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08 marzo 2017

El Misterio de Jesús Despojado - Formación Cofrade

En la tarde-noche de ayer martes 7 de Marzo, invitado por la Junta de Gobierno de la Hermandad de Jesús Despojado de Salamanca, tuve la oportunidad de impartir la charla formativa que, bajo el título “El Misterio de Jesús Despojado”, comparto contigo en este post,  por si es de tu interés, tanto si eres miembro de la hermandad o no.
  


ANTECEDENTES

El pasado viernes 3 de marzo de 2017 se cumplieron nueve años desde que Monseñor Carlos López, Obispo de Salamanca, concedió la erección canónica a la Hermandad de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo de Salamanca. En su escrito, venía a decir entre otras cosas lo siguiente:

“… y otros 87 fieles católicos han solicitado la creación de una nueva hermandad penitencial y de caridad con el título de Hermandad de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo.

Examinada la documentación presentada en relación con el ideario fundacional, los fieles que se integran, el parecer favorable de otras cofradías de la ciudad de Salamanca y la autorización del Rector de la Iglesia del Espíritu Santo para establecer en ella la sede canónica, así como el proyecto de Estatutos, estimamos que dicha Hermandad está bien orientada teológicamente e integra adecuadamente su actividad en el marco de la pastoral diocesana.

En particular, hemos revisado los Estatutos y los hemos encontrado en conformidad con la disciplina canónica. Por todo ello, contando también con el parecer favorable de la Delegación de Apostolado Seglar, aprobamos los Estatutos de la "Hermandad de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo" y erigimos canónicamente dicha Hermandad como Asociación Pública de Fieles”.



Alguno de los que estáis hoy aquí presentes, tal vez habéis asistido a otras charlas, conferencias o visitado páginas webs, foros o blogs, donde se habla de la historia de la fundación de nuestra hermandad. Pero estoy prácticamente seguro, pues esto no aparece en las hemerotecas, que desconoceréis cierta información que forman parte de la historia de la misma y que solo algunos tuvimos la oportunidad de vivir, de compartir y por tanto, de conocer.

Allá por mayo de 2001, una vez pasada la Semana Santa de aquél año (perdonar que hable en primera persona) quise darle forma a una idea que rondaba mi cabeza desde hacía tiempo y que a través de mi experiencia, conocimientos y la ayuda de algún experto en temas cofrades, conseguí tras varios meses de trabajo, elaborar un proyecto de fundación de hermandad para nuestra Semana Santa. Una proyecto de hermandad cuyos pilares y fundamentos no distan muchos de los actuales, destacando especialmente la titularidad y lema de la misma y con ello la advocación a la figura de Jesús. “Yo soy el camino” y "Nuestro Padre Jesús del Gran Poder" eran el lema y la advocación que elegí como propuesta. Desde nuestra condición de pecadores, debíamos dedicar nuestro esfuerzo y sacrificio en la promoción del significado más extenso de “Gran Poder”: Gran Poder de Amor a Dios y a la Virgen María. Gran Poder de Amor al prójimo. Gran Poder de Oración y Evangelización. Gran Poder de Fraternidad. Gran Poder de Auxilio y Caridad.

He de confesaros que el proyecto fue lo suficientemente atractivo para determinados cofrades, que no dudaron en prestar su apoyo y hacer suyo el proyecto. Permitidme hacer un pequeño homenaje aquellos/as que fueron los primeros impulsores de lo que hoy es  nuestra corporación.

La propuesta fue presentada a la Orden de los Carmelitas Descalzos de Salamanca, en la persona de su prior, quien igualmente la acogió con sumo agrado, lo que generó grandes expectativas entre aquel grupo de “posibles fundadores” pues, sin duda, la iglesia y la comunidad del Carmen era un lugar que aglutinaba muchos y positivos factores para poder desempeñar los fines que perseguíamos. Pero cuando todo parecía que iba a culminar con un resultado satisfactorio hacia nuestras inquietudes, una votación de los miembros de la comunidad, con un estrecho margen de resultado, dio al traste con todas nuestras ilusiones, pues un voto fue suficiente para que no se aceptase la ubicación y fundación de la futura hermandad en el seno de la Orden del Carmelo. Y de este modo y manera, abatidos y desilusionados, decidimos “meter el proyecto en el congelador” sine die.



