31 de agosto de 2016

Hasta siempre Antonio Vargas, hermano y amigo en la Esperanza

Decía Santa Teresa de Jesús que “El Señor escribe derecho con renglones torcidos”. Una gran frase a la que, con todo respeto a la “santa andariega,” añado que "hay preguntas que no tienen respuesta".

Hoy, una vez más, ambas cuestiones se unen como hálito de Esperanza para paliar el dolor que nos dejas al iniciar tu última Estación de Penitencia en esta vida terrenal.

Mi querido Antonio, en silencio, sin hacer ruido, con la elegancia y sobriedad del “que todo lo puede” tu amado y mi amado Señor del Gran Poder, nos has dejado para estar a su lado. Ese lugar que Él te tenía reservado en el cielo sevillano y al que desde hoy dirigiremos nuestras miradas en busca de tus recuerdos.

Recuerdos que serán Esperanza para seguir manteniéndote vivo en nuestros corazones. Corazones desgarrados en pedazos por tu ausencia. Por no poder escuchar más tus palabras, guardadas para siempre en nuestro silencio. Por dejarnos huérfanos de tus miradas, de tus abrazos, de tu inmensa generosidad, de tu entrega incondicional. Por quedarnos sin la dicha de escuchar una vez más tus experiencias, tus consejos… Corazones llenos de ese Amor que tú nos diste.

El pasado día 18 intentabas darme Esperanza mientras permanecías postrado en tu cama. ¡Siempre pendiente de todos! Aquella conversación en el hospital nunca quise aceptarla como una despedida. De hecho dejamos pendientes muchas cosas, momentos y sueños que por estas razones de la vida ya no podremos llevar a cabo. Y ya ves,..

Sería muy fácil ahora, embriagado por el dolor de tu marcha, manifestar que eras una gran persona, un gran cofrade, un gran cristiano. Lo cierto es que no tengo palabras para expresar lo que tú has significado para tanta gente, para los tuyos, para mí.

En enero de 2009, cuando este blog comenzaba su andadura, quise dedicarte un post (http://blogdemacareno40.blogspot.com.es/2009/01/anotnio-vargas-un-cofrade-con-maysculas.html) en el que estoy seguro que me quedé corto ensalzando tus valores y tu enorme corazón. Y ahora, probablemente, me quedaré igual de escaso para transmitir cuánto bien hiciste conmigo.

Que el Señor del Gran Poder que se Despojó de sus Vestiduras y Nuestra Madre, María Santísima de la Esperanza Macarena te acojan en ese lugar de privilegio que mereces más que nadie y desde el que estoy seguro intercederás y cuidarás de nosotros. Mis condolencias más sentidas para toda la familia, especialmente para Mari y Aurora. Vuestro dolor es el mío. Un beso lleno de Esperanza.


“Te digo adiós para toda la vida, 
pero toda la vida seguiré pensando en ti.”