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20 diciembre 2013

Semillas para la reflexión - El Misterio de la Encarnación (Navidad 2013)



Hace más de diez años conservo con cuidado un artículo firmado en EL PAÍS por Félix de Azúa en el que leemos estas palabras: “Católicos, no os dejéis arrebatar la gloria de la carne… Quienes no tenemos la fortuna de creer, os envidiamos ese milagro, a saber, que para Dios (ya que no para los hombres) nuestra carne tenga la misma dignidad que nuestro espíritu, si no más, porque también sufre más el dolor. Rezamos para que estéis en la verdad y nosotros en la más negra de las oscuridades”.

¡La carne! ¿Cómo vamos a olvidar su gloria? La carne fue asumida por Jesucristo. En el prólogo de San Juan se proclama solemnemente: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Así también lo rezamos en la oración del Ángelus.

Recuerdo de niño, en mi parroquia, cuando se cantaba la misa. El coro, con bella polifonía, iba cantando el símbolo de la fe; pero en un momento se hacía el silencio, todo el pueblo se ponía de rodillas, y un solista entonaba el“Et incarnatus est (y se hizo carne)”. Aquella escena podía recordar a los pastores, en la cueva de Belén, adorando al niño. El eco de la oración colecta de la misa aún se sentía en medio de la asamblea: “Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu Hijo…”.


¿Cómo vamos a olvidar los católicos la gloria de la carne? Por la encarnación de Jesucristo, nuestra propia carne está llamada a salir del sepulcro y resucitar para una vida nueva. ¿No decimos también en el Credo Creo en la resurrección de la carne?

Juan Manuel de Prada en su artículo La gloria de la carne, publicado en la Tercera de ABC el 26 de julio de 2012, escribió “Dios no llega a nosotros en primer lugar por una predicación de sabiduría o por un ejemplo de virtud, sino por la carne (en esto consiste la Encarnación); y al bajarse y aceptar nuestra naturaleza, se hace una sola carne con nosotros, en una suerte de desposorio eterno”.

Benedicto XVI vuelve sobre el milagro de la encarnación en su libro sobre Jesús:

- Entonces, ¿es cierto lo que decimos en el Credo: “Creo en Jesucristo, su único Hijo (de Dios), nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu santo, nació de santa María Virgen”?

- La respuesta es un “sí” sin reservas. Kart Barth ha hecho notar que hay dos puntos en la historia de Jesús en los que la acción de Dios interviene directamente en el mundo material: el parto de la Virgen y la resurrección del sepulcro, en el que Jesús no permaneció ni sufrió la corrupción. Estos dos puntos son un escándalo para el espíritu moderno. A Dios se le permite actuar en las ideas y los pensamientos, en la esfera espiritual, pero no en la materia. Esto nos estorba. No es éste su lugar. Pero se trata precisamente de eso, a saber, de que Dios es Dios, y no se mueve sólo en el mundo de las ideas. En este sentido, se trata en ambos campos del mismo ser-Dios de Dios. Está en juego la pregunta: ¿le pertenece también la materia?


Naturalmente, no se pueden atribuir a Dios cosas absurdas o insensatas o en contraste con su creación. Pero aquí no se trata de algo irracional e incoherente, sino precisamente de algo positivo: del poder creador de Dios, que abraza a todo ser. Por estos dos puntos –el parto virginal y la resurrección real del sepulcro- son piedras de toque de la fe. Si Dios no tiene poder también sobre la materia, entonces no es Dios. Pero sí que tiene ese poder, y con la Concepción y la Resurrección de Jesucristo ha inaugurado una nueva creación. Así, como Creador, es también nuestro Redentor. Por eso la concepción y el nacimiento de Jesús de la Virgen María son un elemento fundamental de nuestra fe y un signo luminosos de Esperanza”.


En estos días de NAVIDAD recuerdo a todos los amigos, busco sus direcciones y les envío un mensaje de FE y ESPERANZA. Mi oración por vosotros y los vuestros. Que Dios os bendiga.

"No te prives de pasar un buen día" (Si 14, 14)

Florentino Gutiérrez. Sacerdote

12 octubre 2013

SEMILLAS PARA LA REFLEXIÓN - LOS NUEVOS PAGANOS Y LA IGLESIA

Comenzamos este 2013 con una nueva colaboración de D. Florentino Gutiérrez Sánchez, Vicario General de la Diócesis de Salamanca, quien nos invita, en este final del Año de la fe, a reflexionar sobre la necesidad de evangelización a los "paganos" de nuestra época.


En 1958, y con este título, el profesor Joseph Ratzinger pronunció una conferencia en Freising, ofreciendo un pronóstico inquietante: la Iglesia se ha convertido en una comunidad de paganos, que han dejado de creer. Puede que aquí radique la decisión del viejo profesor, luego Benedicto XVI, de proclamar un nuevo Año de la Fe.

La revista Alfa y Omega, en su número 793 / 05-VII-2012, publica un fragmento de aquella lección magistral que debe ser tenido en cuenta. Recordamos unos párrafos.

1 – La Iglesia de hoy, comunidad de paganos.

El rostro de la Iglesia en los tiempos modernos está conformado por el surgimiento de una forma completamente nueva de Iglesia de los paganos, y todavía lo será más en el futuro: no como antes, una Iglesia de paganos convertidos en cristianos, sino una Iglesia de paganos que todavía se llaman a sí mismos cristianos. El paganismo está presente hoy en la Iglesia misma y éste es el signo tanto de la Iglesia de nuestros días, como del nuevo paganismo.

2 – La Iglesia, ¿único camino de salvación?

A los cristianos de hoy, les resulta impensable que el cristianismo, más concretamente la Iglesia católica, debe ser el único camino de salvación. Con ello, se ha convertido en cuestionable el carácter absoluto de la Iglesia y, por lo tanto, la exigencia de la misión. No podemos creer que el hombre que vemos junto a nosotros, que es un ser humano espléndido, servicial y bueno, vaya a ir al infierno sólo por no ser católico practicante. La idea de que todos los hombres buenos se salvan es ahora, para el cristiano normal, tan evidente, como antes lo era la convicción de lo contrario. El creyente se pregunta entonces un poco confuso: ¿Por qué lo tienen tan fácil los de afuera, cuando a nosotros se nos ponen las cosas tan difíciles? Se llega allí a percibir la fe como una carga, no como gracia.

3 – La Iglesia es el único camino de salvación

Trato de responder a estos cristianos que sólo hay un camino de salvación, Cristo, que concierne al mundo entero, a los muchos (es decir, a todos), pero, al mismo tiempo, Él dejó claro que su lugar es la Iglesia... Pero Dios no divide a la Humanidad entre los pocos y los muchos, para arrojar a éstos a la fosa de desechos, y para salvar a aquéllos, sino que se sirve de los pocos como el punto de equilibrio de Arquímedes para elevar a los muchos hacia Él. Ambos tienen su camino de la salvación, que es diferente, sin romperse la unidad del camino. Uno puede entender esto sólo cuando comprende que la salvación del hombre reside en el hecho de que es amado por Dios, que su vida al final se encuentra en los brazos del amor infinito. Sin ello queda vacío todo lo demás.

