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01 julio 2013

FORMACIÓN COFRADE - LITURGIA (VII)

LA PRESENCIA DE MARÍA EN LA LITÚRGIA

La presencia actual de María en la liturgia católica ha quedado claramente definida fundamentalmente por dos documentos: por un lado la Constitución promulgada por el Vaticano II sobre la Iglesia denominada "Lumen Gentium" fechada el 21 de noviembre de 1964 que dedica su capítulo VIII a la Santísima Virgen María , Madre de Dios, en el Misterio de Cristo y de la Iglesia y por otro lado la Exhortación Apostólica "Marialis Cultus" para la recta ordenación y desarrollo del culto a la Santísima Virgen , dada por el papa Pablo VI en Roma el 2 de febrero de 1974.

El papa Juan Pablo II también ha contribuido a enriquecer el culto mariano con su Encíclica "Redemptoris Mater" de fecha 25 de marzo de 1987 y con las misas de la Virgen María que en número de 46 han completado esta presencia de María en la liturgia católica dejando el culto a la Virgen claramente establecido y en su justo lugar. Estas misas están especialmente dirigidas para la memoria sabatina y para los santuarios marianos de la Cristiandad. La presencia del culto a la Virgen en la Iglesia católica se deja ver:

En el AÑO LITÚRGICO: La Virgen no tiene ni puede tener un ciclo propio dentro del año cristiano. La SC, documento para la reforma de la Sagrada Liturgia del Vaticano II nos dice en el apartado 103: "En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la BIENAVENTURADA MADRE DE DIOS, la Virgen María , unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo; en ella, la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y contempla, como en la más purísima imagen, lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser".

No obstante lo dicho hay un tiempo litúrgico en el cual la presencia de María es muy clara: en Adviento y Navidad. El Adviento es un tiempo especialmente mariano: se celebra la Solemnidad de la Inmaculada el 8 de diciembre y ya en tiempos de Navidad la Solemnidad de la María, Madre de Dios el 1 de enero. La última semana del Adviento, en las ferias del diecisiete al veinticuatro de diciembre es toda una eclosión de María que se refleja en las lecturas y un momento especialmente apto para celebrar el culto a la Madre de Dios. La Cuaresma y el tiempo pascual tienen en la liturgia actual escaso color mariano. Sin embargo, en Semana Santa la presencia de la Virgen al pie de la cruz se hace patente (he ahí a tu hijo... he ahí a tu madre), así como en Pentecostés cuando los Apóstoles, presididos por la Virgen, reciben el Espíritu Santo.

CADA DÍA: Se la recuerda durante la misa en la Plegaria Eucarística, que es el centro de la celebración, en algunos de los numerosos prefacios marianos establecidos para las fiestas de la Virgen, en las intercesiones cuando la Iglesia hace memoria de los Santos y en el embolismo tras el Padre Nuestro (si se dice “Líbranos, Señor, de todos los males...y por la intercesión de la gloriosa siempre Virgen María...). También se la recuerda en el Credo cuando lo hay ("y nació de santa María Virgen") y en el acto penitencial (si se escoge la fórmula del Yo confieso en la frase "por eso ruego a santa María, siempre Virgen").

La Liturgia de las Horas también recuerda diariamente a la Madre de Dios, concluyendo el Oficio de Completas, último del día, siempre con una antífona mariana de las que existen cinco formularios: Salve Regina; Sub tuum praesidium (Bajo tu amparo nos acogemos); Alma Redemptoris Mater (Madre del Redentor) en Adviento y Navidad; Regina caeli, laetare, alleluia (Reina del cielo, alégrate) en tiempo pascual y Ave Regina caelorum (Salve, Reina de los Cielos) en Cuaresma. Un lugar ciertamente privilegiado en esta Liturgia de las Horas concluir cada día con el recuerdo a María.

CADA SEMANA: En la memoria libre de Santa María en Sábado, día en el cual se pueden decir una de las misas de santa María Virgen. Desde la Edad Media se ha considerado el sábado como día dedicado a la Virgen. El fundamento de tal elección hay que buscarlo en la tradición, que considera que el sábado, día en que Jesús permanece muerto, es el día en que la Fe y la Esperanza de la Iglesia estuvieron puestas en María como presidenta del Colegio Apostólico. Tiene este día sus propias misas votivas.

