7 de octubre de 2016

Un Templo para la Esperanza. 50 Aniversario de la Consagración como Basílica

¿Quién te iba a decir a ti macareno que aquel fatídico 18 de Julio de 1936 ardería la Parroquia de San Gil en pleno barrio de la Macarena? Y tú, hermana macarena, ¿imaginabas que entre San Luis, Bécquer y Escoberos se levantaría la iglesia en la que tantas horas has postrado tus rodillas a los pies de Nuestros Sagrados Titulares? Acaso tú, sevillano o sevillana, que cada día atraviesas el “firmamento macareno” para embelesarte con sus miradas, ¿concebías que un 12 de Noviembre de 1966 el Templo de Gloria de la Madre de Dios sería proclamado y elevado al rango de Basílica?

No podía ser de otra manera. La generosidad de la tierra Mariana por excelencia aportó mediante suscripción popular parte de sus ahorros para hacer realidad el empeño de aquella bendita junta de Gobierno. Al más puro estilo del “barroco andaluz”, Aurelio Gómez Millán concibió “el altar de los altares” en el que cada madrugada de Jueves Santo las puertas del santuario macareno se abren para llenar de Esperanza las calles hispalenses.

Capillas, bóvedas, frescos, murales, columnas…, se suman al atrio y a la espadaña para dar cabida al Hijo de Dios, Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, quien en brazos de Nuestra Señora del Santo Rosario recoge las lágrimas de su Madre, María Santísima de la Esperanza Macarena, para llenar nuestros corazones precisamente de eso, de Esperanza.

Al conmemorar los 50 años de la Consagración del Templo como Basílica, su altar mayor nos ofrece desde hoy una imagen inédita, propia de la priostía clásica cofrade, evocando aquellos tiempos en los que los fieles devotos acudían a la Parroquia de San Gil para rezar ante Nuestros Sagrados Titulares.

Un trabajo de priostía al más puro estilo macareno, en el que la Madre de Dios, Nuestra Madre y Señora de la Esperanza Macarena, preside solemnemente el altar flanqueada a derecha e izquierda por el Señor de la Sentencia y por Nuestra Madre del Rosario.

Doseles de tela burdeos se complementan con velas y ornamentos florales consiguiendo una armonía perfecta, exclusiva para quiénes cada día vigilan nuestros desvelos, convirtiendo nuestras plegarias en esa sinfonía de Esperanza que engrandece nuestra fe y da sentido a nuestras vidas.

Gracias a la generosidad de MPPG, con un trabajo propio de un corazón macareno como el suyo, puedo compartir contigo este post con el que, sin duda alguna, doy testimonio veraz a estas breves palabras que lo acompañan.

Mi felicitación más sincera a la Junta de Gobierno, especialmente al equipo de priostía, por permitirnos gozar de esta majestuosa obra que desde hoy quedará grabada en nuestras retinas para recordarla a lo largo de nuestros días. Y mi gratitud a quienes hicieron posible aquel sueño y a todos y cada uno de los que, durante tantos años, han contribuido al sostenimiento de este lugar de peregrinación, cada día más necesario, al encuentro de Su Bendita Esperanza.




















¡Ya la Macarena tiene,
para siempre su Basílica;
la gloria que había soñado
para su Reina, Sevilla!