23 de septiembre de 2012

¡VENGA DE FRENTE, VALIENTES!


Han pasado tres años desde que escribí mi primer post acerca del mundo del costal en Salamanca. http://blogdemacareno40.blogspot.com.es/2009/08/breve-historia-del-costal-en-salamanca.html

El tiempo pasa más deprisa de lo que somos capaces de asumir algunas veces, pero la realidad se impone y lo evidente es cuestión innegable por mucho que nos empeñemos en querer ver o disfrazar las cosas a nuestro antojo o interés.

Como no podía ser de otra manera, las opiniones que se suscitan al respecto de esta forma de llevar los pasos en Salamanca difiere mucho de si se analiza  de “Despeñaperros para abajo” o desde la propia Salamanca o su alrededores. Del mismo modo que no sería justo que desde la “ortodoxia del costal” del sur de España se pretendiese poner en el mismo rasero a una cuadrilla de costaleros de la propia Sevilla con alguna de las dos que existen únicamente en Salamanca.

Así mismo me niego a admitir que los costaleros salmantinos nos creamos que somos “la mamá de Tarzán o de Supermán” porque un ensayo nos haya salido de lujo o porque un grupo de turistas, que nunca han visto nada semejante, se arranquen en aplausos y nos agasajen con un amplio book fotográfico. O, por el contrario, que nos sintamos menos que nadie o inferiores a otros, pues nadie nació costalero, ni tan siquiera Salvador Dorado “El Penitente” o el propio Manolo Santiago. Ni tampoco que nos vengamos “a bajo” porque una o diez “levantás” sean un churro o en un momento dado perdamos el son o la cadencia en nuestros pasos, y hagamos un mojón de ensayo. Ni lo uno, ni lo otro.

No obstante, desde la humildad, con la mente siempre dispuesta a aprender y con mucho corazón, trabajo y sacrificio, poco a poco vamos tomando conciencia de lo que este bonito mundo conlleva. Como decía en el post de agosto de 2009, todo esto arranca en Salamanca allá por septiembre/octubre de 2003, cuando a unos “frikis del costal” se les ocurrió empezar a sacar una imagen de gloria bajo esta modalidad. Era lo que algunos llamaban “nuestro juguete” y que otros más adelante no escatimaron en dedicar todo tipo de improperios “como lo de romper las tradiciones, sacar un paso a costal es como comer la sopa con tenedor, etc.”

Actualmente estamos inmersos en plenos ensayos de la única hermandad de gloria salmantina que saca un paso a costal en Salamanca. Hermandad que tiene en nómina a más de 70 costaleros, algunos de los cuales lo son igualmente de la única de penitencia también a costal, otros de alguna hermandad de Sevilla o de sus pueblos, pero también muchos que nunca se había metido bajo una trabajadera. Incluso en breve se presentará la primera Asociación de Capataces y Costaleros de Salamanca. Pero esto son solamente datos estadísticos que podrán valorarse según cada cual, aunque sin duda ponen de manifiesto que en nueve años las cosas han evolucionado favorable y satisfactoriamente.

Pero para este bloguero, que a su vez es costalero y cofrade, lo importante no es lo que se ve, sino lo que se siente, lo que se vive, lo que se comparte. Porque en definitiva eso es lo que fundamenta la esencia de toda cuadrilla de costaleros (hermanos o no). Quién no se ha metido bajo los palos o quien no ha vivido esta experiencia de cerca, puede que piense que todo esto es demagogia o vender el producto. Siento que esa su opinión, pero no le doy ni un segundo de mi tiempo a discutirlo.

Desde que un costalero entra por la puerta del local o casa de hermandad para un ensayo hasta que se marcha para su casa, puede que hayan transcurrido tres horas o más. Me pregunto – y lo dice un sindicalista – a cuántos trabajos estaríamos dispuestos a ir tres o cuatro horas, sin cobrar un salario, dejando a nuestras familias o amigos, nuestros hobbies, por “la cara”. Estoy convencido, que salvo para realizar algún favor personal, no acudiríamos a ninguno. Y aquí se hace, tanto sea laborable como festivo; madrugando o trasnochando, con 30º o con – 5º.

Pero esto, mi querido amigo o amiga que me lees, es algo que mi maestro, porque él si es un maestro - Antonio Santiago - denomina como el binomio “afición y devoción”. Y en torno a ambos vocablos se concitan sentimientos, valores, creencias, principios, fe… Palabras como compartir y hermandad van unidas en el ámbito el costal y de las trabajaderas. El hecho de ayudarnos a “hacer la ropa” (preparar el costal, fajarnos, etc.), de darlo todo bajo el paso, independientemente de si eres patero, fijador, costero o corriente, de saber que los protagonistas son Ellos, Nuestros Titulares, y no nosotros; de tirar para arriba cuando la calle se pone “cachonda”, etc. son ejemplos de que el costalero no tiene valor por si solo, sino dentro de un conjunto, de un equipo, de una cuadrilla.

Cuadrilla que nace y se hace en torno a una afición, como he dicho, pero también a una devoción y a una identificación con unos fines, con unos proyectos, que definen a la hermandad a la que uno se adscribe. De nada sirve darlo todo debajo, si la hermandad queda al margen. De nada sirve acudir a todos los ensayos, si los cultos están vacíos. De nada sirve hacer “levantás” de escándalo si a las convivencias van los de siempre. Y esto es tarea de todos: desde las juntas de gobierno, desde los equipos de capataces y, por supuesto, de los propios costaleros. Los costaleros no somos un gremio aparte dentro de las cofradías, pero si somos unos privilegiados y como tales debemos estar a la altura, no solo el día de la Estación de Penitencia.

Termino con un mensaje de Esperanza, como suele ser propio en mi. Partiendo de esa realidad que comentaba en el inicio del post y con las ideas claras de que en Salamanca estamos empezando a vivir esta otra pasión, quiero por un lado expresar mi gratitud a todos aquellos que un día creyeron y defendieron esta afición, a los que después nos fuimos incorporando y a los últimos que han llegado. Y por otro, animaros a seguir caminando “poquito a poco y siempre de frente”, como andan los palios, con los cinco sentidos y con el corazón por delante. De este modo, estoy convencido de que en el futuro, nuestra ciudad podrá contar con grandes costaleros, con buenas cuadrillas, que seguro pasarán desapercibidas el día de la procesión, porque su manera de andar se reflejará de tal forma en Nuestros Titulares, que parecerá que son Ellos los que realmente caminan.

El reportaje gráfico corresponde a Heliodoro Ordás, que me lo ha cedido al blog para complementar la reflexión, y que cámara en mano, como otros muchos y muchas, nos acompañan en cada ensayo y viven junto a la cuadrilla hasta el último instante del mismo: haciendo hermandad degustando un bocadillo de chorizo y un refresco. ¡¡¡Ahí quedó!!!