4 – Jesucristo es el único Salvador

En contraposición a Cristo, todos somos indignos de salvación, ya seamos cristianos o no cristianos, creyentes o no creyentes, personas morales o inmorales. Nadie merece la salvación, salvo Cristo. Pero justamente aquí se produce un maravilloso intercambio. A la Humanidad entera le corresponde la reprobación; a Cristo, únicamente, la salvación, pero en un intercambio sagrado sucede lo contrario: Él toma sobre sí todo el mal y deja así libre para todos nosotros el lugar de salvación.

La cuestión de la salvación del hombre se plantea de forma errónea cuando se aborda desde abajo, como una cuestión de cómo las personas se justifican. La salvación del hombre no es cuestión de auto-justificación, sino una justificación por la gracia gratuita de Dios. Se trata de ver las cosas desde arriba.

A todos los amigos, les deseo un comienzo de curso lleno de ilusión y trabajo. La mies es mucha y los obreros pocos. Hay mucho que hacer.

Que el Señor os bendiga e ilumine. Un abrazo

Florentino Gutiérrez. Sacerdote

25 febrero 2013

Semilla para la reflexión - Semillas de Cuaresma 2013


OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES


Uno de los objetivos de la Iglesia en nuestro tiempo es la opción preferencial por los pobres. Ante esta opción, evangélica plenamente, hacemos una breve reflexión.

¿Qué es la “opción preferencial por los pobres”? Juan Pablo II, en dos de sus documentos, nos ofrece la respuesta: “Esta es una opción o forma especial de primacía en el ejercicio del amor cristiano del que da testimonio toda la tradición de la Iglesia. Afecta la vida de todo cristiano en cuanto trata de imitar la vida de Cristo, pero se aplica igualmente a nuestras responsabilidades sociales y por tanto a nuestra manera de vivir y a las decisiones que deben tomarse respecto de la propiedad y uso de los bienes” (Sollicitudo rei socialis, 42). “Recordando que Jesús ha venido a evangelizar a los pobres, ¿cómo no subrayar con más decisión la opción preferencial por los pobres y marginados?” (Tercio milenio adveniente, 51).

El mismo Juan Pablo II nos describe la triste realidad de la pobreza que malvive al lado mismo de nuestra opulenta sociedad: “Inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza en un futuro mejor. No se puede olvidar la existencia de esta realidad. Ignorarlo sería parecernos al “rico epulón”, que fingía no conocer al mendigo Lázaro, postrado a su puerta”. (Sollicitudo rei socialis, 42). “En los países occidentales existe la pobreza múltiple de los grupos marginados, de los ancianos y enfermos, de las víctimas del consumismo, y más aún la de tantos prófugos y emigrados” (Centessimus annus, 57).

Mucho antes, en las páginas de la Escritura, se nos habla del mismo tema.

En el Antiguo Testamento se muestra el amor permanente de Dios para con los pobres: “Por la miseria de los desvalidos y el gemido de los pobres me levantaré ahora, dice el Señor” (Sal 11, 6). El amor de Dios a los pobres compromete al hombre a seguir su ejemplo: “Sus ojos miran al pobre y sus cejas interrogan a los hijos de los hombres”. (Sal 10, 5). La oración del creyente aclama al Dios de los pobres: “Tú eres el Dios de los humildes, el defensor de los pequeños, apoyo de los débiles, refugio de los desvalidos, salvador de los desesperados” (Judit 9, 12).

Jesús, ya en el Nuevo Testamento, afirma que ha sido enviado a “anunciar a los pobres la Buena Noticia” (Lc 4, 18). El Maestro nos revela que esta misión va a ser necesaria hasta el final de los tiempos. Así lo anuncia en el Evangelio: “Siempre tendréis pobres entre vosotros” (Mt 26, 11). Más aún, Jesús se identifica con los pobres: “Tuve hambre y no me disteis de comer” (Mt 25, 31).

Benedicto XVI, en su primera encíclica, habla de la caridad social como un verdadero deber de la Iglesia: “La misión de los fieles es, por tanto, configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y cooperando con los otros ciudadanos según las respectivas competencias y bajo su propia responsabilidad. Aunque las manifestaciones de la caridad eclesial nunca pueden confundirse con la actividad del Estado, sigue siendo verdad que la caridad debe animar toda la actividad de los fieles laicos y, por tanto, su actividad política, vivida como caridad social” (Dios es amor, 29).

Jon Sobrino, promotor de la opción fundamental por los pobres, evocando la parábola del buen samaritano, dijo: “Todo ser humano se encuentra con un herido en el camino y ante él solo hay dos reacciones posibles: o pasar de largo e ignorarlo o acercarse a él, curarle y llevarle a lugar seguro. Esto último es el contenido de la opción por los pobres”.

Florentino Gutiérrez. Sacerdote y Vicario General de la Diócesis de Salamanca


18 enero 2013

Semillas para la reflexión: Palabras de Miguel de Unamuno


SEMILLAS DE UNAMUNO


Nace en Bilbao en 1864. En 1900 es nombrado Rector de la Universidad de Salamanca. En 1924 es desterrado a la isla de Fuerteventura. En 1930 vuelve del destierro a su cátedra. En 1936, el 31 de diciembre, muere en Salamanca.

Repasemos algunos de sus apasionados textos.

1 – Crítica a la sociedad materialista
“He aquí por qué me causa tristeza el radicalismo de algunas de nuestras masas populares y no espero nada fecundo de él. Al radicalismo popular español, y acaso el radicalismo popular de los demás países llamados latinos, o sea, en rigor, católicos, le falta sustancia y aliento religiosos. El punto flaco de nuestro socialismo, verbigracia, es su confusa noción del fin supremo de la vida individual.

Vamos a mejorar la condición económica del hombre, ¡bien!; vamos a hacer que no haya pobres ni ricos, ¡perfectamente!; vamos a lograr que con un moderado trabajo satisfagamos nuestras necesidades todos. ¡Muy bien!; ¿y después? Ya tenemos una sociedad como la sueñan Bebel o Kropotkine, ¿y qué será de cada uno de nosotros en ella? ¿Cuál será el fin de esa sociedad? ¿Para qué vivimos?

“¡Enriqueceos!”, decía el calvinista Guizón a la burguesía católica de Francia. ¡Enriqueceos! ¡Muy bien! ¿Y después, cuando seamos ricos?

País en que las gentes no piensan sino en enriquecerse, es país… no quiero pensar qué país es ése. Baste decir que, por lo menos, yo me moriría en él de frío, de vergüenza, de asco” (Ensayo escrito en Salamanca, en 1909, titulado “Materialismo popular”).


2 – Defensa de una sociedad espiritual
“El hombre que no quiere pensar en ciertos problemas eternos, es un embustero y nada más que un embustero. Y así suele ir tanto en los individuos como en los pueblos la superficialidad unida a la insinceridad. Pueblo irreligioso, es decir, pueblo en que los problemas religiosas no interesan a casi nadie –sea cual fuere la solución que se les de- es pueblo de embusteros y exhibicionistas, donde lo que importa no es ser, sino parecer ser” (Ensayo“Verdad y vida”, escrito en febrero de 1908).


