25 de julio de 2013

El Carmen de Calatrava - Sentimiento puro y duro... desde Sevilla


"Un costalero sevillano no solo ha de ser costalero, sino también, y más importante, ha de ser humilde. Nosotros no somos ni mejores ni peores que nadie; somos como somos, por eso, cada vez que nos metemos bajo las trabajaderas, debemos darlo todo y poner los cinco sentidos a la hora de hacer el trabajo, cuidando las levantás, las vueltas, las arriás, los izquierdazos. Y además de ello, no olvidar nunca que sobre nosotros llevamos a la Madre de Dios, que hoy lo recoge en sus brazos como sólo una madre sabe hacerlo. Aquí están, junto a vosotros, este montón de costaleros que han venido a pedir sitio para sacar a Nuestra Señora de El Carmen de Calatrava. Algunos han venido desde fuera de Sevilla, pero todos son tan costaleros sevillanos como ustedes. Y sin embargo no van a tener el privilegio de pasear a la Santísima Virgen esta tarde porque no hay hueco para ellos, como sería mi deseo. Por tanto, porque esta es una hermandad con cinco siglos de historia; porque la Virgen se merece que se la pasee con mimo, con dulzura, con todo el amor que Ella nos da; por todos sus cofrades y por la ciudad de Sevilla que vendrá a acompañarnos, os pido que cuando os metáis debajo, pongáis todo lo que un buen costalero ha de poner para que todo salga no bien, sino perfecto".

Este podría ser el extracto o el resumen de las palabras que Antonio Santiago, capataz que, junto a Javier Prieto, tuvieron el honor y la responsabilidad de tocar el llamador del paso de la Virgen de El Carmen de Calatrava el pasado domingo 21 de Julio de 2013.

Evidentemente, y como era previsible ante la escasez de huecos libres, fui uno de los que junto a más de cincuenta compañeros me quedé fuera de las dos cuadrillas de veinte costaleros y aunque uno se desplaza desde Salamanca, invierte dinero, tiempo, etc., aunque en esos momentos sientes que te has quedado como desangelado por no poder pasear a la Virgen como era mi deseo, te confieso, sin ningún tipo de demagogia, que he de dar gracias al Señor por muchas cosas: por haber convivido durante un par de horas con mis capataces y aprendido una gran lección: que por mucho costalero que se crea uno, que por mucho que nos pensemos que somos, la humildad está por encima de todo. Gracias por reencontrarme con Pedro, con Martins, con Enrique, con David “El Mosca”, con Jesús Barco, con Palomo y con tantos otros costaleros con los que me unen un sin fin de sentimientos en torno a esta afición que se entronca con la devoción y que me hace olvidar las miserias con las que uno se encuentra cada día en el mundo cofrade de esta tierra castellana que me vio nacer, pero de la que cada día me siento más y más alejado...

Gracias por comprobar cómo un barrio arropa con amor, con devoción, con entrega sin condiciones, a la Madre Marinera; cómo el fervor se hace dueño durante cuatro horas, en las que familias enteras se echan a la calle; donde los pétalos se entremezclan con las marchas o las sevillanas y el humo del incieso trata de hacer sombra a un Sol que no quiere perderse a la Reina por las calles de la feligresía de la Capilla de Calatrava.  Y gracias porque en Sevilla nunca estoy solo, siempre está Ella, mi Esperanza junto al cariño de grandes amigos y amigas, como Cristina Paradas, con sus pulseras macarenas, o Alejandro e Inma de Jesús Despojado con los que eché toda la tarde… En definitiva, un viaje relámpago que se quedará grabado en mi corazón por tantos sentimientos vividos y compartidos en los que la Reina del Carmelo, Nuestra Señora del Carmen de Calatrava, brilló más que nunca rodeada de su gente.