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24 septiembre 2025

Festividad de Nuestra Señora de la Merced 2025 - Merced Salamanca

 

Hoy celebramos a Nuestra Señora de la Merced, una advocación mariana que recuerda la misericordia de Dios y nos invita a ser portadores de libertad y justicia, así como lo fue San Pedro Nolasco al fundar la Orden Mercedaria para liberar a los cautivos. Las reflexiones para esta fecha giran en torno a la importancia de reflejar la misericordia divina en nuestras acciones, luchar contra las nuevas formas de esclavitud y ser un canal de Esperanza para quienes sufren, de forma similar a como María es la "Madre de la Merced".


 

Ideas para la reflexión:

 

La misericordia como camino de vida: El nombre "Merced" significa misericordia, gracia o perdón. Debemos preguntarnos cómo podemos aplicar estas virtudes en nuestra vida, mostrando compasión y empatía ante las necesidades de los demás, especialmente los más vulnerables.

 

Liberación y Esperanza: La Virgen de la Merced se apareció para animar en la tarea de liberar cristianos cautivos. En el mundo actual, existen muchas formas de "cautiverio", no solo físico sino también de la adicción, la violencia, la injusticia o la manipulación. La Virgen nos llama a ser agentes de liberación en todas estas áreas.

 

María como modelo de intercesión y acompañamiento: En la tradición católica, María es una madre que intercede por nosotros ante Dios. Ella nos enseña a "hacer todo lo que Él les diga" (Juan 2:5) y nos acompaña en nuestros momentos de dificultad.


 

La familia y la fe como valores fundamentales: Nuestra Señora de la Merced nos recuerda que las cosas verdaderamente importantes son las de Dios, y que debemos colocar la familia y la fe en un lugar privilegiado en nuestras vidas.

 

La fraternidad y el amor de Dios: Al ser hijos del mismo Padre Dios, somos hermanos y hermanas. La Virgen María nos recuerda esta fraternidad y nos impulsa a vivir un amor que se extienda a todos, reflejando el amor de Dios.

 

Tras leer estas reflexiones (evidentemente no son mías, si no extraídas de internet vía consulta IA) no puedo por menos que preguntarme si aquellos seguidores de Pedro Nolasco, cuando fundaron la Orden Mercedaria de la mano de Nuestra Señora de la Merced, se imaginaban que unos cuantos siglos después parte del carisma mercedario iba a perder tanto valor.


 

Invito a que “buceéis” un poco en la red de redes y leáis algunas de las opiniones o críticas a la situación actual de la orden, en el sentido de “cómo mantener la especificidad del carisma mercedario en la búsqueda de obras pastorales, evitando desdibujar su misión original de atender cautividades muy concretas, como en el siglo XIII.” Quiero entender que estas opiniones no se pueden hacer extensivas a todas las órdenes, cofradías o esclavitudes mercedarias, pues me consta que algunas procuran aplicar en sus ámbitos, en sus vidas, los principales postulados mercedarios. Y también, como otras muchas se preocupan más de lo externo, de lo material, sin tener una presencia activa, permanente y constante, con lo que la devoción a la “Merced”, la implicación en las tareas fundamentales, quedan relegadas a un segundo o tercer plano, impidiendo crecer como rama importante y necesaria en el seno de la Orden.

 

Por ello, es importante seguir el modelo que la Orden mantiene desde hace años con relación a lo que se denomina “Misión de Redención”, dedicándose a la liberación y defensa de los más vulnerables, no sólo los presos, sino también a los refugiados y a los pobres (de todo tipo y condición). Existen ejemplos de implicación en centros penitenciarios, programas de reinserción social, atención a refugiados y educación, etc.


 

Personalmente (algunos estudiosos también lo están planteando) pienso que la Orden debe atajar o afrontar con serenidad, desde la experiencia, desde los principios fundamentales, pero también desde la realidad actual, la cuestión que últimamente está generando dos corrientes o dos modelos que no deben ser contrapuestos, si no complementarios. Me refiero a la enseñanza, a la formación, tanto de lo que se conoce como los “coristados mercedarios” y/o los miembros de las asociaciones de laicos, órdenes terceras, esclavitudes o cofradías.

 

Hay quienes cuestionan si la enseñanza, incluso en clave liberadora, diluye el carisma específico de la Orden. Se argumenta que la misión mercedaria debe centrarse en situaciones de cautiverio más análogas a las del siglo XIII, donde la redención era la tarea principal. Dicho de otro modo, hay un debate sobre si la Orden debe optar por obras pastorales más generales o mantener un enfoque especializado en las “cautividades” que claman por su presencia.


