2 de septiembre de 2012

Cuando se pone el sol... allá por Rota


Resulta contradictorio o cuando menos llamativo que un momento, un instante, que identificamos como el final de algo, sea tan agradable de fotografiar. Cuando termina el día, cuando llega el ocaso, el atardecer, no es raro encontrarse en Rota (Cádiz) a un buen número de aficionados a la fotografía con su cámara en mano para captar ese mágico soplo de felicidad que en torno a las 9.00 de la noche es capaz de hacerte olvidar que hay más mundo a tu alrededor, en un agosto en el que la playa rebosa bullicio y asueto por doquier.

Solo o acompañado, gusta de ver como el sol va perdiendo presencia en el horizonte y como con tu mirada intentas sostenerlo para que no caiga en un mar que se torna grisáceo y deseoso de “devorarlo”, como si de algún modo quisiera cobrarse esa altanería con la que se ha mostrado en lo alto desde el amanecer, impartiendo y desplegando sus rayos sobre sus aguas.

Soy de los que prefiero vivir estos momentos en soledad. Quizás sea la única soledad que permito o soporto en mi vida, tal vez porque las aguas, su sonido o tal vez su olor, me embriagan de tal modo que no soy consciente de esa sensación de aislamiento consentido.

Y tras el objetivo, observo a lo lejos algunas siluetas, casi sombras, de los rezagados que aun permanecen en el agua, como si disfrutaran del último baño de la temporada, a la vez que los vidrios de los edificios se convierten en oro para unirse a este espectáculo con sus mejores galas.

Sin darme cuenta, el tiempo ha ido pasando y, disparo tras disparo, se ha consumado todo. El cortejo entre cielo y mar ha llegado a ese climax que la naturaleza me ha regalado y mi sol ha desaparecido para dar paso a una noche en la que la luna ha ocupado su espacio para ser testigo de los amoríos de algunos, de la pesca de otros y con la Esperanza de que tras unas horas, amanecerá un nuevo día en el que el Señor nos bendecirá con sus dones para que compartamos nuestros amor con los demás, aunque al final nos empeñemos en hacer lo contrario…
 




 





 





 







 
Todo empieza y todo acaba... El tiempo es el que dicta cada momento. 
El único reloj que se detiene para siempre es el de la vida en este mundo...
Cuando tu sol también se ponga, recuerda que un día también fui tu amig@