1 de junio de 2013

Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo - Sevilla 2013

En 1990, fruto de las negociaciones entre la Conferencia Episcopal y el Estado, en orden a la regulación de determinadas festividades litúrgicas como consecuencia de la reducción de las fiestas que establecía el Estatuto de los Trabajadores, se aceptó mantener la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo (Corpus Christi) para lo cual su celebración tendría lugar el domingo siguiente a la festividad de la Santísima Trinidad.

Un hecho que no estuvo exento de polémicas y controversias, especialmente para los que nos profesamos católicos y para todas aquellas localidades de España que unían dicha celebración a la propia festividad del pueblo. De este modo, ciudades como Toledo, Granada o Sevilla, o Ledesma y Vitigudino en Salamanca, han seguido disfrutando de esta festividad en la jornada del jueves, mientras que el resto ya hemos aceptado su celebración en el citado domingo.

En todo caso, esta decisión no ha impedido que la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo se siga viviendo con el fervor de otras épocas, con un espíritu renovado, a la vez que profundizando en el verdadero sentido de la adoración al Santísimo, todo ello enmarcado en el mensaje cristiano que el Hijo de Dios nos dejó en su muerte de Cruz: ¡Amaos los unos a los otros, como yo vos he amado!

Mensajes de Jesús como: “Lo que hicisteis a uno de éstos, a mí me lo hicisteis” o “He venido a servir y no a ser servido”, ponen de manifiesto que la Caridad y la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo forman un nexo de unión que añade aún más valor importancia a esta celebración cristiana.

La cuestión es qué importancia tiene para nosotros, los cofrades, una jornada como ésta, teniendo en cuenta que con excepción de las cofradías y hermandades sacramentales o de gloria, la mayor parte de nuestra vida de hermandad, nuestra participación y compromiso, la desarrollamos dentro del contexto de hermandades y cofradías de penitencia, en las que, como no puede ser de otra manera, la caridad es uno de los ejes o pilares fundamentales en los que ha de cimentarse el proyecto de nuestras asociaciones.

A nadie se le escapa que la penitencia y el pecado están intrínsecamente ligados. Somos y nos reconocemos pecadores, unos más que otros, evidentemente, por lo que no estamos libres de pasar por momentos en los que la penumbra, la opacidad, “la muerte”, se hacen presentes en nuestros corazones, en nuestras almas. El pecado nos aparta de Dios, pero también de aquellos a los que hemos ofendido, de nuestros hermanos, del resto de la humanidad.

Tras su injusta Sentencia, Jesús nos devuelve la Esperanza con el mayor gesto de Amor jamás conocido, Despojándose de toda condición. La Cruz nos redime del pecado, nos lleva a la salvación y nos ofrece un camino hacia una vida en paz con nosotros mismos y con los demás. Ahora bien, de nada sirve reconocer nuestras ofensas, nuestra condición de pecadores, de penitentes, si estas no van acompañadas de un propósito firme y decidido de enmienda. Enmienda que por un lado debemos ofrecer y prometer al Señor y, no menos importante, al conjunto de la comunidad. Y qué mejor manera y de auténtico corazón cristiano, que por medio de la Caridad.

Pero no una Caridad de “cara a la galería”; no una caridad para justificar un “cupo” o una presencia puntual, pues la Caridad no ha de ser solamente un gesto de solidaridad. Como virtud teologal, nos invita a amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. A través de ella estamos entregando nuestro amor a quienes más lo necesitan, a los enfermos, a los desfavorecidos, a los ancianos. Nos convertimos en Consuelo para todos ellos, dejando atrás nuestros egoísmos, nuestras disputas personales, las envidias, odios, rencores… abriendo la puerta de nuestro corazón a aquellos que necesitan de nuestra presencia. Y todo ello con el perdón como símbolo de hermandad, de fraternidad,… Si "Dios es Amor", acojamos por tanto su mensaje, incorporémoslo a nuestro proyecto personal de vida, seamos cofrades cada día y demos testimonio público de nuestra fe no solo vistiendo nuestro hábito o costal en la Estación de Penitencia, no solo en las solemnidades, que también, sino en el seno de nuestras familias, de nuestro trabajo, de los centros de estudios y, aunque resulte una obviedad, de nuestras cofradías y hermandades.

Tras esta reflexión que se me antojaba necesaria, te invito a que disfrutes con las imágenes de este primer post pertenecientes al Corpus de Sevilla de este año 2013, procesión que tuvo lugar el pasado jueves día 30, iniciando su recorrido a las 8:30 desde la puerta de San Miguel, de la Catedral hispalense, y en el que participamos representaciones de todas las hermandades de gloria, penitencia y sacramentales, junto a autoridades civiles, militares y eclesiásticas.

Como puedes ver en las fotografías, procesiona la imagen de Santa Angela de la Cruz, fundadora de la congregación de las Hermanas de la Cruz; Santa Justa y Santa Rufina, San Isidoro (arzobispo de Sevilla), San Leandro, San Fernando que porta la espada y la bola del mundo representado el poder y la justicia, la Inmaculada Concepción, el Templete del Niño Jesús de la Sacramental del Sagrario, la Santa Espina o Custodia Chica y finalmente la Custodia. Todo ello dentro de un enclave engalanado y exornado para la ocasión como podrás ver en el siguiente post y en presencia del Señor de la Sagrada Cena y de la Virgen de la Hiniesta Gloriosa.


























































A veces me pregunto por qué yo,
y sólo me respondes porque quiero.
Es un misterio grande que nos llames,
así tal como somos a tu encuentro.

Entonces redescubro una verdad,
Mi vida, nuestra vida es tu tesoro.
Se trata entonces solo de ofrecerte,
con todo nuestro amor ¡esto que somos!