, nuestro Jefe y Luz del Mundo a través del desierto de esta vida hacia la Patria Celestial.

LITURGIA DE LA PALABRA: El símbolo de la luz del cirio cede el lugar a la realidad de Cristo, luz del mundo, presente en su Palabra, proclamada en esta noche. En ninguna otra celebración hay tantos textos como en esta. Son nueve lecturas que presentan en síntesis la Historia de la Salvación. Las lecturas se hacen a manera de diálogo entre Dios y la comunidad, cada una está precedida de momentos de silencio, aclamaciones y cantos de salmos. Las siete primeras lecturas se hacen del Antiguo Testamento, para admirar la obra de la Creación (Génesis); recordar los prodigios que hizo Dios con Israel su Pueblo (Éxodo); leer a los profetas que anunciaron la Salvación que Dios realizaría para todos los hombres; las siguientes dos lecturas son, una de San Pablo que anuncia a la nueva Iglesia que Cristo resucitado de entre los muertos, ya no muere más y la más importante, el Evangelio, que narra la Resurrección del Señor.

LITURGIA BAUTISMAL: Momento en que se bendice el agua bautismal, se celebra el Bautismo a quienes se hayan preparado para ingresar en la comunidad cristiana y se renuevan las promesas bautismales por parte de todos los presentes.

LITURGIA EUCARÍSTICA: Como en todas las Celebraciones Eucarísticas (Misas), se prepara el altar con los dones del pan y el vino, para hacer presente la Pascua de Cristo, como Él nos lo enseñó. La celebración eucarística es el centro de toda la vigilia. La palabra Eucaristía, significa "acción de gracias". En esta noche pascual, la Iglesia celebra su acción de gracias a Padre por habernos dado a su Hijo muerto y resucitado. En esta noche se comprende más que nunca el porqué los primeros cristianos llamaron Eucaristía a la Cena del Señor. Este es el momento en que nació la verdadera Eucaristía: ¡La Pascua!. Por esto, el Misterio de la Noche Pascual culmina en la Eucaristía, que ya no la ofrece Cristo solo, sino en compañía de su Iglesia.


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29 de agosto de 2013

Salamanca prepara sus fiestas patronales en honor a la Virgen de la Vega


El 30 de agosto comienza en la Catedral Vieja la Novena en honor a la Virgen de la Vega, patrona de Salamanca y su tierra, que se prolongará hasta el día 7 de septiembre. Todos los días, a las 19.30 h. habrá rezo del Rosario, novena y Eucaristía.

La Eucaristía será presidida y concelebrada cada día por religiosos de diferentes órdenes dedicadas a una advocación de la Virgen: Mercedarios, Misioneros de Mariannhill, Trinitarios, Reparadores, Redentoristas, Legionarios de Cristo, Dominicos y PP. Corazón de María. El último día, el 7 de septiembre, presidirá la eucaristía el deán de la S.I.B. Catedral de Salamanca, D. Ángel Rodríguez, que será concelebrada por el Cabildo catedralicio.

El día 8 de septiembre, fiesta principal de la Virgen, habrá misa a las 9.30 h. que será presidida por el canónigo-consiliario de las "Damas de la Virgen de la Vega", D. Francisco García, con la participación del Coro Voces Blancas "Juan del Enzina".

A las 12.00 del mediodía, en la Catedral Nueva, se celebrará la Misa Solemne pontifical presidida por el Sr. Obispo de Salamanca, Monseñor Carlos López. Con la participación del Coro "Francisco Salinas" dirigido por el canónigo-organista Victoriano García Pilo.


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El Obispo de Salamanca invita a toda la comunidad diocesana a participar en la VII Semana de Pastoral


Queridos hermanos:

Un año más, lleno de Esperanza, os convoco a participar en la VII Semana de Pastoral (16-21 de septiembre de 2013), “Rema mar adentro” (Lc 5,4). Un nuevo impulso diocesano.

Como ya conocéis, la Diócesis entera está llamada a elaborar un nuevo Plan diocesano de Pastoral. El Consejo diocesano de Pastoral ha preparado un Segundo Borrador del mismo y sobre la base de los cinco capítulos que contiene quiere ahondar esta Semana de Pastoral. Nuestra Diócesis se encamina hacia un renovado encuentro con Jesucristo (1), a revitalizar nuestras comunidades (2), organizar una iniciación cristiana más viva (3), salir a nuevos escenarios de evangelización (4) y vivir proféticamente la caridad con los pobres (5).

No debemos olvidar que aun nos hallamos en el Año de la Fe, que con entusiasmo venimos celebrando en nuestra Iglesia local de Salamanca. Toda la tarea evangelizadora de la Diócesis está llamada a renovar la fe en nuestras personas, comunidades e instituciones. El programa de la Semana puede ayudarnos a ello. Este Año es “un tiempo de gracia que nos está ayudando a sentir la gran alegría de creer, a reavivar la percepción de la amplitud de horizontes que la fe nos desvela, para confesarla en su unidad e integridad, fieles a la memoria del Señor, sostenidos por su presencia y por la acción del Espíritu Santo” (Papa Francisco, Lumen Fidei, 5).

