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03 mayo 2010

Semana Santa Ecija (Sábado Santo)

Real, Muy Ilustre, Antigua y Noble Cofradía de Nazarenos de Ntra. Sra. en la Consideración de Sus Angustias y Soledad, Sto. Entierro de Ntro. Sr. Jesucristo y del Dulce Nombre de Jesús

Sede: Iglesia Parroquial Nuestra Señora del Carmen
Fundación de la Hermandad: 15/7/1573, aunque hay escrituras de donación a favor de la Hermandad de 1492
Hermano Mayor: D. Fernando A. Varela Pairet.

El día 11 de julio de 1573, el licenciado Juan Rodríguez, Provisor del Arzobispado, aprobaba la Regla de la "cofradía de la Soledad de Nuestra Señora", primitivo título con el que iniciaba su andadura la hermandad que marca en Écija el epílogo de la Pasión y Muerte de Jesucristo. Instituida canónicamente en el convento de carmelitas calzados, tuvo capilla propia contigua al templo conventual desde 1609.

Prácticamente desde su fundación gozó de un prestigio y fervor inusitado. Según testimonio de 1623, esta cofradía era la que tenía el mayor número de hermanos "y es cofradía de gran nombre y mucha devoción e solemnidad, que sale el Viernes Santo por la tarde,...e se celebra con mucha autoridad de pompa". En la tarde del Viernes Santo hacía igualmente estación de penitencia otra poderosa hermandad, la de Nuestra Señora del Rosario, con sede canónica en el convento de San Pablo y Santo Domingo. La rivalidad entre ambas fue una constante en los siglos XVII y XVIII, hasta el punto de que fueron condenadas, por sentencias del Consejo de Castilla de 1786 y 1789, a abandonar la penitencia pública por los grandes "escándalos y excesos” que provocaban. A raíz de este suceso la hermandad de Nuestra Señora del Rosario no volvió a procesionar, subsistiendo hasta nuestros días como hermandad puramente de culto. La de Nuestra Señora de la Soledad, en cambio, consiguió permiso real en 1834 para reanudar esta práctica cada Viernes Santo.

Con fecha 6 de junio de 1852, la hermandad de Nuestra Señora de la Soledad aprobó un reglamento de régimen interior y económico. El auge que experimentó esta corporación a mediados del siglo XIX, cuya Junta de Gobierno estaba constituida por la nobleza local, se vio reforzado por la aceptación que del cargo de Hermano Mayor hizo la reina Isabel II en 1854, pasando a denominarse Real.

Años más tarde, en julio de 1879, la cofradía consiguió autorización del Arzobispo de Sevilla para agregar a su título el de Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, en atención al Santo Sepulcro que tradicionalmente desfilaba con la Titular. En este mismo año se le permitió además la organización de un Santo Entierro Magno. Con tal motivo, en la tarde del Viernes Santo de 1880, numerosos nazarenos recorrieron las calles de Écija, acompañando a las más veneradas imágenes de las hermandades ecijanas.

Del cortejo procesional formaron parte los pasos de Niño Perdido, Cristo de la Misericordia, Columna y Azotes, Jesús Nazareno (parroquia de San Juan), San Juan Evangelista y Virgen de la Esperanza, Jesús Nazareno Abrazado a la Cruz, Santísimo Cristo de la Exaltación en la Cruz, Santísimo Cristo de la Sangre, Quinta Angustia, Santo Sepulcro y Virgen de la Soledad. La hermandad de Nuestra Señora de la Soledad supo imprimir a sus desfiles una solemnidad y lujo extraordinarios. A fines del siglo XIX y principios del XX, la prensa local ecijana se hacía eco de los numerosos forasteros que se trasladaban a esta ciudad para contemplar su estación de penitencia.

A fines del siglo XIX y principios del XX, la prensa local ecijana se hacía eco de los numerosos forasteros que se trasladaban a esta ciudad para contemplar su estación de penitencia.

Ésta se abría con la sección de caballería romana, seguida del estandarte de la Real Hermandad, bastoneros, tres nazarenos con los atributos de la Pasión, Rey David y dos profetas alumbrado, y paso de la Quinta Angustia, estandartes de las restantes hermandades de la ciudad, cruces parroquiales (excepto la de Santa María), La Fe, Sibilas, alumbrado del Santo Sepulcro, incensarios, paso del Santo Sepulcro escoltado por un cuerpo de infantería romana, nazarenos, Banda Municipal, coro de ángeles precedidos de San Miguel, La Verónica y tres Marías, cruz parroquial de Santa María, capilla de cantores, Directiva de la Hermandad, paso de la Virgen de la Soledad, preste y diácono, tribunal eclesiástico, Ayuntamiento bajo mazas, coronel de la Remonta, juez y Guardia Municipal. Cada salida generaba un considerable desembolso. Desde 1883 y hasta los años setenta del S.XX, la escasez de recursos económicos hizo que la vida de la hermandad se redujera básicamente a sus cultos internos, siendo pocos los años en que efectuó estación de penitencia.

