27 de abril de 2012

"Al César lo que es del César... "


Estoy seguro de que el título de este post, cuando menos, te habrá llamado la atención, pues no está dentro de los que generalmente suelo utilizar para referirme a los textos o fotografías que me gusta compartir contigo. Todo tiene su explicación, como vas a poder comprobar si eres capaz de no aburrirte con mi reflexión, aprovechando la libertad de decir lo que siento desde que ya no represento a la Hermandad de Jesús Despojado de Salamanca. Es alguna de las cosas positivas que he recuperado después del amargo trance vivido en los últimos 30 días.

Pero no es este blog el espacio desde el que deba hablarte de mi dimisión, como tampoco debieron serlo los medios de comunicación tanto digitales como en papel, pero siempre hay alguien interesado en que las miserias sean objeto de carnaza para entretenimiento de unos cuantos “delincuentes virtuales”, por mucho que me empeñase en que el asunto se llevase con la más absoluta discreción para el propio bien de la corporación. Allá cada cual con su responsabilidad y con su conciencia, no seré yo quien tenga que dar explicaciones por ello.

Los que conocieron los inicios de la última hermandad de penitencia salmantina y especialmente los que contribuyeron a poner los “cimientos” de la misma, conocen sobradamente que uno de los postulados, de los fines, del por qué de la su fundación, era (¿) el amor por y para los demás. Amor que Jesús, nuestro Jesús Despojado, nos dejó como la mejor herencia de su bondad infinita para que continuásemos su ejemplo y lo incorporásemos a nuestro proyecto de vida y de hermandad.

De ahí que el primer acto que celebramos, antes incluso de ser reconocidos con todos los derechos, tuviera lugar en la Residencia de Ancianos de mis - nuestras - queridas madres, las Hermanitas de los Pobres de Salamanca. Una fecha, la del 6 de Enero de 2008, que muchos llevamos en nuestro corazón, pues fue sin duda un auténtico acto de auto-convicción y puesta en positivo de la razón de nuestra existencia. Junto a la formación de los hermanos y la participación en las celebraciones y actos de culto, la caridad y la asistencia social eran los principales y fundamentales intereses que nos movían, ilusionaban y por los que era “una gozada” trabajar y dedicar todo el tiempo y más a favor de lo que había sido el sueño de muchos durante años.

Las Hermanitas de la Pobres, Santa Juana Jugán – su fundadora – y las enseñanzas del Hijo del Padre, fueron el mejor espejo donde mirarnos. Compartir nuestro amor con los residentes o ancianos, como mejor prefieras, aprender de la generosidad de las monjitas, ofrecer nuestro cariño y nuestra atención a quienes nos regalaban su inmenso amor y gratitud, es algo impagable, algo que solo está al alcance de los que tuvimos (y aún tenemos) la oportunidad de frecuentar esa bendita casa.


Tras Sor María Jesús, Sor María del Rosario o Sor María de los Dolores, existe una inagotable lista de nombres que tienen un mismo denominador común: el Amor. Decir Antonio, Rosario, Claudina, Nieves, Elena, Agapito o Sor…, es referirse a Jesús Despojado. Ese Jesús Despojado que mi admirado Francisco Romero Zafra ha sabido dar vida gracias ese don que el Señor le ha concedido, a su magistral capacidad para modelar tallar, policromar,.. Nadie mejor que él para trasladar el carisma de la hermandad a la propia Imagen Titular, carisma que espero siempre esté presente y que el próximo equipo de gobierno tendrá como obligación de dar continuidad, pues el actual, lamentándolo mucho, y siempre desde mi opinión y máximo respeto, no está siendo capaz de llevar a cabo. ¿Por desidia, por falta de experiencia, por desinterés, por qué nunca sintieron esa llamada…? Son preguntas que solo quienes actualmente están al frente de la hermandad sabrán responder y que vienen a reflejar momentos en los que uno se siente infinitamente pequeño, abatido e incluso culpable o responsable por no haber sabido transmitírselo.


Las Hermanitas de los Pobres de Salamanca y todos los miembros que integran la comunidad, fueron las “madrinas” de la Bendición de la Imagen del Señor el pasado 11 de Febrero de 2012. Si para mí como hermano mayor fue todo un honor, estoy seguro que tanto para ellas como para los ancianos, fue un momento de felicidad, de gozo, de satisfacción. Pero “al Cesar lo que es del Cesar…” y era justo otorgar ese nombramiento a quienes habían sido también “nuestras madrinas” en los inicios como te he referido anteriormente.


Pero nada ni nadie hacían presagiar que en poco tiempo la presencia de la hermandad en la residencia iba a convertirse en mero acto testimonial. Y he aquí que quisieron los ancianos agradecer ese gesto de justicia con otro gesto más de su amor incondicional, donando una hermosa túnica para la primera Estación de Penitencia, confeccionada por las mejores manos de una gran mujer, Cristina Domínguez, a quien también profeso mi cariño y admiración como ella sabe.


