12 de marzo de 2016

Besapié de Nuestro Padre Jesús Despojado (Salamanca)

Jesús está en manos de los soldados. Como todo condenado, es denudado para humillarlo, reducirlo a nada. La indiferencia, el desprecio y despreocupación por la dignidad de la persona humana se unen con la glotonería, la codicia y el propio interés: "cogieron su ropa".













Tu manto, Jesús, era sin costuras. Esto demuestra el esmero con que te trataba tu Madre y las personas que te seguían. Ahora te encuentras sin vestidos, Jesús, y experimentas la desazón de los sometidos al capricho de la gente que no tiene respeto de la dignidad humana.













¡Cuántos han sufrido y sufren por esta falta de respeto por la persona, por la propia intimidad! Puede que a veces tampoco nosotros tengamos el respeto debido a la dignidad personal de quien está a nuestro lado, "poseyendo" a quien está a nuestro lado (marido, esposa, hijos, parientes, conocidos o desconocidos). En nombre de nuestra supuesta libertad, herimos a los demás.¡Cuánto descuido, cuánta dejadez en los comportamientos y en el modo de presentarnos el uno al otro!














Jesús, que se deja mostrar así a los ojos del mundo de entonces y de la humanidad de siempre, nos recuerda la grandeza de la persona, la dignidad que Dios ha dado cada hombre, a cada mujer, y que nada ni nadie debe violentar, porque están plasmados a imagen y semejanza suya. A nosotros se nos confía la tarea de promover el respeto de la persona y de su cuerpo. En particular, el Señor nos invita a conjugar estas dos realidades fundamentales e inseparables: la dignidad y el don total de si mismo.