5 de julio de 2010

Manuel García García - Beatificacion de Madre María de la Purísima


En la vida siempre hay prioridades, situaciones que van condicionando la existencia, que nos motivan o nos desesperan. Experiencias que llevan muchas veces a conformar un modo de ser. Uno, con el paso de los años, va repasando los momentos que van delimitando los comportamientos y los usos de la vida.

Una de las principales herramientas, para recuperar los instantes, las alegrías, las penas e incluso a las personas, es la memoria. Sin ella seríamos menos felices, más inseguros y tal vez, menos humanos. Sin ellas las figuras se desharían en la niebla, no podríamos recuperar la alegría en el rostro de nuestras madres, ni nos acercarían las risas de la juventud, que parece ahora una etapa tan distante.

El tiempo ha sedado mis conductas y ha aposentado en mi espíritu la calma. Los años, que dan tanta experiencia y tanta sabiduría, van ampliando la visión de un mundo que más parece abocado al sin sentido y a la locura que al sosiego que me reclaman.

Tengo imágenes claras, extrañamente, de una pareja de monjas caminando por una calle en busca del convento. Las observo sin interés porque he acostumbrado mi visión a estos encuentros. La plaza de abastos de la Encarnación tiene estos privilegios; pasan con la humildad en sus hábitos las Hermanas de la Cruz cada mañana y una amanecer la Virgen de la Esperanza acaricia los muros donde la gente acude en busca del sustento diario.

Mantengo la certeza de que siguen pasando, con un hálito de santidad tras ellas. Ya nos las veo tan a menudo porque los años y los designios de Dios me han encomendado otras tareas, otros servicios. Setenta y cinco años ininterrumpidos de permanencia en mi Hermandad de la Macarena han servido para adquirir una filosofía vital que dicta normas y conductas de Esperanza. Sin Ella algunos no podemos entender la existencia y por eso cada día, en mi condición de Hermano Mayor, encamino mis pasos hacia la casa de la Madre Dios para intentar cumplir, con la esperanza de no defraudarles, con las obligaciones que me delegaron mis hermanos cuando me eligieron.

Aquella mañana se tambalearon las estructuras de mis sensaciones. He de reconocer que soy algo temperamental y a veces incapaz de controlar mis alegrías. Me gusta compartir mis emociones con la gente que quiero y disfrutarlas en común. Llegué a la basílica con unos propósitos distintos a los que la Providencia me tenía previstos. Apenas unas horas antes habíamos despedido, Corporativamente, a la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de la Macarena y todavía se aferraban a las paredes del Arco los vivas y la alegría de la partida para el encuentro con la Madre de las Marismas. Esperaba el tránsito de las horas porque aquella misma tarde el equipo de mis amores futbolístico disputaba una nueva final de la Copa del Rey, que luego ganó merecidamente. Pues bien todo aquello pasó a un segundo término cuando en el atrio D. Luis Rueda, Delegado Episcopal para la Beatificación, que me esperaban y a quien acompañaba D. Manuel Soria, me trasladó la propuesta; que la Virgen de la Esperanza presidiera el acto de beatificación de Madre María de la Purísima. ¿Qué sentí? ¿Qué recorrió en aquellos momentos mis sentidos? Pues la alegría inmensa de recibir una gracia de esta dimensión. Pienso en la Virgen y mis ojos imploran su intercesión. La decisión, les explico, he de consensuarla con mi Junta de Gobierno. Convoco al Cabildo de Oficiales con carácter urgentísimo para el día siguiente. Oficiales que retornan de Barcelona un poco antes de lo previsto; otros que deshacen el camino que les lleva hasta el Rocío. Expongo la propuesta. La unanimidad es absoluta, sin objeciones.

Para mí, como Hermano Mayor, ha significado una de las satisfacciones más grande que podría presentarse en una legislatura. La Virgen de la Esperanza con las Hijas de Santa Ángela para elevar a los altares a Madre María de la Purísima, ejemplo de abnegación y alegría en el servicio a Dios.

Las Hermanas de la Cruz son Madrinas de la Coronación Canónica y, amén de unirnos estrechísimos lazos, Hermanas de Honor de nuestra Corporación.

Manuel García García
Hermano Mayor de la Hermandad de la Macarena

Información: Hermandad de la Macarena.
http://www.hermandaddelamacarena.es/