Cinco años después, un grupo de cofrades salmantinos nos desplazamos a Sevilla para participar y vivir la Coronación Canónica de la Virgen de la Esperanza de la Trinidad, concretamente el 10 de Junio de 2006. Fue un fin de semana inolvidable, tanto en lo personal como en lo espiritual. Eran otros tiempos, otras maneras de sentir y pensar, y muchas ganas de hacer cosas, de cambiar formas y maneras de concebir la Semana Santa.

Como no podía ser de otra manera, la Esperanza estaba con nosotros. Y quiso que, en torno a un ambiente de armonía, de amistad, de fraternidad, y en presencia de Ntro. Padre Jesús de la Caridad en su Tercera Caída y Ntra. Sra. del Desconsuelo, Sagrados Titulares de la todavía hoy Humilde Asociación Pro-Hermandad de la Barriada de Los Príncipes, ese grupo de cofrades nos “conjurásemos” `uniendo nuestros corazones para iniciar un nuevo intento de fundación de hermandad de penitencia.

A partir de ahí se revisó el proyecto inicial, que si bien en esencia se mantuvo casi íntegro, sí que sufrió cambios destacados como el lema “Dios es Amor” o las advocaciones que después darían nombre y título a la hermandad: Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo.

Como el proceso de fundación de la hermandad sí que es sobradamente conocido, no me voy a detener en él. Solamente deciros que fueron años de mucho trabajo, pero también de gran ilusión, la cual pudo con esos momentos de flaqueza y debilidad, que también los hubo, especialmente a la hora de encontrar una sede canónica donde celebrar nuestros cultos internos y albergar a Nuestras Sagradas Imágenes Titulares.
  


¿POR QUÉ JESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA CARIDAD Y DEL CONSUELO? DIOS ES AMOR

Entre la documentación que presentamos en el obispado para la aprobación de la hermandad, había un párrafo que me gustaría remarcar, pues en él se recoge prácticamente la esencia de lo que pretendíamos ser y lo que actualmente somos. Decía así: “Nuestra intención no es que Salamanca cuente con una nueva Procesión de Semana Santa, cuestión siempre opinable o discutible. Queremos y en ello va nuestro empeño y compromiso, que la sociedad salmantina se beneficie de nuestra presencia como Asociación Publica de Fieles integrada en la Diócesis de la ciudad y que bajo la devoción a unas advocaciones concretas, contribuya a impulsar el Amor a Dios, a la Virgen María y al prójimo, fomente la paz y la fraternidad, la oración y la penitencia, la caridad y la solidaridad, viva en comunión con el resto de Hermandades y Cofradías salmantinas y que en una época del año concreta, la Semana Santa, seamos un perfecto espejo donde los demás comprendan la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús”.



El 25 de diciembre de 2005, solemnidad de la Natividad del Señor, primer año del Pontificado de Benedicto XXI, el Papa promulga su primera encíclica: “Deus caritas est” (Dios es amor), sobre el amor cristiano. Encíclica que va a ser detonante a la hora de dar forma a nuestros fines e incidir directamente a la hora de elegir el título y lema de nuestra hermandad o, si preferís, en el nombre elegido para Nuestros Titulares.

En la primera parte la encíclica hace referencia a “la unidad del amor en la creación y en la historia de la salvación”. Se trata de una reflexión teológica y filosófica sobre el "amor" en sus diversas dimensiones, precisando algunos datos esenciales del amor de Dios por el ser humano y de la unión que ese amor tiene con el amor humano.

En Jesús, el amor de Dios encarnado, ese AMOR alcanza su forma más radical.  Jesús se  despoja así mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Fp 2,7).

