23 de diciembre de 2013

Último Ángelus antes de Navidad: Con María y José caminamos juntos a Belén, dice el Papa

Gracias a Aciprensa, comparto contigo la meditación que el Papa Francisco nos ha regalado en éste, su último Ángelus antes de la Navidad, y que a mi juicio es toda una apuesta - ya era hora - por situar a la figura de "José" en los justos términos, huyendo de descalificativos jocosos hacia su persona por el mero hecho de aceptar la voluntad de Dios, dentro de un contexto en el no muchos hombres habrían estado dispuestos a dar un paso de esa naturaleza y compromiso.

Nuestra condición de "machos" muchas veces nos ha cegado hasta extremos inimaginables, cuando menos a la hora de admitir contraer matrimonio con una mujer embarazada de alguien que no eres tú. Por suerte, estas actitudes trasnochadas han ido cambiando con el transcurrir de los tiempos y hoy día los hombres no reparamos en la prole que pueda traer aparejada una mujer al enamorarnos de ella. "Amor puro y duro", como el que San José mostró no sólo por la Santísima Virgen - que no es poco - sino por y hacia el Señor, en cuyas manos depositó su corazón para que su voluntad fuese la que prevaleciera por encima de egoísmos, prejuicios, miedos, etc.

Por desgracia, en este caminar de los tiempos, nuestras conductas no han ido parejas a los aires de libertad mencionados. Más bien al contrario, pues cada día más se acentúan los recelos, las envidias, los odios y los rencores entre los hombres, en todas las sociedades y órdenes de la vida. El poder nos sigue cegando; las ansias de posesión, de ambición y "el todo vale" son hechos que se instalan en nuestra mente y, lo que es peor, en nuestro corazón, corrompiendo todo aquello que tiene relación con el respeto, la tolerancia y con el mensaje de Amor que Jesús nos legó, el amor al prójimo.

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Como te decía en la introducción de este post, en el último Ángelus que ha presidido  antes de la celebración de Navidad, el Papa Francisco ha señalado que con María y José “caminamos juntos hacia Belén”.


“Nos disponemos entonces a celebrar la Navidad contemplando a María y a José: María, la mujer llena de gracia que ha tenido el coraje de encomendarse totalmente a la Palabra de Dios; José, el hombre fiel y justo que ha preferido creer al Señor en lugar de escuchar las voces de la duda y del orgullo humano”.

El Santo Padre ha indicado que “en este IV Domingo de Adviento, el Evangelio nos relata los hechos que precedieron al nacimiento de Jesús, y el evangelista Mateo los presenta desde el punto de vista de San José, el esposo prometido de la Virgen María”.

“José y María vivían en Nazaret; aún no habitaban juntos, porque el matrimonio todavía no se había celebrado. Mientras tanto, María, después de haber acogido el anuncio del Ángel, estaba encinta por obra del Espíritu Santo. Cuando José se da cuenta de este hecho, permanece desconcertado”.


“El Evangelio no explica sus pensamientos, pero nos dice lo esencial: él trata de hacer la voluntad de Dios y está dispuesto a la renuncia más radical”.

Francisco ha remarcado que “en lugar de defenderse y de hacer valer sus propios derechos, José elige una solución que para él representa un enorme sacrificio. Y el Evangelio dice: ‘Como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto’”.

“¡Esta breve frase resume un verdadero y propio drama interior, si pensamos en el amor que José tenía por María! Pero también en semejante circunstancia, José desea hacer la voluntad de Dios y decide, seguramente con gran dolor, despedir a María en secreto”.

El Papa ha querido también subrayar que “es necesario meditar sobre estas palabras, para entender cuál fue la prueba que José tuvo que sostener en los días que precedieron el nacimiento de Jesús. Una prueba semejante a la del sacrificio de Abraham, cuando Dios le pidió a su hijo Isaac: renunciar a lo más precioso, a la persona más amada”.

“Pero, como en el caso de Abraham, el Señor interviene: ha encontrado la fe que buscaba y abre un camino diverso, un camino de amor y de felicidad: ‘José – le dice – no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo’”.

“Este Evangelio nos muestra toda la grandeza de espíritu de San José”.

Francisco ha referido que José “estaba siguiendo un buen proyecto de vida, pero Dios reservaba para él otro designio, una misión más grande”.


“José era un hombre que escuchaba siempre la voz de Dios, profundamente sensible a su secreto deseo, un hombre atento a los mensajes que le llegaban de lo profundo del corazón y de lo alto. No se obstinó en perseguir su proyecto de vida, no permitió que el rencor le envenenara el ánimo, sino que estuvo listo para ponerse a disposición de la novedad que se le presentaba de modo desconcertante. Y así, ¡era un hombre bueno! No odiaba, y no permitió que el rencor le envenenara el ánimo”.

“¡Pero cuántas veces a nosotros el odio, también la antipatía, el rencor nos envenenan el alma! ¡Esto hace mal! No lo permitan jamás, él es un ejemplo de esto. Y de este modo José se volvió más libre y grande aún”.

Francisco, para terminar, ha señalado que “aceptándose según el designio del Señor, José se encuentra plenamente, más allá de sí mismo. Esta libertad suya de renunciar a lo que es suyo, a la posesión de su propia existencia, y esta plena disponibilidad interior suya a la voluntad de Dios, nos interpelan y nos muestran el camino”.


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