12 de abril de 2013

La pobreza, la paz y el diálogo. Artículo de José Román Flecha

En la audiencia que, el día 22 de marzo de 2013, concedió al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa Francisco quiso exponer de nuevo los motivos por los que ha elegido ese nombre. Como ya sabíamos, lo ha hecho pensando en San Francisco de Asís. De este Santo, tan conocido y venerado en todo el mundo, el nuevo Papa ha querido subrayar en primer lugar la opción de San Francisco por la pobreza. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha venido prestando a los pobres una ayuda afectiva y efectiva. También en estos tiempos de crisis económica, sólo en las organizaciones caritativas de la Iglesia han encontrado auxilio muchos pobres de este mundo. Junto a ellos hay que mencionar a los enfermos, los huérfanos, los desalojados de sus casas y los marginados de mil maneras. Pero el Papa nos recuerda que hay también hay otra pobreza. Es la pobreza espiritual que caracteriza a nuestro tiempo: la pobreza del individualismo y esa “dictadura del relativismo que deja a cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia entre los hombres”.

Esta es la segunda razón del nombre elegido por el Papa. Como San Francisco de Asís desea el nuevo Papa colaborar a construir la paz. Esa utopía es difícil pero posible. Quienes traten de conseguirla, no pueden olvidar los elementos fundamentales de la paz: “No hay verdadera paz sin verdad. No puede haber verdadera paz si cada uno es la medida de sí mismo, si cada uno puede reclamar siempre y sólo su propio derecho, sin preocuparse al mismo tiempo del bien de los demás, de todos, a partir ya de la naturaleza, que acomuna a todo ser humano en esta tierra”.

El Papa Francisco afirma que para lograr la paz es preciso promover el diálogo entre las personas, los pueblos y las religiones “de modo que cada uno pueda encontrar en el otro no un enemigo, no un contendiente, sino un hermano para acogerlo y abrazarlo”. Seguramente estas palabras recordarán a muchos el célebre discurso pronunciado por Pablo VI en la sede de las Naciones Unidas, de Nueva York.

En este contexto el Papa Francisco afirma también que “es importante intensificar la relación con los no creyentes, para que nunca prevalezcan las diferencias que separan y laceran, sino que, no obstante la diversidad, predomine el deseo de construir lazos verdaderos de amistad entre todos los pueblos”.

He ahí los tres puntos de referencia del camino al que el Papa invita a los gobernantes de la tierra y a todos los ciudadanos: “la lucha contra la pobreza, tanto material como espiritual; edificar la paz y construir puentes”. Y para recordar todavía a San Francisco de Asís, nos dice que hemos de aprender de él “un profundo respeto por toda la creación, la salvaguardia de nuestro medio ambiente, que demasiadas veces no lo usamos para el bien, sino que lo explotamos ávidamente, perjudicándonos unos a otros”. La paz universal no puede lograrse cuando la explotación de la naturaleza afecta sobre todo a los más pobres de la tierra.

Artículo de D. José-Román Flecha Andrés publicado en el Diario de León.


Sacerdote desde 1964. Licenciado en filosofía por la Universidad de Santo Tomás (Roma) y en teología por la Universidad Gregoriana (Roma). Doctor en teología moral por la Academia Alfonsiana de Roma. Ha sido decano de la Facultad de teología y vicerrector en la Universidad Pontificia de Salamanca, de la que es catedrático de teología moral.