Jesús se entregó para elevar y salvar al ser humano, expresando el amor en su forma más sublime. Y no os olvidéis de este dato: Jesús aseguró a este acto de ofrenda de amor su presencia para siempre a través de la institución de la Eucaristía, en la que, bajo las especies del pan y del vino se nos entrega como un nuevo maná que nos une a Él. Por ello, cuando participamos en la Eucaristía, nosotros también nos implicamos en la dinámica de su entrega. Nos unimos a Él y al mismo tiempo nos unimos a todos los demás.  De ese modo, el amor a Dios y el amor a nuestro prójimo se funden realmente. Por esto que, personalmente, aplaudo la decisión de la junta de gobierno de impulsar la presencia del Santísimo Sacramento en el seno de la hermandad y a la que os pido que os suméis, pues como veis, la advocación del “Despojado” está intrínsecamente unida a la Eucaristía por medio del Amor a Dios y a los demás.



En la segunda parte de la encíclica, titulada “Caritas, el ejercicio del amor por parte de la Iglesia como comunidad de amor” trata del ejercicio concreto del mandamiento del amor hacia el prójimo.

Amor por el prójimo que está enraizado en el amor de Dios y que además de ser una obligación para uno de nosotros, lo es también para toda la comunidad eclesial. No olvidemos nunca que nosotros somos una asociación pública de fieles que formamos parte del cuerpo de la iglesia diocesana.

En nuestro tiempo, un positivo efecto colateral de la globalización, se manifiesta en el hecho de que la atención por el prójimo, a los “despojados”, es cada vez más necesaria a la vez que universal. Todos conocemos que las estructuras del Estado y las asociaciones humanitarias desarrollan distintos modos la solidaridad expresada por la sociedad civil. Del mismo modo, en la Iglesia Católica han surgido nuevas formas de acción caritativa. Es importante que la actividad caritativa de la Iglesia no pierda la propia identidad, disolviéndose en la organización común asistencial, convirtiéndose en una O.N.G., sino que mantenga todo el esplendor de la existencia de la caridad cristiana y eclesial. Es decir, la caridad  debe hacerse sobre la experiencia de un encuentro personal con Cristo, cuyo amor ha tocado el corazón del creyente, suscitando en él el amor por el prójimo.



¿Y María? María, como dijo Pablo VI, “es siempre el camino que conduce a Cristo”. No se puede concebir un amor a María, que no germine en un amor a Jesús, ya que Él es el centro de nuestra vida y todo lo demás son medios para acercarnos a Él. Nuestro amor a la Madre, si es auténtico, no se puede concebir sin el mismo amor al Hijo, ya que si amamos de verdad a una persona, tenemos que amar lo que Ella ama.

Acudimos a María para llegar a Jesús, porque es acomodadora de la misericordia, de la caridad y del perdón. Ella es un atajo seguro, que desemboca en Cristo. Quien va de su mano tiene la certeza de que tarde o temprano se unirá a Jesús. Y unidos a Jesús, por María, seremos capaces de entregar nuestro amor a los demás. Ella es Caridad y Consuelo para nosotros, para los hombres, por medio de su Hijo.

En definitiva, y para concluir con este apartado, quiero destacar la aportación, el compromiso y el propósito que todos y cada uno de los promotores aceptamos a la hora de fundar la hermandad bajo las advocaciones de Jesús Despojado de sus vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo: tomar el ejemplo de Jesús, de su vida, de su amor, de su entrega a los demás como la principal razón de la creación de este sueño hecho realidad y contar siempre con la presencia de la Madre, como gran intercesora y modelo a seguir. Sin duda, Ellos nos llevaron de la mano durante este caminar que algunos privilegiados y elegidos, tuvimos la oportunidad de vivir y que hoy es el fruto de lo que para muchos es la manera de manifestar y potenciar vuestra fe. En el preámbulo de nuestros estatutos, que todos hemos jurado y prometido, queda remarcado ese compromiso:



“La imagen de Nuestro Padre Jesús Despojado nos debe hacer recordar al Hijo de Dios que se hizo hombre, asociándose al dolor de los hombres, solidarizándose con los que sufren física y moralmente, para redimirnos de toda situación de muerte y llevarnos a una nueva vida. Los hermanos hemos de ver en el Misterio de su Imagen lo que, con Jesús y por Jesús, queremos ser para con Dios y para con los hombres: entrega total y generosa hasta el fin, como testimonio de fidelidad y de amor fraterno.