3 – Su testimonio personal
“Nadie ha logrado convencerme racionalmente de la existencia de Dios, pero tampoco de su no existencia; los razonamientos de los ateos me parecen de una superficialidad y futileza mayores aún que los de sus contradictores. Y si creo en Dios, o por lo menos creo creer en Él, es, ante todo, porque quiero que Dios exista, y después, porque se me revela, por vía cordial, en el Evangelio y a través de Cristo y de la historia. Es cosa de corazón. (…) Si se tratara de algo en que no me fuera la paz de la conciencia y el consuelo de haber nacido, no me cuidaría acaso del problema; pero como en él me va mi vida toda interior y el resorte de toda mi acción, no puedo aquietarme con decir: ni sé ni puedo saber. No sé, es cierto; tal vez no pueda saber nunca, pero “quiero” saber. Lo quiero y basta.

Y me pasaré la vida luchando con el misterio y aun sin esperanza de penetrarlo, porque esa lucha es mi alimento y es mi consuelo. Sí, mi consuelo. Me ha acostumbrado a sacar esperanza de la desesperación misma Y no griten ¡paradoja! los mentecatos y los superficiales” (Ensayo titulado “Mi religión”, escrito en 1907).


4 – Su oración
“Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar. La hiciste para los niños, yo he crecido a mi pesar. Si no me agrandas la puerta, achícame, por piedad; vuélveme a la edad bendita en que vivir es soñar”.



Florentino Gutiérrez. Sacerdote Salamanca, 31 de diciembre de 2011
www.semillacristiana.com

11 septiembre 2012

Semillas para la Reflexión: El Celibato Sacerdotal, un gran signo de la Fe

Ante el inminente Año de la Fe, los sacerdotes y los religiosos, humildemente, podemos poner sobre la mesa común una ofrenda: nuestro celibato.

Que Dios quiera llenar de dones a la Iglesia y al Mundo en este Año de Gracia.

Que Dios te bendiga. 

Florentino Gutiérrez, sacerdote - Vicario General de la Diócesis de Salamanca. 


El 10 de junio de 2010, Benedicto XVI mantuvo un coloquio en la Plaza de San Pedro, ante unos 15.000 sacerdotes, en una vigilia de oración para la clausura del Año Sacerdotal. Un sacerdote eslovaco y misionero en Rusia preguntó al Santo Padre sobre el celibato y sus dificultades actuales. Resumimos aquí las palabras del Papa.

I – Fundamento permanente y vital de nuestro celibato

1 – La celebración de la Eucaristía

“El centro de nuestra vida debe ser realmente la celebración cotidiana de la Santa Eucaristía; y aquí son centrales las palabras de la consagración: “Esto es mi cuerpo, esta es mi Sangre”; es decir, hablamos in persona Christi. Cristo nos permite usar su “yo”, hablamos en el “yo” de Cristo, Cristo nos “atrae hacia sí” y nos permite unirnos, nos une con su “yo”. (…) Esto quiere decir que somos atraídos al Dios de Cristo: es esta unión con su “yo” que se realiza en las palabras de la consagración. También en el “yo te absuelvo” – porque ninguno de nosotros podría absolver de los pecados – es el “yo” de Cristo, de Dio, el único que puede absolver”.

2 – El celibato como anticipación

“Es importante que nos dejemos penetrar siempre de nuevo por esta identificación del “yo” de Cristo con nosotros, de este ser “sacados” hacia el mundo de la resurrección. (…) Por tanto, el celibato es una anticipación hecha posible por la gracia del Señor, que nos “atrae” a si hacia el mundo de la resurrección; nos invita siempre de nuevo a trascendernos a nosotros mismos, este presente, hacia el verdadero presente del futuro, que se convierte en presente hoy. Y aquí estamos en un punto muy importante. Un gran problema de la cristiandad en el mundo de hoy es que no se piensa ya en el futuro de Dios: parece suficiente solo el presente de este mundo. Queremos tener solo este mundo, vivir solo en este mundo. Así cerramos las puertas a la verdadera grandeza de nuestra existencia. El sentido del celibato como anticipación del futuro es precisamente abrir estas puertas, hacer más grande el mundo, mostrar la realidad del futuro que es vivido por nosotros ya como presente”.

II – Dificultades en las que nos encontramos en nuestro tiempo.

1 – El gran escándalo

“Es verdad que para el mundo agnóstico, el mundo en el que Dios no tiene nada que ver, el celibato es un gran escándalo, porque muestra precisamente que Dios es considerado y vivido como realidad. Con la vida escatológica del celibato, el mundo futuro de Dios entra en las realidades de nuestro tiempo. ¡Y esto debería desaparecer! En un cierto sentido, puede sorprender esta crítica permanente contra el celibato, en un tiempo en el que está cada vez más de moda no casarse. Pero este no casarse es algo totalmente, fundamentalmente distinto del celibato, porque el no casarse se basa en la voluntad de vivir solo para sí mismos. (…) Mientras que el celibato es precisamente lo contrario: es un "sí" definitivo, es un dejarse tomar de la mano por Dios. (…) Por ello el celibato confirma el "sí" del matrimonio con su "sí" al mundo futuro”.

2 – Los escándalos secundarios

“Sabemos que junto a este gran escándalo, que el mundo no quiere ver, están también los escándalos secundarios de nuestras insuficiencias, de nuestros pecados, que oscurecen el verdadero y gran escándalo, y hacen pensar: “¡Pero no viven realmente fundados en Dios!”. ¡Pero hay mucha fidelidad! El celibato, precisamente las críticas lo muestran, es un gran signo de la fe, de la presencia de Dios en el mundo”.

06 junio 2012

Semillas para la reflexión: El día de la Caridad - Corpus Christi 2012


LA POBREZA DE EUROPA                          

Ahora hablamos de crisis y, sobre todo, crisis económica. Pero la crisis, la pobreza, que padece hoy Europa es anterior y más profunda. Repasemos algunas voces de alerta.

El cronista político, bohemio y albense, José Sánchez Rojas, en su “Tratado de la perfecta novia”, describe el comienzo del siglo XX: “Hemos de retornar a Cristo para salvarnos. De otro modo pereceremos con la Bolsa, con el Burdel, con los Cuarteles, con las Sacristías, con la Bomba y con el Puñal. Porque el mundo está hambriento y no cree, sediento de oro y no le dan más que papeles, hambriento de carne y exhausto de espíritu, deseoso de mostrar su brutalidad a pesar de moverse en una anemia colectiva, envenenado por el fari­seísmo y por la hipocresía, porque dejó de te­ner fe y de tener Amor. Al materialismo del siglo XIX sigue el racionalismo del XX. La guerra ha tendido una honda costra de mise­ria y podredumbre sobre el mundo. Se han quebrado los falsos valores, pero también los verdaderos, y los hombres no aciertan a ver la Cruz en el altozano más prominente del Calvario sino las Riquezas, el Placer, la Brutalidad, la Hipocresía y la Materia, que son sus ídolos”.

En la tercera de ABC del día 11 de agosto de 2011, Ignacio Sánchez Cámara, catedrático de Filosofía del Derecho, publica un artículo titulado “La barbarie de Europa”. En él escribe: “Y termino con el diagnóstico final y más certero de Ortega: lo que sucede es que Europa se ha quedado sin moral. La crisis es radical, moral, pues consiste, ante todo, en la ausencia de metas, ideales y proyectos vitales. De ahí deriva la sensación de decadencia, de falta de tareas, de que todo está permitido, porque no hay obligaciones ni deberes. Precisamente por eso, la solución no puede ser política ni, por supuesto, económica. Todo eso pertenece al ámbito de la superficie. Y la crisis es profunda, abismal. Un remedio político o económico vendría a ser algo así como intentar rebajar en un grado la fiebre del agonizante. Y al final, desembocamos en una reivindicación un tanto gremial. Pues va a resultar que el remedio se encuentra en la filosofía, esa especie de pequeña vitamina de la inteligencia, que no puede aspirar a gobernar al hombre, pero que, sin su concurso, éste irremediablemente enferma o muere. Al cabo, nuestro problema es una cuestión de veracidad y verdad. No saldremos del marasmo si no encontramos ciertas verdades para la vida. Pero para encontrarlas hay que buscarlas, y no pensar que la verdad habita ya en nuestros intereses y prejuicios. Europa vive hoy menesterosa de lo que un día casi le sobró; vive menesterosa de verdad”.

