8 de marzo de 2017

“El Misterio de Jesús Despojado” - Formación Cofrade (Salamanca)

En la tarde-noche de ayer martes 7 de Marzo, invitado por la Junta de Gobierno de la Hermandad de Jesús Despojado de Salamanca, tuve la oportunidad de impartir la charla formativa que, bajo el título “El Misterio de Jesús Despojado”, comparto contigo en este post,  por si es de tu interés, tanto si eres miembro de la hermandad o no.
  


ANTECEDENTES

El pasado viernes 3 de marzo de 2017 se cumplieron nueve años desde que Monseñor Carlos López, Obispo de Salamanca, concedió la erección canónica a la Hermandad de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo de Salamanca. En su escrito, venía a decir entre otras cosas lo siguiente:

“… y otros 87 fieles católicos han solicitado la creación de una nueva hermandad penitencial y de caridad con el título de Hermandad de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo.

Examinada la documentación presentada en relación con el ideario fundacional, los fieles que se integran, el parecer favorable de otras cofradías de la ciudad de Salamanca y la autorización del Rector de la Iglesia del Espíritu Santo para establecer en ella la sede canónica, así como el proyecto de Estatutos, estimamos que dicha Hermandad está bien orientada teológicamente e integra adecuadamente su actividad en el marco de la pastoral diocesana.

En particular, hemos revisado los Estatutos y los hemos encontrado en conformidad con la disciplina canónica. Por todo ello, contando también con el parecer favorable de la Delegación de Apostolado Seglar, aprobamos los Estatutos de la "Hermandad de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo" y erigimos canónicamente dicha Hermandad como Asociación Pública de Fieles”.



Alguno de los que estáis hoy aquí presentes, tal vez habéis asistido a otras charlas, conferencias o visitado páginas webs, foros o blogs, donde se habla de la historia de la fundación de nuestra hermandad. Pero estoy prácticamente seguro, pues esto no aparece en las hemerotecas, que desconoceréis cierta información que forman parte de la historia de la misma y que solo algunos tuvimos la oportunidad de vivir, de compartir y por tanto, de conocer.

Allá por mayo de 2001, una vez pasada la Semana Santa de aquél año (perdonar que hable en primera persona) quise darle forma a una idea que rondaba mi cabeza desde hacía tiempo y que a través de mi experiencia, conocimientos y la ayuda de algún experto en temas cofrades, conseguí tras varios meses de trabajo, elaborar un proyecto de fundación de hermandad para nuestra Semana Santa. Una proyecto de hermandad cuyos pilares y fundamentos no distan muchos de los actuales, destacando especialmente la titularidad y lema de la misma y con ello la advocación a la figura de Jesús. “Yo soy el camino” y "Nuestro Padre Jesús del Gran Poder" eran el lema y la advocación que elegí como propuesta. Desde nuestra condición de pecadores, debíamos dedicar nuestro esfuerzo y sacrificio en la promoción del significado más extenso de “Gran Poder”: Gran Poder de Amor a Dios y a la Virgen María. Gran Poder de Amor al prójimo. Gran Poder de Oración y Evangelización. Gran Poder de Fraternidad. Gran Poder de Auxilio y Caridad.

He de confesaros que el proyecto fue lo suficientemente atractivo para determinados cofrades, que no dudaron en prestar su apoyo y hacer suyo el proyecto. Permitidme hacer un pequeño homenaje aquellos/as que fueron los primeros impulsores de lo que hoy es  nuestra corporación.

La propuesta fue presentada a la Orden de los Carmelitas Descalzos de Salamanca, en la persona de su prior, quien igualmente la acogió con sumo agrado, lo que generó grandes expectativas entre aquel grupo de “posibles fundadores” pues, sin duda, la iglesia y la comunidad del Carmen era un lugar que aglutinaba muchos y positivos factores para poder desempeñar los fines que perseguíamos. Pero cuando todo parecía que iba a culminar con un resultado satisfactorio hacia nuestras inquietudes, una votación de los miembros de la comunidad, con un estrecho margen de resultado, dio al traste con todas nuestras ilusiones, pues un voto fue suficiente para que no se aceptase la ubicación y fundación de la futura hermandad en el seno de la Orden del Carmelo. Y de este modo y manera, abatidos y desilusionados, decidimos “meter el proyecto en el congelador” sine die.



Cinco años después, un grupo de cofrades salmantinos nos desplazamos a Sevilla para participar y vivir la Coronación Canónica de la Virgen de la Esperanza de la Trinidad, concretamente el 10 de Junio de 2006. Fue un fin de semana inolvidable, tanto en lo personal como en lo espiritual. Eran otros tiempos, otras maneras de sentir y pensar, y muchas ganas de hacer cosas, de cambiar formas y maneras de concebir la Semana Santa.