Tradicionalmente el pueblo cristiano ha tenido en el mes de mayo un recuerdo especialmente ligado a la memoria de María, nacido de elementos de la piedad popular. Al coincidir con el tiempo pascual hay que saber conjugar la presencia de María con la Cristo, ya que María es en definitiva el fruto más espléndido de la Pascua que nos trae Jesús.

Pero a la Virgen se la recuerda muy especialmente en sus celebraciones propias que son:
  • Tres Solemnidades: María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción
  • Dos Fiestas: Natividad y Visitación
  • Ocho Memorias: Nuestra Señora de los Dolores, Nuestra Señora del Rosario, santa María Virgen Reina y la Presentación de Nuestra Señora como memorias obligatorias y Nuestra Señora de Lourdes, el Inmaculado Corazón de María, Nuestra Señora del Carmen y Nuestra Señora de la Merced como memorias libres. Como creencias marianas la Iglesia ha proclamado cuatro dogmas que hacen referencia a María como siempre Virgen (antes, durante y después del parto), a María como Madre de Dios, a su Inmaculada Concepción y a su gloriosa Asunción a los cielos en cuerpo y alma.
A estas festividades habrá que sumarles las propias de cada nación, pueblo o comunidad religiosa. El color litúrgico propio de las fiestas marianas es el blanco y por especial privilegio de la Santa Sede, en España e Hispanoamérica puede usarse el azul en la Inmaculada y en la fiesta de la Medalla Milagrosa, así como la Orden franciscana. El color dorado también puede emplearse en grandes solemnidades para resaltar la importancia del día.

En lo que respecta a los signos de reverencia que se tributan a la Virgen habría que decir que la incensación a las imágenes marianas consiste en dos golpes dobles de incensario. La inclinación de cabeza (reverencia simple) es lo más apropiado ante sus imágenes. Recordamos que la genuflexión está reservada a Jesús sacramentado y a la adoración de la Cruz el Viernes Santo.

En cualquier caso es fundamental siempre tener en cuenta que el único culto que la Iglesia tributa a Dios es el culto cristiano queriéndose decir con esto que el culto a la Virgen y el debido a los Santos está siempre supeditado y en subordinación al culto que se tributa a Cristo que es su punto necesario e imprescindible de referencia. Sin el culto a Cristo lo demás no tiene sentido. Los cristianos adoramos a un solo Dios, un solo Señor y reconocemos un solo bautismo.

Gracias a Valladolid Cofrade por la cesión del contenido de este post.
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18 junio 2013

FORMACIÓN COFRADE - LITURGIA (VI)

LAS FIESTAS DEL SEÑOR



Natividad: Un ciclo importante del año litúrgico se nuclea en torno a la festividad de la Natividad del Señor, fiesta fija, que celebramos el 25 de diciembre, Navidad.

La Iglesia celebra el Nacimiento desde el año 336, por disposición del Papa San Julio I aunque en realidad no se sabe con exactitud la fecha del Nacimiento (en cualquier caso parece ser que fue unos años antes de los que normalmente consideramos) y ni siquiera si fue o no en invierno. Los orígenes de esta celebración parecen remontarse a tiempos muy lejanos, teniendo como lugar de inicio la gruta donde nació Jesús. Sobre esa gruta construye Santa Elena la basílica de la Natividad, allá por el año 326, colocando el altar encima mismo de la gruta. Se ha venido afirmando que los cristianos de Roma habían fijado en el Siglo IV la fecha del 25 de diciembre para conmemorar la Natividad del Señor, eligiendo la fecha de la fiesta civil romana del Sol invicto, fiesta muy popular entre los romanos y que evocaba la victoria del sol sobre las tinieblas, divinidad que tenía su templo romano en el Campo Marzo y que el emperador Adriano impuso.