Os invito a participar en las conferencias, la mesa redonda, el teatro, las celebraciones y la vigilia de oración que se van a desarrollar. Todo ello va a aumentar nuestra formación, y lo que es más importante, es un ejercicio de comunión eclesial que a todos nos enriquece y alegra.

Mi invitación se hace más insistente todavía a que participéis en la Asamblea diocesana del sábado 21 de septiembre, por la mañana. Son de sumo interés las presentaciones del Borrador del Plan de Pastoral, en cuya elaboración está invitada a participar toda la comunidad diocesana, y de una Nueva Propuesta para nuestro Seminario diocesano, ante la urgente necesidad de intensificar la Pastoral Vocacional en nuestra Diócesis.

Ruego y agradezco a los párrocos que hagáis llegar esta invitación a todos los fieles.

Recibid un abrazo fraternal en Cristo,

+Carlos, Obispo de Salamanca

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22 de agosto de 2013

FORMACIÓN COFRADE - LITURGIA (XI): Los Tiempos Litúrgicos

EL TIEMPO PASCUAL

Con el Domingo de Pascua, domingo sobre el que gira todo el año litúrgico del cual es su raíz, se comienza uno de los tiempos litúrgicos fuertes: el tiempo pascual cuya característica es la alegría. Abarca los cincuenta días posteriores a Pascua de Resurrección (cincuentena pascual), incluyendo el domingo pascual, y se distinguen tres períodos:
  • Octava de Pascua: Son los ocho días posteriores y deben considerarse como un solo día festivo. Termina en las Vísperas del II Domingo de Pascua también llamado domingo “in albis”porque era cuando los catecúmenos que se habían bautizado en la Vigila Pascual deponían las vestiduras blancas que había llevado toda la octava.
  • Tiempo Pascual hasta la Ascensión.
  • Tiempo Pascual después de la Ascensión: En este tiempo celebramos:
    • La Ascensión del Señor: A los cuarenta días de Pascua, hoy pasada al domingo VII de Pascua.
    • Pentecostés: Se celebra a los cincuenta días de Pascua, en el domingo VIII después de Resurrección. Su octava ha sido suprimida. Es el colofón del ciclo pascual, no una nueva Pascua.
Ya los judíos celebraban la fiesta de la cincuentena para conmemorar la Alianza de Dios con su pueblo en el Sinaí. La Iglesia, en el Concilio de Nicea reunido el año 325 dispuso que la Pascua se celebrase el domingo que hubiese tras el primer plenilunio del equinoccio de primavera, o dicho de otra manera, el domingo que sigue a la primera luna llena que haya después del 22 de marzo. Por este motivo, la Pascua de Resurrección, la Pascua Florida que es como se la llama en España, es fiesta variable, ya que depende de la luna y necesariamente deberá oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Podemos en cierto modo decir que así se unen los dos calendarios: el lunar (de tradición hebrea) y el solar.

En la cincuentena pascual, que debe considerarse como una única solemnidad, debe siempre haber signos festivos en el altar y en la iglesia (flores, luces, música). El cirio pascual debe encenderse a diario, para subrayar la unidad de la cincuentena pascual y vuelve el Gloria. En las lecturas, durante la cincuentena se omiten las del Antiguo Testamento, para dar a entender que estamos en un tiempo nuevo, leyéndose los Hechos de los Apóstoles, Apocalipsis, Cartas de san Juan y san Pedro. En las evangélicas se lee el de San Juan y las apariciones del Resucitado según el evangelista del año.

La cincuentena pascual es el tiempo fuerte por excelencia del año litúrgico y la alegría debe ser la nota dominante. Es tiempo de frecuentar los sacramentos y de llevar la Eucaristía procesionalmente a los enfermos. El Código de derecho canónico obliga a comulgar al menos una vez al año y este precepto debe cumplirse en tiempo pascual, salvo que por causa justa se haga en otro tiempo (CDC 920). También es precepto confesar los pecados graves al menos una vez al año, aunque no necesariamente en tiempo pascual. Las vestiduras de los ministros es blanca.


EL TIEMPO ORDINARIO

El tiempo del Año litúrgico que no tiene un carácter propio (Adviento Navidad, Cuaresma y Pascua) recibe el nombre de Tiempo Ordinario, que abarca 33 ó 34 semanas. En este tiempo no se celebra ningún aspecto concreto del misterio de Cristo.

El Tiempo ordinario comienza el lunes siguiente al domingo posterior al 6 de enero, Epifanía, y dura hasta el martes anterior al Miércoles de Ceniza, que da inicio a la Cuaresma. Ahí se interrumpe para reiniciarse desde el lunes siguiente a Pentecostés hasta las vísperas del primer domingo de Adviento, (que es el domingo más próximo al 30 de noviembre) con el cual se inicia el Nuevo Año litúrgico. Durante el tiempo ordinario se celebran numerosas fiestas tanto del Señor como de la Virgen y de los Santos.

Este Tiempo Ordinario es una novedad de la reforma postconciliar ya que antes era llamado domingos después de Epifanía y domingos después de Pentecostés y también “domingos verdes” por el color litúrgico que se emplea. El Tiempo Ordinario cobra su unidad en el Leccionario ya que tiene un ciclo trianual en los domingos y bienal en las ferias.

