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05 febrero 2013

Un Milagro llamado Macarena - Pregón Semana Santa de Sevilla 2001 (Carlos Herrera)



¿Cómo te gusta más la Macarena, sevillano?

¿Con la penumbra del último brillo de su candelería o con la primera luz de la mañana asaltando su rostro en una calleja?

Dime, ¿Cómo te gusta más?

¿En la soledad de su camarín o en la multitud de su Arco?

¿Cómo te gusta más la Macarena?

¿En la suave y llorosa mecida de cualquier segundo de la Estación de Penitencia o en su víspera hebrea de una tarde de paseo?

Dime, sevillano, ¿Cómo te gusta más?

¿Surcando el atronador griterío de corazones que la espera en su salida o recogiendo el caudal de lágrimas que la arropa en su vuelta?

¿Cómo te gusta más la Macarena?

¿En la quietud de Sor Ángela o en el arrebato del Duque?

¿En el silencio de la Catedral o al amparo de las voces de su barrio?

¿Entre el bullicio de calle Parras o en su encuentro con la Anunciación al compás melancólico de Valle?

Dime, ¿Cómo te gusta más?

¿Viéndola llegar, buscándote con su mirada oyéndose de ti, mientras ves su Palio cimbrear por su trasera y te invade esa pegajosa agonía de lo ausente?



Hoy se aparece Dios en el relente
De una noche resuelta en Macarena.
Se me avivan los pulsos bruscamente
Y enloquecen a su paso por las venas

Voy contigo, Señora, hacia la calle
Esperando el milagro y el asombro
Ceñiremos Sevilla por el talle
Y a la luna, el brazo por los hombros

Tú tenme, Macarena, sin medida
Predispuesto a añorarte y a quererte
Porque una aurora entera fue vencida
Para llegar aquí, y poder verte

Y para hincar al pie de tus altares
El peso de mi fe en mis rodillas
Y esperar que en el cielo se dispare
Un repique de amor y campanillas

Que anuncie que la Madre de Sevilla
Llega a casa, feliz, amaneciendo
Tan hermosa, resuelta y tan sencilla
Que hasta el cielo en su amor se le va abriendo

Azahar por los ojos, por las manos
Siento a Dios cabalgando por mis venas
Yo no sé lo que pasa, sevillanos
Cuando miro pasar la Macarena



05 febrero 2009

Un milagro llamado Macarena - Pregón de la Semana Santa de Sevilla 2001


Me siento en la obligación de contaros una pequeña historia. Es la historia dramática de una muchacha de apenas quince años, llamada Granada en honor de la Virgen de Llerena, pueblecito extremeño lindante con la provincia de Sevilla que tal vez muchos de vosotros conozcáis.

Prácticamente vi nacer a esa chiquilla, hija de unos viejos y entrañables amigos, a la que una deficiencia cardiaca provocó una irremediable y definitiva embolia. Sus padres apenas tuvieron tiempo de tomar su mano y ver sus ojos cerrados, y su cuerpo inerte y su labio breve y adolescente desdibujado por la gravedad. Fueron interminables días de agonía. Días de despedida. Días de desolación. ¿Qué puede ser peor que ver morir a un hijo en la primavera incipiente de la adolescencia?

El catorce de diciembre era la noche del traslado de la Macarena desde su camarín al altar. El Hermano Mayor me había confiado el emocionante privilegio de tomar a Nuestra Señora por la cintura durante ese fugaz paseo por los cielos. Los padres de Granada, al borde ésta de su último suspiro de vida, supieron de boca de los médicos lo irreversible de la situación: los jazmines de sus ojos no se habrían de volver a abrir. Solo quedaba la Fe, la que consuela territorios anegados por el llanto, la que brinda al hombre la esperanza de cada amanecida.