La devoción de los hermanos a la Madre de Jesús, nos debe llevar a imitar la actitud de María, que supo aceptar la primera a Cristo, comprometiendo su vida con El desde la Encarnación hasta la Cruz. Debe ser nuestro modelo de actitud cristiana, por lo que hemos de manifestarle nuestro cariño y gratitud.

Y todo ello queda enmarcado en tres palabras: “DIOS ES AMOR”. El Lema de nuestra Hermandad.



DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras.

Los evangelistas narran este hecho de forma similar en los textos sagrados.

En el Evangelio de Juan 19, 23-24: “Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos. Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados.”

Por su parte, en el Evangelio de Mateo 27, 33 -36: “Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir “La Calavera”), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo.

Permitirme que explique el significado que esta, nuestra X Estación del Vía Crucis, a través de la meditación que fue leída durante el Vía Crucis que presidió el Papa Francisco el Viernes Santo de 2015 elaborada por el Obispo emérito de Novara (Italia), Mons. Renato Corti. Dice así:

  • Sentimientos y pensamientos de Jesús
 Me quedo en silencio. Me siento humillado por un gesto aparentemente banal. Hace horas que me quitaron la ropa. Pienso en mi Madre, aquí presente. Mi humillación es también la suya. También de esta manera una espada traspasó su alma. A ella le debía la túnica que me arrebataron. Era un símbolo de su amor por mí.

  • Nuestra resonancia
 Tu túnica, Señor, nos lleva a meditar en un momento de gracia y también en todas las veces que se viola la dignidad del hombre.

La gracia es la del Bautismo. Al niño que acaba de convertirse en cristiano, se le dice: «Eres ya nueva creatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de tu dignidad de cristiano. Ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna». Esta es la verdad más profunda de la existencia humana.

Al mismo tiempo, el amor con que cuidas a todas las criaturas nos lleva también a pensar en situaciones terribles: el tráfico de seres humanos, los niños soldados, el trabajo esclavo, los niños y adolescentes a los que han robado su inocencia, heridos en su intimidad, profanados sin piedad.

Tú nos haces pedir humildemente perdón a cuantos sufren estos ultrajes y rezar para que finalmente se despierte la conciencia de los que oscurecen el cielo en la vida de los demás. Ante ti, Señor Jesús, renovamos nuestro propósito de «vencer el mal con el bien»
.
Estoy convencido de que N.P. Jesús Despojado de sus Vestiduras  y su Madre Bendita, María Santísima de la Caridad y del Consuelo, seguirán dándonos su Amor y Esperanza para que entre todos podamos seguir haciendo gala de ese bonito mensaje que nos legó: “He venido a servir y no a ser servido”.


 


18 noviembre 2014

Formación Cofrade - LITURGIA (XX) - EL CANTO Y LA MÚSICA EN LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

El canto tiene el deseo de hacer participar al pueblo en los actos litúrgicos.

La función de un coro en la celebración litúrgica, al igual que el resto de la música, tiene varias vertientes:
  • Función ornamental y artística.
  • Función dinámica, ya que sirve para unir los corazones.
  • Favorece la participación, como consecuencia de lo anterior.
  • Tiene una dimensión evangelizadora y misionera.
  • Función ministerial, ya que se encuentra al servicio de la acción litúrgica.


Las características que debe cumplir la música litúrgica o ritual como últimamente se la llama deben ser: santidad, bondad de formas y universalidad.

No obstante lo anteriormente dicho, el canto del coro debe tener un principio rector: que no excluya nunca el canto del pueblo, ya que los fieles no vamos a la Asamblea para oír conciertos que otros interpretan sino a participar. 

No se debe confiar al coro el canto de todo el “propio” y todo el “ordinario” de la Misa excluyendo al pueblo de la participación activa. Hay partes de la Misa que siempre deberían ser cantadas: me refiero a la antífona de respuesta al Salmo y el propio Salmo así como el Sanctus. Recitar el salmo equivale a recitar un villancico en vez de cantarlo. 

En la Misa, el pueblo puede cantar: el canto de entrada, la respuesta al saludo inicial, el canto de aspersión cuando lo hay, los Kyries, el Gloria, el Amen conclusivo de la oración Colecta, el salmo responsorial, el Aleluya, el Credo, la respuesta a la Oración de los fieles, durante la presentación de las ofrendas, el diálogo del Prefacio, el Sanctus, las aclamaciones a la Plegaria eucarística con el Amen conclusivo, el Padrenuestro, su aclamación el Cordero de Dios, durante la comunión y en la bendición. 