 

Entiendo que existen corrientes dentro de la orden que están preocupados por cómo adaptar el carisma a las nuevas realidades sin “forzarlo” hasta el punto de reducirlo a su mínima expresión, preservando así su identidad única. De hecho, hay quienes, ante el miedo de la pérdida del carisma mercedario, se han “enrocado o encastillado” de forma que han optado por mantener un perfil pastoral propio de épocas preconciliares, más cercanos a otros carismas que al propio de la Orden. Y, por otro lado, nos encontramos con una visión mucho más cercana a lo que se interpreta como “la redención moderna” en toda la extensión de la palabra, abrazando otras formas más actuales, más “progresistas” que dirían los mercedarios ortodoxos, para afrontar la opresión y la esclavitud, como la exclusión social o la persecución, que suponen una cautividad de la persona.


 

En definitiva, que hoy, Festividad de Nuestra Madre de la Merced, Redentora de Cautivos, el cuerpo me pedía compartir contigo no solo la conmemoración o celebración de su festividad. No solo algunas de las fotografías dedicadas a Nuestra Señora de la Merced de Salamanca. Si no también estas reflexiones, opiniones, preocupaciones o como quieras denominarlas, que van mucho más allá de una misa solemne o de una procesión, sin querer restarle valor o importancia a estos cultos. Valor o importancia que adquirirán mayor repercusión y relevancia, desde el sentido de la fe y la devoción, si dejamos de lado los protagonismos, los egos, las deslealtades y nos centramos más en liberarnos de nuestros propios cautiverios, siendo redentores también de nuestras faltas y de las del prójimo y, como no puede ser de otra manera, viviendo el espíritu de Jesucristo tal y como nos legó San Pedro Nolasco. 


¡Feliz día de Nuestra Señora de la Merced!



18 diciembre 2021

Mis reflexiones en el día de la Esperanza -18 de Diciembre de 2021

 

La pertenencia a una hermandad no es un juego, ni una moda o un pasatiempo. No es ni irrelevante ni tampoco una frivolidad, aunque a veces lo parezca por mor de nuestro comportamiento y actitudes. Mis padres, fundamentalmente mi padre, me inculcó que ser hermano es un sentimiento, un compromiso, una responsabilidad y, por encima de todo, un ejercicio de lealtad, respeto y amor al Señor y a la Virgen. Todo ello enmarcado en un conjunto de normas y reglas que llamamos Estatutos, los cuales juramos y prometemos desde la libertad y bajo nuestra condición de bautizados. 

Responsabilidad que nos repartimos a partes iguales entre los que ejercen el gobierno de la corporación y los que integramos la nómina de la misma, es decir, los que generalmente nos dedicamos a criticar, exigir o a bailarles el agua a los primeros. Desde hace unos años para acá, con el Covid-19 de por medio (ese que nos iba a hacer mejores personas) estamos convirtiendo nuestras asociaciones de fieles en un instrumento de proyección personal, de satisfacción de nuestros intereses y ambiciones y, como consecuencia de ello, en un debate permanente de “pares y nones”. Nada que ver con lo que he descrito en la primera parte del post. 

A lo largo de los más de 40 años de mi vida cofrade he sido testigo de la evolución de las hermandades y cofradías. En mis inicios, primaban más las actitudes cristianas y cualidades humanas que el “amiguismo” y, en este sentido, era raro encontrarse con decisiones de juntas de gobierno como las que se producen en la actualidad. Como digo, los cargos de confianza estaban cimentados en valores más puros, más cristianos y más de aptitudes o experiencias. Hoy día nada de esto es así, salvo raras excepciones, con lo que ello conlleva: discusiones, cabreos, divisiones, envidias, tensiones internas y, sobre todo, dolor, mucho dolor. 

O estás conmigo o contra mí. ¡Qué rápido se nos han olvidado las palabras de Jesús! “No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados y, con la medida que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? O como dirás a tu hermano: ¿Déjame sacar la paja de tu ojo y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo y, entonces, verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.” 

Y, por si todos estos ingredientes no son suficientes para hacer un “buen caldo”, llegaron las Redes Sociales para echarnos una mano y despojarnos de todas nuestras bilis sin reparar en las consecuencias. La mal llamada o utilizada “libertad de expresión” nos está haciendo un daño irreparable. No somos conscientes, yo el primero, que toda la inquina que vertimos contra otros u otras, va en detrimento de la propia hermandad y de nosotros mismos, sin olvidar a terceros que nada tienen que ver con “la película” y, lo que es peor si cabe, que lo hacemos sin filtros, a la vista de todos y dejando constancia de nuestras miserias de manera pública y explícita. (Algunos, menos valientes, se esconden con perfiles falsos o seudónimos cofrades).

