8 de enero de 2016

El Gran Poder de Dios nos llena de Esperanza.

No es un viernes cualquiera. No es un pie cualquiera. No es un beso cualquiera. El es El Señor, el mismo Dios en su inmenso Gran Poder. Su llamada es imposible ignorarla. Desde su infinita Humildad y Misericordia, alarga su zancada cuando ve que llegas a su encuentro.





Con Su Mayor Dolor y Traspaso llena la Basílica de San Lorenzo de un silencio solo roto por las plegarias de cuantos devotos se postran ante El. No es un viernes cualquiera. El Señor del Gran Poder inicia el 2016 derramando Esperanza.





Viernes noche en Sevilla. La Basílica de la Macarena queda en penumbra. El Señor de la Sentencia ha recibido las muestras de cariño de sus hijos macarenos. La misa ha terminado. Solo unos pocos permanecen en su interior ocupando los bancos más próximos a Ella. Mientras, los jóvenes de la Hermandad dan cuenta en el atrio de los momentos vividos a lo largo de la tarde. Ellos son los encargados de recoger el testigo y seguir la herencia de quienes hoy son los encargados de entregar su tiempo a una labor que tiene por nombre Esperanza.








En el presbiterio, el Niño Dios, busca el calor entre el regazo de la Madre del Rosario. Sus ojos permanecen cerrados. No su corazón. Sabe que ha permanecido nueve meses en el vientre de la Madre.




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Ella, desde su esplendor, le mira... No hay mirada con más Amor que la que le dedica una madre a su hijo. Y Ella, Nuestra Esperanza Macarena, es la mejor embajadora del Señor para transmitir con su mirada ese milagro de AMOR que se ha hecho hombre para, injustamente, ser Sentenciado a una muerte de Cruz.





Las puertas de la Gloria Macarena se cierran, pero su estela verde sobrepasa la cancela y tiñe Sevilla de verde. Es viernes, la Virgen de la Esperanza llena la noche de luz entre la lluvia y el viento. Todos los días son Esperanza en la Tierra de María Santísima...




 





La noche cae cerrada sobre el Arco macareno. Rodríguez Ojeda contempla impertérrito la escena. El cielo sevillano rompe a llorar cual Diluvio Universal, mientras este bloguero se retira con el corazón henchido de Esperanza sabedor de que Ella siempre aguarda mi regreso.