Como no podía ser de otra manera, la Esperanza estaba con nosotros. Y quiso que, en torno a un ambiente de armonía, de amistad, de fraternidad, y en presencia de Ntro. Padre Jesús de la Caridad en su Tercera Caída y Ntra. Sra. del Desconsuelo, Sagrados Titulares de la todavía hoy Humilde Asociación Pro-Hermandad de la Barriada de Los Príncipes, ese grupo de cofrades nos “conjurásemos” `uniendo nuestros corazones para iniciar un nuevo intento de fundación de hermandad de penitencia.

A partir de ahí se revisó el proyecto inicial, que si bien en esencia se mantuvo casi íntegro, sí que sufrió cambios destacados como el lema “Dios es Amor” o las advocaciones que después darían nombre y título a la hermandad: Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo.

Como el proceso de fundación de la hermandad sí que es sobradamente conocido, no me voy a detener en él. Solamente deciros que fueron años de mucho trabajo, pero también de gran ilusión, la cual pudo con esos momentos de flaqueza y debilidad, que también los hubo, especialmente a la hora de encontrar una sede canónica donde celebrar nuestros cultos internos y albergar a Nuestras Sagradas Imágenes Titulares.
  


¿POR QUÉ JESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA CARIDAD Y DEL CONSUELO? DIOS ES AMOR

Entre la documentación que presentamos en el obispado para la aprobación de la hermandad, había un párrafo que me gustaría remarcar, pues en él se recoge prácticamente la esencia de lo que pretendíamos ser y lo que actualmente somos. Decía así: “Nuestra intención no es que Salamanca cuente con una nueva Procesión de Semana Santa, cuestión siempre opinable o discutible. Queremos y en ello va nuestro empeño y compromiso, que la sociedad salmantina se beneficie de nuestra presencia como Asociación Publica de Fieles integrada en la Diócesis de la ciudad y que bajo la devoción a unas advocaciones concretas, contribuya a impulsar el Amor a Dios, a la Virgen María y al prójimo, fomente la paz y la fraternidad, la oración y la penitencia, la caridad y la solidaridad, viva en comunión con el resto de Hermandades y Cofradías salmantinas y que en una época del año concreta, la Semana Santa, seamos un perfecto espejo donde los demás comprendan la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús”.



El 25 de diciembre de 2005, solemnidad de la Natividad del Señor, primer año del Pontificado de Benedicto XXI, el Papa promulga su primera encíclica: “Deus caritas est” (Dios es amor), sobre el amor cristiano. Encíclica que va a ser detonante a la hora de dar forma a nuestros fines e incidir directamente a la hora de elegir el título y lema de nuestra hermandad o, si preferís, en el nombre elegido para Nuestros Titulares.

En la primera parte la encíclica hace referencia a “la unidad del amor en la creación y en la historia de la salvación”. Se trata de una reflexión teológica y filosófica sobre el "amor" en sus diversas dimensiones, precisando algunos datos esenciales del amor de Dios por el ser humano y de la unión que ese amor tiene con el amor humano.

En Jesús, el amor de Dios encarnado, ese AMOR alcanza su forma más radical.  Jesús se  despoja así mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Fp 2,7).

Jesús se entregó para elevar y salvar al ser humano, expresando el amor en su forma más sublime. Y no os olvidéis de este dato: Jesús aseguró a este acto de ofrenda de amor su presencia para siempre a través de la institución de la Eucaristía, en la que, bajo las especies del pan y del vino se nos entrega como un nuevo maná que nos une a Él. Por ello, cuando participamos en la Eucaristía, nosotros también nos implicamos en la dinámica de su entrega. Nos unimos a Él y al mismo tiempo nos unimos a todos los demás.  De ese modo, el amor a Dios y el amor a nuestro prójimo se funden realmente. Por esto que, personalmente, aplaudo la decisión de la junta de gobierno de impulsar la presencia del Santísimo Sacramento en el seno de la hermandad y a la que os pido que os suméis, pues como veis, la advocación del “Despojado” está intrínsecamente unida a la Eucaristía por medio del Amor a Dios y a los demás.



En la segunda parte de la encíclica, titulada “Caritas, el ejercicio del amor por parte de la Iglesia como comunidad de amor” trata del ejercicio concreto del mandamiento del amor hacia el prójimo.

Amor por el prójimo que está enraizado en el amor de Dios y que además de ser una obligación para uno de nosotros, lo es también para toda la comunidad eclesial. No olvidemos nunca que nosotros somos una asociación pública de fieles que formamos parte del cuerpo de la iglesia diocesana.

En nuestro tiempo, un positivo efecto colateral de la globalización, se manifiesta en el hecho de que la atención por el prójimo, a los “despojados”, es cada vez más necesaria a la vez que universal. Todos conocemos que las estructuras del Estado y las asociaciones humanitarias desarrollan distintos modos la solidaridad expresada por la sociedad civil. Del mismo modo, en la Iglesia Católica han surgido nuevas formas de acción caritativa. Es importante que la actividad caritativa de la Iglesia no pierda la propia identidad, disolviéndose en la organización común asistencial, convirtiéndose en una O.N.G., sino que mantenga todo el esplendor de la existencia de la caridad cristiana y eclesial. Es decir, la caridad  debe hacerse sobre la experiencia de un encuentro personal con Cristo, cuyo amor ha tocado el corazón del creyente, suscitando en él el amor por el prójimo.