Para los cristianos cada día tiene un sentido cristológico: la mañana trae el recuerdo de la Resurrección, la hora de tercia recuerda al Espíritu Santo, la hora de sexta la Ascensión, la de nona la Crucifixión y muerte del Señor, la de vísperas la Cena y la noche la espera escatológica del Señor. Antes de la reforma litúrgica, el Tiempo Ordinario recibía su significado casi exclusivamente del Santoral, habiéndose recuperado actualmente la visión global del misterio salvífico. Según la costumbre latina, el lunes recibe el nombre de "feria segunda" y así sucesivamente hasta la feria sexta (viernes). El sábado tiene su nombre propio heredado de los judíos (Sabbat = descanso).

En el T.O. la Iglesia celebra en la semana del 18 al 25 de enero el Octavario por la unidad de los cristianos, coincidiendo con la fiesta de la Conversión de San Pablo que se celebra el 25 de enero, y en octubre Preces para después de la cosecha, Témporas de acción de gracias y de petición en el 5 de octubre. El penúltimo domingo de octubre se celebra el Domund (Día de la propagación de la Fe).


LA CUARESMA

Cuarenta días antes del Domingo de Ramos empieza el tiempo de Cuaresma, que la Iglesia instituye para prepararnos a celebrar los misterios de la Pasión. Desde fines del S. II ya existe en la Iglesia un período de preparación a la Pascua, observado con días de ayuno y penitencia.

Este ayuno de cuarenta días se observaba desde la sexta semana antes de Pascua, pero habiendo por medio seis domingos (días siempre festivos y nunca penitenciales) y para completar el número simbólico de cuarenta días de penitencia (cuarenta años fue la peregrinación del pueblo de Israel en el desierto, cuarenta horas permaneció Jesús muerto, cuarenta días duró el diluvio, cuarenta días estuvo Moisés en el Sinaí) se amplió al miércoles anterior.

Más tarde se añadieron otros domingos de preparación a la Cuaresma (Quincuagésima, Sexagésima y Septuagésima, hoy suprimidos). Era en Cuaresma la época en que los catecúmenos que se iban a bautizar en la Vigilia Pascual se preparaban intensamente para recibir el Sacramento. También, en el Miércoles de Ceniza, eran separados públicamente de la Asamblea los pecadores, imponiéndoseles la ceniza y obligándoseles a la penitencia pública, generalizando la costumbre de la imposición de la ceniza a todos los fieles el papa Urbano II en el Sínodo de Benevento del año 1001. La Constitución litúrgica Sacrosantum Concilium (SC 109) recuerda el carácter bautismal y penitencial de la Cuaresma. Es la época del "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1,15)

Abarca pues desde el Miércoles de Ceniza hasta el Triduo Pascual. El computo matemático total en la actualidad suma cuarenta y cuatro días, incluidos el Miércoles de Ceniza y el Jueves Santo. Dentro de la Cuaresma entran las siguientes fiestas:
  • Solemnidad de San José, el diecinueve de marzo.
  • La Anunciación del Señor, el veinticinco de marzo.
La SC nos recuerda el doble carácter de la Cuaresma: penitencial y bautismal. Insiste en la escucha asidua de la palabra y en la dedicación a la oración. Teológicamente el protagonista de la Cuaresma es Cristo (se retira al desierto a orar, se encuentra con la samaritana y la salva, cura al ciego, etc). Él es el dueño de la historia y avanza hacia la Pascua sembrando la Salvación. Resulta incongruente, por parte de la piedad popular, querer encontrar otro significado o simbolismo distintos a los establecidos por la propia Constitución Litúrgica y mucho más si la figura de Cristo es sustituída por la de María o cualquier otro Santo.

La trilogía cuaresmal que la iglesia nos propone consiste en limosna, oración y ayuno.

En cuanto a normas litúrgicas y orientaciones pastorales propias de este tiempo podemos apuntar algunas:
  • En general se debe buscar en el tiempo cuaresmal la mayor austeridad posible, tanto para el altar como para los demás lugares y elementos celebrativos.
  • El contraste entre esta austeridad cuaresmal y las maneras festivas que se ofrecerán al llegar la Pascua (Pascua=paso) ayudarán a captar este concepto de "paso".
  • En este tiempo hay que suprimir las flores, la música instrumental (salvo si es imprescindible para acompañar el canto) y los adornos.
  • Una celebración comunitaria de la Penitencia es muy recomendable, con confesión personal como preparación inmediata al Triduo Pascual, así como el ejercicio del Vía Crucis.
  • En la Misa se omite siempre el Aleluya.
  • Se dicen los prefacios de Cuaresma (excepto las fiestas que los tengan propios).
  • Los domingos se omite el Gloria.
  • Antes del Evangelio, en lugar del Aleluya se puede hacer una aclamación a Cristo.
  • El acto penitencial de la Misa debe destacarse.
  • El miércoles de Ceniza y el Viernes Santo hay que guardar abstinencia de carne y ayuno.
  • Los viernes de Cuaresma (y todos los del año) son días penitenciales de abstinencia. Esta puede ser sustituida por alguna práctica religiosa: lectura de la Sagrada Escritura, limosna penitencial, obras de caridad o piedad, etc.
  • En el miércoles de Ceniza, la imposición de la ceniza debe hacerse después del Evangelio y la homilía. Por ese motivo en la Misa de ese día se omite el acto penitencial. Es recomendable que el sacerdote presidente se imponga a sí mismo la ceniza o que alguno de los fieles se adelante a imponérsela: debe dar ejemplo de que, como signo visible de Cristo en la comunidad, se incorpora también a su camino de Pascua.
  • El sexto domingo de Cuaresma se llama domingo en la Pasión del Señor o de Ramos (antes de la reforma litúrgica se conocía por el nombre de Domingo de Pasión al anterior a Ramos).
  • Las vestiduras son, como en Adviento, moradas.

