2 de febrero de 2009

Hermanitas de los Pobres. Salamanca


Mis palabras de hoy van dirigidas a unas mujeres entrañables, las cuales tuve la oportunidad de conocer a finales del año 2007. Desde entonces y gracias a la Asistencia Social de la Hermandad de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y Mª Stma. de la Caridad y del Consuelo, los lazos que me unen a las "hermanitas" son cada vez más estrechos y pido a Dios que sea por muchos años.

La Congregación de las Hermanitas de los Pobres nace en Francia en 1839, cuando Juana Jugan, su fundadora, acogió en su casa a la primera anciana. A ésta la seguirían muchas más y así han llegado hasta nuestros días.


Su misión particular es el apostolado con los ancianos más desfavorecidos económicamente, siguiendo los postulados que dejó instituídos su fundadora. Un servicio que está sellado con el voto de hospitalidad y que se fundamenta en el espíritu evangélico de las Bienaventuranzas: humildad, pobreza, sencillez y confianza incondicional en la bondad de Dios.

Siguiendo a Juana Jugan, reconocen a Jesús en la persona de los ancianos pobres, contribuyen a acogerlos, a hacerlos felices en el marco de una atmósfera familiar, les acompañan espiritualmente siempre desde el respeto a sus creencias y costumbres y los sostienen hasta el momento en que reciben la llamada del Señor para acudir a su encuentro.


Mi proximidad a ellas en este periodo de tiempo me ha permitido comprobar su cercanía a los ancianos, siempre a su escucha, a quienes sirven y se entregan satisfaciendo sus necesidades y deseos, con el fin de que se sientan respetados, amados y útiles hasta el final.


Y todo ello porque su proyecto personal de vida, lo que le da sentido a su misión en esta vida, es su amor a Jesucristo. La oración, fuente de caridad y de alegría, hace posible ese don, ese carisma, que ellas poseen de manera especial.
Evidentemente esta humilde tarea no sería posible sin el apoyo, sin el auxilio de muchas personas anónimas, de empresas e instituciones, incluso de hermandades y cofradías, quienes prestan su ayuda personal o económica para el sostenimiento de la obra.


Vaya por tanto mi admiración y respeto por "mis hermanitas", porque gracias a ellas he aprendido a querer y a respetar a los mayores, he dejado de mirar constantemente a mi ombligo, he encontrado otra dimensión más a mi fe y, sobre todo, me ha acercado más al que lo necesita y, por supuesto, al Señor que se Despojó de todos sus bienes, dejándonos su legado: "He venido a servir, no ha ser servido".

Si deseas colaborar con la obra, puedes ponerte en contacto en la propia residencia (Avdª de San Agustín 43-63 C.P. 37005 de Salamanca - Teléfono 923 22 08 90 o en la página web de la hermandad de Jesús Despojado de Salamanca: http://www.despojadoycaridadsalamanca.es/