Benedicto XVI, a su llegada a Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud, el 18 de agosto de 2011, dijo: “Ciertamente, no faltan dificultades. Subsisten tensiones y choques abiertos en tantos lugares del mundo, incluso con derramamiento de sangre. La justicia y el altísimo valor de la persona humana se doblegan fácilmente a intereses egoístas, materiales e ideológicos. No siempre se respeta como es debido el medio ambiente y la naturaleza, que Dios ha creado con tanto amor. Muchos jóvenes, además, miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno, o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro. Hay otros que precisan de prevención para no caer en la red de la droga, o de ayuda eficaz, si por desgracia ya cayeron en ella. No pocos, por causa de su fe en Cristo, sufren en sí mismos la discriminación, que lleva al desprecio y a la persecución abierta o larvada que padecen en determinadas regiones y países. Se les acosa queriendo apartarlos de Él, privándolos de los signos de su presencia en la vida pública, y silenciando hasta su santo Nombre”.



Florentino Gutiérrez. Sacerdote - Vicario General Diócesis de Salamanca     

08 noviembre 2011

Semillas para la Reflexión - Semillas por tantos...

PALABRAS DE JOSÉ MANUEL LÓPEZ

El 26 de noviembre de 2010, El Diario Montañés publicaba un artículo que llamó mi atención y me apresuré a recortarlo para mi colección de textos interesantes. Un ateo que marca la X para la Iglesia Católica era el título del texto que firmaba José Manuel López Vega, médico especialista en Oncología en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander (Cantabria). Por su interés le transcribo entero:

“Si es reprochable empezar hablando de uno mismo, también será esclarecedor decir de entrada que mi pensamiento y mi vida discurren ajenos a los dioses, en general, y al Dios de los católicos en particular. No comulgué ni fui confirmado, me casé por lo civil, mis dos hijos no fueron bautizados y han estudiado en escuelas laicas, como su padre. Por lo breve, digo, ni soy católico ni aguardo orientación de ninguna fe religiosa, la que fuere. ¿A qué viene, entonces, mi chocante postura de destinar la X del IRPF a la Iglesia Católica? Algunos la tildarán de gracieta simplona, otros de contradicción incomprensible, de inane provocación, etcétera. Nada opongo a tales opiniones, menos aún si sustentan la idea, más o menos refinada, de que seré aproximadamente un gilipollas. Pero si alguien desea curiosear en por qué un ateo marca su X a favor de la Iglesia, quizá le interesen mis tres razones principales:

1ª. Ante las privaciones de muchos seres humanos (no solo en países subdesarrollados), es natural fomentar la ayuda y la cooperación. Que se describan con palabras como solidaridad, compasión, justicia o caridad es lo de menos; lo crucial es canalizarlas a través de organizaciones eficientes.

Ya sé que existen las recientes criaturas llamadas oenegés, pero cómo negar el papel histórico de las misiones católicas y de Cáritas en ese terreno. No estableceré un ranking de altruismo, pero yo, siendo ateo, dudo que los recursos administrados por la Iglesia sean desdeñables o necesariamente sustituibles: voto por mantenerlos.

2ª. Para explicar la idea de Europa -y no digamos la de España- a un extraterrestre, sería imposible obviar el catolicismo. Entre nosotros, terrícolas, sería fatigoso desgranar su legado intelectual, arquitectónico, ético y artístico. Asistí recientemente a la misa dominical en un convento de clarisas, con su olor inefable a musgo e incienso. A mediodía, las monjas ocupan un coro, allá por el ábside; los fieles llenan la pequeña nave y el cura lee sugestivos textos, y lo hace bien, y por un momento me siento parte de algo más grande y más permanente que yo, algo que sosiega la respiración y atempera el pulso, sin necesidad de lapidar a nadie. Y luego visité otra iglesia, donde se cantaban bellísimas habaneras de tema religioso. Voto por ese espíritu de paz y concordia, aunque yo no sea creyente.

3ª. Justo por no serlo, me parece inexplicable el furor obsesivo por bajar los crucifijos de los colegios. No veo qué daño causan los símbolos de una fe que no me asiste, pero sí ilustra mi paisaje histórico y emocional. Me espanta el fanático que se jacta de clausurar escuelas católicas o quemar frailes. No concibo que un absurdo revanchismo haga saludar a gobernantes infames como Chávez y ningunear al Papa, líder espiritual de muchos compatriotas. A mi juicio de ateo, es lógico y deseable que el Estado sea laico, pero sucede que España no lo es. Hay vida inteligente fuera del Estado, así que pongo la X para la Iglesia Católica, no vaya a ser que algún insensato la destine a construir mezquitas y tengamos que resucitar a don Juan de Austria”

Aquí tenemos las razones de un ateo para poner la X en la casilla de la Iglesia católica.

¿Qué razones tenemos los creyentes?

La Iglesia católica agradece a unos y a otros ese pequeño gesto. Que Dios os lo pague.


Florentino Gutiérrez. Sacerdote y Vicario General de Salamanca


(El sábado 12, a las 19,30, tendremos una misa en la Catedral Vieja de Salamanca para celebrar la Iglesia Diocesana)

01 agosto 2011

PALABRAS DE JEAN JAURÉS - Semillas para la reflexión

SEMILLAS PARA LA REFLEXIÓN


Por Florentino Gutiérrez, Vicario General Diócesis de Salamanca


Su nombre completo es Auguste Marie Joseph Jean Léon Jaurès (1859 – 1914). Francés. Fue político socialista, fundador del periódico L’ Humanité y ateo.



Recojo algunos párrafos de una carta que escribe a su hijo.

"Querido hijo:

Me pides un justificante que te exima de cursar religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás. No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre pero, tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión.

¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por tu ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate? (…) ¿Qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte ¿Qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen? (…) ¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios?

Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencia preclaras.


Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía en el simple ‘savoir vivre”, hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos por lo menos comprenderlas para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo: convéncete de lo que digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión, pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de ordinario los hechos y el sentido común. (…)

Te sorprenderá esta carta, pero precisa hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación.
Recibe, querido hijo, el abrazo de TU PADRE.”

Si un padre ateo educa así a su hijo, ¿Cómo lo deberá hacer un padre creyente?

06 julio 2011

Semillas para la reflexión: Semillas de verano 2011



Florentino Gutiérrez. Sacerdote - Salamanca, Julio de 2011

Las tesis que defiende la teoría del género nos obligan a repensar lo natural y evidente.

1 – El hombre y la mujer son iguales
La Biblia enseña que: “Dios creó al hombre a imagen suya… hombre y mujer los creó” (Gn 1, 27). Juan Pablo II, en Mulieris dignitatis, nº 6, afirma: “El hombre es una persona, y esto se aplica en la misma medida al hombre y a la mujer, porque los dos fueron creados a imagen y semejanza de un Dios personal”.