Túnica que fue bendecida por el Director Espiritual de la hermandad la víspera del Domingo de Ramos en la Capilla de la Residencia, durante la celebración de la eucaristía de la mañana y en la que los miembros de la actual junta de gobierno empezaron a editar su larga lista de desafortunados actos de falta de atención, consideración, reconocimiento y, por qué no, de cariño hacia quienes en este caso, pese a sus dificultades, habían aportado parte de sus pequeños ahorros para que el Señor luciese radiante por las calles salmantinas. Durante el tiempo que duró la celebración de la citada eucaristía y bendición de la túnica, solamente la propia Cristina (su hija Ana) y yo, estuvimos presentes. “A los postres” llegó quien se supone ocupa el cargo de hermano mayor acompañado de sus familiares. Y querido amigo o amiga, me pregunto si no hay acto mayor de desconsideración y afecto hacia quienes en ese momento quisieron sentirse arropados, reconocidos, agradecidos, queridos… por los que siempre hemos dicho eran “nuestras hermanitas, nuestros ancianos”, es decir, los que componemos la hermandad. ¿Eran tantas las ocupaciones que tenían…?


Y el destino, que a veces se empeña en ser caprichoso, quiso que de nuevo la ausencia de los hermanos y de la junta de gobierno se pusiese de manifiesto en uno de los momentos que todos los cristianos y especialmente los cofrades, debemos tener como prioritario al término de la Semana de Pasión: la celebración de la Vigilia Pascual. Por quinto año consecutivo, ésta tuvo lugar en la Residencia, pues las hermanitas nos acogieron cuando nadie nos daba “alojo” para celebrar la Resurrección de Cristo en hermandad. Lástima que la memoria o falta de interés juegue estas malas pasadas y solamente cinco de los cerca de ciento setenta hermanos fuésemos la representación de la hermandad en la noche del Sábado Santo. Entre los cinco, un miembro de la junta de gobierno (¿). De nuevo uno se siente avergonzado y triste al ver las caras de los residentes, de las madres, ante la inexplicable falta de respuesta en un momento que ni en los peores tiempos de la hermandad tuvo tan escasa presencia. Solo el Señor y ellos mismos saben del porqué de esa carencia cuyo adjetivo prefiero obviar para no herir a nadie.


La” obediencia” es para las hermanitas lo que para otros llamamos” traslado o movilidad geográfica”. Y sin apenas tiempo para asumirlo, cuatro de ellas, con la madre superiora al frente, fueron destinadas a otras residencias de España. Y ellas, fieles devotas de Nuestro Padre Jesús Despojado, quisieron despedirse antes de su partida. Despedida no solo de la Imagen que “amadrinaron “el día de su bendición, sino también y como solo ellas saben hacerlo, de la hermandad. Y una vez más el desacierto o el nulo reconocimiento a quienes tanto nos han dado, fueron sus acompañantes. Ver la Iglesia de San Benito, con las hermanitas a los pies del Señor, ofreciéndole sus plegarias y gratitud, sus oraciones destinadas a nosotros, es una escena que pocos corazones podemos guardar, tan pocos como tres. La junta de gobierno y alguno más no quiso, no pudo o no supo estar otra vez a la altura de las circunstancias.


Podía seguir relatando hechos tanto colectivos como individuales que directamente me hacen llegar, pero podría interpretarse esta reflexión como un acto de venganza, de desagravio, de rencor o de despecho hacia quienes en su día no fueron leales con un hermano mayor cualquiera como yo. Nada más lejos de la realidad. Pero “Si al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” es justo que se ponga de manifiesto, al menos por mi parte, que es necesario un cambio de actitud ante tanto cúmulo de despropósitos.

Soy consciente de que para algunos es más importante un mantolín que nunca debió existir, un Vía Crucis con el Señor sin ropa, la organización de un cortejo profesional, la elección del exorno floral del paso o si hay o no que procesionar por si la lluvia hace acto de presencia. De la misma manera que entiendo que todos tenemos muchas y diferentes obligaciones y ocupaciones más allá de lo que hemos aceptado o asumido como representantes de una asociación pública de fieles. Pero cuando se reivindica para sí el derecho a ser dueño de unos actos y funciones, después hay que saber estar a la altura y cumplir con esa demanda. Y lo que es aún más importante: nunca, pero nunca, debemos perder como referencia que una hermandad es más que una procesión, una imagen, por muy bonita que sea, por muchos ríos de tinta que se escriban o muchos videos que se puedan subir a YouTube, Facebook o Tuenti. Si de verdad nos creemos que “Dios es Amor” o “… he venido a servir y no a ser servido” practiquémoslo con el ejemplo de nuestros actos y no nos perdamos en nuestros intereses particulares, pues sin querer estamos dando la espalda a quienes esperan nuestro cariño, nuestra presencia, nuestra gratitud.

Concluyo con una llamada a la Esperanza. Esperanza que estoy seguro hará modificar esta situación, conseguirá hacernos reflexionar y de nuevo retomar el rumbo de un barco que alguien un día presagió iba a la deriva y no quise escucharle. Con la ayuda de Nuestra Madre María Santísima, el auxilio del Espíritu Santo y la presencia de Jesús en nuestros corazones, estoy seguro de que esa primera piedra que algunos pusimos se convertirá en el futuro en un sólido grupo donde los que hoy solo se preocupan de su ego, de su protagonismo o de quedar bien ante otros, mañana sean verdaderos discípulos de Cristo dando testimonio de su fe.

Quedaría bien si terminase pidiendo disculpas por lo que aquí he manifestado, pero como mi conciencia está absolutamente tranquila y estoy convencido de que lo que he dicho es cierto, nadie tiene por qué sentirse ofendido.

“La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo sino que avance llevando en mí nada más que el temor a Dios.” (Mahatma Gandhi)