Lo anterior no impide que en ocasiones muy solemnes pueda y deba cantar una coral o capilla e incluso algún solista. También, el rector del templo y el equipo de liturgia deben estar coordinados con los cantores, para que no se produzcan interferencias mutuas. 

Los principales documentos sobre la música litúrgica que el S. XX nos ha dejado son varios. Podemos citar: 
  • El motu propio Tra le Sollecitudini de san Pío X (22-11-1903)
  • La encíclica Musicae Sacrae disciplina de Pío XII (25-12-1955)
  • La Instrucción sobre la Música sagrada de la Sagrada Congregación de Ritos (3-9-1958)
  • La Constitución Sacrosanctum Concilium del Vaticano II, la cual dedica su capítulo VI a la música.
  • Como documento postconciliar destacaremos la instrucción Musicam Sacram (5-3-1967) 


Para terminar podemos citar también las orientaciones que sobre música litúrgica nos da el Misal Romano (OGMR), el Orden de las Lecturas de la Misa (OLM), la Ordenación General de la Liturgia de las Horas (OGLH), el Ceremonial de los Obispos y la Instrucción sobre La Liturgia romana y la Inculturación (25-1-1994) así como el Cantoral Litúrgico Nacional, que recoge los principales cantos de la Misa para los diferentes tiempos litúrgicos y otros temas. 

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La música sagrada es aquella que, creada para la celebración del culto divino, posee cualidades de santidad y de perfección de formas. La música sacra será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración o fomentando la unanimidad, ya enriqueciendo de mayor solemnidad los ritos sagrados. 

La música sagrada tiene el mismo fin que la liturgia, o sea, la gloria de Dios y la santificación de los fieles. La música sagrada aumenta el decoro y esplendor de las solemnidades litúrgicas. “La música sacra – dirá el papa Juan Pablo II- es un medio privilegiado para facilitar una participación activa de los fieles en la acción sagrada”. 

La música no debe dominar la liturgia, sino servirla. En este sentido, antes de San Pío X se celebraban muchas misas con orquesta, algunas muy célebres, que se convertían a menudo en un gran concierto durante el cual tenía lugar la Eucaristía. Ya se desvirtuaba la finalidad profunda de la música litúrgica, la gloria de Dios. Amenazaba la irrupción del virtuosismo, la vanidad de la propia habilidad, que ya no está al servicio del todo, sino que quiere ponerse en un primer plano. 


Todo esto hizo que en el siglo XIX, el siglo de una subjetividad que quiere emanciparse, se llegara, en muchos casos, a que lo sacro quedase atrapado en lo operístico, recordando de nuevo aquellos peligros que, en su día, obligaron a intervenir al concilio de Trento, que estableció la norma según la cual en la música litúrgica era prioritario el predominio de la palabra, limitando así el uso de los instrumentos. 

Géneros de música sagrada que se permiten en la Iglesia:

San Pío X ofreció como modelo de música litúrgica el canto gregoriano, porque servía a la liturgia sin dominarla. Tras el concilio Vaticano II, con la introducción de la lengua del pueblo en la celebración, la música cambió y se buscaron otras melodías diferentes al gregoriano. Sin embargo, el principio de que el canto debe servir a la liturgia continúa vigente. 

Hoy, ¿qué música sagrada permite la Iglesia?: Se permiten el canto gregoriano, la polifonía sagrada antigua y moderna, la música sagrada para órgano y el canto sagrado popular, litúrgico y religioso.


También el Vaticano II permitió la música autóctona de los pueblos cristianos, pero adornada de las debidas cualidades. La Iglesia aprueba y admite todas las formas musicales de arte auténtico, así vocal como instrumental. Pero de nuevo debemos recordar el principio: la música debe servir a la liturgia, no dominarla. 

Entre todos estos géneros musicales, la Iglesia da la preferencia al canto gregoriano, que es el propio de la Liturgia romana y al que San Pío X califica de supremo modelo de toda música sagrada, el único que heredó de los antiguos Padres, y que custodió celosamente durante el curso de los siglos en sus códices litúrgicos. 