2 – El hombre y la mujer son diferentes
“Masculino” y “femenino” - dice el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, nº 146 - diferencian a dos individuos de igual dignidad, que, sin embargo, no poseen una igualdad estática, porque lo específico femenino es diverso a lo específico masculino. Esta diversidad en la igualdad es enriquecedora e indispensable para una armoniosa convivencia humana”. El Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2333, enseña: “Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos”.



3 – El hombre y la mujer son complementarios
El Compendio citado, nº 147, lo ratifica: “La mujer es el complemento del hombre, como el hombre lo es de la mujer; mujer y hombre se complementan mutuamente, no solo desde el punto de vista físico y psíquico, sino también ontológico”. “A esta “unidad de los dos” - constata la Carta a las mujeres, nº 8 - Dios les confía no sólo la obra de la procreación y la vida de la familia, sino la construcción misma de la historia”.



Víctor Hugo, desde la inteligencia y el sentido común, escribió este texto tan alabado por todos: “El hombre es la más elevada de las criaturas. La mujer es el más sublime de los ideales. / Dios hizo para el hombre un trono; para la mujer un altar.
El trono exalta; el altar santifica. / El hombre es el cerebro. La mujer el corazón.
El cerebro fabrica la Luz; el corazón produce el Amor. La Luz fecunda; el Amor resucita. / El hombre es fuerte por la razón. La mujer es invencible por las lágrimas. La razón convence; las lágrimas conmueven. / El hombre es capaz de todos los heroísmos. La mujer de todos los martirios. El heroísmo ennoblece; el martirio sublimiza. / El hombre tiene la supremacía. La mujer la preferencia. La supremacía significa la fuerza; la preferencia representa el derecho. / El hombre es un genio. La mujer un ángel. El genio es inmensurable; el ángel indefinible. / La aspiración del hombre es la suprema gloria. La aspiración de la mujer es la virtud extrema. La gloria hace todo lo grande; la virtud hace todo lo divino. / El hombre es un código. La mujer un evangelio. El código corrige; el evangelio perfecciona. / El hombre piensa. La mujer sueña. Pensar es tener en el cráneo una larva; soñar es tener en la frente una aureola. / El hombre es un océano. La mujer es un lago. El océano tiene la perla que adorna; el lago la poesía que deslumbra. / El hombre es el águila que vuela. La mujer es el ruiseñor que canta. Volar es dominar el espacio. Cantar es conquistar el alma. / El hombre es un Templo. La mujer es el Sagrario. Ante el Templo nos descubrimos; ante el Sagrario nos arrodillamos. / En fin: el hombre está colocado donde termina la tierra. La mujer donde comienza el cielo”.


06 junio 2011

Semillas para la reflexión - Semillas de cultura

DESARROLLO Y CULTURA

Florentino Gutiérrez. Vicario General Diócesis de Salamanca



La cultura que respiramos en nuestra sociedad puede conducirnos al desarrollo o al subdesarrollo. Nunca es neutral o indiferente. De aquí se deduce la importancia que tiene la cultura en nuestra vida personal y social. Pero… ¿Qué es la “cultura”?

1 – Concepto de cultura

El Concilio Vaticano II, en Gaudium et spes, 53, nos ofrece una respuesta: “Con la palabra “cultura” se indica, en sentido general, todo aquellos con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano”.

2 – Problemática de la cultura actual

La Gaudium et spes, 56, vislumbraba las graves dificultades que podríamos sufrir por los cambios vertiginosos que sufre nuestra cultura. Así se expresó el Concilio: “¿Qué hay que hacer para que todos los hombres participen de los bienes culturales en el mundo, si al mismo tiempo la cultura de los especialistas se hace cada vez más inaccesible y compleja?

3 – Interacción actual entre las culturas

Benedicto XVI, en su encíclica Cáritas in veritate, 26, centra el problema en el actual diálogo intercultural: “Hoy, las posibilidades de interacción entre las culturas han aumentado notablemente, dando lugar a nuevas perspectivas de diálogo intercultural, un diálogo que, para ser eficaz, ha de tener como punto de partida una toma de conciencia de la identidad específica de los diversos interlocutores”.

4 – Doble riesgo en el diálogo intercultural

El Papa alerta sobre la progresiva mercantilización de los intercambios culturales. Esta nueva situación provoca hoy un doble riesgo:

El eclecticismo cultural: “Se nota, en primer lugar, un eclecticismo cultural asumido con frecuencia de manera acrítica: se piensa en las culturas como superpuestas unas a otras, sustancialmente equivalentes e intercambiables. Eso induce a caer en un relativismo que en nada ayuda al verdadero diálogo intercultural; en el plano social, el relativismo cultural provoca que los grupos culturales estén juntos o convivan, pero separados, sin diálogo auténtico y, por lo tanto, sin verdadera integración”.

La homologación de las culturas: “Existe, en segundo lugar, el peligro opuesto de rebajar la cultura y homologar los comportamientos y estilos de vida. De este modo, se pierde el sentido profundo de la cultura de las diferentes naciones, de las tradiciones de los diversos pueblos, en cuyo marco la persona se enfrenta a las cuestiones fundamentales de la existencia”.

5 – Consecuencia grave: separación entre cultura y naturaleza

Concluye Benedicto XVI, con voz profética, alertando a la sociedad de los peligros que podemos sufrir si no ponemos remedio a este doble riesgo: “El eclecticismo y el bajo nivel cultural coinciden en separar la cultura de la naturaleza humana. Así, las culturas ya no saben encontrar su lugar en una naturaleza que las transciende, terminando por reducir al hombre a mero dato cultural. Cuando esto ocurre, la humanidad corre nuevos riesgos de sometimiento y manipulación”.

¡Ojalá nuestra cultura nos guíe siempre por el camino del desarrollo!

25 febrero 2011

Semillas para la reflexión - Semillas de Paciencia

A veces hasta los corazones más nobles, generosos, pacientes y con grandes dosis de Esperanza, reciben la inesperada visita de algo a lo que los hombres ya nos hemos acostumbrado a escuchar en nuestra cotidiana y estresante vida. Las obstrucciones en las arterias nos juegan malas pasadas y el susto, por decirlo de un modo suave, nos obliga a replantearnos un estilo de vida más acorde con lo que la sabia naturaleza nos enseña. Cuando te visité, acompañado de alguno de mis hermanos, varios fueron los recuerdos que me llevé para casa pero, de un modo especial, las palabras que brotaron de ese corazón que poco a poco ya se va recuperando: tomad las cosas con calma, con tranquilidad, que ya veis lo que pasa después...

Querido Florentino, un placer tenerte de nuevo entre nosotros. Gracias por querer compartir estas "Semillas de Paciencia" con todos los que se acercan a este espacio. Un abrazo muy grande.


LA VIRTUD DE LA PACIENCIA

Si el proverbio persa dice que “la paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”, el turco afirma que “la paciencia es la llave del paraíso”. Veamos.

1 – La paciencia en la Escritura

El Eclesiástico nos advierte: “¡Ay de aquellos que perdieron la paciencia!” (Si 2,14).