Los años cincuenta introdujeron una novedad de consideración en la cofradía: el traslado de su pública penitencia a la tarde del Sábado Santo. Este día aún se mantiene, reconocido y sancionado por la nueva Regla de 1990.
El cortejo procesional se compone actualmente de tres pasos: la Quinta Angustia, el Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora de la Soledad.
Reseña artística:

Paso que representa la angustia de Ntra. Señora cuando recoge en su regazo el cuerpo sin vida de Ntro. Señor Jesucristo. Las figuras centrales de este misterio son obra del escultor ecijano Rafael Amadeo Rojas, realizadas ambas en madera de cedro real y policromadas. La figura del Stmo. Cristo de la Paz, es de cuerpo entero, en el que se incluye el paño de pureza, mientras que la de María Santísima doble candelero, para cuando no está con la fi gura de nuestro Señor. El conjunto se remata con una Cruz de madera recubierta con láminas de carey con incrustaciones de plata. Sentados en el borde de los laterales de la canastilla, se sitúan dos Ángeles Pasionsitas realizados en madera tallada y policromada, portando sendas cintas de luto con inscripciones en latín clásico bordadas con hilo de plata.


El paso, en madera de caoba en su color, se debe al ebanista ecijano José Rosado y la talla a Francisco Palos de Puente Genil (Córdoba), es de estilo barroco con apliques en plata de ley cincelados por Alfonso Martín (Écija). La iluminación consta de cuatro faroles del orfebre cordobés Damián de Castro, en cada una de las esquinas de la canastilla y ocho tulipas de guardabrisas en la mesa en los huecos de la canastilla.




La venerada Imagen de Jesús en su Santo Sepulcro, es de estilo gótico tardío, fechado entre los siglos XIV y XV, de autor desconocido. Imagen de tamaño natural de pronunciado hieratismo con el que el escultor quiere expresar la falta de movimiento propio de los cadáveres. Con las manos sobre el regazo sin apoyarse en él y las piernas flexionadas, apoyadas únicamente en los talones, transmite cierta tensión. El rostro de Cristo aparece plácidamente dormido. Restaurado en la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid en 1996.



Cristo es acogido dentro de una urna neoclásica realizada en madera y recubierta por finas láminas de carey con incrustaciones en plata de ley cincelada, por el exterior. En el interior se encuentra decorada con la técnica del trampantojo, imitando el carey. Fue realizada por Cristóbal de Yepes, de Sevilla, en 1711, hecho fielmente datado por la reciente restauración a la que ha sido sometida, por D. Luis Cristóbal Antón, en la que se encontró un pergamino con el nombre del autor nombrado y la fecha. En otro pergamino se encontró la oración “Señor, en ti espero, no verme confundido para la eternidad”.


La canastilla sobre la que se asienta la urna es de estilo romántico, realizada en madera dorada, en la que se incrustan cuatro cartelas policromadas con escenas de la pasión en los laterales, restauradas por D. Luis Cristóbal Antón, que las atribuye a Pedro Duque Cornejo, autor de las imágenes de los cuatro Evangelistas que acompañan al paso (S. XVIII). Las dos cartelas frontales han sido restauradas y policromadas por Ángel de la Feria (Sevilla), que restauró y doró la canastilla en 2003.


La urna se ilumina con cuatro faroles de plata de ley de Damián de Castro. El bordado de los faldones de tisú de oro, sobre terciopelo negro, es del ecijano José Luis Asencio.




La bellísima Imagen de Ntra. Señora de la Soledad, es de candelero (para vestir) con pelo natural, atribuida a Luisa Roldán, más conocida por el sobrenombre de La Roldana, del siglo XVIII. Procesiona sobre una peana de considerable altura de madera tallada, dorada y policromada, atribuida a Pedro Duque Cornejo, rodeada de altos candelabros dorados de guardabrisas y arcángeles pasionistas realizados en madera tallada, policromada y estofada, atribuidos a La Roldana, todo al más puro estilo ecijano. El dorado del paso ha sido restaurado recientemente por Ángel de la Feria, de Sevilla.