EL ADVIENTO

Las cuatro semanas anteriores a la solemnidad de Navidad forman el tiempo de Adviento que es la preparación para la llegada del Salvador, dando con el primer domingo de Adviento comienzo un nuevo año litúrgico, que terminó el domingo anterior con la festividad de Cristo Rey (en el rito oriental-bizantino el año litúrgico comienza con la fiesta de la Natividad de la Virgen, el 8 de septiembre).

Las normas litúrgicas universales dicen que el Adviento "comienza con las primeras Vísperas del primer domingo de Adviento (el 30 de noviembre o domingo más cercano) y acaba antes de las primeras Vísperas de Navidad". Contiene siempre cuatro domingos que se estructuran en dos partes bien definidas: hasta el 16 de diciembre y del 17 al 24 de diciembre. Fue el papa San Gregorio Magno quien la estructura en cuatro semanas.

El tiempo de Adviento no se conoce en Roma hasta el S. VI, recogiendo la palabra adventus, aplicada anteriormente a la llegada de algún personaje importante (Emperador). Es el tiempo del Marana-tha (ven Señor), de la espera gozosa del Salvador. El Adviento es también el tiempo mariano por excelencia, donde la presencia de María en la liturgia es más patente.

Teológicamente es tiempo de espera gozosa de la venida de Cristo, es tiempo asimismo del Espíritu Santo, tiempo del cumplimiento de las profecías, tiempo de conversión y tiempo mariano por excelencia como hemos dicho (diciembre el mes más particularmente apto para el culto a la Virgen sin que deba ser considerado como mes de María) con la Inmaculada, la Expectación al Parto, y ya en tiempo de Navidad con la solemnidad de María Madre de Dios el 1 de enero.

En los aspectos litúrgicos el Adviento es tiempo de relativa austeridad en los signos externos. Así, es aconsejable pastoralmente hacer alguna celebración comunitaria de la penitencia. Se omite el Gloria los domingos por el carácter relativamente penitencial del tiempo para que resuene con más alegría el Gloria de la misa del Gallo. Las vestiduras son moradas (como en Cuaresma) y el altar debe estar escueto y sin adornos muy festivos. En el domingo III de Adviento, llamado de Gaudete por la antífona de entrada -Gaudéte in Domino semper: íterum dico, gaudéte- se puede usar el color rosa (como ocurrirá en el IV domingo de Cuaresma llamado de Laetare). La música instrumental se debe omitir para que contraste más la alegría del Nacimiento.

También se recomienda poner en lugar preferente una imagen de María y se está recuperando la tradición, procedente sobre todo de Centroeuropa y Norteamérica, de poner la llamada corona de Adviento (cuatro velas de diferentes colores sobre una corona de ramos verdes que se van encendiendo progresivamente en cada domingo, marcando el tiempo de la llegada del Señor).

La semana que precede a la Navidad tiene un sentido propio y distinto al resto del Adviento pues la llegada del Señor es inminente. Aquí las memorias de los santos son siempre libres, se puede cantar diariamente el Aleluya, poner más luces en el altar, usar vestiduras más lujosas, dar la bendición con la fórmula solemne de bendición de Adviento. Se debe notar que el tiempo es más alegre.

Las lecturas de Adviento se nuclean en las ferias en torno al profeta Isaías y las evangélicas en los pasajes que narran al Precursor y los preparativos del Nacimiento. Los domingos se leen las epístolas de Pablo, Santiago y Hebreos.

Resumiendo pues diremos que el Adviento es un tiempo de relativa austeridad, ya que a quien espera siempre le falta algo. Por eso se emplean algunos signos de austeridad como las vestiduras moradas o la omisión del Gloria.


Gracias a Valladolid Cofrade por la cesión del contenido de este post.

19 de agosto de 2013

Una carrera al encuentro con Jesús

Hace poco tiempo comentaba con una gran amiga, buena cofrade donde las haya, que su relación con la Santa Madre Iglesia no gozaba de buena armonía, por lo que su asistencia a misa quedaba reducida casi exclusivamente a los cultos de la hermandad y algún que otro acontecimiento especial. Ello me llevó a recordarle la pregunta que el padre Eliseo, en mi examen oral sobre la Biblia, me realizó en el último año de mis Estudios Teológicos en la Escuela de San Esteban de Salamanca: - ¿Qué es la Biblia? Evidentemente mi respuesta fue dirigida hacia un significado netamente tecnicista (composición, estructura, que si en griego o en hebreo, etc.) a lo cual él asentía, pero no quedaba conforme con mi extensa e incompleta contestación. Por eso, insistiendo, matizó aún más su pregunta, hasta que consiguió obtener de mí lo que buscaba inicialmente como respuesta: La Biblia es la Salvación.

