9 de abril de 2017

Salamanca espera la mirada de Jesús Despojado (Domingo de Ramos)

Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir "La Calavera"), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. (Mateo 27, 33 -36)


Se acerca la hora. Jesús queda en silencio contemplando la mirada de la Madre. Se siente humillado, derrotado, cautivo… “Despreciado y abandonado de todos, se doblegó y no abrió la boca, como cordero que es llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador.”

Desnudo, sin sus ropas, comparte su humillación con María, presente a los pies de la Cruz. Su vergüenza es otra espada que traspasará su alma. Le han arrebatado la túnica que con tanto amor cosió para El, para el Hijo de Dios.





 












Jesús es mostrado desnudo ante las gentes de Jerusalén, ante quienes horas antes le profesaban amor eterno. Expuesto y ultrajado ante toda la humanidad, se nos ofrece como un marginado más, de baja posición y condición social. Él, que cargó con nuestros sufrimientos, con nuestros dolores, queda desahuciado a merced de los soldados, de todos y de nada.

Sin embargo era justo que fuese así. Jesús se despojó totalmente de sí mismo para sacrificarse por nosotros. De ahí que el gesto de despojarlo de las vestiduras sea también el cumplimiento de las Sagradas Escrituras. Nada pasa por casualidad.

















San Pablo nos recuerda en la carta a los Filipenses como “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y a una muerte de cruz.” Jesús asume la situación del hombre caído, tomando forma de esclavo, en un inmenso gesto de amor, de humildad, de Esperanza.

Observando a Jesús desnudo, el Señor nos invita a mirar en nuestro interior. Sin filtros, sin ropas, con transparencia. Pero antes de desnudarnos espiritualmente ante nosotros mismos, hemos de hacerlo ante Dios y ante nuestros hermanos los hombres.

Tomando la Cruz de Cristo, hemos de despojarnos de todas esas cosas que nos imposibilitan cumplir con su mandato: “Amaos unos a otros como Yo os he amado.” A los tradicionales siete “Pecados Capitales”: soberbia, envidia, gula; lujuria, ira, avaricia, y pereza, debemos unir los nuevos pecados sociales, los pecados del siglo XXI: las violaciones de todo tipo y naturaleza, los atentados contra la vida y el medio ambiente, el aumento de la brecha entre ricos y pobres, las guerras, las desigualdades sociales…

















Señor, que tu túnica blanca nos ayude a meditar y a recordar que fuimos bautizados y revestidos de la pureza de tu Espíritu y concédenos, humildes siervos tuyos, el perdón ante nuestras faltas y debilidades.

Despierta en nuestro corazón el sentimiento de la Caridad, no solo cuando hacemos limosna, sino también sabiendo escuchar a quien necesita comunicarnos algo; a callar cuando nuestras palabras puedan ofender a nuestros hermanos; a sonreír ante las dificultades y problemas cotidianos; a respetar las diferencias entre nuestros semejantes; dedicando nuestro amor y nuestra entrega al cuidando de los enfermos, de los ancianos, de los marginados y desahuciados, de quienes no pueden darnos algo a cambio.

















Que Nuestro Padre Jesús Despojado de sus vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo nos ayuden a vivir como verdaderos cristianos, despojados de todo aquello que nos impide caminar en un auténtico escenario de Amor y Paz. Amén.


Texto de la meditación que, en representación de la Hermandad de Jesús Despojado, realicé el Domingo de Pasión en el Vía Crucis organizado por la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz.