“Ven, Señor Jesús, te necesitamos. Acércate a
nosotros. Tú eres la luz: despiértanos del sueño de la mediocridad,
despiértanos de la oscuridad de la indiferencia. Ven, Señor Jesús, haz que
nuestros corazones distraídos estén vigilantes: haznos sentir el deseo de rezar
y la necesidad de amar.”
“El Adviento es el tiempo para hacer memoria de la
cercanía de Dios, que ha descendido hasta nosotros. Por ello, el primer paso de
la fe es decirle al Señor que lo necesitamos, necesitamos su cercanía. Es
también el primer mensaje del Adviento y del Año Litúrgico, reconocer que Dios
está cerca, y decirle: ¡Acércate más!. Él quiere acercarse a nosotros, pero se
ofrece, no se impone. El Adviento nos recuerda que Jesús vino a nosotros y
volverá al final de los tiempos, pero nos preguntamos: ¿De qué sirven estas
venidas si no viene hoy a nuestra vida? Invitémoslo. Hagamos nuestra la
invocación propia del Adviento: ¡Ven, Señor Jesús!”



“Hay un sueño peligroso: el sueño de la
mediocridad. Llega cuando olvidamos nuestro primer amor y seguimos adelante por
inercia, preocupándonos sólo por tener una vida tranquila. Pero sin impulsos de
amor a Dios, sin esperar su novedad, nos volvemos mediocres, tibios, mundanos.
Y esto carcome la fe, porque la fe es lo opuesto a la mediocridad: es el
ardiente deseo de Dios, es la valentía perseverante para convertirse, es valor
para amar, es salir siempre adelante.”




“Podemos despertar del sueño de la mediocridad con
la vigilancia de la oración. Rezar es encender una luz en la noche. La oración
nos despierta de la tibieza de una vida horizontal, eleva nuestra mirada hacia
lo alto, nos sintoniza con el Señor. La oración permite que Dios esté cerca de
nosotros; por eso, nos libra de la soledad y nos da Esperanza. La oración
oxigena la vida: así como no se puede vivir sin respirar, tampoco se puede ser
cristiano sin rezar. Y hay mucha necesidad de cristianos que velen por los que
duermen, de adoradores, de intercesores que día y noche lleven ante Jesús, luz
del mundo, las tinieblas de la historia. ”



“Hay un segundo sueño interior que es peligroso, es
el sueño de la indiferencia. El que es indiferente ve todo igual, como de
noche, y no le importa quién está cerca. Cuando sólo giramos alrededor de
nosotros mismos y de nuestras necesidades, indiferentes a las de los demás, la
noche cae en el corazón. Comenzamos rápido a quejarnos de todo, luego sentimos
que somos víctimas de los otros y al final hacemos complots de todo. Hoy parece
que esta noche ha caído sobre muchos, que exigen sólo para sí mismos y se
desinteresan de los demás.”




“Podemos despertar de este segundo sueño con la
vigilancia de la caridad. La caridad es el corazón palpitante del cristiano.
Así como no se puede vivir sin el latido del corazón, tampoco se puede ser
cristiano sin caridad. Algunos piensan que sentir compasión, ayudar, servir sea
algo para perdedores; en realidad es la apuesta segura, porque ya está
proyectada hacia el futuro, hacia el día del Señor, cuando todo pasará y sólo
quedará el amor. Es con obras de misericordia que nos acercamos al Señor.”
Oración del Papa Francisco a la Inmaculada
Concepción de María
Virgen Santa e Inmaculada, a Ti, que eres el
orgullo de nuestro pueblo y el amparo maternal de nuestra ciudad, nos acogemos
con confianza y amor.
Eres toda belleza, María. En Ti no hay mancha de
pecado.
Renueva en nosotros el deseo de ser santos, que en nuestras palabras
resplandezca la verdad, que nuestras obras sean un canto a la caridad, que en
nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad, que en
nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio.
Eres toda belleza, María. En Ti se hizo carne la
Palabra de Dios.
Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor, que no seamos sordos al grito de los pobres, que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, que amemos y respetemos siempre la vida humana.
Eres toda belleza, María. En Ti vemos la alegría
completa de la vida dichosa con Dios.
Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo, que
la luz de la fe ilumine nuestra vida, que la fuerza consoladora de la esperanza
dirija nuestros pasos, que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro
corazón, que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera
alegría.
Eres toda belleza, María.
Escucha nuestra oración,
atiende a nuestra súplica, que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos
seduzca, que la belleza divina nos salve, a nosotros, a nuestra ciudad y al
mundo entero. Amén.
Textos y Oración del Santo Pontífice, el Papa Francisco.