Y así es, querido seguidor o seguidora de este blog. Si queremos encontrar a Jesús, seguir su camino, conocer sus obras, su vida, vivir conforme a su doctrina, en la Biblia encontraremos el mejor “GPS” que no solo nos hará ser mejores en esta vida, sino que a través de su Palabra, siempre existirá la Esperanza en nuestros corazones, en nuestro alma, pues de su mano un día estaremos en presencia del Padre gozando de la gloria eterna.

Resulta curioso como unos textos que se escribieron hace más de dos mil años, pueden estar tan actualizados, o dicho de otra forma, ¿cómo es posible que aquellas palabras tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, puedan servirnos de tanta ayuda en pleno siglo XXI?

Te cuento. Ayer de nuevo acudí a la misa dominical de las 21.00 horas en la salmantina iglesia de San Benito. Es todo un lujo participar de dicha Eucaristía sabiendo que la mirada del Despojado de Romero Zafra te contempla. Te invito a que participes, cofrade o no, de ese ambiente espiritual que se genera cada tarde de domingo y que sirve de antesala para comenzar la semana “con las pilas cargadas”,  al menos en cuanto a la fe se refiere.


Ayer comenzaba la liga de fútbol en nuestro país, por lo que me voy a permitir seguir un poco el símil futbolístico para compartir contigo esta reflexión. Resulta que en el primer tiempo “tocaba jugar de titular” a un tal Jeremías, a quien la grada no trataba con mucho cariño, por decirlo de algún modo suave, a pesar de “su buen juego”.

“Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.”

Respondió el rey Sedecías: “Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros.”

Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo. Ebedmelek salió del palacio y habló al rey: “Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre, porque no queda pan en la ciudad.” Entonces el rey ordenó a Ebedmelek, el cusita: “Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.” Jer (38,4-6.8-10)

¿No te resulta cotidiana la situación del profeta Jeremías, siempre inmerso en tragedias, perseguido e insultado por quienes se sentían ofendidos ante sus palabras, por denunciar las injusticias, fiel amante de su pueblo? ¿Y un rey, Sedecías, que como Pilatos, se lava las manos y prefiere “matar al mensajero” antes que hacer frente a los verdaderos problemas del pueblo, de la comunidad? Cierto es que más pronto o más tarde se hace presente otro rey que como Ebedmelek, intercede por Jeremías, no sólo librándole de la muerte, sino permitiéndole que continuase con su misión, a pesar de sus miedos y dudas, pero comprometido con el anuncio de la Palabra de Dios, en medio de la persecución, los azotes, la cárcel y con el riesgo continúo de perder la vida.

Un hombre de su tiempo, que bien puede ser un hombre de nuestro tiempo, que vive los problemas de su sociedad, de su entorno, de su grupo y que a veces, los experimenta con dramatismo, con traiciones, con desilusiones… En definitiva, y ahí lo dejo para tu reflexión, alguien dispuesto a luchar contra la mentira, defendiendo la verdad a cualquier precio, desde la lealtad a los postulados para los que fue elegido.


De San Pablo no te voy a decir nada que ya no sepas, salvo que continúo siendo un fiel seguidor y admirador de su evangelio paulino. Ayer “jugó en la segunda parte” con una carta a los hebreos, marca de la casa, que te invito a leer y si quieres comentamos:

“Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retiramos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado. Heb (12,1-4)

Hago mías las palabras de ayer de D. Pedro, Rector de San Benito, quien nos invitó en su homilía a participar en esa carrera, preparándonos para ella, entrenando, despojándonos de todo aquello que nos estorba, que nos impide llegar (así como los atletas se despojan de su chándal, de su ropa). No importa el orden en el que entremos en la meta, pero sí que corramos sin trampas (no sirve “doparse”), sin pecar, sin defraudar ni traicionar a nadie. Es la carrera del amor, de la ilusión, de la Esperanza. Jesús nos aguarda en la meta para entregarnos nuestro premio, el premio del Reino de los Cielos, de nuestra Salvación.


Y como todo buen partido, lo mejor queda para el final, para las “grandes figuras”, para los que resuelven el marcador. San Lucas nos acerca las palabras de Jesús, las cuales, en mi caso, fueron capaces de revolver mi conciencia y también mi corazón. Dice así:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.” Lc (12,49-53)

Resultan, cuando menos, extrañas y sorprendentes las manifestaciones de Jesús en este pasaje. Incluso nos puede llevar a pensar que son contradictorias con lo que Él vino a ofrecernos y lo que dice: “prender fuego, división, etc.”

¿Es que acaso el fuego no nos ha servido también como elemento positivo en nuestra vida? Con el fuego nos hemos calentado, hemos iluminado nuestra estancia, purificado y dado fuerza a nuestro corazón y a nuestro espíritu (vigilia pascual, pentecostés…) Es por tanto esa llama que permanece encendida cada día, que ilumina nuestro alma, que nos da energías, ánimo, ilusión y Esperanza para continuar, para levantarnos una y otra vez, para “darnos calor” entre hermanos.

