20 de enero de 2014

18 al 25 de Enero, Semana de Oración por la unidad de los Cristianos

Congregaciones y parroquias de todo el mundo toman parte en la Semana de Oración por la unidad de los cristianos, que se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero (en el hemisferio norte) y en torno a Pentecostés (en el hemisferio sur).


El Papa Francisco nos alienta en favor de la unidad y del testimonio de los cristianos en un mundo que olvida a Dios. "A los miembros de la comunidad de Corinto, marcada por las divisiones - el Papa ha dicho - el apóstol pregunta: "¿Es que Cristo está dividido?". Esa pregunta es precisamente el tema de esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que hoy, más que nunca, está dirigida a nosotros, a ti y a mi. Frente a algunas voces que ya no reconocen como objetivo alcanzable la unidad plena y visible de la Iglesia, estamos invitados a no desistir en nuestro esfuerzo ecuménico, fieles a lo que el mismo Señor Jesús invocó del Padre: "Que todos sean una cosa sola".

Para ti que formas parte de alguna corporación ligada o perteneciente a la Iglesia - hermandades, cofradías, comunidades y movimientos apostólicos, asociaciones, etc. - te resultará familiar e incluso puede que hayas vivido o sufrido situaciones que para nada son propias de lo que decimos ser, manifestar o representar. Situaciones que juzgadas por aquellos que nos ven y analizan desde la distancia, no nos dejan en muy buen lugar, pues nuestras actitudes distan mucho del mensaje de amor y fraternidad que Jesús nos legó.

En el ámbito de las cofradías y hermandades de penitencia - en el cual llevo más de treinta años inmerso en él - es tan propia como atípica la presencia de divisiones, rencillas, envidias, "guerras internas", represalias, abusos y disputas de poder, autoritarismos y un sin fin de hechos que además de generar un dolor inmenso tanto entre los que son o hemos sido sujetos activos de ellas, como en el conjunto de las mismas y, por supuesto en la Iglesia en toda su extensión.

Llegamos a estas corporaciones de la mano de la fe, de la devoción, de la tradición o de la moda de turno, dándonos "golpes de pecho", jurando y prometiendo cumplir o hacer cumplir las reglas o estatutos, nos colgamos la medalla al cuello como si de la de unos juegos olímpicos se tratase, la besamos y volvemos a besar, y en cuanto abandonamos el templo ya nos estamos "acordando del padre o de la madre de alguno de la junta de gobierno, de la cuadrilla o del cura, que también hay para él (a veces con motivos más que justificados). Y así pasamos los días, las semanas, los meses, esperando ansiosos que llegue el día de la procesión, día que como en Navidad, nos damos los abrazos y besos más falsos e hipócritas de toda nuestra vida, sin reparar en el verdadero significado que tiene hacer una Estación de Penitencia con Nuestros Sagrados Titulares, manifestando públicamente nuestra fe y junto a nuestros hermanos y, mucho menos, el del compromiso y pertenencia a la propia hermandad, sea cual sea nuestra condición en la misma. 

Todo un "paripé", que en algunos casos, termina con la ilusión, las ganas y el deseo de seguir perteneciendo a la corporación; llegan las bajas, las dimisiones, los cabreos, los "bloqueos de amistad en las redes sociales", los insultos y faltas de respeto en los foros, los blogs, los chats. Nos acusamos mutuamente de hacernos daño, sin levantar la cabeza de nuestro ombligo, sin reparar que el de al lado lo está pasando mal, que necesita de nosotros y que todo aquello que prometimos postrados ante nuestras Imágenes, ha perdido todo el sentido y valor. El perdón, la asunción de errores, la reconciliación o la restauración del daño hecho dejan paso al orgullo, la soberbia, las palabras hirientes, la enemistad... y más dolor, más sufrimiento y menos amor y unidad entre el grupo.

En su homilía de anoche, el Rector de la Iglesia de San Benito de Salamanca, D. Pedro Antonio Márquez, nos invitó a leer unos fragmentos de la Exhortación Apostólica "Evangelii Gaudium" del Papa Francisco, a propósito de esta Semana de Oración por la unidad de los Cristianos, fragmento que quiero compartir contigo así como animarte, si puedes, a participar en los actos que tu diócesis haya convocado por este motivo o, si lo prefieres, a leer los materiales dedicados para esta semana de oración.


Exhortación apostólica "Evangelii Gaudium" del Papa Francisco

No a la guerra entre nosotros

98. Dentro del Pueblo de Dios y en las distintas comunidades, ¡cuántas guerras! En el barrio, en el puesto de trabajo, ¡cuántas guerras por envidias y celos, también entre cristianos! La mundanidad espiritual lleva a algunos cristianos a estar en guerra con otros cristianos que se interponen en su búsqueda de poder, prestigio, placer o seguridad económica. Además, algunos dejan de vivir una pertenencia cordial a la Iglesia por alimentar un espíritu de "internas". Más que pertenecer a la Iglesia toda, con su rica diversidad, pertenecen a tal o cual grupo que se siente diferente o especial.

99. El mundo está lacerado por las guerras y la violencia, o herido por un difuso individualismo que divide a los seres humanos y los enfrenta unos contra otros en pos del propio bienestar. En diversos países resurgen enfrentamientos y viejas divisiones que se creían en parte superadas. A los cristianos de todas las comunidades del mundo, quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente. Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis: "En esto reconocerán que sois mis discípulos, en el amor que os tengáis unos a otros" (Jn 13,35). Es lo que con tantos deseos pedía Jesús al Padre: "Que sean uno en nosotros […] para que el mundo crea" (Jn 17,21). ¡Atención a la tentación de la envidia! ¡Estamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto! Pidamos la gracia de alegrarnos con los frutos ajenos, que son de todos.

100. A los que están heridos por divisiones históricas, les resulta difícil aceptar que los exhortemos al perdón y la reconciliación, ya que interpretan que ignoramos su dolor, o que pretendemos hacerles perder la memoria y los ideales. Pero si ven el testimonio de comunidades auténticamente fraternas y reconciliadas, eso es siempre una luz que atrae.

Por ello me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?

101. Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. ¡Qué bueno es tener esta ley! ¡Cuánto bien nos hace amarnos los unos a los otros en contra de todo! Sí, ¡en contra de todo! A cada uno de nosotros se dirige la exhortación paulina:

«No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien» (Rm 12,21).

«¡No nos cansemos de hacer el bien!» (Ga 6,9).

Todos tenemos simpatías y antipatías, y quizás ahora mismo estamos enojados con alguno. Al menos digamos al Señor: "Señor yo estoy enojado con éste, con aquélla. Yo te pido por él y por ella". Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador. ¡Hagámoslo hoy! ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno!