Virgen María, me vuelvo hacia ti, confiando en tu compasión y misericordia, para suplicar e invocar tu ayuda. Te necesito en mi vida.
Madre llena de Esperanza, te entrego mi corazón con todas sus heridas y pecados. Lo pongo en tus manos, ¡tómalo!, sánalo, libéralo de la
esclavitud. Ayúdame, Virgen Santa, en este camino de conversión y arrepentimiento que me propongo iniciar.
Madre de la oración continua, que sostuviste a los apóstoles y les ayudaste a perseverar en la oración de súplica, escucha a este pobre pecador e intercede para que me sea concedido el don del Espíritu.
Madre, tú sabes que deseo con todo mi corazón y con todas mis fuerzas ser un verdadero orante ante el rostro del
Padre, participando de la oración de su único Hijo, nuestro Señor de la
Sentencia, y de la súplica inefable del Espíritu. Ser orante en el mundo, entre mis hermanos; ser orante de fuego, que mi vida se consuma y arda por la oración.
Enséñame a rezar como le enseñaste a Jesús. Que mi oración sea humilde, confiada y perseverante. Que mi vida se gaste amando y sirviendo al Señor y a mis hermanos y que mi única ocupación
sea la oración.
Que busque realizarlo en lo secreto, bajo la sola mirada del Padre. Sin buscarme en nada a mí mismo, por el contrario, vivir disminuyendo para que la oración de Cristo viva cada vez más en mí.
María Santísima de la Esperanza Macarena ¡Ruega por nosotros!
El Vaticano publicó este 24 de
febrero el Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2022 con el tema: “No
nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los
frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad, hagamos
el bien a todos”.
En su mensaje, el Santo Padre
recuerda que la Cuaresma es “un tiempo favorable para la renovación personal y
comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado”
y animó a reflexionar sobre el tema del Mensaje que se basa en una exhortación
de San Pablo a los Gálatas.
“No nos cansemos de orar. Jesús
nos ha enseñado que es necesario ‘orar siempre sin desanimarse’ (Lc 18,1).
Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros
mismos es una ilusión peligrosa. Con la pandemia hemos palpado nuestra
fragilidad personal y social. Que la Cuaresma nos permita ahora experimentar el
consuelo de la fe en Dios, sin el cual no podemos tener estabilidad (cf. Is
7,9). Nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de
las tempestades de la historia; pero, sobre todo, nadie se salva sin Dios,
porque solo el misterio pascual de Jesucristo nos concede vencer las oscuras
aguas de la muerte”, advirtió el Papa.