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04 marzo 2025

Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma de 2025 - Caminemos juntos en la Esperanza


Queridos hermanos y hermanas:

Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la Esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Co 15,54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra Esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10,28; 17,3).

En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la Esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.


Antes que nada, caminar. El lema del Jubileo, “Peregrinos de Esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. No podemos recordar el éxodo bíblico sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos. Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos somos peregrinos en la vida. Cada uno puede preguntarse: ¿cómo me dejo interpelar por esta condición? ¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de Esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad? Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre. Este es un buen “examen” para el viandante.


En segundo lugar, hagamos este viaje juntos. La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia.

En esta cuaresma, Dios nos pide que comprobemos si en nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades. Preguntémonos ante el Señor si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del Reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos. Esta es una segunda llamada: la conversión a la sinodalidad.


En tercer lugar, recorramos este camino juntos en la Esperanza de una promesa. La esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5), mensaje central del Jubileo, sea para nosotros el horizonte del camino cuaresmal hacia la victoria pascual. Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8,38-39)». Jesús, nuestro amor y nuestra Esperanza, ha resucitado, y vive y reina glorioso. La muerte ha sido transformada en victoria y en esto radica la fe y la Esperanza de los cristianos, en la resurrección de Cristo.

Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la Esperanza, la de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás?  


Hermanas y hermanos, gracias al amor de Dios en Jesucristo estamos protegidos por la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5). La Esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme. En ella la Iglesia suplica para que «todos se salven» ( 1 Tm 2,4) y espera estar un día en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo. Así se expresaba santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo» ( Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3).

Que la Virgen María, Madre de la Esperanza, interceda por nosotros y nos acompañe en el camino cuaresmal.





30 diciembre 2023

Un año de Esperanza - Fotografías del Besamanos de la Esperanza Macarena 2023

 

Concluye 2023 y con el quiero compartir mi último post del año. Un año que, como ocurre desde hace tiempo en mi vida, está marcado por la Esperanza. Todo en mi es Esperanza, porque “Solo Tu eres mi Esperanza”.

  • Un año de Esperanza en el que se ha un cumplido el primer aniversario de mi infarto, del que aún desconocemos con certeza los motivos que lo originaron.
  • Un año de Esperanza para afrontar las dificultades que los incrementos en la cesta de la compra, en la energía o en la subida de los intereses, nos impiden llegar a final de mes.
  • Un año de Esperanza en la eficacia de la ciencia para dar con soluciones a problemas como el cáncer, las enfermedades raras, la salud.
  • Un año de Esperanza que es la antesala de otro que está llamando a la puerta y en el que la incertidumbre y la ilusión en un mundo mejor, van de la mano por ese camino incierto que es la vida.

En definitiva, concluye un año de Esperanza y de esperanzas: Esperanza en la certeza de que Tú nunca nos abandonas y estás vigilante ante nuestras vicisitudes. Y de esperanzas que nosotros mismos truncamos fruto de nuestro egoísmo, de nuestra sin razón, de querer ser más de lo que somos o, sencillamente, de esperanzas gestionadas por aquellos o aquellas a quienes hemos entregado y vendido nuestro egoísmo para que alimenten su ego, su odio y su resentimiento.

Despido 2023 con el recuerdo de:

  • La Esperanza de María de la A.M. Virgen de los Reyes.
  • La Esperanza en un cambio laboral que fue más un sueño que una realidad.
  • La Esperanza en un 15 Aniversario que nunca se celebró porque no había nada que celebrar.
  • La Esperanza en unos políticos más eficaces y menos crispados e interesados; menos populistas y fanáticos del dinero.
  • La Esperanza en recuperar amistades que nunca debieron perderse.
  • La Esperanza en un mundo en paz, sin guerras, sin dictaduras, sin muertes innecesarias.
  • La Esperanza en el fin de la violencia machista, vicaria, por razones de género.
  • La Esperanza en conocer la verdad de lo cercano, de lo familiar, de lo fraternal.
  • La Esperanza en que los “arregla-virgos y queda bien” fuesen desenmascarados.
  • La Esperanza en que se sepa también lo tuyo mientras hablas y hablas de lo mío y de los demás.
  • La Esperanza en cumplir con mis compromisos y responsabilidades.
  • La Esperanza en que la tiranía, la arbitrariedad o la manipulación fueran sustituidas por la humildad, el diálogo y el amor.
  • La Esperanza en el fin de las decepciones provocadas por los que dicen quererte.
  • La Esperanza en que los que partieron de esta vida estén gozando ya de la presencia del Señor.

Gracias, Madre, a pocas horas de echar el cierre a 2023 por llenar mi vida, nuestras vidas, de alegría cuando nos superaba el dolor y el sufrimiento. Gracias por hacer posible lo imposible, por ofrecerme tu mano cuando el pozo se hacía más y más profundo. Gracias Madre de los macarenos por haber traído a mi vida nuevas amistades, nuevos compañeros, nuevos hermanos y hermanas con los que seguir avanzando y creciendo en el camino de la verdad y de la Fe. Gracias por cuidar de mis “pequeñas y pequeños” con lo que no compartí todo el tiempo que merecen por más que mi corazón sintiera lo contrario. 

Y perdón por no haber sabido aprovechar los rayos de luz en tiempos de penumbra; por no escucharte ni seguir el mensaje de tu Hijo; por desperdiciar las oportunidades que me ofrecías y que dejé pasar pensando en cuestiones banales; por no ver el amor en quien me lo ofrecía a través de sus obras, sus palabras, su tiempo.

¡Para todos y todas, los que si y los que no, Paz, Amor, Salud y Esperanza para 2024!



































30 noviembre 2023

Noviembre se despide con dolor y luto al encuentro de la Esperanza (Hermandad de la Macarena)

 

La Esperanza del cristiano se basa en las promesas de amor que Dios nos ha dejado a lo largo de la historia. Cuando leemos la Biblia, podemos oír a Dios hablándonos al corazón. Y lo que leemos en la Biblia nos da esperanza. Confiamos en Dios, pues Él nos ha prometido que su voluntad es siempre buena para nosotros, ya que nos ama infinitamente, Él jamás nos falla.







Sobre la Esperanza, el Papa Francisco dijo: "La Esperanza es la virtud del corazón que no se cierra en la oscuridad, no se detiene en el pasado, sino que sabe ver el mañana... Dios no defrauda: si ha puesto una esperanza en nuestros corazones, no quiere destruirla con frustraciones continuas. Todo nace para florecer en una eterna primavera. Dios nos hizo para florecer".







 

No debemos permitir que las dificultades nos roben la Esperanza. Afrontemos cada situación pensando que es un nuevo reto que Dios nos ha permitido tener para que de ella saquemos lo mejor de nosotros. No nos detengamos, no nos desanimemos, Dios es nuestra Esperanza para siempre. 






Cuando las tristezas y las amarguras de la vida tratan de sofocar nuestra gratitud y alabanza a Dios, la contemplación de las maravillas de su creación enciende, de nuevo, en el corazón el don de la oración, que es la fuerza principal de la esperanza. Y la Esperanza es la que nos manifiesta que la vida, aún con sus pruebas y sus dificultades, está llena de una gracia que la hace digna de ser vivida, protegida y defendida.






Que la oración, alma de la Esperanza, sea luz en la oscuridad de quienes necesitan despojarse del dolor y el sufrimiento que les invade ante las pruebas que la vida nos presenta. Mis oraciones para ti, Oscar Rodríguez Fernández, que has partido al encuentro del Señor y para toda la familia, especialmente para tu mujer, Mariam, y para tus hijos, Oscar, Soraya e Izan.