Y Jesús también sabe que no será fácil seguirle; que defender su doctrina, la fe en Él, ser sus discípulos, puede acarrearnos divisiones, enfrentamientos, incluso persecuciones y muertes.

Sería bueno que no sólo nos sintiéramos fuertes en esa defensa y manifestación pública que hacemos de nuestra fe, sino que además viviésemos de verdad lo que proclamamos, que nuestros hechos sean coherentes con nuestras palabras, que el perdón y el amor se impongan al rencor y al odio, y que la paz, la reconciliación y la Esperanza, sean nuestros mejores atuendos para iniciar esa carrera que nos ha de llevar a la meta deseada.


18 de agosto de 2013

Sor Lucía Caram, “Antes le pedía a Dios, y ahora mismo le pido a todo Dios”

Hoy me permito, con todo el respeto y asumiendo el riesgo de que el Diario el País me obligue a retirar el post, a compartir esta entrevista realizada por Daniel Verdú, a alguien que sin duda no ha pasado desapercibida para mí y con la que me unen muchísimos sentimientos, devociones, aficiones y, cómo no, sueños, ilusiones y deseos.

Ella, la protagonista indiscutible de la entrevista, es Sor Lucía Caram, un monja de clausura tiene 21.000 seguidores en Twitter. El Evangelio y el Barça son sus pasiones. Te dejo con la entrevista íntegra publicada hoy en el Pais, y cuyo enlace te publico por si deseas ir a él: http://cultura.elpais.com/cultura/2013/08/16/actualidad/1376663461_396105.html

Debajo del hábito de la dominica Sor Lucía Caram (Tucumán, 1966) hay algo parecido a una revolución. Abre la boca y pulveriza todos los clichés imaginables sobre una monja. Siente repelús por las estructuras de la Iglesia, no le gusta el autoritarismo, no acata órdenes absurdas, piensa que Cristina Kirchner es “una desequilibrada” y… es muy del Barça. Está encantada con el nuevo Papa, claro. Le gusta lo que dice y encima es paisano suyo. Algo que confirmaría la tesis de muchos de sus compatriotas: Dios podría ser argentino.


Pregunta. Nunca hubiera dicho que la contemplación tiene que ver con lo que usted hace.

Respuesta. Si entendemos contemplativo como dedicado a la oración monástica, con los ojos en blanco, no. Pero contemplativo es el que contempla. Y nadie lo hace tanto como yo.

P. Y eso ¿a dónde conduce?

R. Cuando ves una cosa y quedas impactado, te implica. No puedes ver que la gente llora y sufre y quedarte de brazos cruzados. El mensaje del Evangelio nos implica. No me quiero erigir en juez de nadie, pero yo he descubierto esta manera de vivir interpelada por la realidad.

P. Y ahí llegamos a eso de “mi claustro es el mundo”.

R. No solo en un claustro cerrado se puede contemplar. Hoy más que nunca, Dios se manifiesta entre la gente. Mi claustro es con ellos.

P. Este Papa le gustará más que el otro...

R. Es fantástico. Nadie se lo esperaba en una Iglesia que estaba tan agarrotada. Y él lo está poniendo todo patas a arriba, cosa que nos viene muy bien. Se está cargando las estructuras y está entrando el aire fresco. ¡Por fin!

P. Pues igual se lo cargan a él también.

R. Espero que dure; lo que pueda durar con 77 años. Pero si tiene gestos contundentes y hace una limpieza a fondo, le estaremos muy agradecidos. Será su gran legado.

P. ¿Le ha reconciliado con el Vaticano?

R. Sin duda. Yo era bastante escéptica y pensaba que todo aquello era impenetrable para que obrase el espíritu.

P. ¿Le conoce personalmente?

R. Sí, en 2006 escribí un libro denunciando la corrupción de Argentina y él me llamó para apoyarme. Él también enarbolaba en ese momento una lucha muy fuerte contra el gobierno. Kirchner acababa de asumir el cargo y él fue implacable.

P. ¿Es un Papa socialista?

R. Yo creo que es un Papa cristiano. Si el socialismo es hacer una opción preferencial por los más pobres y la justicia de forma insobornable, pues es comunista si quieres. Pero a mí los ismos me dan miedo.


P. ¿Y encima argentino?

R. Sí, estamos de moda.

P. El Papa, el Tata…

R. ¡Y Messi! Esto a los argentinos les sube todavía más el ego. Lo raro es que este Papa, siendo porteño, no se haya puesto el nombre de Jesús II. Pero está bien que se reconozcan cosas del país, porque la gente lo está pasando mal con la desequilibrada de presidenta que tenemos.

P. ¿Dios es argentino?

R. Estoy convencida. Siempre lo pensé; ahora no queda duda. [se ríe]

P. ¿Ve los partidos del Barça en el convento?

R. Cuando puedo sí. A veces voy a verlos a un centro de salud mental que hay aquí al lado, o lo sigo por la radio o por Twitter si estoy reunida.