El elegir esta fecha (solsticio de invierno) tiene un simbolismo. Al acabar el otoño el sol ha alcanzado su punto más bajo en el horizonte y justamente al comenzar el invierno comienza de nuevo a levantarse, simbolizando a Cristo, Sol naciente que con su luz alumbra a la Humanidad a la que ha venido a salvar. Con la venida de la nueva luz y el nacimiento del Sol (fiesta pagana) los creyentes celebramos a Cristo, luz que no se apaga jamás y Sol que ilumina a todos los hombres. Se introduce y generaliza posteriormente la costumbre romana de la Misa de medianoche (la tradicional Misa del Gallo), que se empezó celebrando en la basílica romana de Santa María la Mayor (basílica romana erigida como imitación de la de la Natividad en Belén).

La Navidad es una celebración entrañable, a la que contribuyó decisivamente la figura de San Francisco de Asís cuando en el año 1223 hace representar con personajes la escena de Belén, origen de los actuales belenes y nacimientos, tan arraigados en la religiosidad popular y que las Parroquias y Cofradías montan con gran cariño en época navideña. La cena navideña en familia, la asistencia a la Misa del Gallo y el beso a la imagen del Niño Jesús son elementos muy entrañables y queridos por el pueblo cristiano.

Hoy en día, sin embargo, se está dando justo el fenómeno contrario de lo que fue el origen de la Navidad. Si los primitivos cristianos tuvieron la valentía de "cristianizar" una fiesta pagana, (inculturación en términos antropológicos) hoy en día nuestra sociedad secularizada está "paganizando" una fiesta religiosa, convirtiendo los días navideños en época de consumo desenfrenado y vacación frívola, perdiendo el sentido de celebración religiosa.

Las fiestas del Señor admiten una triple clasificación: fiestas que celebran un misterio salvífico (Pascua, Ascensión, Pentecostés, Navidad y Epifanía); fiestas devocionales como la del Sagrado Corazón de Jesús y fiestas ideológicas tales como el Corpus o Cristo Rey. Vamos a ver algunas de ellas:

La Presentación del Señor (Candelaria): Es actualmente una festividad cristífera y así la ha retomado últimamente la liturgia, aunque su componente mariano (Purificación de la Virgen a los cuarenta días del parto) ha tenido bastante peso y era considerada antes de la reforma litúrgica como fiesta mariana. Es también una de las más antiguas celebrándose en Jerusalén a fines del S. IV y en Occidente se celebra desde el S. VII introducida por el papa Sergio I. La Purificación ya se celebraba en el rito judío a los 40 días del parto, o sea, en la cuarentena. Ese día, para cumplir la Ley Mosaica, los varones primogénitos debían ser ofrecidos a Dios y presentados en el Templo. Jesús lo fue ante el anciano Simeón. La fecha cristiana es la del 2 de febrero (40 días después de Navidad) y conjuntamente recordamos la Presentación del Señor y la Purificación de la Virgen (hay que entender esta purificación en lo referido a María como un trámite puramente "legal" para cumplir con la ley mosaica). Es la fiesta de la Candelaria, así llamada por la velas que se encienden ritualmente ese día para indicar que "Cristo es la luz de las naciones".

La Anunciación del Señor: El 25 de marzo (nueve meses antes del parto, que será el 25 de diciembre) es hoy solemnidad del Señor habiendo sido antes fiesta de la Virgen, pero con una gran contenido mariano. La Iglesia ha celebrado este misterio en Adviento, fijándolo posteriormente, por razones cronológicas, nueve meses antes del Nacimiento y así se celebra ya desde fines del S. VII. Actualmente la solemnidad se llama Anunciación del Señor. El contenido de esta fiesta hace referencia al momento de la concepción divina de Jesús en el seno de María.

La Santísa Trinidad: Siete días después de Pentecostés, o sea, el domingo posterior a Pentecostés se celebra esta solemnidad (extendida por Juan XXII en 1334 a toda la Cristiandad). Es una solemnidad de tipo ideológico que pretende llevarnos al umbral mismo del principal misterio de la teología.