Jesús nos enseña: “Con vuestra paciencia poseeréis vuestras almas” (Lc 21,19). La Carta a los Romanos relaciona la paciencia con la Esperanza: “La Esperanza que se ve no es Esperanza. En efecto, lo que uno ve, ¿cómo lo espera? Si esperamos lo que no vemos, por la paciencia lo esperamos (Rom 8,24-25). San Pablo es claro: “La caridad es paciente” (1 Co 13, 4), “Entre los frutos del Espíritu está la paciencia” (Gal 5, 22).

2 – La paciencia en la Tradición

Tertuliano en su libro sobre la paciencia, 15, dice: “Dios es un grande depositario de nuestra paciencia. Si dejáis en sus manos las injurias, El las vengará; si le encomendáis vuestras pérdidas, El os reintegrará; si le manifestáis una dolencia, El será vuestro médico; y si le ofrecéis vuestra muerte, El os resucitará. Ved cuan heroica será la virtud de la paciencia que obliga al mismo Dios; y no sin razón, porque ella pone en observancia la ley, y tiene parte, en el cumplimiento de todos sus mandatos. La paciencia, fortifica la fe, establece la paz, fomenta la caridad, funda la humildad, facilita la práctica de la penitencia, gobierna el cuerpo, defiende el espíritu, enfrenta la lengua, liga las manos, vence las tentaciones, disipa los escándalos, consuma el martirio, consuela al pobre, modera al rico, disminuye los males, templa los bienes, consuela a los siervos, a sus dueños y el señor a sus criados, da esmalte a la belleza de una mujer, y honor a los hombres.

La paciencia es amable en tiernos niños, laudable en los jóvenes, y respetable en los ancianos: en una palabra, la paciencia tiene el aspecto más bello y admirable en todos los sexos y edades”. San Anselmo por su parte aconseja: “Conservad en todas las cosas la serenidad de espíritu; no se mude la disposición de vuestra alma con la alegría ni la tristeza; sufrid con el mismo rostro todos los golpes; no os turbe accidente alguno, por extraño que os parezca; no haya desgracia que os halle mal dispuestos para recibirla; prevenidlas todas con la reflexión, y preved desde lejos las que os puedan sobrevenir”.

Los versos de Santa Teresa son célebres: “Nada te turbe / Nada te espante / Todo se pasa / Dios no se muda / La paciencia todo lo alcanza / Quien a Dios tiene / nada le falta / Sólo Dios basta”.

3 – La paciencia en el Magisterio

Sufrir con paciencia es una virtud para el Catecismo: “Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras de misericordia espiritual, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia” (n. 2447). El mismo Catecismo define nuestro tiempo como “tiempo de paciencia” (n. 2772). Benedicto XVI, en el Ángelus del día 29 de agosto de 2010, dijo: “Una vez más pues, miramos a Cristo como modelo de humildad y gratuidad: de Él aprendemos la paciencia en las tentaciones...” (cfr. Lc 14,10)”.

4 – La paciencia en la Cultura

Aprendamos de los pensadores prestigiosos: “Adopte el ritmo de la naturaleza; su secreto es la paciencia” Ralph Waldo Emerson. “El arte y la ciencia no bastan, sino que, además, es indispensable la paciencia” Goethe. “Si he hecho descubrimientos invaluables ha sido más por tener paciencia que por cualquier otro talento” Isaac Newton. “La paciencia tiene más poder que la fuerza” Plutarco.

Los males del corazón requieren, a veces, una buena dosis de paciencia.

Así lo he experimentado estos días.

Gracias por vuestra oración.

Un abrazo


Florentino Gutiérrez. Sacerdote Salamanca, 25 de Febrero de 2011


24 noviembre 2010

Semillas para la reflexión - Semillas sobre un converso


PALABRAS DE PAUL CLAUDEL

Paul-André Lesort nos ha regalado unas páginas memorables: “Claudel visto por sí mismo”. De ellas entresacamos, con unos datos biográficos, algunas palabras suyas.


Claudel nació en 1868. Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas, después empezó la carrera diplomática, representando a su país brillantemente por todo el mundo. Incidirá con fuerza en su espíritu el ambiente de Francia en su época: profundamente impregnado por la exaltación del materialismo. Con las lecturas de Renan, Zola... se hunde en el pesimismo y la rebeldía.


1 – La mano de un amigo
En esta situación busca aire desesperadamente: le llegan bocanadas en la música de Beethoven, y de Wagner, en la poesía de Esquilo; y, de repente, la luz de Arthur Rimbaud: "Siempre recordaré esa mañana de junio de 1886 en que compré el cuaderno de La Vogue que contenía el principio de “Las iluminaciones”. Fue realmente una iluminación para mí. Finalmente salía de ese mundo horrible de Taine, de Renan y de los demás Moloch del siglo XIX, de esa cárcel, de esa espantosa mecánica totalmente gobernada por leyes perfectamente inflexibles y, para colmo de horrores, conocibles y enseñables”.


2 – La conversión
"Así era el desgraciado muchacho que el 25 de diciembre de 1886, fue a Notre-Dame de París para asistir a los oficios de Navidad. (…) Con esta disposición de ánimo, apretujado y empujado por la muchedumbre, asistía, con un placer mediocre, a la Misa mayor. Después, como no tenía otra cosa que hacer, volví a las Vísperas (…) estaban cantando lo que después supe que era el Magnificat. Yo estaba de pie entre la muchedumbre, cerca del segundo pilar a la entrada del coro, a la derecha del lado de la sacristía. Entonces fue cuando se produjo el acontecimiento que ha dominado toda mi vida. En un instante mi corazón fue tocado y creí. Creí, con tal fuerza de adhesión, con tal agitación de todo mi ser, con una convicción tan fuerte, con tal certidumbre que no dejaba lugar a ninguna clase de duda, que después, todos los libros, todos los razonamientos, todos los avatares de mi agitada vida, no han podido sacudir mi fe, ni, a decir verdad, tocarla. De repente tuve el sentimiento desgarrador de la inocencia, de la eterna infancia de Dios, de una verdadera revelación inefable”.


3 – Los primeros pasos
“La noche de ese memorable día de Navidad, después de regresar a mi casa por las calles lluviosas que me parecían ahora tan extrañas, tomé una Biblia protestante (…) Por primera vez escuché el acento de esa voz tan dulce y a la vez tan inflexible de la Sagrada Escritura, que ya nunca ha dejado de resonar en mi corazón. Yo sólo conocía por Renan la historia de Jesús y, fiándome de la palabra de ese impostor, ignoraba incluso que se hubiera declarado Hijo de Dios. Cada palabra, cada línea, desmentía, con una majestuosa simplicidad, las impúdicas afirmaciones del apóstata y me abrían los ojos. Cierto, lo reconocía con el Centurión, sí, Jesús era el Hijo de Dios”.


4 – Las dificultades y la seguridad
“Así hablaba en mí el hombre nuevo. Pero el viejo resistía con todas sus fuerzas y no quería entregarse a esta nueva vida que se abría ante él. ¿Debo confesarlo? El sentimiento que más me impedía manifestar mi convicción era el respeto humano (…) No conocía un solo sacerdote. No tenía un solo amigo católico. (...) Pero el gran libro que se me abrió y en el que hice mis estudios, fue la Iglesia. ¡Sea eternamente alabada esta Madre grande y majestuosa, en cuyo regazo lo he aprendido todo!”.