Instrumentos que son admitidos: 

Nos contesta el Concilio Vaticano II: “En el culto divino se pueden admitir otros instrumentos, a juicio y con consentimiento de la autoridad eclesiástica territorial competente, siempre que sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado, convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los fieles” (Sacrosanctum Concilium, n. 120). 



Principios que ofrece el Papa para la música dentro de las celebraciones litúrgicas católicas:

“Ante todo es necesario subrayar que la música destinada a los ritos sagrados debe tener como punto de referencia la santidad”. 

“No puede haber música destinada a las celebraciones de los ritos sagrados que no sea primero verdadero arte”. Sin embargo, “esta cualidad no es suficiente” advierte el Santo Padre. 

“La música litúrgica debe en efecto responder a sus requisitos específicos: la plena adhesión a los textos que presenta, la consonancia con el tiempo y el momento litúrgico a la que está destinada, la adecuada correspondencia con los ritos y gestos que propone”. 

El sagrado ámbito de la celebración litúrgica no debe convertirse jamás en laboratorio de experimentos o de prácticas de composición y ejecución introducidas sin una atenta revisión”, dice además el papa. El canto gregoriano, dice luego Juan Pablo II, “ocupa un lugar particular”; pues “sigue siendo aún hoy el elemento de unidad” en la liturgia. 


En general, señala el papa, el aspecto musical de las celebraciones litúrgicas “no puede ser dejado a la improvisación, ni al arbitrio de los individuos, sino que debe ser confiado a una bien concertada dirección en respeto a las normas y competencias, como fruto significativo de una adecuada formación litúrgica”. Por ello, en el campo litúrgico, el Papa señala “la urgencia de promover una sólida formación tanto de los pastores como de los fieles laicos”. 

El papa Benedicto XVI enumera otros criterios sobre la música sagrada, que son importantes destacar:

  • La letra de la música litúrgica tiene que estar basada en la Sagrada Escritura.
  • La liturgia cristiana no está abierta a cualquier tipo de música.
  • Nuestro canto litúrgico es participación del canto y la oración de la gran liturgia, que abarca toda la creación. Así vencemos el subjetivismo y el individualismo, que llevaría al virtuosismo y a la vanidad.
Gracias a Valladolid Cofrade por la cesión del contenido de este post.

04 noviembre 2014

Formación Cofrade - LITURGIA (XIX) - OBJETOS LITÚRGICOS

CRUZ PROCESIONAL: Signo de nuestra Redención, del Sacrificio de Cristo y de su victoria sobre la muerte. Precede toda procesión, y se inciensa por ser signo de Salvación. 


ACETRE: Caldero de agua bendita que se usa para las aspersiones litúrgicas. El agua se recoge del acetre y se dispersa con el hisopo. 


CÁLIZ: Copa, vasija donde se bebe. Recipiente en forma de copa con ancha apertura. En la Liturgia cristiana, el cáliz es el vaso sagrado por excelencia, indispensable para la Misa ya que debe contener el vino que se convierte en la Sangre Preciosísima de Cristo. Su forma, materia y estilo han variado mucho en el curso de la historia. Los cálices solían ser de oro y tenían a veces un valor extraordinario. Debe ser preferiblemente de metales preciosos. El pie o soporte puede ser de otra materia. El Cáliz debe consagrarse exclusiva y definitivamente para el uso sagrado en la Santa Misa. 


COPÓN: Vaso con tapa en que se conservan las Sagradas Hostias, para poder llevarlas a los enfermos y emplearla en las ceremonias de culto. En la actualidad los copones suelen ser de menos estatura que los cálices para distinguirlos de estos. 


PURIFICADOR: Servilleta de lino para limpiar y secar el Cáliz, la Patena y el Copón. 


CORPORAL: Pieza cuadrada de tela sobre la que descansa la Eucaristía. Sobre ella se pone la patena y el cáliz durante la Misa. Antiguamente la Sagrada Hostia descansaba directamente sobre el corporal desde el ofertorio hasta la fracción. También se pone debajo de la custodia durante la Exposición del Santísimo. Debe de ser de lino o cánamo y no de otro tejido. No debe llevar bordado más que una pequeña cruz. Para guardarlo debe doblarse en nueve cuadrados iguales. 


