11 de mayo de 2017

Mayo Mes de Maria - Los milagros existen y se llaman Esperanza



María, Madre de Dios y Madre Nuestra, es capaz de todo. Lo manifiesto así, desde el convencimiento, la fe y el rigor. Lo que otros incrédulos, irrespetuosos o faltos de esta fe que nos mueve y conmueve, es una cuestión que me trae sin cuidado, salvo que se mofen de “los iconos” dedicados a Ella comparándolos con trozos de plástico o de madera. Por ahí me encuentran fijo. Lo siento por los osados u osadas que, irrespetuosamente, últimamente se prodigan por esta sociedad carente de educación, principios y valores.

Para la Iglesia Cristiana, María es la protagonista – sin referencia litúrgica alguna – del mes de Mayo. Así se recoge en tratados mariológicos, del mismo modo que para los coptos María es el centro del mes de Diciembre o para los que profesan el rito bizantino lo es el mes de Agosto.



En la mañana de ayer María del Pilar Pérez Gómez, fotógrafa de Esperanza y fiel colaboradora del blog, acudió a la Basílica de la Esperanza para dar testimonio, a través de sus fotografías, de un hecho que ha sido noticia – de esas que deberían llenar las portadas de diarios e informativos – en los últimos días y que gracias a El Correo de Andalucía (http://elcorreoweb.es/maspasion/como-en-los-cuentos-de-hadas-YN2942144) comparto este breve relato que titulo “Los milagros existen y se llaman Esperanza.”



Según cuenta El Correo de Andalucía, Macarena es una niña natural de México a quien, con a penas cinco años, el cáncer se empeñó en visitarla. Su mamá, de sangre verde y sevillana, no dudó en regalarle una estampita de María y que, no por casualidad, se llamaba como ella: ¡Macarena! Como todas las madres – ellas fueron nuestras primeras catequistas – la invitó a que le dedicara sus oraciones. Pero Macarena, leal a su inocencia, no escatimó fijarse en los maravillosos detalles que ensalzan la belleza de Nuestra Esperanza y de un modo singular, en su corona. “Mamá, la Virgen tiene una corona como las de las reinas de los cuentos. Y ellas siempre conceden los deseos, por lo que voy a pedirle que me ponga buena. Si así lo hace, un día pondremos cien rosas a sus pies.”



Las fotografías de Pilar son lo suficientemente elocuentes como para que siga añadiendo palabras a este post. A los pies de la Esperanza puede verse un gigantesco ramo de rosas blancas, cien, como le prometió la pequeña Macarena, quien no dudó en convertirse en fiel peregrina para llegar hasta el santuario macareno y postrarse a los pies de “la que todo lo puede”.


¡Qué no daría yo por escuchar esa conversación entre Madre e hija! Dicen que la mirada entre ambas iluminó el camarín de modo que la luz artificial de la Basílica no era necesaria y que las lágrimas de Nuestra Esperanza se convirtieron en pétalos de rosas que Macarena recogió entre sus manos para depositarlos en el cofre más maravilloso que posee: su corazón. Y así es como Ella, junto con la siempre necesaria dedicación de médicos y enfermeras, hizo este milagro realidad y Macarena vio cumplidos su deseo y su promesa de postrarse ante la Reina que la curó.


En otra ocasión compartiré alguna emotiva historia similar a la de esta pequeña. Historia que conservo guardada en mi alma y que son mi justificación para afirmar que, esa Bendita e Injusta Sentencia de Esperanza del Hijo de Dios, llevaba impresa lo siguiente:

¡Los milagros existen y se llaman Esperanza!