La imagen de la Virgen se encuentra rodeada por una magnífica ráfaga de plata de ley obra cincelada por el orfebre Damián de Castro, así como, a juego y del mismo autor media luna y corona imperial de hacia 1770. El bordado de los faldones de tisú de oro sobre malla y terciopelo negro son obra de Jesús Rosado Borja.

















Gracias a Yolanda García Garcia por su inestimable colaboración - textos e imágenes

01 mayo 2010

Semana Santa Écija (Viernes Santo IV)

Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús Sin Soga, Ntra. Sra. de la Fe y Sagrados Corazones de Jesús y María

Sede: Iglesia de Santa Bárbara
Año de fundación: 1977
Hermano Mayor: D. José Naranjo Díaz

Nace esta hermandad en la primavera~verano de 1977 como fruto de la unión de dos grupos de jóvenes: uno que desarrollaba una labor de caridad y apostolado en ciertos barrios de la ciudad y otro que deseaba integrarse en una hermandad de penitencia. Instituida canónicamente en la iglesia de Santa Bárbara, filial de la parroquia de Santa María, vio aprobada su Regla por el Arzobispado de Sevilla con fecha 24 de octubre de 1988, si bien venía realizando estación de penitencia desde 1978 en la tarde~noche del Viernes Santo.

La reglamentaria Estación de Penitencia tiene lugar precisamente en la tarde~noche del Viernes Santo. Antes de iniciar la salida penitencial, los cofrades hacen promesa de silencio y realizan el recorrido oficial portando cruces de madera, sin acompañamiento musical.

Reseña artística:

La Venerada Imagen de Nuestro Padre Jesús Sin Soga, de gran calidad artística, es obra maestra de uno de los más importantes imagineros de la escuela barroca sevillana, José Montes Oca, que la realizó en 1732. Representa un Nazareno camino del Calvario, en el que la huella montañesina se refleja en el gran realismo de la cabeza, manos y pies del Señor, y la influencia mesina en la zancada, la potente anatomía y en la tensión llevada a la Imagen entre la fortaleza Divina y el sufrimiento humano de Cristo.

Recibía culto bajo la advocación de Jesús Cansado en la desaparecida capilla de San Gregorio sita en el antiguo barrio del Matadero. La actual advocación es recuperada por la Hermandad en 1977 de una antigua y pía tradición ecijana según la cual el Nazareno, del retablo callejero de la capilla exterior de Santa Bárbara, hizo el milagro de desprenderse y convertir en oro su cíngulo de esparto, socorriendo de este modo a un necesitado devoto que rezaba.

Procesiona cada tarde de Viernes Santo cargando con la cruz, sin cíngulo, sobre paso neobarroco tallado en madera en su color por Guillermo Riego y con cartelas, crestería, moldura obra de José Luís Asencio. Fue adquirido a la Hermandad del Silencio de Écija. Porta en sus esquinas 4 faroles en metal cincelado y plateado realizado en los Talleres Sevillanos de Orfebrería Sevillana.




















Nuestra Señora de la Fe es una hermosa representación de Mater Dolorosa de autor anónimo del siglo XVII. Tiene la bella particularidad de mostrar las manos unidad en actitud orante. Incorporada en 1987 al cortejo penitencial, fue cedida a la Hermandad por los religiosos del antiguo convento de San Pablo y Santo Domingo en Octubre de 1980, ya que se trata de la antigua Titular que, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Angustias, procesionó durante los siglos XVII y XVIII, en unión al Cristo Yacente en la importantísima cofradía del Rosario que, curiosamente, realizaba su Estación en la tarde del Viernes Santo desde el referido convento dominico hasta que la rivalidad encontrada con la Hermandad de la Soledad llevó al Consejo de Castilla a prohibirles a ambas la salida procesional desde 1789, no recuperando posteriormente el caracter procesional la del Rosario, que continua su actividad religiosa hasta nuestros días.

Procesiona al tradicional modo ecijano, sobre paso de madera tallada obra del pontanes Francisco Palos, combinando ante la peana de la Virgen la candelería y los candelabros de guardabrisas. Las figuras procesionales que adornan la canastilla son obra de Francisco Fernandez Enríquez y Darío Fernández Parra. La corona de Nuestra Señora de la Fe se realiza en el taller de Hijos de Juan Fernandez en 1989.











Gracias a Yolanda García García por sus textos y fotografías