MANUTERGIO: Toallita para secarse las manos. 


CRISMERA: Vaso o ampolla donde se guarda el crisma. 


CUSTODIA: Recipiente sagrado donde se pone la Hostia consagrada de manera que se pueda ver para la adoración, sobre todo en la Bendición eucarística y las procesiones. También se le llama ostensorium, del latín ostendere, mostrar. Hay gran variedad de tamaños y estilos. Generalmente tiene forma de sol, cruz o relicario. 


GREMIAL: Paño cuadrado que se ciñe el obispo durante ceremonias litúrgicas, por ejemplo en el lavatorio de los pies de la Misa del Jueves Santo. El gremial de seda y encaje para las misas pontificas ya no se usa. Uno de lino u otro material puede utilizarse. 


HIJUELA: Paño blanco que se coloca sobre la patena (paño circular), o sobre el cáliz (paño cuadrado). 


HISOPO: Utensilio con que se esparce el agua bendita, consistente en un mango que lleva en su extremo un manojo de cerdas o una bola metálica hueca y agujereada para sostener el agua. Se usa con el acetre. 


INCIENSO: Resinas aromáticas, granulada o en polvo, que se queman en el incensario durante algunas liturgias. Su humo tiene fragancia. Cuando se bendicen son un sacramental. Quemar incienso significa celo y fervor; su fragancia: virtud; el humo que se eleva: las oraciones que ascienden al cielo. 


INCENSARIO: Brasero colgado de un nudo por 3 cadenas en el cual se echa el incienso, con una tapa móvil que se acciona por una cuarta cadena. Se utiliza para incensar en las ceremonias litúrgicas.


NAVETA: Recipiente para el incienso, en forma de canoa, con una cucharita para servirlo. PALIA: Lienzo para cubrir el cáliz. 


PATENA: Plato redondo donde se pone la Sagrada Hostia. Debe ser de metal precioso como el cáliz y también debe ser consagrado exclusiva y definitivamente para el uso en la Santa Misa. 


PECTORAL: Cruz que llevan al pecho los obispos. 


PÍXIDE: Cajita más pequeña que el copón donde se lleva la Eucaristía a los enfermos. 


PURIFICADOR: Pequeño lienzo que utiliza el sacerdote en la Misa para purificar el cáliz. 


PLATILLO DE LA COMUNIÓN: Para impedir que caigan partículas en la comunión se coloca bajo la barbilla de cada comulgante. 


HUMERAL: Paño que cubre los hombros del ministro cuando lleva el Santísimo Sacramento en procesión o cuando da la bendición con El. 


VINAJERAS: Las vasijas para el vino y el agua que se usan en la Santa Misa. Generalmente son de cristal y se colocan en una bandeja pequeña. Es permitido que sean de otro material (bronce, plata, oro e incluso de cerámica bien sellada) siempre y cuando puedan dignamente contener los líquidos.

Usualmente tienen asas y tapones. Son de diferentes estilos y tamaños. Tradicionalmente, para evitar confusión al utilizarlas, las vinajeras se gravaban las iniciales "V" y "A", por el latín vinum y aqua. 

Las vinajeras junto con las hostias no consagradas pueden ser llevadas en procesión por dos fieles y presentadas al sacerdote durante el Ofertorio. 


VIRIL: Pieza redonda, tradicionalmente de cristal transparente con borde de oro o dorado, en que se pone la Sagrada Hostia para sostenerla en la Custodia. 


LAMPARA DEL SANTÍSIMO: Lámpara de aceite, cera o electricidad que arde junto al Sagrario donde está la Eucaristía, y sirve para indicar la presencia del Señor. 


CIRIO PASCUAL: Gran vela que se bendice en la Vigilia Pascual, símbolo de Cristo Resucitado. Se enciende en las Misas del tiempo Pascual y algunas otras celebraciones (bautismo, confirmación, primera comunión, funeral).


Gracias a Valladolid Cofrade por la cesión del contenido de este post. http://www.valladolidcofrade.com/