Florentino Gutiérrez. Sacerdote Salamanca

08 octubre 2010

Semillas para la reflexión - Sufrimiento escuela de Esperanza

El sufrimiento como escuela de Esperanza


La sociedad del bienestar huye del sufrimiento como de la peste. La Iglesia, por el contrario, ha hecho de la cruz su seña de identificación. ¿Cómo, por tanto, acercarnos al sufrimiento, que ciertamente llegará, sin escándalo, sino con equilibrio y verdad?

Benedicto XVI, en su encíclica Spe salvi, números 36-40, nos muestra el sufrimiento como verdadera escuela de esperanza. Resumimos aquí su doctrina.

1 – La tozuda realidad del sufrimiento

Comienza el Pontífice constatando la realidad y el origen del dolor humano: “El sufrimiento forma parte de la existencia humana. Éste se deriva, por una parte, de nuestra finitud y, por otra, de la gran cantidad de culpas acumuladas a lo largo de la historia, y que crece de modo incesante también en el presente”.

2 – La legítima lucha contra el sufrimiento

En la lucha legítima contra el sufrimiento, el Papa señala tres puntos importantes:
1º - “Conviene ciertamente hacer todo lo posible para disminuir el sufrimiento; impedir cuanto se pueda el sufrimiento de los inocentes; aliviar los dolores y ayudar a superar las dolencias psíquicas. Todos estos son deberes tanto de la justicia como del amor y forman parte de las exigencias fundamentales de la existencia cristiana y de toda vida realmente humana”.
2º - “Es cierto que debemos hacer todo lo posible para superar el sufrimiento, pero extirparlo del mundo por completo no está en nuestras manos, simplemente porque no podemos desprendernos de nuestra limitación, y porque ninguno de nosotros es capaz de eliminar el poder del mal, de la culpa, que –lo vemos– es una fuente continua de sufrimiento”.
3º - “Precisamente cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de todo lo que podría significar aflicción, cuando quieren ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizás ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho mayor aún”.

3 – La aceptación del sufrimiento

En consecuencia el Papa nos invita, no a huir del sufrimiento, sino a aceptarlo encontrando en él un sentido y un valor: “La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es válido tanto para el individuo como para la sociedad. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana. A su vez, la sociedad no puede aceptar a los que sufren y sostenerlos en su dolencia si los individuos mismos no son capaces de hacerlo y, en fin, el individuo no puede aceptar el sufrimiento del otro si no logra encontrar personalmente en el sufrimiento un sentido, un camino de purificación, de maduración, de esperanza”.

4 – La esperanza vence al sufrimiento

Concluye su reflexión el Papa indicando que la esperanza es capaz de vencer al sufrimiento por grande que sea: “En las pruebas verdaderamente graves, en las cuales tengo que tomar mi decisión definitiva de anteponer la verdad al bienestar, a la carrera, a la posesión, es necesaria la verdadera certeza, la gran esperanza de la que hemos hablado… La capacidad de sufrir por amor de la verdad es un criterio de humanidad. No obstante, esta capacidad de sufrir depende del tipo y de la grandeza de la esperanza que llevamos dentro y sobre la que nos basamos. Los santos pudieron recorrer el gran camino del ser hombre del mismo modo en que Cristo lo recorrió antes de nosotros, porque estaban repletos de la gran esperanza”.



Florentino Gutiérrez. Sacerdote

20 junio 2010

Semillas para la reflexión. Desarrollo y Dios


El permanente “desarrollo”, o “progreso”, es una verdadera meta para el hombre de hoy. Está bien. Todos llevamos dentro la “vocación” del desarrollo o progreso vital. No puede ser de otra manera, es la fuerza que nos hace avanzar.

Benedicto XVI, en diálogo con los hombres de nuestro tiempo, nos habla también del desarrollo y, con cierta originalidad, lo entiende en su relación con Dios. Encontramos sus palabras en la encíclica Cáritas in Veritate, nº 29. Sinteticemos su aportación.

1 – Dios es el garante del verdadero desarrollo
Comienza, sin ningún complejo, introduciendo a Dios en el tema. “Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre en cuanto, habiéndolo creado a su imagen, funda también su dignidad trascendente y alimenta su anhelo constitutivo de «ser más». El ser humano no es un átomo perdido en un universo casual, sino una criatura de Dios, a quien Él ha querido dar un alma inmortal y al que ha amado desde siempre. Si el hombre fuera fruto sólo del azar o la necesidad, o si tuviera que reducir sus aspiraciones al horizonte angosto de las situaciones en que vive, si todo fuera únicamente historia y cultura, y el hombre no tuviera una naturaleza destinada a transcenderse en una vida sobrenatural, podría hablarse de incremento o de evolución, pero no de desarrollo”.

2 – La negación de Dios, causa de subdesarrollo
Luego saca las consecuencias de su premisa: Si negamos a Dios, la vida se conducirá irremediablemente hacia el subdesarrollo. Así lo enseña: “Hay otro aspecto de la vida de hoy, muy estrechamente unido con el desarrollo: la negación del derecho a la libertad religiosa”. El Papa contempla tristemente esta realidad. Puede llagar cuando se niega a Dios por un doble motivo:

1º - Por el fanatismo religioso: “La violencia frena el desarrollo auténtico e impide la evolución de los pueblos hacia un mayor bienestar socioeconómico y espiritual. Esto ocurre especialmente con el terrorismo de inspiración fundamentalista, que causa dolor, devastación y muerte, bloquea el diálogo entre las naciones y desvía grandes recursos de su empleo pacífico y civil”.

2º - Por la indiferencia religiosa: “Se ha de añadir que, además del fanatismo religioso que impide el ejercicio del derecho a la libertad de religión en algunos ambientes, también la promoción programada de la indiferencia religiosa o del ateísmo práctico por parte de muchos países contrasta con las necesidades del desarrollo de los pueblos, sustrayéndoles bienes espirituales y humanos”.

3 – Estados promotores del subdesarrollo
Concluye el Papa Ratzinger con una denuncia a los gobiernos que promueven el subdesarrollo. Lo pueden hacer, o lo hacen de hecho, por cualquiera de estos dos motivos:

1º – Por la imposición de un ateismo práctico: “Cuando el Estado promueve, enseña, o incluso impone formas de ateísmo práctico, priva a sus ciudadanos de la fuerza moral y espiritual indispensable para comprometerse en el desarrollo humano integral y les impide avanzar con renovado dinamismo en su compromiso en favor de una respuesta humana más generosa al amor divino”.

2º – Por la imposición de costumbres inmorales: “También se da el caso de que países económicamente desarrollados o emergentes exporten a los países pobres, en el contexto de sus relaciones culturales, comerciales y políticas, esta visión restringida de la persona y su destino.

Éste es el daño que el «superdesarrollo» produce al desarrollo auténtico, cuando va acompañado por el «subdesarrollo moral».


Que el Señor nos ayude a caminar por el auténtico desarrollo y verdadero progreso.

Florentino Gutiérrez. Sacerdote Salamanca, 20 de junio de 2010


17 abril 2010

Semillas para la reflexión - La Moda de atacar a la Iglesia


LA MODA DE ATACAR A LA IGLESIA

Florentino GUTIÉRREZ. Vicario General de la Diócesis de Salamanca


Adolfo Torrecilla, crítico literario, ha publicado un interesante artículo en La Gaceta Fin de semana, titulado “Atacar a la Iglesia, un filón”. Estas son sus palabras: “Llevamos ya unos cuantos años en que se ha elegido a la Iglesia católica como el blanco de esos ataques, quizás porque no existe en la actualidad ninguna institución tan sólida y universal. En vez de complicarse la vida con argumentos innovadores o con obras que tengan algo interesante que decir, se elige la trillada y sistemática burla.

