1 de abril de 2017

Solemne Besapié en honor a N.P. Jesús Despojado (Salamanca)










Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?,
¿por qué no vienes a salvarme?,
¿por qué no atiendes a mis lamentos?
Dios mío,
día y noche te llamo, y no respondes;
¡no hay descanso para mí!










Pero yo no soy un hombre, sino un gusano;
¡soy el hazmerreír de la gente!
Los que me ven, se burlan de mí;
me hacen muecas, mueven la cabeza
y dicen:
“Éste confiaba en el Señor;
pues que el Señor lo libre.
Ya que tanto lo quiere, que lo salve.”









No te alejes de mí,
pues estoy al borde de la angustia
y no tengo quien me ayude.
Mis enemigos me han rodeado como toros,
como bravos toros de Basán;
rugen como leones feroces,
abren la boca y se lanzan contra mí.










Soy como agua que se derrama;
mis huesos están dislocados.
Mi corazón es como cera
que se derrite dentro de mí.
Tengo la boca seca como una teja;
tengo la lengua pegada al paladar.








¡Me has hundido hasta el polvo de la muerte!
Como perros, una banda de malvados
me ha rodeado por completo;
me han desgarrado las manos y los pies.
¡Puedo contarme los huesos!
Mis enemigos no me quitan la vista de encima;
se han repartido mi ropa entre sí,
y sobre ella echan suertes.








Pero tú, Señor, que eres mi fuerza,
¡no te alejes!, ¡ven pronto en mi ayuda!
Líbrame de morir a filo de espada,
no dejes que me maten esos perros,
sálvame de la boca de esos leones,
¡defiéndeme de los cuernos de esos toros!








Yo hablaré de ti a mis hermanos,
te alabaré en sus reuniones.
Ustedes, los que honran al Señor, ¡alábenlo!
¡Glorifíquenlo todos los descendientes de Jacob!








Inclínense y adórenlo sólo a él
todos los que viven en abundancia,
todos los que han de volver al polvo,
pues en sí mismos no tienen vida.