19 abril 2015

La leyenda de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder (Sevilla)

Era una primavera sobre 1964, siendo arzobispo D. José María Bueno Monreal, se organizó una santa misión, con el fin de reavivar la religiosidad popular. Se programaron numerosos actos en todos los templos, predicaciones en distintos barrios y multitudinarias comuniones de enfermos. Sevilla entera había de ser escenario de tan magnas celebraciones, en las cuales participaría activamente un centenar de religiosos y sacerdotes misioneros.





Ocurrió que la Hermandad del Gran Poder, como todas las demás, fue invitada a salir procesionalmente, y a tal efecto se bajó del altar la imagen del señor.

Había un cierto hombre, el cual tenía un taller mecánico por la barriada de Nervión. Este había sido en su infancia y en su juventud un muchacho piadoso, pero el paso de los años había ido entibiando su religiosidad hasta apartarle totalmente de la fe.








Se encontró por aquellos días con el mayordomo del Gran Poder, antiguo amigo suyo, y el cual, que iba entusiasmado y enfervorizado porque había dejado momentos antes el "paso" del Señor ya preparado, dispuesto a salir a la calle. Al encontrar a su amigo el mecánico, le dijo que por qué no se llegaba a San Lorenzo para ver al Señor del Gran Poder, que hacía tiempo que no le veía por allí. A lo que el mecánico le repuso airadamente: "¿Ir ver al Gran Poder? Como si yo tuviese otras cosas más importantes que hacer. Si el Señor del Gran Poder tiene interés en verme, !que venga a mi casa!" Mosqueado, se separó de su amigo sin despedirse.






El acto de clausura estaba previsto que se celebraría en Plaza de España, cerrando así unas demostraciones piadosas que habrían durado mas de dos semanas. Todas las imágenes estaban situadas en iglesias antiguas. El señor Arzobispo pensó que la Santa Misión, sería una buena oportunidad para que las famosas imágenes de las principales cofradías fueran llevadas a los barrios apartados. La imagen del Señor del Gran Poder estaba puesta ya en su "paso" para salir, en dirección a la populosa barriada de Nervión.






Se encontraba ya la procesión a mitad de Eduardo Dato, cuando empezó a chispear. Iban a refugiar al Señor en el Sanatorio de los Niños lisiados de San Juan de Dios, apretaron el paso los costaleros, los músicos iban tapando como podían los papeles de partituras y los parches de los tambores para que no se mojasen. Los cirios del acompañamiento y las velas de las candelarias del paso ya se habían apagado con las primeras gotas. Cuando llegaron al sitio, resultó que la puerta era demasiado estrecha y el paso no podía entrar.





Decidieron llevarlo a la iglesia de Nervion, pero llovía a cantaros y para evitar el daño de la imagen, dijeron que lo metiera en algún portal. El portal era grande, pero no tenia cabida para todo el acompañamiento. Se produjo la desbandada. Cada acompañante huyo a refugiarse donde pudo, en los edificios inmediatos, en los bares del barrio. y allí quedo el "paso", con solo el acompañamiento de la pareja de guardias que los escoltaban y los hermanos de la Junta de Gobierno de la Hermandad. Atardecía más oscuro el día que lo acostumbrado por estar el cielo cubierto y no cesaba de llover.




A esa hora, el hombre cerró el taller mecánico y, alzándose el cuello de la chaqueta para protegerse algo contra la lluvia, se dirigió a su casa. De repente, al entrar en el portal, vio la luz de los críos, la impresionante figura del señor del Gran Poder, con la cruz a cuestas y la dramática expresión del rostro, mirando hacia él fijamente. El hombre sintió que se le aflojaban las piernas. Recordó vivamente la frase que dijo horas antes, "si el Señor del Gran Poder tiene interés en verme, !que venga a mi casa! Y allí estaba en su casa, el Señor del Gran Poder, con la cruz a cuestas, los pies sangrantes, la cara suficiente y mansa, mirándole desde lo alto del paso, entre el resplandor amarillento de las velas.



Lo anterior, más que una leyenda, es una historia real al tener personajes con nombres y apellidos. Esa persona era un ex futbolista , llamado Juan Araujo, que al colgar las botas de futbolista montó un taller.


Fotografías realizadas el pasado Sábado Santo de 2015

13 abril 2015

Ante todo y sobre todo, macarenos. ¡Siempre de frente y con Esperanza! Estación de Penitencia 2015

Me pregunto si el tiempo es tozudo o, por contra, la tozudez procede de la conducta humana. Y a santo de qué, te preguntarás, sale este bloguero con semejante disquisición. La respuesta es sencilla: nos pasamos todo un año quitándole días al almanaque. Queremos que el tiempo corra, que pase deprisa, que la Madrugá llegué ya. Nos puede la ansiedad, la ilusión, las ganas de estar junto a Ellos. Y el maldito tiempo parece que se pone en nuestra contra. Sin embargo, tras 15 horas de Estación de Penitencia, tras vivir, compartir y sentir momentos de emoción, de fe, de privilegio, pienso que el reloj ha corrido demasiado deprisa.

Cuando salgo de mi último relevo en el Arco, miro su cara. Está cansada, como nosotros, pero su felicidad es también la nuestra. A pesar de los pesares, de los agonías que se empeñan en ponernos en contra de todo el mundo con comentarios infundados, con fotografías o vídeos que rezuman envidia y odio por los cuatro costados, los macarenos podemos presentarnos ante el Señor, ante Su Hijo Sentenciado, con la cabeza bien alta. No hemos salido a las calles de Sevilla a que nos vean. Nuestra misión es manifestar nuestra fe, repartir Esperanza junto a Nuestros Titulares. Y a fe que lo hemos hecho. Por supuesto que no todo ha sido perfecto, que todo es mejorable y que habrá cosas que analizar y modificar de cara a años venideros. Pero no podemos permitir que nada ni nadie nos robe ni un ápice de lo que nuestro corazón siente al sabernos sus hijos, sus discípulos, elegidos por y para llevarles y acompañarles por una ciudad que necesita de su presencia, de su amor, de su Esperanza.

Por ello que, en nuestras oraciones, la gratitud ha de estar siempre presente. Sin Ellos nada sería posible. Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y Su Madre Bendita de la Esperanza Macarena son los únicos protagonistas de esta historia que algunos se empeñan en desvirtuar. Y de la misma forma que los días previos a la Madrugá vivíamos con intensidad nuestra devoción y amor hacia Ellos, hoy no podemos rasgarnos las vestiduras y sentirnos vacíos porque ya todo ha pasado. Al contrario, hoy estamos más llenos de Esperanza que nunca. Jesús, Sentenciado, Despojado y Crucificado, ha Resucitado por y para nosotros. El que no lo entienda así más vale que se quede con los que gustan de fastidiar "madrugás", con los inquisidores de cierta prensa amarilla y con los que disfrutan llenando las redes sociales de basura porque desgraciadamente su corazón sigue lleno de odio y rencor.

Gracias, por tanto, a todos quienes han vestido la túnica macarena, la coraza y las plumas, la faja y el costal, el uniforme, el traje o la dalmática. Todos somos macarenos y todos somos una, la Hermandad de la Macarena. Así lo siento y así lo expreso.

Y para ti, que te acercas asiduamente o por vez primera a este blog, te ofrezco este humilde reportaje gráfico, sin firmas o marcas de agua, del antes y del después de otra Madrugá única, irrepetible y, por supuesto, inolvidable. ¡Viva la Virgen de la Esperanza, Viva el Señor de la Sentencia, Viva la Virgen del Rosario!