27 de septiembre de 2010

Procesión Extraordinaria Esperanza Macarena (3)

Con una puntualidad más propia de una hermandad de negro que de capa, la basílica abría sus puertas a las tres de la madrugada (hora prevista para la salida). Un gesto que agradeció con un efusivo aplauso el numeroso público que abarrotaba Resolana desde antes de la medianoche.

Se anunciaba multitudinaria, y desde luego así lo ha sido. La procesión contó con numeroso público en todo su recorrido. A la salida, en el Arco, por Don Fadrique... El paso, sin bambalinas ni varales algo que no se veía desde 1946 cuando salió por el patronazgo de la Virgen de los Reyes, se adentró por el vecindario que habita al otro lado de la Ronda Histórica. Desde luego, macareno 100%. Ellos, los vecinos de calles como Sánchez Pizjuán o la Venta de los Gatos, se volcaron con la decoración de sus fachadas. Mantones de Manila, colgaduras de damasco rojo y hasta altares colgantes en las terrazas con cuadros de la Macarena, guardabrisones, centros de flores y cortinajes con encajes. Obras efímeras hechas con amor de barrio que bien merecían algún premio por parte del distrito.

Uno de los momentos más concurridos fue el paso de la Macarena por el puente del Alamillo. Pasaban unos minutos de las seis de la mañana, cuando la Virgen de la Esperanza protagonizaba una de las fotos del día: su paso por la pasarela construida para la Expo'92 y bajo las aguas de un río, que por primera vez reflejaba el rostro de la Macarena.

Estaba a rebosar. Cientos de personas se apostaban sobre él para inmortalizar con sus cámaras de fotos, e incluso con los móviles, la imagen inédita. Los pisotones, empujones y aplausos se sucedían sobre un puente que temblaba a los sones de Pasa la Macarena.

Y como Madrugá que se precie, no faltó el momento de distensión y avituallamiento. Las frondosidades del parque del Alamillo, ya en la Isla de la Cartuja, se convirtieron en la Encarnación de la mañana del Viernes Santo. Un cortejo desperdigado, tramos de cirios apagados y papelones de calentitos para que el cuerpo se entone al relente de la amanecida. En el primer tramo del parque se había habilitado, con bastante acierto, una zona de cafetería con chocolate, café y churros.

Ya con el alba despuntando, la Virgen de la Esperanza pisó una alfombra de hojas verdes hecha para Ella por técnicos del Alamillo; así como una ofrenda floral que realizó el propio director del recinto, Adolfo Fernández Palomares.

Los ojos cansados de los trasnochadores iban presenciando el desembarco masivo de cientos de autobuses provenientes de distintos puntos de España. Llegaba refuezo para la bulla delante del paso. Era el relevo de una noche que se consumía mientras que la luz del día destapaba un cielo nublado y amenazante, para más señas, "un cielo de Viernes Santo por la mañana", como bromeaban los costaleros al salir de las trabajaderas. Alcanzada la catedral, Madre María de la Purísima aguardaba su subida a los altares.


Información:Manuel J. Fernández, Sevilla
http://www.elcorreoweb.es/sevilla/103825/madruga/historica
























Fotografías realizadas por Diego Porteros. Mucha gracias "Celata". Si tu no hubieses estado allí, esto no hubiera sido posible... Gracias también a la edicción de ABC de Sevilla por su noticia.