P. ¿De dónde le viene esta pasión futbolera?

R. Por el Mundial del 78. Fue una euforia nacional que nos insufló ese espíritu. Cuando me fui a Valencia, la disciplina no permitía ver el fútbol y no vi ni uno en cinco años… Luego ya me compré una radio. Un día hasta me encontré por la calle a Marito Kempes, que había sido la estrella del Mundial del 78. Me dio la mano y estuve una semana sin lavármela.

P. ¿Reza mucho por el Barça?

R. Sí, con pasión. Antes, durante y después de los partidos.


P. Y de su club, ¿nunca ha pensado en darse de baja?

R. No. Yo opté por este estilo de vida seducida por Jesucristo. No vine por los que me critican y no me iré por ellos. En la Iglesia tenemos que entrar todos.

P. Muchos no la respetan.

R. Pero no me afecta. Antes lo pasaba muy mal. Pero un día pensé que no pueden ser tan poderosos como para arruinarme la vida. ¿Tengo que perder el tiempo discutiendo cuando estoy viendo la realidad de la gente pasándolo tan mal? Antes le pedía a Dios, y ahora mismo le pido a todo Dios.

P. ¿Por eso se expone así?

R. Si fuera por los poderes establecidos, esta crisis se hubiera tapado con tierra. Y mis grandes aliados en esta causa han sido los medios de comunicación. Lo que no se explica no existe.

P. ¿Nunca le han pedido sus jefes que se callase?

R. A veces te llaman a la prudencia. Pero no hay prudencia que valga. De mi opción no me expulsan. Cuando lo has dado todo y no tienes nada que perder, pues que vengan a por mí. ¿Qué me van a hacer? ¿Me van a echar? ¿Y qué van a conseguir?

P. ¿Estos son los que la llaman la monja cojonera?

R. Jajaja, sí, algunos.


P. Tiene exactamente 50 veces más seguidores que yo en Twitter. ¿Qué consejo me daría?

R. No hay consejo. Intento dar frases de optimismo y mensajes frescos. Y se crea muchísima complicidad. Pero no es mi objetivo multiplicarlos.

P. ¿Mejor que un púlpito?

R. Sí, los púlpitos ahora son Twitter o Facebook. Las iglesias están vacías. El problema es cuando los curas hablan horas para dos personas. Con 140 caracteres es suficiente.

P. Algunos creen que el mal habita en las redes sociales.

R. Algunos dicen que son las cloacas. Pero todo está en el corazón de las personas y en el uso que se haga de ellas.

P. ¿Existe el mal?

R. Existe la negación del bien. El Papa tiene una frase que me gusta: pecadores sí, corruptos no. La corrupción es la negación del bien, de la bondad, de la belleza.

P. ¿Como Bárcenas?

R. El problema es él y los que lo pusieron y están a su lado. Todos los cómplices. Veremos qué hace Rajoy.

P. ¿Irán al infierno?

R. Ni en el infierno los quieren. Jesús dice que tiene que crecer el trigo y la cizaña, y que ya llegará quien los separe.

P. ¿Dónde hay más corrupción, aquí o en Argentina?

R. En los dos sitios, pero en Argentina corrupción se escribe con K de Kirchner.

P. ¿La religión está en crisis?

R. Lo que no está en crisis es la fe auténtica y el deseo de lo absoluto. Y a eso unos le llaman Dios y otros Justicia. Hoy la gente dice: espiritualidad sí, religión no. Ha sido identificada como un aliado del poder opresor. No es compatible servir a Dios y al dinero.

15 de agosto de 2013

LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

La fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María, se celebra en toda la Iglesia el 15 de agosto. Esta fiesta tiene un doble objetivo: La feliz partida de María de esta vida y la asunción de su cuerpo al cielo.

“En esta solemnidad de la Asunción contemplamos a María: ella nos abre a la Esperanza, a un futuro lleno de alegría y nos enseña el camino para alcanzarlo: acoger en la fe a su Hijo; no perder nunca la amistad con él, sino dejarnos iluminar y guiar por su Palabra; seguirlo cada día, incluso en los momentos en que sentimos que nuestras cruces resultan pesadas. María, el arca de la alianza que está en el santuario del cielo, nos indica con claridad luminosa que estamos en camino hacia nuestra verdadera Casa, la comunión de alegría y de paz con Dios”. Homilía de Benedicto XVI (2010)


El Dogma de la Asunción fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus:

“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo.”


Por tanto, cada 15 de Agosto celebramos con gozo que la Madre de Dios, Nuestra Madre, después de su vida terrenal, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. Un hecho de gran importancia para nosotros, cristianos y cofrades, devotos de María, pues en él se establece la relación que hay entre la Resurrección de Cristo y la nuestra. La presencia de María, humana como nosotros, quien se halla en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es eso: una anticipación de nuestra propia resurrección. Y todo ello, precisamente, se enmarca en ese término que conocemos como Dogma, una verdad de Fe, revelada por Dios y propuesta por la Iglesia como tal.

La Constitución Dogmática sobre la Iglesia (Concilio Vaticano II) no deja lugar a dudas: “Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del Cielo y elevada al Trono del Señor como Reina del Universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte”.


