1 de noviembre de 2009

XX ANIVERSARIO STMO. CRISTO DE LA LIBERACION (SALAMANCA 1989-2009)




Han pasado veinte años Señor, a lo largo de los cuales has sido testigo de miles de visitas a tu recoleta capilla del Cementerio de San Carlos Borromeo de Salamanca; veinte años en los que has sido receptor de innumerables oraciones, súplicas y peticiones de muchos hombres y mujeres que se han postrado ante ti para pedirte por la paz de sus seres queridos.

Tu, Señor, Santísimo Cristo de la Liberación de la Hermandad del Amor y de la Paz, nos has dado luz y esperanza, paz y amor con tu mirada, tendiéndonos tu mano para liberarnos del dolor y del sufrimiento.

Y todo en presencia de Ella, Madre de la Soledad, de la Esperanza, del Carmen, de la Caridad y del Consuelo, Ella que es María Nuestra Madre, que sabe mejor que nadie lo que es sufrir por la pérdida de un Hijo, junto a San José, su esposo.

¡Cuántos momentos y cuántas lágrimas habremos depositado a tus pies, Señor! Pero siempre nos hemos encontrado con tu mensaje de esperanza, de salvación. Tus palabras son amor y paz para nuestro alma marchita; son la promesa de tu LIBERACIÓN.

Y ayer, víspera del día de Todos los Santos, has recorrido el cementerio a hombros de tus hermanos, de tus hijos. Ayer no era Viernes de Dolores, ni Madrugada de Sábado Santo. Pero tu Hermandad y tus devotos quisimos que tras la eucaristía en tu honor visitases las tumbas de nuestros familiares y amigos en una procesión inédita, sobria, en silencio, roto sólo por las oraciones del Santo Rosario y por las que dirigíamos a nuestros seres queridos.

Seres queridos, como mi padre - “mi primer hermano mayor, mi primer capataz” - que desde el balcón de Todos los Santos estoy seguro que contemplaba nuestro caminar junto a muchas y muchos santos anónimos que han pasado por esta vida haciendo el bien, entregando su amor, cumpliendo tu voluntad.

Con la luz de nuestros cirios fuimos iluminando el cortejo y Tú caminar en el atardecer del otoño salmantino. El sonido de la campana del campo santo clavaba tu tañir en nuestros corazones.

Poco a poco fuimos completando el recorrido hasta llegar de nuevo a tu Capilla, desde la que hoy y mañana y todos los días del año seguirás liberándonos del dolor y del pesar por la pérdida de los nuestros.















(Fotografías: Diego Porteros – Prohibida su reproducción sin permiso del autor)