11 de mayo de 2013

Día de la Banderita 2013 - Cruz Roja (Salamanca)


Hoy quiero compartir contigo una historia que me provoca felicidad, buenos recuerdos y a la vez me invita a seguir más “vivo” que nunca en este viaje por la senda del compromiso, de la solidaridad, de la caridad, del Amor… del “he venido a servir y no a ser servido”.

Allá por los 80, durante mi etapa ferroviaria en Madrid, inicié mis pasos como postulante de Cruz Roja, en el Día de la Banderita, de la mano de mi querida compañera y mejor amiga, la sevillana Maribel Cruzado. Ambos postulábamos como trabajadores de Renfe en la mesa que se instalaba en la Estación de Chamartín y como si de la película “Las chicas de la Cruz Roja” se tratase, hucha en mano y sintiéndonos por unos instantes Concha Velasco y Toni Leblanc, recorríamos el centro de la capital de España intentando recaudar unos buenos duros para esta noble, inmensa y espero duradera causa. ¡Qué cosas! Si te digo que al final de la jornada nos invitaban a comer y al día siguiente teníamos descanso, tal vez pensarás que tú también te apuntabas, y no lo dudo, pero lo importante de este día de fiesta de la solidaridad era y es mucho más que todo lo accesorio, de lo que se ve, del color rojo de y blanco…

Me comentaba esta mañana Javier Vicente, Coordinador Provincial de Cruz Roja en Salamanca - ¡qué tiempos cuando íbamos juntos a los campamentos organizados por Cáritas! – que la situación va más lejos de las frías y duras cifras, de las estadísticas, de las discusiones de los políticos o tertulianos de economía. El problema de la crisis tiene cara, corazón, nombre y apellidos y precisa soluciones. Soluciones que, desgraciadamente, solamente pueden ser paliadas con dinero, con el “jodido dinero” y la ayuda, por poca que sea, de muchos de nosotros.

Hoy publica el diario local La Gaceta de Salamanca que "desde Enero hasta este miércoles pasado, Cruz Roja de Salamanca había repartido 16.508,00 euros para ayudas básicas a vivienda y alimentación, el 90% de todo lo que se destinó en 2012". A este paso, no sorprende que haya preocupación en la ONG ante la imposibilidad de tener recursos suficientes para atender a todas las necesidades que se le presenten en lo que resta de año.

Por eso la actividad de hoy no es una más dentro de las mil y una actividades que lleva a cabo Cruz Roja a lo largo y ancho del planeta. Cerca de 500 voluntarios hemos llenado las calles de Salamanca y Santa Marta, voluntarios de distintas procedencias y capas sociales. Voluntarios, que en algún caso, venimos desde esa otra condición que está entroncada o enraizada en nuestro corazón cofrade. Y el mejor ejemplo es que de las 35 mesas que se han instalado, 11 correspondían a hermandades y cofradías.

La Hermandad de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo, desde su fundación, no dudó en sumarse a esta colaboración que se enmarca en la labor de caridad y asistencia social que forma parte de los fines o pilares de la asociación. Este ha sido el quinto año consecutivo, si la memoria y mis datos no me fallan. Algunos de los que participaron en los inicios se han quedado por el camino, otros se han incorporado en este tiempo y algunos permanecemos fieles a nuestro compromiso cristiano (espero que por muchos años). Pero siembre con Nuestro Jesús Despojado como mejor ejemplo y testimonio de entrega y amor a los demás.

Nuestra mesa se ubica en pleno Barrio de Garrido, en la explanada de Vialia Estación de Salamanca. Ello nos permite llevar a cabo un amplio despliegue por la zona, amén de que es un lugar de bastante tránsito de personas, lo que espero se haya visto reflejado en la recaudación final tras las cuatro horas de cuestación.

En definitiva, con la hucha en una mano y el corazón en la otra, Alberto, Inma, Diego, José María, Zamarreño y servidor, junto a otros voluntarios de la ONG, hemos hecho causa común y con un “buenos días, colaboraría usted con Cruz Roja”, hemos ido llenando de euros estos “bancos buenos”, blancos, con su cruz roja por delante, recibiendo alguna negativa pero que rápido se compensa con grandes gestos, sonrisas y, sin duda, con la satisfacción de que un año más – y como el corazón es el que manda – hemos contribuido humildemente a esta cuestación, más necesaria que nunca.

Espero y deseo que ese blanco de las huchas se haya convertido en verde Esperanza para dar Caridad y Consuelo a tantas y tantos que necesitan de nuestra ayuda y nuestro amor. Gracias a quienes habéis compartido esta mañana conmigo y os espero el próximo año, si el Señor y vosotros así lo tenéis a bien.