17 de mayo de 2009

Querido hermano, querido José Luis:

Quiso el Señor que ayer sábado estuvieses en mi mente, sin saber por qué. Un correo tuyo llegado a mitad de semana me hizo recordar que debía correspondente al menos con un saludo, hecho que demoré para hoy pues tenía más tiempo. Y he aquí, que al abrir los emails de hoy domingo me encuentro con la agradable y emotiva sorpresa de verte frente al respiradero del palio de la Virgen de las Veredas de Sevilla, disfrutando de lo que más te gusta, y acompañado de nuestros queridos hermanos y amigos Antonio Santiago y Javier Prieto.

Y de nuevo Ella intercede y dice al maestro: ¡Ahí tienes al Guindi! Permítele que toque el martillo, él que te es fiel, él que te admira, él que son tus ojos y tu voz en la trasera del paso, él que siempre está presto y dispuesto, él que te quiere...

Y quiso él, pues es justo donde los haya, que mi amigo "El Guindi", mi hermano José Luis, acariciara el llamador con sus manos, llamase fiao y a la voz de: "siempre de frente, valientes" mandase como el solo se merece el palio de la Señora de las Veredas hasta la misma puerta de la Iglesia.


Esto, relacionado con ganar la liga (y yo soy del Barça) no tiene ni punto de comparación. Felicidad más grande no se puede expresar con palabras. Pero las imágenes hablan por sí solas, tu mirada, tu rostro, tu emoción,... se palpan en esas instantáneas que ya guardo en mi corazón y, como no, en mi ordenador.

De la Gloria de la Virgen de las Veredas a la gloria de una gran persona, que me ha dado su amistad y su cariño de forma incondicional, al que vi con emoción contenida el Miércoles Santo pasar junto a mi por la Plaza del Duque tras la Madre de Dios, de la Palma. Con nerviosismo pude lanzarte una fotografía, sí, como tu me hacías a mi cuando era costalero suyo (no creas, a pesar de sacar a la Reina, mi corazón añora a la cuadrilla y a la gente de la tarde del Miércoles Santo sevillano.)

José Luis, ¡que alegría más grande, hermano! Supongo que los momentos vividos ayer los recordarás para toda tu vida y serán motivo de comentario en tu entorno durante mucho tiempo. ¡Como me hubiera gustado ir bajo la trabajaderas para haberte dicho: ¡Vamonos con Ella al cielo, mi arma!

En fin, hermano. Esta noche, antes de dormir, daré gracias al Señor y a su Bendita Madre de la Esperanza, por haberte regalado una tarde inmensa de felicidad, de emoción, de nervios y de hermandad, de mucha hermandad. Un abrazo macareno para ti, hermano macareno.


Gracias de corazón a http://laparihuela.blogspot.com/2009/05/y-al-final-fue-un-paseo.html y a Edufotografía por prestarme sus fotos para completar este artículo.