Aquella noche, con el rostro de Nuestra Señora a unos pocos centímetros de distancia, rogué con todas mis fuerzas que las manos de Granada fueran las mías, que sus labios fueran los míos, hechos oración y súplica. Rogué a la Macarena consuelo para esas almas, regazo para esa niña, plaza de amor en el paraíso, milagro en la Tierra, vida en la vida. Se lo dije en el verso asonante de una oración, en el ruego descarnado de mi corazón apesadumbrado. Mis manos estaban en el talle de la Madre de Dios y mi mejilla rozaba la suya, en un sueño imposible de hombre enamorado.

Al día siguiente, una llamada telefónica comunicó lo que todos veníamos esperando. Un hilo de voz emocionado y lloroso me confirmó que a esas mismas horas de la noche de ayer, Granada, la dulce muchacha que apenas había estrenado el camisón caliente de la vida, la novia impensable de esa muerte inesperada, la breve Granada de una vida apenas asomada al balcón de las cosas.... ante el asombro de sus médicos y cuidadores, había experimentado una inexplicable mejoría, había abierto sus ojos, tomado la mano de los suyos y pronunciado el nombre de su madre con un hilo de voz tras el que se adivinaba la vida. Estaba viva. Nadie podía explicárselo... excepto yo.

No digáis que me lo calle
porque merece la pena.
Yo tuve a la Macarena
sostenida por el talle.
Si me faltaba un detalle
para sentiros hermanos
miradme aquí, en estas manos
donde el amor dejó huella.
Después de tocarla a ella
¿soy de aquí o no, sevillanos?


(Fragmento del Pregón de Carlos Herrera - Semana Santa Sevilla 2001)

04 febrero 2009

¿Cómo te gusta más la Macarena, sevillano? Pregón Semana Santa de Sevilla 2001



¿Cómo te gusta más la Macarena, sevillano?
¿Con la penumbra del último brillo de su candelería
o con la primera luz de la mañana
asaltando su rostro en una calleja?

Dime, ¿cómo te gusta más?
¿En la soledad de su camarín o en la multitud de su Arco?
¿Cómo te gusta más la Macarena?
¿En la suave y llorosa mecida de cualquier segundo de su Estación
de Penitencia o en su víspera hebrea una tarde de paseo?

Dime, sevillano, ¿cómo te gusta más?
¿Surcando el atronador griterío de corazones que le espera en su
salida o recogiendo las lágrimas que la arropa en su vuelta?

¿Cómo te gusta más la Macarena?
¿En la quietud de Sor Ángela o en el arrebato del Duque?
¿En el silencio de la Catedral o al amparo de las voces de su barrio?
¿Entre el bullicio de calle Parras o en su encuentro con la
Anunciación al compás melancólico de Valle?

Dime, ¿cómo te gusta más?
¿Al verla llegar, buscándote con su mirada oyéndose de ti,
mientras ves su Palio cimbrear por su trasera y te invade esa
pegajosa agonía de lo ausente?

Hoy, se aparece Dios en el relente
de una noche resuelta en Macarena.
Se me viene un latido bruscamente
y se alivia el dolor de mi condena.

Voy contigo, Señora, hacia la calle
esperando el milagro y el asombro.
Ceñiremos Sevilla por el talle
y a la luna, el brazo por los hombros.

Tú tenme, Macarena, sin medida
predispuesto a añorarte y a quererte
porque una aurora entera fue vencida
para llegar aquí, y poder verte.

Y para hincar al pie de tus altares
el peso de mi fe en mis rodillas
y esperar que en el cielo se dispare
un repique de amor y campanillas
que anuncie que la Madre de Sevilla
llega a casa, feliz, amaneciendo
tan hermosa, resuelta y tan sencilla
que hasta el cielo en su amor se le va abriendo
azahar por los ojos, por las manos.
Siento a Dios cabalgando por mis venas.

Yo no sé lo que pasa, sevillanos
cuando miro pasar la Macarena.

(Fragmento del Pregón de Carlos Herrera – Semana Santa Sevilla 2001)