20 de enero de 2009

Siempre hay una primera "igualá" en Sevilla

Cuaresma de 2005. He llegado a Sevilla a las 19:51 desde Salamanca para asistir a la igualá de aspirantes de la Hermandad de la Macarena. Es mi primera igualá en Sevilla. Maribel, mi gran amiga, junto a su marido y sus hijos han acudido a Santa Justa a recogerme, ya que esta noche van a darme "cena y cobijo" en su preciosa casa cercana a la estación del ferrocarril.
Llevo varios días - y noches - intentando imaginarme cómo ha de ser ese momento en el que, como un macareno más, trataré de hacerme un hueco para poder sacar a la Señora en la Madrugá más bonita del mundo. Allí me entero que a este hecho se le llama "ir a pedir sitio" (?).
Cuando he llegado a la Basílica me he asustado, he de reconocerlo. No esperaba encontrarme con tantos hermanos postulándose para lo mismo que yo y claro, me he venido a abajo, tal vez presagiando lo que iba a ser el resultado final de mis ilusiones o tal vez porque he empezado a ser consciente de que somos muchos los deseados y pocos los elegidos. Me he dicho a mi mismo: - Ángel, esto no es Rota, donde te llamó Manolito el capataz y pa dentro -
Sobre las 21:45 llega Antonio Santiago, capataz de la Macarena. Nos saludamos e intercambiamos nuestras primeras palabras en persona. Para mi es todo un lujo conocer al mejor capataz de la actualidad.

Dentro de la Basílica compruebo la magnitud de los que aspiramos a ser costaleros del Señor de la Sentencia y de la Madre de todos los sevillanos, Nuestra Esperanza Macarena. Cerca de 200 macarenos escuchamos las normas que nos relata un miembro de la Junta de Gobierno.

Nos calzamos las zapatillas (hay variedad de calzado, otra cosa que me sorprende). "Los bajos adelante y los altos atrás. Tu aquí, tú para atrás, tu allá" ordena Antonio Santiago mientras va palpando nuestros "morrillos". Es todo un profesional, da gusto verlo con que facilidad lo hace y más siendo tanta gente.

En esos momentos te vienen a la mente todas las oraciones y le pides a Ella que seas el elegido, pero en esto de las trabajaderas parece que no existen los milagros, aunque yo soy de los que creo que si Ella quiere ...

Y llega el mejor o el peor momento de la noche. Antonio se pone "trascendental". Le cambia la cara e incluso la voz. Trata de justificar lo que siente en esos momentos que no es otra cosa que dolor y lástima al ver a tantas caras deseosas de "pillar palo". Ese año se reducen a DOS los aspirantes que consiguen entrar en la cuadrilla de hermanos costaleros.
Soy el único aspirante que estoy en 5ª de la cuadrilla baja. Antonio le dice al listero que tome mi nombre y teléfono para solventar cualquier incidencia. Dicho de otro modo, si falla alguno de ese palo, soy el primero en entrar (siempre hay esperanza).

Sólo Ella, desde su Bendita Esperanza, sabe cuando llegará ese momento tan deseado. Mientras tanto, esperar un año, o dos, o quien sabe. Pero la experiencia ha resultado positiva por múltiples razones: Por estar de nuevo ante Ella; por compartir un momento más con el resto de hermanos; por conocer a todo un caballero y a un pedazo de capataz, pero sobre todo, porque me ha servido para poner los pies en la tierra y, aunque soñar es libre, no esta mal de vez en cuando que a uno le ponga en su sitio.
Un saludo macareno y un abrazo a todos aquellos aspirantes que año tras año compartimos esos intensos momentos. ¡No desesperéis, estoy seguro de que llegará el día!