Estos escritores, aplaudidos por buena parte de la opinión pública, alimentan así un anticlericalismo burdo y de cartón piedra que… reporta buenos resultados comerciales, que es lo que se busca. Resulta pueril y triste la actitud de esos críticos y escritores que se creen que la calidad de esos engendros reside en su afán desmitificador”.

Como contrapunto a esta maniobra contra la Iglesia, traigo el recuerdo de hombres que descubrieron la luz, la fuerza y la esperanza que aporta la Iglesia a la humanidad:

José Ortega y Gasset, nuestro pensador español, dijo: “Yo, señores, no soy católico, y desde mi mocedad he procurado que hasta los humildes detalles oficiales de mi vida privada queden formalizados acatólicamente; pero no estoy dispuesto a dejarme imponer por los mascarones de proa de un arcaico anticlericalismo… Precisamente, la suma originalidad del catolicismo es que separa de manera radical la fe de la ciencia y, a la vez, postula la una para la otra. "El Fides quaerens intellectum", de San Anselmo, es acaso el lema más fértil que se ha inventado y el que más agudamente define la mente del hombre. La fe que siente su propia plenitud en forma de sed de intelecto: he aquí la audacia admirable del catolicismo. La fe no se contenta consigo misma: exige pruebas de la existencia de Dios, pruebas racionales. No es una fe holgazana, no exonera de la fatiga intelectual, no nos da la ciencia, sino que, al revés, la exige”.

Gilbert K. Chesterton, bohemio, irónico, lúcido y converso, confesó: “Sé que el catolicismo es demasiado grande para mí, y aún no he explorado todas sus terribles y hermosas verdades… Estoy orgulloso de verme atado por dogmas anticuados y esclavizado por credos profundos (como suelen repetir mis amigos periodistas con tanta frecuencia), pues sé muy bien que son los credos heréticos los que han muerto, y que sólo el dogma razonable vive lo bastante para que se le llame anticuado… No existe ninguna otra institución estable e inteligente que haya meditado sobre el sentido de la vida durante dos mil años”.


André Frossard, periodista y converso, escribió: “¿Cómo hubiera podido yo aprender algo útil y verdadero sobre la Iglesia? Mis libros solamente me habían hablado de ella en términos difamatorios: se agarraban a sus pequeñeces y acentuaban sus faltas, olvidando sus buenas obras e ignorando sus grandezas… Mis libros no me habían dicho que la Iglesia nos había salvado de todas las desmesuras a las que –indefensos- somos entregados desde que no se la escucha, o cuando ella se calla… No me decían mis libros que sus dogmas eran las únicas ventanas horadadas en el muro de la noche que nos envuelve, y que el único camino abierto hacia la alegría era el pavimento de sus catedrales, gastado por las lágrimas”.


Marcelino Menéndez Pelayo, nuestro polígrafo montañés, manifestó: “La Iglesia es el eje de oro de nuestra cultura: cuando todas las instituciones caen, ella permanece en pie; cuando la unidad se rompe por guerra o conquista, ella la restablece; y en medio de los siglos más oscuros y tormentosos de la vida nacional, se levanta como la columna de fuego que guiaba a los israelitas en su peregrinación por el desierto. Con nuestra Iglesia se explica todo; sin ella, la historia de España se reduciría a fragmentos”.

29 marzo 2010

Semillas para la reflexión - Semillas de Pascua 2010


Florentino Gutiérrez - Vicario General de la Diócesis de Salamanca.


EL FUTURO DEL CRISTIANISMO

¿Es cierto que la barca de Pedro, la Iglesia, está haciendo aguas por todas partes y amenaza con irse a pique? “Hombres de poca fe, ¿por qué tenéis miedo?” Este reproche de Jesús se nos puede hacer hoy a no pocos cristianos que temblamos ante las olas encrespadas del reciente temporal y vemos negro el futuro de nuestra vida cristiana.

En mi archivo de citas he encontrado cuatro razones para vencer nuestro desánimo:
1) Jesucristo ha resucitado. Rafael Domingo, en un artículo titulado Un hecho cristiano, dice: «Lo que celebramos los cristianos en esta Pascua es un hecho, no una idea. El acontecimiento más grande de la historia humana: la resurrección de Cristo, el Mesías, tras una muerte cruel. Un hecho histórico, real, por el que millones de personas, empezando por unos pescadores, han dado la vida. Ante él, como frente al sol, puedes deslumbrarte, inclinarte, intentar comprender con fe y razón. O huir cobardemente. A la penumbra, a las sombras. A la caverna de las ideas, en donde nadie te perturbe, tampoco la luz de un Dios hecho hombre que nos quiere. Éste es el gran hecho. Tan misterioso como cierto. Pues, para un espíritu Creador, pensar y hacer es lo mismo. Sobre todo cuando se trata de amar. Y Él amó mucho».


2)La hondura del cristianismo. Escribe Alejandro Llano que, «al parecer, no se acostumbran ni se resignan a que el cristianismo goce de tan buena salud. A pesar de todos los pesares, tanto externos como internos, la Iglesia católica representa, en este comienzo de siglo, la institución más comprometida con la ética, con la paz, con la atención a los más pobres. En un clima cultural de completo permisivismo y relatividad, a la única instancia a la que no se tolera la libre expresión de sus posturas es a la jerarquía eclesiástica. Semejante diferencia de trato resulta tan notoria que ya ha sido detectada y señalada por destacados intelectuales no cristianos. La hondura del cristianismo no se presta al tipo de acercamientos frívolos y banales que están proliferando últimamente. Se trata de unas apreciaciones en las que los creyentes no podemos reconocernos, porque nuestras vivencias religiosas discurren por derroteros que esos críticos tan crispados se muestran incapaces de detectar. Una crítica sólo es relevante en la medida en que puede ser aceptada por los criticados. Vistas las cosas así, la pintoresca conspiración anticristiana resulta más bien irrelevante».

3) El futuro del cristianismo. César Vidal, bajo el título Ha resucitado, escribe: “El siglo XX -verdadero siglo de los mártires- fue testigo de los peores ataques contra el cristianismo de la Historia. Desde Hitler a Lenin, desde Idi Amín a Fidel Castro, desde Mao a Pol Pot, no hubo prácticamente asesino en masa que no deseara desarraigar el cristianismo. A estas alturas, la mayoría de ellos han muerto y sus sistemas han desaparecido. Sí, sin duda, este domingo se puede anunciar que Jesús ha resucitado, pero también se puede creer con una fe sencilla y limpia que cualquiera de las ofensivas lanzadas contra el cristianismo está condenada a fracasar para vergüenza y ridículo de sus autores”.

4) La definitiva razón de nuestra esperanza. Es la Palabra de Dios, en 2 Cor 4, 7-11, la que definitivamente fortalece nuestro ánimo: “Pero llevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca que la extraordinaria grandeza del poder es de Dios y que no viene de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados; perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados. Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo”.


A todos los amigos des deseo una FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN.

Un abrazo