Ahora bien, cuando llegan esas fechas marcadas en rojo en el calendario cofrade, nos revestimos de “buenos cofrades”. Nos ponemos el traje y la corbata, el hábito o el costal y nos creemos la esencia de la pureza. Todos, juntos como hermanos, nos ponemos frente al Señor o la Virgen, lloramos, nos abrazamos, compartimos “momentazos” dándonos golpes de pecho, enterrando el hacha de guerra, pero con el cuchillo en el bolsillo pues, en cuanto pasa el día, volvemos a las andadas. Evidentemente, hay quienes, ni siquiera, se ablandan en estos singulares días, tanto da si son dirigentes o “soldados rasos”. 

Mucho se ha escrito y debatido sobre la naturaleza humana y doctores tiene la Santa Madre Iglesia, si se me permite la expresión. A mi juicio, todos nacemos con la doble condición de hacer el bien y el mal. Esta afirmación la fundamento porque lo he comprobado en mis propias carnes y porque uno ya tiene la edad suficiente para haber vivido y conocido a muchas personas que me han demostrado que todos somos capaces de ser buenos y malos. Es más, en ocasiones creo que nuestra condición humana necesita del amor y del odio para sobrevivir, para hacernos sentir que somos alguien en esta sociedad. 

Dicho lo cual, y extrapolándolo al ámbito cofrade, no debemos extrañarnos ni sorprendernos ante actitudes tan desiguales. El quiz de la cuestión es que, a diferencia de otros seres humanos, los cofrades somos cristianos, católicos y, algunos, marianos (como yo). Y no tiene, o no debería tener, razón de ser y de actuar conforme a actitudes cainistas y sí más próximas a Aquél a quien decimos seguir, profesamos querer y por el que nos rompemos el pecho en cada veneración, besamanos o estación de penitencia. En vez de comprender al prójimo, ponernos en su lugar, de intentar y conseguir la unidad o el consenso, actuamos irracionalmente, fomentamos el conflicto, nos alejamos del sentimiento de fraternidad y damos rienda suelta a nuestros impulsos más alejados del “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Eso sí, que no falte la estampa en el bolso, en la cartera o en el móvil o la típica foto posando junto a Nuestros Titulares, como si de un photocall se tratase. 

Y te preguntarás, querida o querido seguidor, después de toda esta reflexión, ¿Qué nos queda, Macareno40? Pues sencilla y rotundamente nos queda la Esperanza. El Papa Francisco, al cual admiro, sigo y defiendo, no cesa en su empeño a la hora de invitarnos a mirar con ojos de Esperanza, “la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte”. Esperanza que, para los cristianos, tiene cara, nombre y apellidos: María, y por su bendita intercesión, Jesús de Nazaret, el Salvador del mundo.   

Hoy, 18 de diciembre de 2021, celebramos la festividad de la Expectación de la Madre de Dios. Ella es el mayor y mejor ejemplo a seguir. Nos marca el camino, el sendero, que nos lleva al encuentro de su Hijo y al amor con nuestros semejantes. Contemplándola, cuando acudimos a su llamada, a su encuentro, conscientes de que su vida no fue sencilla ni siquiera en los momentos del alumbramiento, descubrimos la grandeza del sentido de la espera, de la Esperanza. Nadie mejor que Ella para entender que, ante la injusticia, la incomprensión, las preguntas sin respuestas, la respuesta correcta no es irritarnos, angustiarnos o actuar con tiranía y violencia. 

La Esperanza es sinónimo de paz, de dulzura, de paciencia, de lealtad, de amor. ¡Haced lo que El os diga! Aunque esto nos pueda resultar desconcertante e imposible de poner en práctica ante nuestras realidades, estoy convencido de que, en los momentos más complicados de nuestra vida, cuando las contrariedades nos agobien, el mejor espejo en el que mirarnos es ella, Nuestra Esperanza.   

Madre de la Esperanza, Macarena Nuestra,
Tú, que diciendo sí te convertiste en la Madre de Dios,
ayúdanos a seguir tu modelo y ejemplo
e intercede por nosotros, tus hijos,
para que sigamos el camino de Jesús Nuestro Señor
 

¡Felicidades Madre, Esperanza Macarena!