Como reflexión final, no estaría mal que nos quedásemos con ese mensaje de Esperanza que la Asunción a los Cielos de la Santísima Virgen nos ofrece en este día. Convendría que empezásemos a desterrar de nuestros pensamientos esas ideas que amparadas en el enigma de la muerte, algunos se empeñan en colocarnos – reencarnación – y dedicásemos un poco de nuestro tiempo a ensalzar y ofrecer nuestro amor a María también siendo fieles defensores de que misterios como el de la Asunción, y más en este Año de la Fe, tienen que ver con la otra vida, con la escatología, con las realidades últimas del ser humano, con la Esperanza cierta de la inmortalidad contenida en la promesa hecha por Jesús sobre nuestra futura resurrección.

Saber que María ya está en el Cielo, gloriosa en cuerpo y alma, nos renueva la Esperanza en nuestra futura inmortalidad y felicidad perfecta para siempre.


Mujer vestida de sol, tu das a luz al Salvador
que empuja hacia el nuevo nacimiento.

Dichosa tú que has creído, porque lo que se te ha dicho
de parte del Señor, en ti ya se ha cumplido.

María Asunta, signo de Esperanza y de Consuelo,
de humanidad nueva y redimida, danos de tu Hijo
ser como tú llenas del Espíritu Santo,
para ser fieles a la Palabra que nos llama a ser,
también como tú, sacramentos del Reino.

Hoy, tu sí, María, tu fiat, se encuentra con el sí de Dios
a su criatura en la realización de su alianza,
en el abrazo de un solo sí.
Amén.

12 de agosto de 2013

Vía Crucis Mago de la Fe (Sevilla)


El verano tiene entre sus alicientes poder disponer de más tiempo para dedicarlo a aquellas cosas que a lo largo del año, inmersos en nuestros quehares cotidianos, vamos dejando un tanto arrinconadas o en segundo plano, lo que no les resta importancia y mucho menos que no puedan ser "desempolvadas" para disfrutar de ellas, reviviendo o recordándolas a través de las palabras o de las imágenes, como puede ser el caso de este post.

Han transcurrido cerca de siete meses desde aquel 17 de febrero de 2013 que, con todos los respetos, yo bauticé como día de "San Asenjo". Un fecha que algunos no olvidaremos, tanto sevillanos como foráneos, pues vino cargada de una expectación inusitada, amén de otros aciertos y desaciertos - fuera de lugar entrar ahora a comentarlos - pero que no por ello hurtaron protagonismo a casi dos días en los que católicos, cofrades, capillitas y curiosos, nos congregamos en la ciudad hispalense, atraidos y convocados por la Archidiócesis de Sevilla, a vivir el Vía Crucis del Año de la Fe que a imagen y semejanza del Vía Crucis de la JMJ de Madrid 2011, se organizó conjuntamente con el Consejo de Cofradías de la ciudad.

Todo estaba previsto y organizado conforme al guión elaborado a lo largo de varios meses atrás. Fueron convocadas dieciséis Hermandades de la Semana Santa sevillana, de las que catorce representaban a cada una de las estaciones del Vía Crucis de Juan Pablo II y las otras dos aportaban una Cruz de Guía y una religuia del Lignum Crucis para el rezo del piadoso acto de fe.

Desde distintos templos o sedes canónicas respectivas, las hermandades, con sus correspondientes Misterios, debían encaminarse hacia la Avenida, lugar donde habría de celebrarse el Magno Vía Crucis. Algo que la lluvia se encargó de dar al traste, teniendo que modificarse el acto tal y como estaba previsto en origen, y celebrarse en el interior de la Catedral, sustituyéndose los pasos por catorces cruces cedidas para la ocasión por la Hermandad de la Santa Cruz.

Quiso la lluvia, por tanto, que cada uno viviésemos esta extraordinaria cita de diversas o variadas formas. Particularmente, y reconociendo que nunca fui muy partidario de cómo se habia organizado, me sentí enormemente satisfecho con el balance final, pues pude participar del santo ejercicio del Vía Crucis en la iglesia, a la vez que con una excelente compañía, visitar prácticamente todas las hermandades que iban a participar en el mismo, así como otras que son siempre cita obligada para mi.

Y esto es lo que en pleno mes de agosto vengo a compartir contigo, en una jornada calurosa de domingo, que para nada se parece a la de aquel 17 de febrero, pero contra la dictadura climatólogica no podemos hacer más que resignarnos. Entoces tocó lluvia, ahora calor. Pero con chubasquero o con bañador, considero que lo importante es que no perdamos esa Fe que Benedicto XVI nos invitaba a vivir y mucho menos la Esperanza, en este Año Jubilar y que en 2014 será especialmente dedicado a Ella, con motivo del 50º Aniversario de su Coronación Canónica.

Aclarar que no están recogidas las catorce hermandades y que en algunos casos, además de las fotografías del propio Vía Crucis, te acompaño el post con las de Imágenes Titulares de otras cofradías que comparten templo o algunas entrañablemente personales.



MONTESIÓN








BESO DE JUDAS




















JESÚS DESPOJADO












EL CARMEN DOLOROSO








TORREBLANCA












LOS GITANOS



PASIÓN Y EL SALVADOR








































GRAN PODER










LAS PENAS (ESTRELLA)



SANTO ENTIERRO



RESUCITADO Y SANTA MARINA























VÍA CRUCIS MAGNO DE LA FE



















SIEMPRE CON ESPERANZA