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29 marzo 2019

Solemne Besapié en honor a Nuestro Padre Jesús Despojado de sus vestiduras 2019 (Salamanca)



“Porque cualquiera que se enaltece, será humillado;
y el que se humilla, será enaltecido”







“…porque el que es más pequeño entre todos vosotros,
ése es el más grande”







“…aprended de mí, que soy manso 
y humilde de corazón”






“…el que quiera ser el primero entre vosotros
será vuestro siervo;
como el Hijo del Hombre no vino para ser servido,
sino para servir…”







“Porque cualquiera que se enaltece, será humillado;
y el que se humilla, será enaltecido”







“Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies,
ustedes también deben lavarse los pies unos a otros”





“...sino que se despojó a sí mismo,
 tomando forma de siervo, 
 hecho semejante a los hombres”






“Él buscaba otra cosa: buscaba a la gente. 
 Y la gente le buscaba a Él: 
 la gente tenía los ojos fijos sobre Él 
 y Él tenía los ojos fijos sobre la gente”

01 abril 2017

Solemne Besapié en honor a Nuestro Padre Jesús Despojado 2017 (Salamanca)










Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?,
¿por qué no vienes a salvarme?,
¿por qué no atiendes a mis lamentos?
Dios mío,
día y noche te llamo, y no respondes;
¡no hay descanso para mí!










Pero yo no soy un hombre, sino un gusano;
¡soy el hazmerreír de la gente!
Los que me ven, se burlan de mí;
me hacen muecas, mueven la cabeza
y dicen:
“Éste confiaba en el Señor;
pues que el Señor lo libre.
Ya que tanto lo quiere, que lo salve.”









No te alejes de mí,
pues estoy al borde de la angustia
y no tengo quien me ayude.
Mis enemigos me han rodeado como toros,
como bravos toros de Basán;
rugen como leones feroces,
abren la boca y se lanzan contra mí.










Soy como agua que se derrama;
mis huesos están dislocados.
Mi corazón es como cera
que se derrite dentro de mí.
Tengo la boca seca como una teja;
tengo la lengua pegada al paladar.








¡Me has hundido hasta el polvo de la muerte!
Como perros, una banda de malvados
me ha rodeado por completo;
me han desgarrado las manos y los pies.
¡Puedo contarme los huesos!
Mis enemigos no me quitan la vista de encima;
se han repartido mi ropa entre sí,
y sobre ella echan suertes.








Pero tú, Señor, que eres mi fuerza,
¡no te alejes!, ¡ven pronto en mi ayuda!
Líbrame de morir a filo de espada,
no dejes que me maten esos perros,
sálvame de la boca de esos leones,
¡defiéndeme de los cuernos de esos toros!








Yo hablaré de ti a mis hermanos,
te alabaré en sus reuniones.
Ustedes, los que honran al Señor, ¡alábenlo!
¡Glorifíquenlo todos los descendientes de Jacob!








Inclínense y adórenlo sólo a él
todos los que viven en abundancia,
todos los que han de volver al polvo,
pues en sí mismos no tienen vida.