¿Y María? María, como dijo Pablo VI, “es siempre el camino que conduce a Cristo”. No se puede concebir un amor a María, que no germine en un amor a Jesús, ya que Él es el centro de nuestra vida y todo lo demás son medios para acercarnos a Él. Nuestro amor a la Madre, si es auténtico, no se puede concebir sin el mismo amor al Hijo, ya que si amamos de verdad a una persona, tenemos que amar lo que Ella ama.

Acudimos a María para llegar a Jesús, porque es acomodadora de la misericordia, de la caridad y del perdón. Ella es un atajo seguro, que desemboca en Cristo. Quien va de su mano tiene la certeza de que tarde o temprano se unirá a Jesús. Y unidos a Jesús, por María, seremos capaces de entregar nuestro amor a los demás. Ella es Caridad y Consuelo para nosotros, para los hombres, por medio de su Hijo.

En definitiva, y para concluir con este apartado, quiero destacar la aportación, el compromiso y el propósito que todos y cada uno de los promotores aceptamos a la hora de fundar la hermandad bajo las advocaciones de Jesús Despojado de sus vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo: tomar el ejemplo de Jesús, de su vida, de su amor, de su entrega a los demás como la principal razón de la creación de este sueño hecho realidad y contar siempre con la presencia de la Madre, como gran intercesora y modelo a seguir. Sin duda, Ellos nos llevaron de la mano durante este caminar que algunos privilegiados y elegidos, tuvimos la oportunidad de vivir y que hoy es el fruto de lo que para muchos es la manera de manifestar y potenciar vuestra fe. En el preámbulo de nuestros estatutos, que todos hemos jurado y prometido, queda remarcado ese compromiso:



“La imagen de Nuestro Padre Jesús Despojado nos debe hacer recordar al Hijo de Dios que se hizo hombre, asociándose al dolor de los hombres, solidarizándose con los que sufren física y moralmente, para redimirnos de toda situación de muerte y llevarnos a una nueva vida. Los hermanos hemos de ver en el Misterio de su Imagen lo que, con Jesús y por Jesús, queremos ser para con Dios y para con los hombres: entrega total y generosa hasta el fin, como testimonio de fidelidad y de amor fraterno.

La devoción de los hermanos a la Madre de Jesús, nos debe llevar a imitar la actitud de María, que supo aceptar la primera a Cristo, comprometiendo su vida con El desde la Encarnación hasta la Cruz. Debe ser nuestro modelo de actitud cristiana, por lo que hemos de manifestarle nuestro cariño y gratitud.

Y todo ello queda enmarcado en tres palabras: “DIOS ES AMOR”. El Lema de nuestra Hermandad.



DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras.

Los evangelistas narran este hecho de forma similar en los textos sagrados.

En el Evangelio de Juan 19, 23-24: “Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos. Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados.”

Por su parte, en el Evangelio de Mateo 27, 33 -36: “Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir “La Calavera”), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo.

Permitirme que explique el significado que esta, nuestra X Estación del Vía Crucis, a través de la meditación que fue leída durante el Vía Crucis que presidió el Papa Francisco el Viernes Santo de 2015 elaborada por el Obispo emérito de Novara (Italia), Mons. Renato Corti. Dice así:

  • Sentimientos y pensamientos de Jesús
 Me quedo en silencio. Me siento humillado por un gesto aparentemente banal. Hace horas que me quitaron la ropa. Pienso en mi Madre, aquí presente. Mi humillación es también la suya. También de esta manera una espada traspasó su alma. A ella le debía la túnica que me arrebataron. Era un símbolo de su amor por mí.

  • Nuestra resonancia
 Tu túnica, Señor, nos lleva a meditar en un momento de gracia y también en todas las veces que se viola la dignidad del hombre.

La gracia es la del Bautismo. Al niño que acaba de convertirse en cristiano, se le dice: «Eres ya nueva creatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de tu dignidad de cristiano. Ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna». Esta es la verdad más profunda de la existencia humana.

Al mismo tiempo, el amor con que cuidas a todas las criaturas nos lleva también a pensar en situaciones terribles: el tráfico de seres humanos, los niños soldados, el trabajo esclavo, los niños y adolescentes a los que han robado su inocencia, heridos en su intimidad, profanados sin piedad.

Tú nos haces pedir humildemente perdón a cuantos sufren estos ultrajes y rezar para que finalmente se despierte la conciencia de los que oscurecen el cielo en la vida de los demás. Ante ti, Señor Jesús, renovamos nuestro propósito de «vencer el mal con el bien»
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Estoy convencido de que N.P. Jesús Despojado de sus Vestiduras  y su Madre Bendita, María Santísima de la Caridad y del Consuelo, seguirán dándonos su Amor y Esperanza para que entre todos podamos seguir haciendo gala de ese bonito mensaje que nos legó: “He venido a servir y no a ser servido”.