12 de agosto de 2012

Aquellos maravillosos años...

"Aquellos maravillosos años" era una serie de finales de los 80 en la que su protagonista, Kevin Arnold" meditaba y narraba todo lo que le había acontecido a lo largo de su vida durante los años sesenta y década de los setenta, años llenos de turbulencias, cambios sociales, económicos y culturales, guerras... todo ello expresado desde el corazón de un niño, en el cual se habían quedado marcados todos y cada uno de aquellos acontecimientos, con independencia de su presencia más o menos protagonista en los mismos.

Un niño lleno de ilusiones, con las "picardías" propias de su edad, generador de innumerables amistades a la vez que de envidias provocadas u ocasionadas por su nunca desapercibida presencia. Gustaba de defender y enseñar a su hermano pequeño y de proteger a su inteligente hermana, con la que los roces siempre se hacían presentes por infinidad de motivos.

Sin duda, un personaje que fue creciendo a lo largo de la serie, que se fue haciendo mayor en todos los sentidos, a fuerza de ir aprendiendo de sus errores, de los consejos de los demás, de su proximidad a sus compañeros y amigos y, por supuesto, sin ser ajeno a lo que acontecía a su alrededor.

Por supuesto que este aficionado bloguero que te escribe no es Kevin Arnold aunque si que le une al pequeño alguna de las peripecias por las que pasó a lo largo de la serie, la cual, todo hay que decirlo, concluyó con un final feliz, de película, muy distinto al mío.

El 23 de marzo pasado supuso todo un vuelco en mi persona, especialmente en el modo de ver las relaciones con los demás, en cuanto a la lealtad, confianza y el valor de la amistad. Es un día que ha quedado marcado en mi corazón para el resto de los días que me queden de vida. Como sabes, ese día presenté mi escrito comunicando el abandono de mis funciones como hermano mayor de la cofradía que dirigía junto a otros compañeros, hecho que debió producirse el Martes Santo como solicitaba. Dimisión de la que alguna vez he me he arrepentido, no por los motivos o causas que la justificaban, sino por las connotaciones que ha tenido a posteriori. Pero de nada sirve lamentarse ya...

Lo que si es cierto es que en la carta que presenté a mis compañeros de Junta de Gobierno ya hacía referencia a ciertos sentimientos que no solo sigo manteniendo, sino que se han acentuado con el tiempo. Decía en ella:

"... Decisión que quiero y deseo vaya acompañada de mis disculpas a todos y cada uno de vosotros y de vosotras, los que estáis y los que ya no están, pues fruto de mi exceso de celo, de responsabilidad, de querer que este proyecto no se viniera abajo, etc., lo que he conseguido es provocar en muchos de vosotros sensaciones o sentimientos que para nada tienen que ver con lo que establece el preámbulo de nuestros estatutos, nuestros fines, nuestro carisma… Es justo que por mi parte reconozca mis errores y arrepentimiento por mis palabras y por mis hechos, siempre  buscando lo mejor para la hermandad, desde mi responsabilidad de hermano mayor, pero difícil de entender por cómo se han ido desarrollando las circunstancias o los acontecimientos. Siento que algunos hayáis entendido mi aportación, mi asunción de responsabilidades en otras áreas, mis decisiones, mis propuestas, etc., como que pretendía ser el dueño y señor de la hermandad. Realmente no era consciente de ello, pues siempre lo he hecho con buena fe y con el ánimo, como he dicho, de ayudar, de hacer equipo y de favorecer los intereses de la hermandad y nunca los míos.

.... Para nada me he sentido utilizado por nada ni por nadie. Estoy seguro que el Señor quiso que pusiera en marcha este proyecto y si ahora he de abandonarlo, sus motivos tendrá. ... Yo soy el que estoy en deuda, pues gracias a la Hermandad he conocido y he convivido con personas maravillosas, con una fe especial, con un corazón limpio, con auténticos ángeles que han tirado de mí, me han ayudado en los momentos difíciles y me han enseñado a comportarme mejor, a ser mejor persona y, lo más grande, me han querido y me han permitido quererles. He convivido con personas que tienen mucho menos que nosotros en cuanto a lo material o económico, pero con un corazón lleno de amor, que te lo dan sin pedirte más que los escuches o les regales tu sonrisa…"

Bien, como te digo, tras cinco meses de más turbulencias, como las de Kevin Arnold, de más despropósitos por mi parte, de haber denunciado públicamente lo que entendía como injusto hacia otras personas, que no conmigo, tras intentar que mis reflexiones fueran tenidas como críticas que ayudasen y animasen a seguir con el proyecto... lo único que he conseguido es que quien me odiaba, me odie aún más; quien me rechazaba, me rechace más; quien me hablaba por compromiso, ya no me dirija la palabra... y lo que es peor, quienes siempre he considerado mis amigos y amigas, entiendan que me estoy vengando de no sé qué cosa, que sólo pretendo hacer daño y, su cariño, su amistad, su presencia en mi vida y yo en la de ellos, ha dejado de exisitir.

Por eso, y porque cada día me levanto con mayor dolor, con mayor pesar, con más y más impotencia, es por lo que "mis pilas" ya no aceptan más recargas. Mi corazón no admite más "tiritas" y mi sentimiento de culpablidad se ha incrementado. A todos y cada uno de los que aparecéis en alguna de las imágenes que he titulado como "Aquellos maravillosos años" y a todos los que no aparezcáis en ellas y que también os hayáis sentido lastimados o heridos en vuestra dignidad por causa de mi comportamiento, solo puedo deciros y solicitaros desde la fe en Nuestro Jesús Despojado, vuestro

PERDÓN

Por supuesto que el blog seguirá informando sobre la hermandad, pero nunca más será utilizado por mi parte para comunicar o denunciar nada con relación a ella, por muy mío que sea o por muy convencido de que la razón me asiste. Podéis estar seguros y seguras de ellos. Un abrazo macareno y feliz verano.