Corpus Christi: Al jueves siguiente, hasta hace poco, la Iglesia celebraba la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, ahora pasada al domingo siguiente, fiesta de origen claramente medieval. Hay dos hechos que influyeron en la creación de esta fiesta: las revelaciones de la beata Juliana de Lieja y el milagro eucarístico acaecido en Bolsena (que resumido consiste en la caída milagrosa de la Sagrada forma de gotas de sangre al dudar un sacerdote de la presencia real de Cristo en la Eucaristía al oficiar misa junto al lago de Bolsena) lo cual hizo aumentar mucho el fervor eucarístico que se produce a partir del S. XII. El papa Urbano IV mediante la Bula “Transiturus” el 11 de agosto de 1264 la extiende a toda la Iglesia centrándola en un culto popular.

Sagrado Corazón de Jesús: El viernes posterior al domingo II después de Pentecostés celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, fiesta de origen devocional y popular desde el S. XVII, extendida a toda la iglesia en 1856 por Pío IX y dándole Pío XI la máxima categoría litúrgica en 1928. Los pilares de esta fiesta la ponen las monjas benedictinas Santa Gertrudis y Santa Matilde al propagar la devoción a las llagas de Cristo en la época medieval pero es Santa Margarita María de Alacoque la que da un impulso definitivo a esta devoción con sus visiones del Sagrado Corazón de Jesús. Su significado teológico tiene como telón de fondo la caridad y el amor de Cristo a los hombres simbolizados en su corazón.

Cristo Rey: También la celebramos como solemnidad del Señor en el último domingo del tiempo ordinario y como conclusión del año litúrgico. Esta solemnidad la instituyó Pío XI en 1925 mediante la Encíclica “Quas primas” para afirmar en nuestra sociedad secularizada la soberanía de Cristo y tuvo sus detractores entre círculos liturgistas por considerarla superflua ya que a Cristo se le honra como rey del Universo a lo largo de todo el año litúrgico.

Dos fiestas tienen relación con la Cruz de Cristo.

La Invención de la Cruz: Se celebraba el 3 de mayo, y recuerda el hallazgo de la Santa Cruz por la madre del emperador Constantino, Santa Elena, en Jerusalén allá por el año 326. De dicha Cruz se llevó la mitad a Roma y dejó la otra mitad en Jerusalén. Esta fiesta fue suprimida por Juan XXIII en la reforma litúrgica, aunque algunas Cofradías la siguen celebrando, por tradición. La palabra invención hay que tomarla aquí en su sentido etimológico más estricto (del latín inventare=encontrar).

La Exaltación de la Cruz: La celebramos el 14 de septiembre, y nos recuerda el día en que el emperador Heraclio trasladó la Cruz a Jerusalén tras haberla recuperado del poder de los persas que la tenían en su poder, derrotando al rey Cosroes II en el año 630. Al suprimirse la fiesta de la Invención es actualmente la única fiesta dedicada a la veneración de la Cruz.

Otra fiesta es la de la Transfiguración del Señor. Fue el Papa valenciano Calixto III quien la extiende a toda la Iglesia en 1457 como acción de gracias por la victoria contra los turcos en Belgrado del año anterior, Se celebra cuarenta días antes de la fiesta de la Exaltación de la Cruz, el 6 de agosto, día en que la noticia de la victoria llegó a Roma.

La fiesta de la Dedicación de la basílica de Letrán, el 9 de noviembre. Ésa es la basílica considerada “Madre y Cabeza de todas las iglesias de la ciudad y del mundo” tal como reza en su fachada. En ella se celebraron cinco Concilios ecuménicos y tiene su sentido en la sacramentalidad de la Iglesia.

En España se celebra la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Tiene su origen en la Congregación de Oblatas de Cristo Sacerdote, que solicitan a Pío XII celebrarla como fiesta patronal y se extiende a toda España en 1973. Se celebra el jueves posterior al domingo pentecostal.

Fiestas suprimidas han sido la del Dulce Nombre de Jesús, hoy celebrada como memoria libre el 3 de enero y la de su Preciosísima Sangre, antes el 1 de julio.


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