22 de diciembre de 2012

El Obispo de Salamanca felicita la Navidad

A los sacerdotes y diáconos, a los miembros de los institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica y a todos los fieles de la Diócesis de Salamanca.

En la cercanía de la Navidad os hago llegar mi reconocimiento y gratitud por el testimonio diario de vuestra fe, que obra por el amor en la forma que corresponde a la vocación y misión propias de cada uno en la Iglesia. En particular os agradezco a todos la acogida del Año de la Fe y la variada colaboración en las tareas que integran la misión de la Iglesia diocesana.

Con el más cordial afecto elevo mi oración al Señor para que nos conceda la gracia de una fructífera celebración de los Misterios de su Nacimiento y Epifanía, en orden a fortalecer la fe y renovar la comunión de vida con él, para ser en medio de nuestra sociedad mejores testigos del amor de Dios, que envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él (Cf. 1 Jn 4, 9). Que la meditación personal del Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios nos lleve a todos a una más intensa alegría de creer; y que nos ayude a vivir la fe como experiencia de un amor que se recibe con agradecimiento y se comunica con gozo.

Que el nacimiento del Hijo de Dios como niño en la familia de María y José sea luz y vida para las familias cristianas. Que los padres recibáis la gracia necesaria para ser educadores de vuestros hijos en su vocación cristiana, y que los hijos crezcáis en la fe y en el amor, en sabiduría y en gracia, según el modelo de Jesús (Cf. Lc 2, 52).

Que los especialmente consagrados a Dios y a la misión de anunciar el Evangelio recibamos la gracia de ser ejemplos de conversión permanente al Señor y de imitación de su estilo de vida santa, para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa.

Que la meditación del Misterio de la Navidad nos conceda a los sacerdotes la gracia de asumir los sentimientos de Cristo Jesús, que se despojó de sí mismo, se hizo semejante a los hombres y fue obediente hasta la muerte (Cf. Flp 2, 5-8). Así podremos ser imagen del Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas.

Que el nacimiento del Hijo de Dios en la pobreza extrema de la cueva de Belén nos conceda a todos la gracia de amar y vivir la pobreza, para celebrar la Navidad compartiendo nuestro amor y nuestros bienes con los más pobres.

Santa y Feliz Navidad.


+ Carlos López Hernández,
Obispo de Salamanca.

Fuente: http://www.diocesisdesalamanca.com/836.0/